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Ser joven en Vallecas, uno de los barrios más grandes de Europa

PorAlberto G. Palomofotografías deJulia Martínez

Es también el barrio más estigmatizado de Madrid.

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Vallecas no es un barrio: es una marca universal que se imprime con k de kanalla. Su imagen dista tanto de las urbanizaciones clónicas como de la gentrificación malasañera. En el perfil de este distrito periférico de Madrid lucen los locutorios sin intimidad, las barberías donde es más fácil hacerse trenzas que arreglarse las puntas, el ladrillo visto en soportales con ropa tendida y un orgullo plastificado a base de jerga de granujas, de una extroversión sin filtros, de un compadreo interracial y del omnipresente rayo que atraviesa las camisetas de los hinchas de su club de fútbol.

El cerro del Tío Pío, conocido como el Parque de las Tetas

Vallecas pasa, además, por ser uno de los barrios más grandes de Europa: contando sus dos distritos (Puente y Villa), la población asciende a unas 327.000 personas, según el censo de 2015. Casi como la de Bilbao. También obtiene el premio de ser la zona donde más familias reciben la renta mínima de inserción: 3.127, un 10,38 por ciento del total de la región. Su tasa de desempleo duplica la de la zona centro de Madrid y, en la mayoría de su superficie, la renta per cápita oscila entre los 21.000 y los 25.000 euros de media anuales, bastante menos que los 36.442 de Madrid o los 34.669 euros de Barcelona.

Pablo Iglesias se curtió en sus calles y Podemos, partido del que es líder, ha arrasado en las urnas de la zona en cada cita electoral. Cristina Pedroche, estrella mediática e ilustre vecina, alude continuamente a su pubertad entre casetes de Camela y parques con botellines. De aquí también era el tenista Manuel Santana y siguen siendo algunos miembros de las bandas Ska-P, Obús o Mago de Oz. Quizás por eso, el busto que corona su principal arteria, el mítico Bulevar, no está dedicado a un físico o un conquistador: hace tributo a "La abuela heavy", mujer nacida en 1900 que en los ochenta sacó los cuernos y agitó la melena cuando la juventud hablaba de "el rrollo".

Sillas del Centro Cultural Alberto Sánchez, detrás de la biblioteca municipal de Portazgo

También entonces se hablaba del "jaco", la "chuta" y el "pico": la heroína impuso un estigma que los jóvenes de ahora aún cargan. No consiguen sacudirse la huella de extrarradio conflictivo. Han pasado los años y la delincuencia ya no es el plato del día. Ahora, algunos supermercados abren 24 horas; el barrio alberga facultades de la Universidad Politécnica y en diez minutos te plantas en la Puerta del Sol. Aun así, el carácter de su asfalto está presente en cada uno de los consultados. Gente que sabe de dónde viene, pero no dónde va, porque ahora tiene el mundo por montera. Satisfechos, lenguaraces y con un gran sentimiento de comunidad.

Jesús, 18 años, está muy apegado a las calles de Vallecas

Jesús tiene 18 años y me lo encuentro paseando por las inmediaciones del estadio del Rayo Vallecano con una camiseta del Inter de Milán y una bolsa de su equipo: “Soy del Rayo hasta la muerte, pero me regaló el jersey mi novia y me lo tengo que poner”, se excusa. Jesús dice estar “demasiado apegado” a las calles donde se ha criado. “Tiene mala fama y a veces es difícil, pero luego eso se nota en la personalidad: estás más suelto”. “Nuestro día a día es normal”, sostiene quien estudia un módulo superior de Deporte y Educación Física. “He visto a mucha gente que dejaba los estudios por ponerse a trabajar. Aunque la mayoría quiere estudiar”.

Se mueve normalmente en las zonas de Alto del Arenal y Buenos Aires, pegadas a la Avenida de la Albufera: arteria comercial del barrio. Para salir de marcha prefiere Argüelles y cumple cualquier necesidad de ocio subiéndose al transporte público que peina la ciudad. En ese sentido, remarca, nada le diferencia de otro chaval de Madrid. Repitió segundo de Bachillerato y le ayudan su padre y su madre: él trabaja de portero y ella de ama de casa.

Jesús quiere tener una casa y una familia. 'Lo normal'

“Se nota que hay más trabajo que en otras épocas y están más acomodados. No hay ningún problema, aunque sigue viéndose la droga de vez en cuando. No pasa absolutamente nada”, concede. “Veo el futuro complicado. Quiero tener una casa, una familia. Lo normal”, sonríe quien nunca se ha sentido discriminado por su procedencia. “Aquí vivimos de otra forma. Hasta en el fútbol: jugamos para divertirnos, sin importarnos los millones”, indica señalando a las gradas del campo.

Natalia estudia ilustración

Natalia, de 20 años, estudia un módulo de ilustración de tres años en el centro de la ciudad. Ha pasado toda su vida aquí y cree que en Vallecas “siempre ha habido de todo”. “Tiene fama de peligroso”, relata, “y muchos a los que conoces te dicen que aquí no vendrían nunca”. En su círculo, sin embargo, casi todos tienen estudios medios y piensan en sacarse algo que les permita moverse a otros barrios o países. “Me iría a cualquier lado, por probar otras cosas”, resuelve sin despreciar el lugar donde nació.

'Noto las diferencias cuando salgo por ahí'

“Noto las diferencias con otras personas cuando sales por ahí y casi todos tienen lo que quieren”, dice Natalia, que se suele juntar con su pandilla por el centro y que no toma ninguna precaución especial al regresar o caminar por esta zona. “Solo por ser mujer, ya tienes que tener cuidado en cualquier sitio”, protesta. Aquí ha vivido “tranquila”. Nunca tuvo cortapisas de su familia, aunque “sabes qué sitios pisar y cuáles no”. Lleva el origen a gala, pero no considera que sea diferente a cualquier chica de su edad de otros distritos.

Adim, 18 años, dice que en Vallecas se crece "con otra emoción"

Para Adim, es “diferente” criarse en Vallecas que en otros barrios. “Puede sonar a marginal, pero eso era antes, ahora no”, sopesa. “Creces con otra emoción. Tienes un vínculo distinto con tus amigos”, agrega. Unas cualidades que a él, hijo de marroquíes, le hizo notar algo contradictorio de pequeño: “Como todo el mundo te dice lo que piensa, aunque sea de coña, se queda algo dentro. No es que te insulten, pero sí que escuece. Es duro, pero te hace más fuerte”, admite quien ha nacido aquí y repite segundo de Bachillerato. “La inmigración aquí es normal. Todos somos iguales y eso está muy guapo”, zanja.

Detalle de la camiseta de la selección marroquí de fútbol

La gente es “más desenvuelta”. Algo que “ayuda” a la hora de relacionarte con chavales de otros espacios como los que suele frecuentar: la Gran Vía, Moncloa. No echa de menos nada que hacer porque tiene todo a mano, pero sí que se iría a vivir a otras zonas. “La mayoría quiere salir”, cuenta, poniendo como ejemplo a algunos compañeros y a la barrera que hay todavía para mudarse por sus calles: “Por ejemplo, mi novia es de Diego de León y está buscando piso. Cuando les dice a sus padres que mira habitación por Vallecas, intentan que no lo haga”.

Su visión es que prosperar en Vallecas “es jodido”. “Eso sí, tienes que dar el salto tú mismo porque nadie te va a echar un cable”, advierte. “Salvo los casos de fracaso escolar, la mayoría estudia. En el instituto, los que ya han acabado la ESO sí que tienen en mente la universidad. Yo quiero hacer INEF. Un amigo mío ya lo está haciendo. Ha llegado donde yo quería”, suspira Adim, que ha estado en campamentos de verano por trabajo y que, aun con cierto apoyo de su familia, se saca algo de dinero por sí mismo. “Compro y vendo cosas. Vamos, que tengo mis trapicheos”, contesta. De mayor, zanja, querría vivir en otro sitio y volver solo de visita. “Si sigo aquí es porque algo he hecho mal”.

La madre de Yoselín es de Perú y fue una de las primeras extranjeras del barrio

“A veces conoces a gente y cuando sale que eres de Vallecas te dicen: ‘A mí no me des un navajazo, ¿eh?”, ríe Yoselín, una vallecana sonriente de 18 años. “Todo el mundo piensa que es lo peor”. Acompañada de su madre, procedente de Perú y una de las primera extranjeras en el barrio, me dice que a ella le da igual cómo la vean porque le gusta mucho la zona. “Ha habido mucho progreso. Aunque a una amiga mía, por ejemplo, hasta hace poco no la dejaban volver más tarde de las diez”.

'Todo el mundo piensa que Vallecas es lo peor'

Estudia un grado superior de Administración y Dirección de Empresas en un centro público. Le gustaría hacerlo en el privado donde van colegas suyos, pero el precio se lo impide. “Quiero seguir estudiando y me planteo hacer una carrera”. Mientras, ve su adolescencia como la de cualquiera. Transita de un lado a otro de la ciudad como tantos habitantes de la urbe. Y si se le pasa por la cabeza partir es a otro país, por conocer cosas nuevas, no por el barrio. “De aquí no me cambiaría. Somos muy abiertos y muy sociables”, sintetiza.

Carlos, 22 años. 'Aquí te inculcan valores como el de preocuparse todos de todos'

Carlos tiene 22 años y es “de aquí de siempre”. Opina que la juventud es “muy buena” porque “vives en un barrio obrero y te inculcan unos valores”. ¿Cuáles? “Los de preocuparse todos de todos”. En Vallecas “todo el mundo se conoce” y eso les une desde la infancia. Carlos recurre de nuevo a la “mala fama” del barrio y añade que todavía se les conoce como “los de la generación perdida”. “Se ven grescas, y eso contribuye a la mala imagen. Aún hay gente que se engancha a las drogas, pero la mayoría pasa y sale adelante”.

Carlos cursa un grado medio de electricidad y chapa y pintura, y arguye que las profesiones se aprenden por la familia. En su caso, el padre es conductor de autobús y ha vivido con ciertas comodidades aunque haya tenido que trabajar “en negro” para sacarse algo de dinero. “Aquí todo se consigue por el esfuerzo propio. En otros sitios todo lo paga mamá y papá. Y algunos pijos te miran por encima del hombro”, concluye.

Sin embargo, apunta, la solidaridad impera: “Se hacen muchas movilizaciones por la gente y un tema que nos preocupa mucho es el racismo. Hacemos lo posible porque nadie se sienta distinto. Y como hay de todo, estamos mezclados”, enfatiza [un 19,5 por ciento de la población es extranjera, según un informe municipal de enero de este año]. “Al ser un barrio trabajador y humilde, hay mucho paro. Vemos el futuro incierto, pero eso ya pasa en general”, lamenta. “Este barrio te enseña a madurar”, concluye.