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"Con la música la gente confronta sus ideas y tumba las barreras": Una entrevista con Stuart Bailie

Hablamos con uno de los periodistas musicales más influyentes del Reino Unido, antes de su llegada al Bogotá Music Market.

En la década del 60 explotó el conflicto entre las dos Irlandas, enfrentando a quienes buscaban constituir un país unificado, soberano y separado del Reino Unido -mayoritariamente católicos- con quienes eran leales a la corona británica -mayoritariamente protestantes. El resultado fue un conflicto de 30 años en el que murieron más de 3 mil personas. Belfast, la capital de Irlanda del Norte que se negaba a separarse, fue epicentro de la crudeza de la guerra y en sus calles militarizadas explotaban carros bombas y se incendiaban casas y tiendas, marcando así el pulso de vida de sus habitantes. Fue en este contexto en que creció Stuart Bailie, uno de los periodistas musicales más influyentes del viejo continente.

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De familia protestante y con una eduación muy estricta dentro de esta línea, Stuart encontró en el punk y en el DIY una forma de cuestionar sus creencias, abrir la mente y entender la política de una manera totalmente diferente. Luego de trabajar durante años como periodista para medios como New Musical Express en Londres o para la BBC, fundó el Oh Yeah Music Center, un lugar que une la industria musical con una perspectiva de responsabilidad cultural y social, ofreciendo conciertos, estudios de grabación, talleres y demás herramientas para gestionar proyectos jóvenes.

Stuart vendrá a Colombia a hablar en el Bogotá Music Market, proyecto creado y liderado por la Cámara de Comercio de bogotá, que se llevará a cabo entre el 13 y el 16 de septiembre y que se posiciona como la vitrina musical más importante del país. Para esta edición, gracias a la alianza con el British Council, llega como invitado de honor el Reino Unido. Dentro de este marco hablamos con el periodista sobre el poder de la música en tiempos de guerra y la manera como este puede configurar un estilo de vida alternativo en el que tumbemos las barreras que nos separan.

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Leí alguna vez en una entrevista que, cuando estabas inmerso dentro del conflicto entre las Irlandas, donde explotaban carros bombas en cualquier momento y en cualquier lugar, la música se convirtió en la medio para crear una forma de vida alternativa. Cuéntame un poco de la manera como fue sucediendo esto.

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Yo nací en 1961. El conflicto arrancó en Irlanda en 1968, cuando apenas tenía 7 años, así que me es difícil recordar cómo eran las cosas antes de eso. Yo viví un periodo bastante terrible en Belfast: había carros bomba, incendiaban lugares, el ejército estaba en las calles. Fueron unos años de mucha tensión y fue muy perturbador. Nadie abandonaba el lugar que le correspondía, que basicamente era la división entre áreas católicas y áreas protestantes. Todo estaba muy fragmentado. Yo realmente no podía entender nada de eso, pero el punk rock llegó. Bandas como The Clash, con un contenido social y político muy fuerte, examinando la tradición, y esos comportamientos heredados, cambió mi vida completamente. Un grupo pequeño de gente en Belfast, y en otras partes de Irlanda del Norte, empezaron a participar de esta cultura alternativa, a identificarse con el punk. Nos encontrábamos en pequeños bares, aunque había una red de seguridad muy fuerte y no podíamos estar mucho en las noches. Pero nos reuníamos y había una actitud muy radical, una actitud que cambió mi visión frente a la política y frente a las personas. Y además la música era fantástica. Siempre creí que este tipo de tradiciones -religiosas- son interesantes pero puede limitar mucho, mientras que la cultura alternativa ofrece otro tipo de visiones.

¿Por qué crees que te marcó tanto el punk rock y en general la idea del "Hazlo tu mismo"?

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La idea del hazlo tu mismo es muy liberadora. Es validar tu expresión, un sentimiento de empoderamiento y que puedes tener acción sobre tu propia vida. En la ciudad el entretenimiento estaba muriendo. Cerraron entre 30 y 50 bares en Belfast durante los años 70, entonces la gente tenía que crear su propio entretenimiento. Ser muy ingeniosa. Y eso se quedó conmigo. Fue un tiempo hermoso. Te decían que no tenías oportunidades, que no había futuro, pero oías una canción de The Clash o de los Sex Pistols y te dabas cuenta que precisamente el futuro estaba ahí, es un sentimiento increíble. Y eso paso también con la música dance o con la cultura rave. Es algo que sucede periódicamente cuando una cultura se estanca y aparece la música popular con un poder de cambio increíble. Cambia tu alma y tu corazón. El conflicto en Irlanda duró 30 años, fue feo, duro e intenso, pero creo que la música ayudó a tumbar las barreras y todavía lo hace.

¿Ves a la música como una fuerza democratizadora?

La música le dice la verdad al poder, y concretamente la música popular es muy espontánea. Le puedes dar a una persona de quince años una guitarra y dos acordes, y esta persona ya tiene la posibilidad de hacer una declaración de principios, de lucha. Es muy rápido y es muy básico por medio de esta articular tus sentimientos con la política y lo social. La cultura en Belfast es muy represiva, tenemos diferentes sistemas educativos, protestantes y católicos, y la música atraviesa todo eso y da otra mirada. Yo soy parte del Music Center y estamos en el centro de la ciudad, un área muy política donde hay protestantes, católicos, republicanos y lealistas, y tu puedes ver en la cara de la gente, cuando les das música, el poder que tiene esta para cambiar el curso de sus vidas. Tenemos que seguirlo haciendo.

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Leí alguna vez que decías que cuando la gente se conoce a través la música se abre la oportunidad de que las cosas se transformen, en parte porque así te acercas a gente que puede cambiar tu vida. ¿Crees que estas pequeñas uniones y pequeños cambios pueden derivar en grandes transformaciones que impacten de una manera más macro?

Sí, creo en eso. Yo crecí en un lugar muy específico, con una religión específica y con una visión del mundo particular. Asumía que era la única manera de pensar y que todos los demás estaban mal y, como muchos jóvenes, podía tener algo de mala persona. El punk y la música rebelde te puede dar un sentido, un sentido de responsabilidad. Entonces cuando oí a Joe Strummer cantando, y cuando oí bandas locales como Stiff Little Fingers, empecé a pensar política y socialmente. Se trataba de preguntarse las cosas, de dudar, de no aceptar tu condición. De chocar con la realidad que mucha gente vieja era muy corrupta, no tenían un sentido de respeto, y en ese momento la música nos dio un futuro.

Y para un caso como el colombiano, con décadas de un conflicto con una complejidad enorme, ¿crees que la música pueda ser un núcleo de tranformación?

Es difícil para mí responderlo. Realmente quiero estar allá y pasar un tiempo y tratar de tener una idea de lo que pasa. Mucha gente y muchos medios cuando venían a Irlanda tenían ya unos preconceptos y escribían sus historias con base en estos. Me gustaría ir con la mente muy abierta y no pretendo entender todo lo que allá sucede, que sé que es un poco más complicado que lo que sucedió en el Norte de Irlanda. Mucha gente ha muerto y es muy problemático, pero no veo cómo la música puede hacer daño y mis experiencias como periodista musical viajando alrededor del mundo me hacen sentir eso. Cuando estuve en Beirut al final de los 90 y abrieron una tienda de discos se sintió como una victoria, como una manera de escuchar diferente el mundo. Cuando traes música a un lugar donde hay algo de oscuridad, esta puede traer algo de luz. No siempre, pero creo que es una tendencia y la música puede ser muy poderosa en este tipo de situaciones.

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Actualmente con internet el bombardeo de información es continuo y a una velocidad impresionante. Tanto así que el contenido diario se siente demasiado efímero. Que desaparece apenas se publica. Como periodista, sea de radio o como escritor, ¿sientes que ese trabajo diario, como parte de esa gran masa de contenidos, sí ayuda a generar las bases para algún tipo de cambio?

Yo pasé once años trabajando para el New Musical Express en Londres, que es una publicación con mucha influencia. Tú podías ver la influencia de las cosas que se escribían, los efectos en la cultura musical e incluso en política. La cultura de internet ha democratizado la escritura, porque todo el mundo puede tener su plataforma y ser periodista. Eso puede ser bueno en algún sentido, pero por otro se está produciendo un contenido muy rápido, muy superficial y los escritores no duran mucho tiempo investigando, buscando fuentes e invirtiendo el tiempo que se necesita para un buen contenido. Hay un estilo de periodismo que hoy en día está prácticamente muerto y eso es triste. Pero el sentido de comunidad de la cultura online es algo muy excitante. En Belfast, y en Irlanda del Norte en general, hemos sido un lugar muy aislado, y por nuestra reputación de ser una ciudad violenta nos costaba trabajo que vinieran visitantes. Ahora nos podemos comunicar con el resto del mundo y eso es emocionante.

Hay dos lados de la moneda. En general estoy muy triste que el periodismo está en un estado lamentable, pero al mismo tiempo Irlanda del Norte se está comunicando mejor con el resto del mundo, podemos compartir música, composiciones, videos, y todo lo que hacemos. Creo que al final es algo positivo, aunque siempre hay que luchar por algunas cosas. Muchos de nuestros músicos hoy son mejores técnicamente pero peores en su contenido. En los 70 las bandas de punk tenían tanta rabia, tanta energía que, así tu pudieras tocar la guitarra mejor que ellos, se trataba de oír lo que estaban diciendo. Siempre hay algo que aprender de la historia de la música.

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Te escuche decir alguna vez que, pese a que el trabajo de gestor en música puede ser complicado, una noche especial hace que todo valga la pena, ¿Cuál es ese poder de la noche? ¿qué es lo que la gente se está jugando en esta, en la pista de baile, en un concierto?

La música muchas veces puede ir ligada a un sentido irracional, toca tus emociones y tu sientes que entiendes algo antes de poderlo racionalizar. Como músico o como público es algo que se conecta contigo. Puedes leerte un libro, pero en eso durarás seis horas. La música es de las formas de arte más instantáneas en términos de cómo te llega como consumidor. Te transporta a diferentes estados emocionales y cuando te tiene ahí te abren la mente y el corazón. La gente confronta sus ideas, tumba las barreras y ahí es cuando lo interesante pasa. Puedes abrir el mapa mental y salvarlo del sectarismo, del racismo, del sexismo y esa es la batalla. Eso es lo que pasa todos lo días en la música.

En el Oh Yeah Music Center ustedes se preocupan mucho por la igualdad de género dentro de la industria musical, ¿Cómo ven esta situación actualmente?

Es un camino largo. Tenemos un proyecto en el Oh Yeah Music Center que se llama Women's Work que se está haciendo cada vez más fuerte y creo que las jóvenes en la industria musical, o que quieren entrar, están ganando más terreno. Esto, pese a que es un mundo muy masculino y el sistema educativo no impulsa a mujeres jóvenes a seguir estos caminos. Es algo que hay que seguir trabajando.

¿Cuál es el balance del Oh Yeah Music Center en este tiempo de actividad?

He estado trabajando en esto por diez años y le he entregado todo. Desde mi primer pensamiento en la mañana hasta el último en la noche. Festivales, eventos, y creo que es momento que la gente tome control de esto y lo lleve a la nueva era, pero creo que ha sido una experiencia útil. La retroalimentación que recibimos de los padres y de la gente joven es que realmente ha cambiado la vida de muchos. En febrero cuando llueve mucho y hay un techo en el lugar puede ser muy depresivo, pero en un buen día tu puedes ver el brillo en los ojos de la gente y eso es una victoria. Tienes que ganar todos los días.

¿Qué puedes decirle a todos quienes de una u otra manera tienen que ver con la industria musical?

Hay una línea que dice Bob Marley: “una cosa buena de la música es que cuando te pega no sientes ningún dolor”. Me gusta mucho esa idea y la mantengo siempre. ***