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Cultura

Hay un museo en el desierto de Australia dedicado a Mad Max

Adrian Bennett se marchó a Australia con toda su familia, compró un terreno en mitad del continente y construyó un museo dedicado a Mad Max 2.

por Dave Schilling
02 Septiembre 2014, 1:02pm

Fotos vía Museo Mad Max 2

A bote pronto, la idea de un museo dedicado a Mad Max 2 resulta tan absurda como lo sería la de uno dedicado a El club de los chalados 2 o a Men in Black 3. En cualquier caso, Mad Max 2, el guerrero de la carretera es mucho más emocionante que Men in Black 3 y, curiosamente, más divertida que El club de los chalados 2. Teniendo en cuenta la inminente llegada de una nueva entrega de la saga para el 2015, la existencia de un museo así no parece tan descabellada, e incluso podría verse como una inversión a largo plazo en una serie que lleva mucho tiempo aletargada.

Pero ¿quién estaría dispuesto a tomarse la molestia de construir un santuario dedicado a una secuela, incluso aunque se trate de una de las más famosas en la historia del cine? Pues Adrian Bennett. Este hombre dejó su hogar en Inglaterra y se marchó a Australia con toda la familia, compró un terreno en mitad del continente y construyó un repositorio para albergar objetos de interés de una película sobre el fin del mundo de hace 33 años. No pude resistir la tentación de preguntarle en qué estaba pensando cuando lo hizo.

VICE: ¿Por qué construir un museo dedicado exclusivamente a una película en medio de la nada?

Adrian Bennett: La idea se me ocurrió después de mi primer viaje aquí, cuando, para mi sorpresa, me di cuenta de que no se había hecho absolutamente nada para rendir homenaje a Mad Max 2 ni a ninguna de las películas que se han grabado en la región. Al fin y al cabo, se supone que este es el Hollywood australiano, pero no había ninguna señal que te indicara que se hubieran grabado grandes producciones en esta zona. Estamos hablando de la mayor de las producciones realizadas en Australia, la película que sacudió los cimientos de Hollywood, la cinta que dio a conocer Australia. Pero no había nada. Así que supuse que era mi destino construir un museo dedicado a Mad Max 2.

La página web de Silverton, en Asutralia, menciona tu museo y se refiere a él como el primer y único museo del mundo dedicado a Mad Max 2. Posiblemente sea también el único muse del mundo dedicado a una secuela. ¿Por qué solo Mad Max 2?

El museo es solo de Mad Max 2 porque es la única película que se grabó aquí, por lo que cualquier cosa relacionada con las otras dos partes no tendría relevancia en la zona.

¿Qué hay de Mad Max: más allá de la cúpula del trueno? Todo el mundo está de acuerdo en que es horrible.

Como película está bien, pero no es propiamente Mad Max. Lo que llamaba la atención de las otras dos partes eran las escenas de coches, porque hay mucha cultura del coche en Australia y los EUA, pero en 1982, tras la muerte del productor Byron Kennedy, que era un loco de los coches, se perdió el atractivo. Creo que perdieron un poco los papeles en esta película, pero está bien.

¿Qué te dijeron en tu familia cuando les anunciaste que ibas a mudarte al desierto de Australia para abrir un museo dedicado a una película de los años ochenta?

En 2004, mi mujer, tres de nuestros hijos y yo viajamos a Australia de vacaciones y sobre todo para ver las localizaciones en las que se grabaron las dos primeras partes. Pasamos la primera semana visitando las localizaciones cerca del oeste de Melbourne, que son fantásticas, pero lo que yo quería era ir a Broken Hill y Silverton para conocer los paisajes de Mad Max 2.

Llegamos a Broken Hill y luego fuimos a Silverton para ver la puesta de sol en el mirador Mundi Mundi, donde se grabó la persecución inicial y el final de la película. Fue impresionante. En ese momento supe que tenía que vivir ahí. Me sentía como en casa.

Después de dos años largos, finalmente nos mudamos a Adelaide, por exigencias del visado, pero yo pasaba la mayor parte de mi tiempo libre haciendo el viaje de seis horas a Broken Hill y a Silverton.

No dejaba de presionar a mi mujer, Linda, para que nos mudáramos a Broken Hill o a Silverton, pero para ella era muy duro, porque ya se había ido a vivir al otro lado del mundo, lejos de su familia, a la que echaba de menos. Por eso decidí no insistir y contentarme con vivir a seis horas de camino. Yo no tengo familia cercana en el Reino Unido, por lo que no sentía lo mismo que Linda y, además, estaba en el paraíso Mad Max.

Después de tres años en Adelaide, Linda cambió de opinión y me dio el visto bueno para mudarnos a Silverton después de que hubiéramos visto una propiedad en venta. Por aquel entonces vivían unas 50 personas en Silverton. Ahora solo quedan 35.

La propiedad que compramos era una antigua casa, construida hacia 1887, que necesitaba reformas importantes, pero incluía una parcela de terreno que encajaba a la perfección con mis planes para la construcción del museo Mad Max.

¿Cuándo pudiste abrir el museo oficialmente?

Empezamos las obras en 2009. Tuvimos que construir toda la estructura, de unos 9 metros de ancho por 30 de largo. Luego lo ampliamos otros nueve metros para poder incluir nuevas piezas. El museo abrió en septiembre de 2010 y a lo largo de los años ha crecido hasta ser lo que es hoy en día gracias a la generosidad de la gente que ha venido a ofrecernos más objetos de la película. ¡Seguimos creciendo!

Silverton es una población muy pequeña en medio del desierto de Australia. ¿Te levantas a veces con la sensación de estar en Mad Max? ¿Cómo es vivir en un entorno desolado?

Silverton es una vieja y polvorienta ciudad minera que, aunque parezca estar aislada, se encuentra solo a 22 kilómetros de Broken Hill, con 18.000 habitantes. Silverton es increíble, y es fácil entender por qué los cineastas se sienten atraídos por este sitio. La ciudad recibe de media unas 120.000 visitas al año, así que no nos aburrimos.

¿Cómo empezó tu afición por Mad Max?

Unos amigos míos habían ido a verla una noche y al día siguiente me hablaron de unas películas de “moteros”. Yo tenía 18 años y estaba muy metido en el mundillo de las custom bikes. Finalmente me convencieron para que fuera a ver las películas, aunque a mí me apetecía más en irme con la moto a tomar unas cervezas al pub.

Estuve con la boca abierta desde los créditos de apertura de Mad Max hasta los finales de Mad Max 2. No podía creer lo que acababa de ver. Me impactaron mucho. Eran las películas más originales y únicas que había visto en mi vida... ¡y estaban hechas en Australia! Fue como si se hubieran apoderado de una parte de mí y no quisieran soltarme. No podía pensar con claridad. Desde ese momento, lo único en lo que podía pensar era en esas dos películas. ¿Quién las había hecho? ¿Quiénes eran los actores?

¿Y entonces?

En el año 2000 me compré un Australian Falcon coupé de Texas y pedí que me lo enviaran a Inglaterra. Durante los siguientes 18 meses, me dediqué a transformarlo en un Interceptor, el coche que conduce Max en las dos películas. Era la única réplica que había en Europa en ese momento. Pero mi objetivo era visitar las localizaciones de las dos películas.

¿Cómo conseguiste todas las piezas que exhibes? Supongo, sobre todo en el caso de la primera entrega, que no existía ningún sistema para almacenar atrezzo.

Muchas de las piezas originales que tenemos en exhibición son compradas, alquiladas o donaciones de gente a cuyas manos había llegado por algún motivo o que había trabajado en la película. Otras cosas las he encontrado yo rebuscando en las localizaciones.

¿Cuántas piezas hay en tu colección?

Es difícil saberlo, pero digamos que nos falta sitio.

¿Qué es lo más raro que tienes?

Hay dos objetos en concreto que son extremadamente valiosos para mí: el bumerán y la cajita de música originales que el niño federal tenía en la película.

Indudablemente, Mel Gibson era una parte importante de la saga. ¿Notaste que bajara la afluencia de público después del escándalo en que se vio envuelto?

Para la mayoría de los fans, lo bueno de Mad Max eran los coches y las escenas de acción, no Mel Gibson. Su interpretación estuvo muy bien, pero no era lo más importante de la película. Aunque pasó por una mala época y tuvo muy mala prensa, eso no ha afectado para nada al museo o a los fans de la película. Sigo pensando que Mel Gibson es un gran actor y un director con mucho talento, y que tiene mucho que ofrecer en ese sentido.

¿Cuál fue tu reacción al saber que el papel de Max en Mad Max: Fury Road lo interpretará Tom Hardy?

Cuando me enteré me puse eufórico. No se me habría ocurrido un actor que pudiera encarnar mejor ese personaje. Tom es un actor increíble y con una presencia cautivadora en la pantalla. Es el centro de atención de las escenas en las que aparece. Lo hará genial como Max.

¿Ya has visto el tráiler de Fury Road? Si es así, ¿qué te parece? ¿Tienes ganas de que se estrene la cinta o te muestras escéptico?

La película será increíble, será la cinta que George Miller quiso hacer y no pudo por no disponer de la tecnología o el presupuesto. También tenemos que entender que, a pesar de que es la cuarta entrega, no es una secuela de las otras tres películas. Se trata de un nuevo Max basado en el personaje que ya conocemos, en un mundo que ya nos es familiar, aunque adaptado a los tiempos actuales. Así es como hay que verla.

La gente estaba preocupada por que la película no fuera lo mismo que las otras, pero han pasado más de 30 años y la forma de hacer cine ha cambiado drásticamente desde entonces. Esta película cuenta con un gran presupuesto y es actual, y si el tráiler nos da una pista de cómo será, entonces tiene una pinta increíble. Yo te aseguro que seré el primero en la cola del cine.

¿Crees que vendrá más gente al museo cuando se estrene la nueva película?

Sí, creo que aumentarán las visitas y traerá público nuevo al fenómeno Mad Max, generando nuevamente interés en las tres películas anteriores.

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