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Las Brutales Colinas De Sicilia

En Niscemi, un pequeño pueblo agrícola de Sicilia, las ancianas visten chales negros y los hombres guardan escopetas en el maletero del coche. La mayoría las usan para cazar. El pueblo, al igual que la mayor parte de todo el sur de Italia...
1.12.09

(*Las brutales colinas de Sicilia) POR GIULIANO ROTONDI, ILUSTRACIONES DE LAURA PARK En Niscemi, un pequeño pueblo agrícola de Sicilia, las ancianas visten chales negros y los hombres guardan escopetas en el maletero del coche. La mayoría las usan para cazar. El pueblo, al igual que la mayor parte de todo el sur de Italia, padece una particular forma de esquizofrenia histórica y arquitectónica: los barrios antiguos son un bonito museo al aire libre que, con su tonos anaranjados y amarillos, evocan a Robert Rodríguez cruzado con Luchino Visconti, mientras que las áreas más recientes, que son donde la vida cotidiana se desarrolla, son una colección de cajas de cemento y edificios de mortero y ladrillo visto, a menudo carentes de ventanas y con aspecto de inacabados. El típico estilo siciliano moderno. Aquí es donde reside la Mafia, y cuando un tranquilo, soñoliento pueblo siciliano como Niscemi sale en las noticias, se debe casi siempre a algún crimen. Pero la trágica muerte de Lorena Cultraro, de 14 años, no tuvo que ver con el crimen organizado. Cuando desapareció, los vecinos asumieron que se había fugado con algún chico. Quizá incluso hubiera abandonado la isla para empezar una nueva vida junto a él. Todos quedaron en estado en shock cuando su cuerpo hinchado y sin vida apareció en el fondo de un pozo cercano. A medida que los habitantes de Niscemi fueron averiguando cosas sobre la muerte de Lorena, empezaron a comprender que estaban equivocados acerca del tipo de violencia, y sus motivos, que puede darse en Sicilia.

A Lorena la habían matado con la misma brutalidad que la mayoría de sicilianos creen que es propia y exclusiva de las ejecuciones de la Mafia, pero sus asesinos no eran músculo alquilado. Resultó que los culpables habían sido tres chavales en apariencia normales criados en el seno de una familia bien. Parece ser que uno de ellos mantenía relaciones con Lorena y que, al saber que había quedado embarazada—y no tener él intención de casarse o criar un hijo—, la llevó en compañía de sus amigos a una casa abandonada en las afueras donde la violaron en grupo, estrangularon con un cable de televisión, arrojaron aún con un hilo de vida a un pozo seco e intentaron prender fuego a su cuerpo, que reposaba tendido en un charco. Los tres asesinos regresaron después a la plaza mayor del pueblo, donde se encontraron con sus novias para ir a tomar un helado como si en esa cálida tarde de abril no hubiese pasado nada.

DEMASIADO TRISTE

Los padres de Lorena alertaron a las autoridades de su desaparición. Policía y equipos de protección civil iniciaron su búsqueda, grupos de voluntarios con perros rastrearon los bosques alrededor de Niscemi, campos y lechos de río secos. Nada. Lorena, simplemente, había desaparecido. Su padre, un bombero de 36 años llamado Giuseppe Cultraro, y su madre, Linda Cicci, ama de casa de 34, colgaron carteles con fotos de su hija en cada pared y muro del pueblo. Aparecieron en Chi l’ha visto, un famoso programa de la televisión italiana dedicado a localizar personas desaparecidas. Allí, en antena, a la vista del público de todo el país, rogaron a su hija que volviera sin importar cualquier cosa que la hubiera obligado a irse, ya fuese una historia de amor, un embarazo no deseado o un sentimiento de culpa—una palabra que, en esta parte del mundo, significa mucho—por haberse enganchado a las drogas.Giuseppe Cultraro miró directamente a la cámara y dijo, “Mi hija no debe preocuparse. Estamos de su lado, no importa lo que haya pasado. La esperamos con los brazos abiertos, y de igual modo recibiremos, si ése es el caso, al hombre con el que esté ahora”. El padre no tenía ni idea de lo que estaba por venir. Fueron días de aprensión y ansiedad para los Cultraros, pero no todavía de pesar. Mientras tanto, en Niscemi empezaron a extenderse los rumores y los chismorreos, la gente a hacerse preguntas y a expresar dudas. Lorena era una chica guapa de expresión sincera y sonrisa triste. Quizá demasiado sociable, dijeron algunos. El pueblo, toda la región, inició el juego de las especulaciones. Lorena ya no era una niña. Se estaba convirtiendo en una mujer. Quería llevar minifalda y medias de rejilla y aplicarse maquillaje. Tal vez estuviese intentando actuar como una mujer en un entorno tan degradante para ellas como el italiano, una cultura pop que pone chicas de 18 años semidesnudas en hora punta en televisión. Si eres americano o inglés y deseas hacerte una idea de cómo es la televisión italiana, el principal medio cultural del país, imagina a un David Letterman sin maldita la gracia rodeado de modelos con botas de cuero y bronceado naranja contoneándose. Eso es más o menos todo. Y ahora imagina que esto es una cosa tan normal y tan extendida que a nadie se le ocurre quejarse. E imagina que esas chicas aprovechan su popularidad para presentarse a las elecciones locales, regionales y hasta nacionales. ¿Pues sabes qué? Alguna lo hace. La ministra de igualdad de oportunidades del actual gobierno de Berlusconi es una antigua soubrette cuyas fotos desnuda adornan las paredes de muchos talleres de reparación. Parece una broma, pero no lo es.

¿Qué posibilidades tiene una chica joven en un entorno como éste? ¿Debería ponerse gafas de culo de vaso y jerseys holgados y no levantar la vista de sus libros de historia? ¿O salir de su pueblo, crecer, madurar, explorar y disfrutar de su sexualidad? ¿Son esas las únicas dos opciones que tiene hoy en día una chica de aquí? Estas fueron las preguntas que más a menudo se formularon en los talk shows italianos en meses recientes. En Niscemi, mientras tanto, circuló el rumor de que Lorena, antes de su desaparición, se había estado citando con un chico de Vittoria, cerca de Ragusa. Otros llevaron el rumor un paso más allá y dijeron que se había estado viendo con varios hombres, todos mayores. Y al difamar a las mujeres, haciendo comentarios maliciosos, culpándolas cuando son víctimas de violación y asesinato, Niscemi se alineó perfectamente con la ancestral sociedad machista de Sicilia. “Si Lorena desapareció, debe ser porque era una guarra”; esto era lo que se decía en toda Sicilia, una sociedad antaño matriarcal y ahora chovinista. Un lugar en el que a cualquier chica a la que no se vea todos los domingos en misa y sonría de forma coqueta se la califica sin perder un instante de puta y de descarriada. Los Cultraros, sin embargo, pintaban una imagen totalmente distinta de Lorena. “Todavía juega con muñecas y nunca nos da problemas”, declaró su madre. “Se ha escrito por ahí que era una mala chica, pero es mentira. No era fácil, no tenía novios. Sólo tenía a su mejor amiga y a sus compañeros de clase”. Sus profesores no estuvieron de acuerdo. Dijeron que se había vuelto rebelde, que no estudiaba. Que era una Lolita que llevaba libros sólo para parecer una niña buena y que sus notas se habían desplomado. Y a todo eso, Lorena seguía sin aparecer. La campaña de búsqueda a nivel nacional no arrojó fruto alguno. Los Cultraros recibieron noticias de varias personas que afirmaban haberla visto, pero todos resultaron ser chiflados u obsesos deseosos de adquirir notoriedad. Cuando, finalmente, un agricultor encontró el cuerpo desfigurado de una chica joven en un pozo en Giumarre—una zona en las colinas, al norte de la parte nueva de Niscemi—, dio la impresión de que el epílogo de una novela de crimen y misterio se había convertido en realidad. El camino polvoriento entre la ciudad y el pozo se llenó rápidamente de coches de la policía. Un equipo anfibio recuperó el cuerpo, que viajó en ambulancia hasta el hospital Gravina, en la provincia de Catania, donde un equipo de forenses dictaminaría la causa del deceso. No tardaron en establecer que el cádaver era el de Lorena Cultraro, de 14 años. La búsqueda de la joven había terminado, y la increíble violencia del episodio no tardó en filtrarse y llegar a los noticiarios de las principales cadenas de televisión. Los primeros reportajes provocaron indignación y rabia entre los familiares de la víctima. El padre habló de nuevo a la prensa. “La chica que describís no es mi hija”, gritó entre sollozos. “Y no estaba embarazada. No había dormido con nadie, nadie pudo hacerlo. Amaba a su familia y los bastardos que nos la han arrebatado merecen pudrirse en la cárcel el resto de su vida”.

A Lorena la asesinaron brutalmente tres haraganes con gomina en el pelo y móviles de mil euros en el bolsillo de la chaqueta. Tres matones de familias bien que escondían su crueldad tras una máscara de normalidad. Tres bastardos sin sentimientos que forzaron por turnos a una chica de 14 años embarazada y después se deshicieron de su cuerpo todavía con vida. Un segundo examen postmortem reveló que Lorena, en realidad, no estaba embarazada. La idea de que la mataron porque uno de los chicos no deseaba casarse con ella se convirtió, así, en un simple, triste recordatorio de la jodida situación de las mujeres jóvenes en Sicilia. No sólo arriesgan mucho si deciden tener una vida sexual, y no sólo se enfrentan al ridículo y a la vergüenza si se quedan embarazadas: esta historia descubre que, de hecho, arriesgan la vida si dicen que lo están. Aparte de la falsedad del embarazo, el segundo examen no reveló nada más. La historia, tal como la plantearon los abogados de la acusación, era sencilla. A Lorena la mataron el mismo día de su desaparición en una granja abandonada de las colinas. Uno de los asesinos era, tal vez, el primer chico con el que mantuvo relaciones sexuales. Tras la segunda o tercera vez, Lorena empezó a sentir algo por él. Con los otros era posible que hubiese flirteado. Cuando anunció que estaba embarazada y que no sabía cuél de los tres era el padre, los chicos—Alessandro A., de 17 años; Domenico D.N., de 16, y Giuseppe S., de 15—, se reunieron para decidir qué iban a hacer. El asunto podía transcender. ¿Y si sus novias se enteraban? ¿Y si se enteraban sus padres? ¿Y si uno de los tres tenía que casarse con ella? Esto es lo que sabemos acerca de lo que pasó aquella tarde. La última llamada que recibió Lorena en su móvil era de uno de los chicos, que posiblemente concertó una cita con ella. Al llegar al lugar presumiblemente les contaría su plan: decirle a todo el mundo que estaba encinta si uno de ellos no daba la cara y se convertía en su novio. Quizá hasta hablara de matrimonio. Los tres avanzaron hacia Lorena y, al darse ella la vuelta para huir, la atraparon y desgarraron las ropas. Dos la sujetaron mientras el tercero la violaba. La autopsia reveló que la forzaron tres veces. Después la golpearon aunque sin llegar a matarla. Uno de los tres vio en el suelo el cable de una televisión. Dieron con él varias vueltas al cuello de Lorena, cuyo rostro se tornó rojo y después azul por la falta de aire. La soltaron y cayó al suelo. Entonces, tirando de ella por el pelo y desgarrándole el cuero cabelludo, la arrastraron hasta el pozo. Al caer al agua fría Lorena probablemente recobró la consciencia, jadeando y boqueando en busca de aire, y los chicos decidieron que la única forma de asegurarse de su muerte era prenderle fuego. Pensaron que las llamas consumirían todo rastro de lo sucedido, cualquier posible pista, pero el agua impidió que el cuerpo se carbonizara del todo, quedando la espalda y las costillas por encima de la superficie. El agua, al entrar en los pulmones, provocó la hinchazón del cadáver. Los tres adolescentes asesinos confesaron al primer interrogatorio. Uno de ellos le preguntó al fiscal si podría volver a su casa una vez retiraran los cargos. Tras anunciarse su detención, los Cultraros declararon, “Ahora han de quedarse en prisión para siempre. No deben salir jamás. No queremos ni oir hablar de peticiones de indulto o alegatos de locura. Sabemos quiénes son y sabemos que no están locos. Lo sentimos por sus familias, pero esos chicos mataron a Lorena como a un perro y merecen quedarse en prisión lo que les quede de vida”. Actualmente seguimos a la espera de que se celebre el juicio. El veredicto no es seguro. Toda la comunidad mostró su apoyo a los Cultraros durante el funeral. Ahora Lorena descansa en el cementerio de Niscemi. El pueblo entero ha pasado por su tumba para depositar flores. Profesores, estudiantes, compañeros; todos, incluso los que se avergüenzan de haber sido tan bocazas, han ido a presentar sus respetos. Aunque lentamente, el pueblo ha recobrado su ritmo habitual. Reabrió la escuela. Algunos periódicos publicaron artículos sobre el funeral. Pocos le dedicaron después más espacio. La vida en Niscemi volvió a la normalidad. ¿Enseñó esta historia alguna lección o provocó algún debate en torno a la insidiosa división que los italianos hacen entre la santa y la pecadora, entre la Madonna y la puta? En absoluto. Las cosas vuelven a ser como eran, y así seguirán hasta que otra adolescente inocente sea asesinada. Entonces los programas de televisión volverán a afilar las garras, a poner el grito en el cielo y, a continuación, a desechar el asunto. Y vuelta a empezar.