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Testimonio

“Me violaron y no fui consciente de ello porque pensé que a mí no me podía ocurrir”

Fue en una entrevista de trabajo, a plena luz del día, y cuando quise marcharme ya era demasiado tarde.

por Paula Mir; tal y como se lo contó a Alba Carreres
20 Diciembre 2018, 5:00am

Imagen cortesía de Paula Mir

Me llamo Paula y soy de Lleida pero antes de cumplir la mayoría de edad me independicé y me fui a vivir a Barcelona. Por aquel entonces ni se me pasó por la cabeza que acabaría siendo modelo de Suicide Girls. Era una página que me encantaba, pero nunca me había imaginado que acabaría allí. Ahora me dedico íntegramente a ser modelo y debo decir que me ha costado mucho llegar hasta aquí.

Empecé a modelar cuando aún era una niña y a espaldas de mis padres. La primera sesión de fotos me la hice a los 16 años. Recuerdo que salía toda envuelta en papel de plástico y con los pezones tapados con una cruz negra. A mí me encantaba aquella foto, pero a mi madre no le gustó nada.

Lo que sí tenía claro es que si quería llegar a algún sitio tenía que marcharme de casa. Cuando me fui tenía 17 años y 60 euros en el bolsillo. Estuve en casa del que por aquel entonces era mi novio hasta que sus compañeros me echaron alegando que solo querían chicos en el piso. Vivíamos en una habitación en la que solo cabía un colchón y solo él aportaba los ingresos para poder subsistir, algo que me echaba en cara a menudo.

Por eso, y para poder ganar algo de dinero por mi cuenta, empecé a repartir currículums indiscriminadamente por todo Paseo de Gracia. También por todo Infojobs inventándome que ya era mayor de edad.

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Paula, en la época que nos relata

En mi tercera entrevista de trabajo me dijeron que me volverían a llamar y de hecho lo hicieron. El día que me presenté a aquella segunda entrevista, el jefe de la empresa me hizo pasar una especie de prueba en la que tenía que repartir unos papeles a unos clientes y atender al público de recepción.

Se trataba de un garito de esos que venden filtros para el agua, y como tenía 17 años aquel señor dijo que no podía ir a hacer “puerta fría”, pero me ofreció el puesto de secretaria. Su secretaria para ser más concretos. Cuando acabé con los papeles me hizo entrar en su despacho. Cuando salí de él nunca fui la misma.

Me hizo todo tipo de preguntas: que si tenía novio, que si le había sido infiel, que si cogía aquel trabajo tenía que estar dispuesta a estar cercana a él. Yo era muy inocente por aquel entonces y las iba contestando todas como buenamente podía, pensando que si era amable conseguiría aquel trabajo que tanto necesitaba.

Cuando quise marcharme fue demasiado tarde. Me agarró por el cuello y empezó a morrearme sin yo poder decir nada al respecto. Me quedé como en shock. Sin saber cómo acabé siendo penetrada una vez tras otra empotrada contra una mesa hasta que se corrió. Como pude salí de allí y me fui a casa de una amiga y se lo conté todo.

Me sentía culpable por lo que había pasado. No quise ver la realidad de lo que me había sucedido y pensé que le había puesto los cuernos a mi novio con aquel señor que podía ser perfectamente mi padre, sin yo querer tener relaciones con él. Cuando llegué en casa de mi novio le dije que la entrevista no había ido bien. Le expliqué que aquel hombre había intentado ligar conmigo y que por eso me fui.

Mi novio se empeñó en que le denunciara por el supuesto acoso y me acompañó a comisaría. Cuando estuve allí le conté a la policía toda la verdad. Me llevaron al hospital a recoger muestras de su ADN, me dieron pastillas de profilaxis y ansiolíticos. Recuerdo que pregunté por qué me estaban haciendo todo aquello. No era consciente de que lo que me había pasado era una violación. Pensé que a mí aquello no me podía ocurrir a mí.

Cuando me dijeron que me habían agredido sexualmente me impactó. No había sido a oscuras, en un callejón. No me había pegado un golpe en la cabeza para forzarme pero en cambio yo no me podía ni mover. Fue una tarde de verano, a plena luz del día. No podía ser yo una de aquellas chicas que salen en las noticias porque las habían violado. Me culpé por no haber salido corriendo pero creedme, en aquel momento no tuve fuerzas para hacerlo.

No podía ser yo una de aquellas chicas que salen en las noticias porque las habían violado.

Lo peor fue decírselo a mis padres. Como era menor de edad tenía que ir a denunciar lo que me había pasado acompañada por ellos. Prefería hacerlo yo que lo hiciera la policía. La situación era delicada con mis padres...Mi madre estaba enferma de cáncer y yo no quería preocuparla más. Además hacía poco que me había marchado de casa y aquello me cayó como un jarro de agua fría, era como si de repente no me las pudiera arreglar yo sola.

Dos meses después mi madre murió. Me habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo que mis ánimos estaban muy jodidos. A raíz de la agresión sexual y de la muerte de mi madre desarrollé un trastorno límite de la personalidad que había estado latente pero sin manifestarse desde los 15 años. Aquello me llevaba a olvidar cosas, a emborracharme cada viernes hasta el lunes y a levantarme en sitios que no conocía, por no hablar de un espíritu de autodestrucción y de constantes ataques de ira y emociones que subían y bajaban como una montaña rusa.

No pude pensar con claridad hasta que no fui consciente de todo lo sucedido. Ser modelo me ha ayudado, pero también ha habido episodios turbios para llegar hasta allí. Hay personas que juegan con los sentimientos de las chicas, que les prometen algo que no es real, que les dicen que con su cuerpo podrán ganar grandes cantidades de dinero sin decirles que hay que currar mucho para poder ganarse la vida con eso.

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Paula posando. Fotografía de Daniel López.

Por suerte yo ahora estoy muy contenta con todo lo que trabajo, aunque pienso que con la de cosas malas que pasan en el mundo mañana me puede volver a tocar a mí. Porque esas cosas son reales y no solo suceden en la tele. Cada vez que veo un caso de agresión siento que estoy en aquel despacho, revivo lo que a mí me ocurrió y recuerdo que la justicia archivó mi caso porque según el juez, al llevar 4 años con mi pareja yo ya tenía la madurez sexual suficiente como para saber qué iba a hacer ese tío y no irme.

Pienso que aunque cada vez estemos más empoderadas y concienciadas, la lucha no debe ser solo a base de tuits. Hay gente que me considera culpable por mostrar mi cuerpo o por sacarme fotos medio desnuda en Instagram, pero con un “tú te lo has buscado” aún estás perpetuando más el machismo. Lo curioso es que cuando eso pasó todavía no había hecho ningún desnudo porque era menor de edad. Yo hago con mi cuerpo lo que quiero y el problema no lo tengo yo, lo tiene la gente que piensa que porque yo me saque esas fotos tiene derecho a hacer con mi cuerpo lo que quiera. Cuando esta percepción cambie, también entre las mujeres, quizás llegue el día en que ya no haya ninguna otra Paula, Julia o María agredidas, ya no tendremos que temer por salir de fiesta solas, ir a hacer deporte o ir a una entrevista de trabajo. Porque todo el mundo habrá entendido que el respeto hacia nosotras estará por encima de cualquier cosa.

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