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Lo maravilloso y lo terrible de comprar en internet

Vivimos en un mundo comprometido con hacer que comprar sea lo más fácil posible. Pero, ¿a qué precio?

por Kate Dries
17 Enero 2019, 4:15am

Ilustración por Seba Cestaro 

Este artículo aparece en "El número del agotamiento y el escapismo " de nuestra revista. Subscríbete aquí.

Necesitaba comprar un cepillo para ante. Tengo un par de botas que precisaban algo de cariño y cuidados y, tras una ligera búsqueda, me enteré de que el cepillo para ante era la herramienta adecuada. Pasé varias horas repartidas en un par de días durante el otoño de 2016 tratando de encontrar uno. Probé en varios establecimientos pero en ninguno tenían cepillos para ante, solo algunos kits para limpieza de calzado bastante pequeños encajonados en un espacio entre dos pasillos del supermercado. Mi zapatero de confianza cerraba antes de que yo pudiera llegar hasta allí después del trabajo. Así que recurrí a Amazon, me gasté 7,25 dólares en un kit de cuidado para ante y nobuk de la marca Kiwi y, en un tiempo ligeramente más prolongado de lo que tardas en decir amén, me lo enviaron al curro.

A pesar de mi gran actividad inicial, no sentí ninguna satisfacción. Había hecho el trabajo de conseguir el kit de cuidado para ante y nobuk, pero ese trabajo no me hacía sentir bien. Invertí tiempo y dinero en encontrar ese artículo, pero el esfuerzo que me costó el hecho en sí de comprarlo fue mínimo ―ni siquiera tuve que asegurarme de estar en casa cuando me lo enviaran― y mi sensación de logro estaba al mismo nivel. Había hecho algo que supuestamente me hacía la vida más fácil (y así podría haber sido), pero el siguiente paso que supuse que llegaría ―la felicidad― me estaba esquivando. Comprar online me había ahorrado ese valioso bien que es el tiempo, pero en realidad solo había empleado mi tiempo de forma diferente, delante de un ordenador.

Se supone que la tecnología soluciona dos tareas simultáneas: adquirir lo que deseamos y ahorrarnos tiempo. Después de todo, el tiempo es el bien más preciado que poseemos, hasta tal punto que nuestra consideración del mismo como un tipo de divisa ha generado su propio término, "riqueza temporal". Se espera de la tecnología que nos facilite hacer lo que realmente queremos hacer: estar rodeados de nuestros seres queridos, salir al aire libre, hacer ejercicio, comer más sano... ¿Qué mejor manera de simplificar la vida que distanciarnos de la parte del capitalismo que nos ata más que ninguna otra, el prolongado acto de comprar cosas físicamente?

Pero un estudio llevado a cabo en 2016 por Pew sobre las compras online reveló que el 65 por ciento de los compradores por internet prefieren comprar las cosas en persona cuando pueden, en comparación con el 34 por ciento de personas que prefieren hacerlo online. Algo está cambiando cuando compramos sin tener que desplazarnos físicamente a una tienda. Algunos dirán que lo que se pierde es la interacción humana, o el viaje hasta el establecimiento, o simplemente la planificación para llegar hasta allí, pero quizá también haya algo más: la pérdida del hecho de hacer las cosas de forma activa, en lugar de pasivamente.

Internet nos ha liberado ostensiblemente de las limitaciones que nos marcan las 24 horas que tenemos en el día, y constantes oleadas de estudios han tratado de descifrar cuánto bien o mal nos ha hecho esto, especialmente su impacto en la cultura del consumo, que acapara muchos de nuestros días. El mismo estudio de Pew descubrió que la mayoría de norteamericanos no compra online constantemente: "casi seis de cada diez norteamericanos afirman que compran online menos de unas pocas veces al mes (37 %) o que nunca hacen compras por internet (20 %)”.


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Estas cifras giraban en la dirección que cabría suponer cuanto más jóvenes eran los encuestados. Y la tendencia entre las empresas más grandes e importantes de nuestro país es la de ofrecer lo que quieren los jóvenes y conseguir que no ir físicamente a la tienda sea lo más fácil posible. Compañías como Blue Apron (que no solo prepara tu comida sino que también te la trae y te explica cómo cocinarla) o Amazon (que te vende todo lo que necesites cuando lo necesites) se están adaptando no solo a nuestro presente, sino también a un futuro en el que la mayoría de nuestra sociedad estará llena de antiguos jóvenes que lo quieren todo YA MISMO.

Nos vemos impelidos a incluir tanto ocio en nuestras vidas como sea posible (después de todo, eso es lo que hacen los ricos, ¿no?). El pensamiento generalizado parece ser mantenernos ocupados para poder alcanzar nuestros deseos más profundos y permitirnos hacer lo que realmente queremos, que a menudo es nada (piensa en el arquetipo del CEO multimillonario cuyas jornadas laborales están repletas hasta arriba de obligaciones, pero que también disfruta de vacaciones de lujo). Sin embargo, en 2018, investigadores de la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago y de la Escuela de Negocios de la Universidad Nacional de Singapur propusieron que nuestro auténtico motivo es en realidad lo contrario: "que la gente persigue sueños para poder estar ocupada”.

En un experimento, los profesores Adelle X. Yang y Christopher K. Hsee hicieron que los participantes del estudio rellenaran una encuesta y les dijeron que podían depositarla en uno de estos dos lugares: muy cerca, pero tendrían que esperar 15 minutos, o en un lugar que estaba a 12-15 minutos de distancia caminando entre ida y vuelta, donde podrían dejar la encuesta sin esperas. La mitad de los participantes recibieron idénticas compensaciones por completar cada tarea, o bien chocolate negro o chocolate con leche. Dijeron a la otra mitad que una de las ubicaciones tenía chocolate negro y la otra chocolate con leche ("la distribución de sabores estaba compensada", indican los investigadores).

Cuando el sabor del chocolate era idéntico en los dos lugares, la mayoría de los participantes (68 %) eligió dejar la encuesta en el sitio más cercano, con su tiempo de espera. Pero cuando el sabor del chocolate era diferente, la mayoría de los participantes (59 %) eligió dejar la encuesta en el lugar más lejano. Además, quienes depositaron la encuesta en la ubicación más alejada se mostraron significativamente más contentos que quienes dejaron la encuesta en el lugar más cercano.

“En resumen, la gente teme estar desocupada pero aun así no está dispuesta a mantenerse ocupada a menos que pueda justificarlo con un propósito”, escribieron Yang y Hsee. Ahondaron en esta idea, explorando cómo eligen los humanos, en un mundo cada vez más tecnológico, en qué actividades ocupar su tiempo. Estar demasiado ocupado, ya sea porque eres rico o porque eres pobre, no puede terminar en felicidad. Los investigadores escribieron: "Pero conforme vamos avanzando, deberíamos comprender que la riqueza temporal relativa no garantiza la libertad última de la existencia humana, sino que más bien hace aumentar su necesidad de estar ocupados con un propósito”.

Otra investigación ha sugerido que gastar dinero en cosas que ahorran tiempo proporciona más felicidad que los objetos en sí, porque quienes lo hacen sienten menos presión para hacer cosas. “La gente a menudo se queja de que le falta tiempo, no solo porque esté objetivamente ocupada, sino también porque perciben una falta de control sobre su tiempo” escribieron los investigadores en el estudio, publicado en 2017 en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Pero cuánto tiempo estamos ahorrando y qué deberíamos hacer con él es otra historia. “Irónicamente, gastar demasiado dinero en servicios que ahorran tiempo podría socavar la percepción del control personal llevando a las personas a suponer que son incapaces de gestionar ninguna tarea diaria, lo que potencialmente podría reducir su bienestar”, añadieron los investigadores.

Recientemente fui a comer con mi amiga Allison. Al final de la comida, cogí su bolso para dárselo y me sorprendió comprobar que pesaba muchísimo. Resultó que había ido al banco a recoger fundas para envolver monedas y a dejar monedas ya envueltas para ingresar, una actividad que yo adoraba cuando era niña por su calmante repetitividad, pero que cambié por depositar cheques en persona. Le pregunté por qué no llevaba simplemente su dinero a Coinstar. "¡Se quedan una parte!", me dijo. "Además, me gusta la actividad de envolver monedas".

“Actualmente, los recados que solía hacer una persona se han convertido cada vez más en la ocupación de otra persona”, escribió Joan Kron en la New York Times Magazine en 1990, una década antes de que Craigslist llegara a Nueva York y casi dos antes de que se creara TaskRabbit. Las personas que estaba describiendo, por si no resultaba obvio, eran ricas. Pero si lo escribiera hoy su afirmación seguiría siendo vigente, quizá con una ligera modificación: "los recados que solía hacer una persona se han convertido en la responsabilidad por parte de un sitio web de derivarlos a individuos que la persona original jamás conocerá" (ya lo sé, me ha quedado un poco largo). Dado que la mayoría de los recados que hacemos implican transacciones monetarias, esa conexión con tener un propósito parece ser la clave.

Se supone que comprar online nos hace sentir como si nos hubiéramos liberado de las riendas de la sociedad que nos impiden hacer las cosas que nos encanta hacer, pero estamos tan atados como siempre ―quizá incluso más, porque pensamos que no lo estamos― sin la naturaleza activa del proceso. Como sucede con la mayoría de cosas, necesitamos encontrar un medio que nos dé felicidad, que se sitúe entre emplear herramientas para equilibrar nuestras vidas y desvincularnos de lo que llena nuestros días de significado. Para conseguir la libertad debemos abandonar el sistema completamente, pero si estamos en él y esperamos tener éxito, debemos estar en él al cien por cien.

“Cuando estamos ocupados el tiempo genera felicidad siempre y cuando se emplee hacia un propósito, incluso aunque este sea débilmente justificable", escribieron Yang y Hsee en su estudio. O, como explicó Charlotte Ford, miembro de la alta sociedad y asesora de etiqueta (y tataranieta del innovador de la producción en masa Henry Ford) a la revista Times Magazine hace 32 años, "Me gusta hacer una lista e ir tachando cosas. De algún modo me hace sentir que estoy avanzando, que estoy haciendo cosas". Como encontrar ese cepillo para ante.