Esto es lo que significa que odies que te hagan fotos

Antiguamente, los que preferimos no ser el centro de atención lo teníamos más fácil para escondernos.

por Christian Jarrett; traducido por Mario Abad
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02 Octubre 2018, 3:45am

Easton Oliver/Unsplash

Hay personas que han nacido para posar frente a una cámara. Yo no soy una de ellas. Cada vez que me veo obligado a ponerme delante de un objetivo —ya sea en fiestas familiares a instancias de mis padres o en un story de Snapchat de mi amiga—, me entra un pánico momentáneo.

Siempre cancelo las solicitudes que me llegan para iniciar llamadas por FaceTime y en los conciertos aparto de mi cara el móvil de mis amigos obsesionados con los selfies. Casi nunca soporto cómo quedo y sueno en los vídeos en los que salgo: siempre encuentro defectos en mi postura, en cómo me queda la ropa, en el sonido de mi voz… Por otro lado, también me siento excluido y siempre tengo la sensación de que me arrepentiré de no haber formado parte visible de todos esos recuerdos y experiencias. ¿Qué puedo hacer para superar mi fobia a la cámara?


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Antiguamente, los que preferimos no ser el centro de atención lo teníamos más fácil para escondernos. Antes de que llegaran el iPhone e Instagram, aunque alguien llegara fastidiando con una cámara, estropeando la espontaneidad del momento y haciendo que te sintieras algo más cohibido, siempre te quedaba la posibilidad de irte a un rincón oscuro de la sala o hacer una visita estratégica al baño. Hoy día, todos tus amigos son paparazzi en potencia a todas horas, y antes de que puedas siquiera darte cuenta, tu cara aparece en las redes sociales sin que puedas hacer nada para evitarlo.

Como alguien que se considera muy crítico con su propia imagen, es comprensible que esta constante amenaza de quedar expuesto te provoca cierta incomodidad. Pero hay buenas razones por las que no tienes que preocuparte tanto.

Por ejemplo: si te preocupa que te pillen poniendo alguna cara ridícula o en una pose extraña, piensa que, según los estudios, es muy probable que los demás te juzguen mucho menos severamente que tú, sobre todo si ellos mismos se han visto en una situación similar —lo cual, admitámoslo, nos ha pasado a casi todos.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el hecho de que no te guste cómo sales en las fotos es algo muy común. Las razones son diversas, siendo una de ellas que estamos tan acostumbrados a ver nuestra imagen invertida en el espejo que nos resulta muy extraño ver la imagen normal. Del mismo modo, nuestra voz grabada suena extraña porque estamos acostumbrados a oírla modificada por las vibraciones en nuestro cráneo.

Otro factor es que seguramente estés comparando tus fotos con un baremo imposible, basado en tu conocimiento exclusivo del aspecto que tiene tu pelo, tu ropa y tu cuerpo en su mejor momento. Pero ten en cuenta que la mayoría de las personas no van a profundizar tanto a la hora de juzgar tu aspecto en una foto.

De hecho, ese deseo de presentar una imagen perfecta de uno mismo es el que nos lleva a publicar selfis tan extremadamente estudiados, aunque, nuevamente, debemos recordar que hay una diferencia entre el aspecto que pensamos que damos y cómo nos ven los demás en realidad. Aunque una persona que se hace un selfi cree que está mostrando su imagen más favorecedora, según los estudios, los observadores encontrarán a esa misma persona más atractiva y menos narcisista en una foto tomada por otro.

También podemos encontrar consuelo en lo que se ha dado en llamar “efecto animadora”, según el cual tendemos a encontrar a las personas en grupo más atractivas que cuando aparecen en solitario en una imagen. Así, cuando vuelves a ver las fotos de aquella vez en la que saliste de noche con tus amigos, seguramente la ampliarás al máximo para estudiar con lupa tu imagen y buscar fallos. Sin embargo, cuando los demás vean la foto, juzgarán la imagen de los que aparecen como grupo, haciendo un promedio del atractivo de cada individuo.

Además de aceptar que, por lo que sugieren estos estudios, tú eres tu crítico más duro, otra cosa que puedes hacer es intentar estar más preparado: la preparación es uno de los mejores antídotos contra el pánico que dices sentir al enfrentarte a una cámara. Procura tener un plan, por tonto que sea, para cuando llegue el momento de la foto. Esto te ayudará a sentir que controlas la situación. Si es una foto en la que puedes posar, por ejemplo, tienes capacidad para influir en el resultado con tu expresión facial y la mirada. Según los estudios, los rostros sonrientes que establecen contacto visual se consideran más atractivos e inteligentes.

También puede resultarte práctico estar al corriente de todas las formas en las que puedes eliminar tu etiqueta de las fotos y proteger tu intimidad en internet. En cualquier caso, no te preocupes demasiado, ya que muchas fotos digitales en las que aparezcan seguramente acabarán siendo editadas o eliminadas por otros.

Una última cosa: dices que nunca te gusta cómo te quedan el pelo o la ropa en las fotos. ¿Es porque normalmente no prestas atención a estas cosas y solo te das cuenta de ellas cuando ves las fotos? En caso afirmativo, quizá ya va siendo hora de que empieces a dedicar más tiempo a cuidarte.

Tal vez tu fobia a la cámara no sea la raíz del problema, sino un simple síntoma de que eres demasiado crítico contigo mismo. En ese caso, quizá deberías trabajar un poco más la autocompasión y empezar a tratarte como tratarías a un buen amigo.

Christian Jarrett (@Psych_Writer) es psicólogo y autor de The Rough Guide to Psychology y Great Myths of the Brain.

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