Discos Rapza: Cuando el rap y la raza se unificaron

Discos Rapza: Cuando el rap y la raza se unificaron

Hace 18 años salió el primero de los siete discos Rapza, compilados realizados por Arturo Menéses y Ricardo Bravo que, del 2000 al 2007, juntaron por primera vez en un material discográfico a los raperos del subterráneo mexa.
26.9.18

Este artículo forma parte de nuestra Semana del Hip Hop. Reportajes, entrevistas, conteos, tutoriales y más, en un especial sobre el hip hop latinoamericano.


Hace 18 años conseguir un disco o una canción era un ritual físico y presencial. Contrario a los dos o tres clicks que actualmente facilitan la búsqueda, escucha y descarga de cualquier álbum o tema musical, en los albores del siglo había que usar los pies para llegar a un sitio, por lo regular una tienda o un tianguis, en pos de un pedazo de plástico circular y después regresar a donde tuvieras tu reproductor para poder finalmente disfrutarlo.

También, hace 18 años, cualquier músico quería ver plasmado su trabajo en una caja de 13 x 15 centímetros capaz de situarse sobre un anaquel. Un esfuerzo costoso pues, además del gasto de la grabación, había que sumar el costo de maquila, la difusión mediática y su colocación en tiendas.

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Por eso los compilados Rapza: Lo mejor del rap subterráneo mexicano resultaron cruciales en para dicho género musical: en un momento en que la salida de un disco era incosteable para muchos artistas nacionales dedicados a la rimas, Rapza funcionó como una plataforma que editó sus canciones en CD.

Dos fueron los artífices de esta iniciativa: Arturo Menéses y Ricardo Bravo. El primero, fallecido hace varios años, apoyaba en el aspecto monetario. Ricardo, otrora director de la extinta revista Nuestro Rock y actual colaborador en distintos espacios periodísticos, realizaba la selección de canciones.

Hablamos con Bravo para recordar esta iniciativa discográfica que dejó huella en la historia del rap nacional y es uno de sus capítulos fundacionales.

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“Soy tu hombre. Jesucristo no podría tocarte porque yo te represento, así que no te metas en líos, gana buen dinero, observa las reglas y quién sabe, tal vez un día, cuando abras los libros, serás aceptado. Podrás ser un mafioso”.

Los rockeros en aquel momento eran intolerantes al rap, lo veían como un primo de la música disco, algo extraño.

Así, con un diálogo de Ben "Lefty" Ruggiero (Al Pacino) en la película Donnie Brasco (Mike Newell ,1997), abre el primer Rapza lanzado en el año 2000.

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La introducción de Ricardo Bravo al elemento vocal de la cultura hip hop se dio con la primera generación de bandas que empezaron a fusionar sonidos a mediados de los noventa: “A casos muy concretos como Camposanto, que fusionaban rap con funk y rock, les iba mal. Recuerdo que en un concurso la gente les decía '¡Pinches Caló, canten la de 'Capitán' y bájense!'. Los rockeros en aquel momento eran intolerantes al rap, lo veían como un primo de la música disco, algo extraño. Nadie se imaginaba que años después iban a surgir Molotov y Control Machete, y el rap y su fusión con el rock iban a ser géneros importantes en el subterráneo”.

El en ese entonces director de la revista Nuestro Rock vio en el rap una comunidad en ciernes capaz de crecer, por eso se propuso contribuir para que esto sucediera.

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“Quisimos agrupar un rap que tuviera conexión con los hechos que estaban ocurriendo, que era lo que más aplaudía porque sentía que en el rock fallaba un poco eso. De repente al oír a un MC que te decía las cosas en la cara, del gobierno, decías: ‘Esto está increíble’. Esa actitud contestataria, o los que hablaban sobre conciencia, fue lo que quisimos agrupar”, recuerda Bravo.

Para dar vida a este concepto-subsello enfocado en el rap consciente y respondón, en 1999 Ricardo unió a Histeria Colectiva, su sello, con Discos Misha, de Arturo Menéses. La historia tras el nombre que eligieron para el proyecto es sencilla: “Alguien me dijo: ‘Los raperos son otra raza’. Esto lo asumí como gente que tiene características muy propias en su forma de ser y asumir la vida. Entonces se nos hizo algo muy mexicano hacer una fusión de raza y rap: Rapza”.

La idea de los compilados surgió un año después (2000) debido a que “eran algo que se usaba mucho en el rock; los seguidores de una banda compraban el disco para escuchar a la banda y de paso descubrían a otros tantos”. Entonces recaudaron propuestas por dos vías: a través de una convocatoria publicada en Nuestro Rock y por recomendaciones de amigos de Ricardo.

“Cuando me di cuenta tenía 50 propuestas en mi escritorio para participar en ese primer Rapza. Me llamó la atención el hecho de la diversificación de zonas. No eran nada más de Monterrey o la Ciudad de México, sino que había gente de Durango y Michoacán. Eso me gustó mucho. Respetamos el hecho de incluir exclusivamente proyectos de rap, no de fusión. Así nació el primer acoplado”.

Ricardo Bravo. Foto cortesía de Ricardo

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“La primera rola en la que participé que fue editada oficialmente en un disco sale aquí. Un abrazo a mi hermana Malike Uzumane por los primeros años que compartimos en el hip hop”, se lee en una publicación de la fan page de Ximbo.

Con la palabra “aquí” la rapera se refiere al Rapza número 1 donde apareció junto con Malike bajo el mote de T.D.M. El tema que incluyeron se titula "Otro cuento del muro".

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Después del primer Rapza “todo mundo nos identificó como la primera disquera de rap que hubo en México”, cuenta Bravo.

Por eso su escritorio se atiborró de proyectos musicales. Tras varias tardes escuchando lo que le mandaban, Ricardo notó que entre estos materiales “había un tipo de rap que yo sentía más despreocupado, que traía está vinculación con los ritmos latinos. Entonces hicimos otro subsello llamado Hip Hop Hurra (HHH) para diferenciar: el rap que tenía onda más contestataria, de conciencia, de orgullo mexicano, iba a Rapza. Y ese rap más ligero para escuchar, donde estaban los Petate Funky, que tenían a Big Metra, quien tenía el record de decir rimas a mil por hora, ese tipo de cosas que eran otra faceta más digerible, para HHH”.

Gestionar los acoplados, los lanzamientos individuales, la distribución en cadenas comerciales como MixUp, entre otras actividades, se convirtieron en labores absorbentes para Ricardo y Arturo. Un desgaste continúo. Pero la estocada mortal vendría de un agente externo que no fue el Internet: Rapza murió por el divisionismo. “A lo mejor fue error mío querer hacer un frente común de rap o a lo mejor es haber entendido mal este concepto de la competencia intrínseca en el rap, que sé que es parte de la cultura. Pero una competencia en que tu adversario se vuelve tu enemigo, no tu competidor… Lo atacas y se crea una división, una enemistad, y entonces es imposible pensar en un florecimiento del rap como tal. Llegó un punto que para mí fue desgastante. Me di cuenta que nunca íbamos a poder hacer un festival de rap con esa pluralidad, que cada uno iba a crecer lo que pudiera entre sus nichos, y empezaron a salir otras disqueras que empezaron a sacar muchos discos de rap. Por eso se me acabó un poco el entusiasmo y decidí dar un paso al costado. Lo que teníamos que aportar, lo hicimos”.

Los compilados Rapza se quedaron en su séptima entrega (2007) y el último disco del subsello que unificó la raza y el rap fue Kafeina Pura de Don K-Fé (2009).

Frente a la interrogante de si estos compilados cambiaron el panorama del rap en México, Ricardo cuenta una anécdota: “Un día estaba en un pueblito de Morelos y me metí al mercado. Entonces vi pasar a un chavo vestido medio cholo que se acercó a una tienda y me le acerqué un poco. ¡Y compró un disco de Rapza quemado! Así como había originales, había piratas. O sea, cuando el Internet no llegaba a tanta gente, cuando no había plataformas digitales, esa fue la forma de llegar a la gente que se dio cuenta que era un movimiento nacional, de pertenecer a algo mucho más grande de lo que creía. Ir creando una escuela a través de todo eso fue algo que no lo pensamos pero sí se dio. Entonces contribuimos mínimamente a ese crecimiento, si lo quieren llamar así, del rap mexicano”.

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“Tenía como 12 años y mi primo, de unos 18 en ese entonces, me enseñaba mucho de música. Uno de los primeros discos que me regaló fue el Rapza 6 y luego llegó a regalarme Cypress, Tupac y otros que ahora no recuerdo. En ese entonces no había Internet. La cosa era llegar a los tianguis y buscarle un ratito entre puesto y puesto. Encontrabas de todo. Yo compraba discos al por mayor como experimento para descubrir cosas, pero sin duda Rapza ha sido de los mejores discos de rap: creo que fue el paso que hizo que se esparciera el hip hop por todo el país”.

Recuerda a sus 27 años Rodrigo López Roei, un fanático empedernido de la cultura de los cuatro elementos.

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“Hay un MC que me hizo una canción diciendo que me quería enriquecer con el rap. Me da mucha risa porque yo siempre he sido una persona completamente coherente con mis convicciones como ente alternativo, llámesele periodista o promotor cultural. Si yo hubiera querido hacer lana, pues todo mundo en México sabemos en qué tipo de música está el dinero: en la música prefabricada, el grupero, el reggaetón que en aquel entonces no existía pero había otras músicas. Esto fue una inquietud de querer dar a conocer un movimiento a través de los medios como lo hacíamos los rockeros. Yo conocí muchos casos de grupos como la Gusana Ciega que de un acoplado despuntaron y eso los llevó a firmar contratos discográficos. Y la disquera con la que habían grabado el acoplado no tenía ningún compromiso en cuanto a que ellos (la banda) tenían que dar dinero a la disquera por haber firmado con otra. Era así de ‘Participo con mi rola, sale el acoplado, que se difunda y a ver si eso nos funciona’”, confiesa Ricardo en un tono apesadumbrado.

Y continúa: “Me empecé a dar cuenta de que la mentalidad de mucha gente que estaba en el rap era diferente a la gente de rock de la que yo venía. Mientras para nosotros era normal esto, mucha gente empezaba a decir ‘Oye, ¿va a haber lana?’. ¡Era una inversión para sacar un acoplado que no sabías si ibas a vender! De hecho, muchos discos se quedaron ahí; en otros casos se vendieron, hubo inversión para grabar a algunos artistas en estudios y en varios casos hubo pérdidas. Realmente la intención era dejar un testimonio y creo que se dejó un testimonio muy importante porque…. Igual está mal que yo lo diga pero fueron 7 Rapza y 4 o 5 Hip Hop Hurra. Estamos hablando de alrededor de 12 recopilaciones donde en cada una había no menos de 12 artistas, decenas de artistas que nunca habían grabado. Entonces era un movimiento que no estaba floreciendo; era pequeño pues solo lo conocía la gente a la que le gustaba o que por azares del destino había descubierto a esos artistas, pero no tenía ninguna proyección porque ni siquiera había muchos discos. Eso me dejó un sabor agridulce porque no lo hice para que se me reconociera como el gran impulsor del movimiento. Simplemente tuve la necesidad de exponer eso, tenía los medios, apoyos para editar. Terminamos editando cerca de 40 discos de rap porque sacamos muchos discos en solitario de Sociedad Café, Crimen Urbano, MC Luka. No creo que, a la fecha, haya una disquera que haya sacado 40 discos de rap. Cumplimos con un momento, un objetivo, pero desafortunadamente todo este divisionismo que hay dentro del rap lo lamenté mucho”.

Las principales críticas a los Rapza se enfocaron en dos aspectos: en el bajo estándar de calidad auditiva y en la poca claridad en cuanto a los manejos económicos.

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Padre Anderson es un MC originario del sureste del país que tiene un estatus legendario por el tiempo que lleva sobre las tarimas. Actualmente lidera el colectivo Ceiba Flava y hace años formó parte de un Rapza.

Padre Anderson. Foto cortesía del artista

¿Cómo te llegó la invitación o el acercamiento para formar parte de este compilado?
Padre Anderson: A finales de los 90 el grupo Viva La Paz llegó a mi ciudad, Mérida. En aquel entonces les obsequié un demo con varios tracks y con eso surgió la invitación para participar en un compilado que estaban grabando con varios grupos de la República. En aquel entonces no había divisiones; me tocó participar en un evento donde estaban la mayoría de grupos de diferentes ideologías y sectores que posteriormente se convertirían en crews con propuestas contrarias. Aquel proyecto discográfico nunca vio la luz debido a problemas que surgieron en los convenios entre el grupo y la compañía, pero la relación de trabajo en ese lugar se extendió y quedó un antecedente nuestro. Gente como Tibu One, Little C, Joe 594 y Ricardo Bravo fueron los involucrados en extender la invitación para lo que sería el proyecto Rapza.

¿Hubo algún requisito monetario para ser parte del compilado?
No hubo tal cosa. Lo único que pidieron absorber fueron los vuelos redondos para la participación, cosa que nuestro manager Claudio Díaz resolvió. Luego nos enteramos que en realidad existían problemas de gestión y no debimos correr con ese gasto. Poca gente sabe que Little C (mejor conocido por su aka Elemsiburrón) fue quien aportó el recurso para que el material de Rapza viera la luz pudiendo optar por sacar su disco como solista. Este acto para mí representa la esencia del hip hop con todas sus letras. Hasta la fecha muchas veces antepongo proyectos a los que les tengo mucha fe por encima de lo que tengo bajo el brazo debido a ese acto de humildad. Aquello es algo que todo el movimiento debe agradecer y tomar como ejemplo.

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¿Qué tanto te benefició, artísticamente hablando, ser parte de este disco?
La relación con estos exponentes fue mucho más estrecha. El hecho de representar a Yucatán a nivel nacional, conocer a más productores, intercambiar ideas, participar en diversos eventos, aportar ideas para la organización de eventos en nuestra localidad y fuera de ella, observar la manera de trabajar y aprender sobre producción musical, entre otras cosas.

¿Cuál crees que fue la importancia de los Rapza para los MCs de ese momento?
En lo particular pienso que Rapza, quizá en sus primeras ediciones, fue una meta alcanzada para varios grupos, pues estábamos lidiando con crear música original con equipo análogo, carencias económicas y falta de espacios. La era tecnológica facilitó la expansión de la industria pero a su vez surgieron infinidad de sellos independientes que rayan, a mi punto de vista, un poco en el sectarismo anteponiendo el trabajo en equipo. Aunque también hay muchos proyectos compilados en diversos puntos del país, quizá la convivencia, las mesas de trabajo y la organización de eventos en conjunto, son cosas que deben ir de la mano para rescatar algo de la esencia que estaba vigente en aquel entonces.

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“Ahora está esa tendencia de la balada rap o rap romántico. Me he desconectado porque oír a alguien cantando una balada rapeada me da una hueva infinita”, opina Ricardo sobre el panorama actual del rap en México.

Pero también encuentra excepciones. Menciona 3.

Primero, Mike Díaz. Del originario de Aguascalientes dice que “me encanta. Creo que, primero como persona, ha encontrado una reflexión; un momento en que ya se aburrió de ‘Voy en el barrio tirando rimas’ y está haciendo reflexiones más profundas. Creo que ese es el camino: mandar mensajes más contundentes”.

Luego, Lengualerta: “Yo lo catalogaría más como rap que otra cosa. Todo lo que me costaba creerle a Akil Ammar o a Bocafloja, a él (Lengualerta) se lo creo al 1000 por ciento. Se me hace un artista increíble”.

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Y al final exalta a The Guadaloops, grupo que “aunque hay quienes los podrían catalogar más como fusión, yo los siento con una esencia 80 por ciento de rap. Sí, también tienen baladas, pero tienen otras cosas que no los hacen monotemáticos. Es una propuesta interesante que habla de muchas cosas, incluso del amor de una manera muy irreal, cruda”.

Para equilibrar sus opiniones, habla de un caso contrario, Cártel de Santa: “Si yo hubiera tenido que hacer un escalafón de los 20 primeros actos de rap de aquel entonces, cuando grabaron su primer disco para BMG, si les hubiera dado el puesto 19 o 20 hubiera sido mucho. Había 15 o 20 artistas mejores. No sé cómo se han sostenido tanto tiempo con un rap tan repetitivo, tan raquítico”.

Ricardo continua ofreciendo sus perspectivas y toca el turno de los medios musicales y su relación con el rap: “Nunca ha habido, espero no ofender a nadie, una revista que tenga este carácter plural y que pueda plasmar y darle su valor a cada uno, pero también profundizar, cuestionar cosas. No hay crítica y no hay un conocimiento; como que le dieron copy-paste al boletín. No hay análisis, una opinión y un trabajo más profundo. Te das cuenta que es un güey que está en su escritorio, que no sale a las calles a ver los movimientos. Complaciente y por encimita. Eso es una deuda que sigue habiendo”.

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Al final de la charla presencial, Ricardo confiesa que ha estado pensando en sacar una antología con lo mejor de los Rapza y los Hip Hop Hurra: “Eso me emocionaría pero requiere un trabajo para el que ahorita no tengo tiempo, pero quizá en algún punto porque hay muchas cosas valiosas que pasaron desde 1997 hasta el 2007, un momento de eclosión donde el rap pasó de ser algo de unos cuantos grupos a convertirse en uno de los movimientos subterráneos más importantes”.

Luego, por teléfono, Bravo dice que está contento pues en días recientes se encontró con gente de la Banda Bastön y Simpson Ahuevo, y ambos le hicieron “buenas referencias” sobre los Rapza dónde participaron (con sus primeros proyectos musicales). También dice que Mike Díaz, el rapero que admira, le dijo que para él (Mike) fueron importantísimos esos discos porque pudo escuchar muchas cosas y darse cuenta que en México había una escena.

Por eso, con todo y los aspectos no tan lucidos –lo monetario, la calidad sonora- que circulan sobre los Rapza, es innegable que estos compilados resultaron -resultan- cruciales para el rap en México: como archivos históricos, como generadores de una identidad musical, como incentivos de unión, como plataformas que permitieron despegar a muchos referentes actuales y como una forma de hacer perdurar a quién los gestó.

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