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Me corrí 7 veces seguidas gracias a un sexólogo que se viste de ninja

Ninja Squirt da más orgasmos que rescates el Banco Central Europeo.
24.4.13

Hace un par de meses, en una fiesta, acabé charlando con un hombre vestido de negro que me aseguró que podía hacer que me corriera a través de una mezcla de meditación taoísta y meterme los dedos en el coño. Y no era francés.

José Díaz, más conocido como el Ninja Squirt, es un celebridad en el mundo porno, y algo como el Papá Noel de las mujeres a las que les cuesta correrse. A José, un antiguo protegido de Nacho Vidal, la vida le llevó a Tailandia, donde acabó estudiando con un gran maestro del taoísmo, Mantak Chia.

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Ya de vuelta en España, José decidió fusionar lo que había aprendido del Tao con lo que siempre le había ido bien – las mujeres, y se presentó como el primer y muy probablemente el único sexólogo ninja del mundo.

Como todas, yo siempre había tratado al punto G como a Corea del Norte o Bután: sabía que existía, y siempre había pensado que sería guay visitarlo algún día, pero supondría mucho esfuerzo llegar.

Dicho esto, tras conocerle en persona y asegurarme de que tenía cara de majo debajo de la máscara, decidí probar. Así fue como, después de una cerveza y un taller, le cité para una sesión privada.

Me planté en su casa un martes por la noche, indagamos un poco más en las experiencias personales y pasamos a la "habitación de las sesiones" (más tarde me contó que ya no suele hacerlas allí, si estás interesada puedes visitarlo en el centro donde trabaja). Me desnudé de cintura para abajo y me estiré en un futón rodeada de toallas, algo básico si no quieres dejarlo todo como el suelo de las duchas del gimnasio.

Al grano: empezó haciendo un masaje por mi abdomen, buscando los bloqueos, destensando, subía al pecho y volvía a bajar, haciendo círculos siguiendo los órganos que el taoísmo asocia con las emociones. Después de más o menos una hora (tengo vagos recuerdos del tiempo que pasé allí), ya había respirado suficiente y estaba sorprendentemente relajada.

Empezó a estimularme los genitales, clítoris, labios, hasta llegar al punto G. No pasó mucho rato hasta que empecé a tener una sensación nueva, placentera y rara al mismo tiempo. El primer orgasmo llegó a los diez minutos y así fue durante una hora y algo, cada vez eran más intensos, en ese punto ya había olvidado dónde estaba y sólo existía mi vagina. Conté unos siete orgasmos en total, o eso creo, aunque por la cantidad de toallas que mojé diría que no voy mal encaminada.

(Me siento un poco mal por compartir sus secretos aquí, pero por otro lado le he dado tanta publicidad entre mis amigas (#omg) que qué más da).

En fin, SÍ es posible y lo recomiendo. Si tienes más pudor que yo y la idea de tener los manos de un desconocido ahí abajo no te mola (¿acaso nunca has ligado en un bar?), puedes empezar yendo a alguno de sus talleres teóricos y practicar en casa. Pero no es lo mismo, ya te lo digo.

Sigue al Ninja en Twitter: @Ninja_Squirt