feminismo

Así sería un país solo para mujeres

Anna Prats, Kalinda Marín, Alicia Rius, Dafne Muntanyola y Adriana Royo dialogan sobre la idea esbozada por Andrea Dworkin.

por Ana Iris Simón; ilustración de Teresa Cano
07 Marzo 2019, 5:00am

La primera vez que entré en contacto con la idea de crear una nación compuesta únicamente por mujeres fue a través del Twitter de Kalinda Marín, activista feminista. En una encuesta, Kalinda le preguntaba a sus seguidoras si se irían a vivir a una nación solo para mujeres. Las posibles respuestas eran "sí", "tal vez", "si necesitase refugio" o "no". El 42% de ellas respondieron que sí, seguido por un 24% que dijo que lo haría si necesitase refugio.

Más tarde, Kalinda escribió un texto en la revista online Kamchatka que, con el título de "Llamamiento a construir una nación solo de mujeres", esbozaba algunas de las ideas propuestas —en algunos casos de manera más evidente que en otros— por Andrea Dworkin, escritora y activista del feminismo radical norteamericano. Explicaba Kalinda que, con motivo de la publicación de Scapegoat: The Jews, Israel, and Women's Liberation, uno de sus últimos libros, Dworkin afirmó en varias entrevistas que una nación de mujeres era una idea digna de ser pensada y que "podría suceder, podría pasar".


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"Dworkin habla de la necesidad de un espacio vital seguro para las mujeres, y lo considera la maduración de un movimiento feminista, que ella percibe sin objetivos y estrategia", dice Kalinda al respecto. "En ningún momento habla de una nación de mujeres donde todas nos vayamos a vivir. Al contrario, sus palabras son claras al exigir a los estados patriarcales mixtos ya existentes justicia real, libertad real y poder real para las mujeres".

"En este párrafo", añade, "Dworkin resume sus reflexiones al ser preguntada por la posibilidad de una nación de mujeres: Podría suceder, podría pasar. Nunca hemos tratado el tema de la soberanía porque nosotras nunca hemos comprendido que hemos de ser un movimiento político realmente serio. No digo que sea la única solución, pero no tiene sentido pasar por alto la construcción de una nación solo para mujeres como una posibilidad. Si la queremos, necesitaremos a todas: de chicas a mujeres mayores".

LOS PRECEDENTES: NACIONES REFUGIO

Pero, ¿cuáles son los precedentes de esta idea? ¿Los hay? No se trata de sociedades matrilineales, matriarcados ni espacios no mixtos en cualquiera de sus formas —desde la Iglesia de mujeres de Guillermine de Bohemia en el siglo XIII hasta las asambleas feministas no mixtas contemporáneas— sino de una sociedad independiente conformada únicamente por mujeres.

Hay comunas o proyectos a pequeña escala, como Jinwar, la aldea de mujeres libres de Rojava, un pueblo construido y habitado únicamente por mujeres en el kurdistán sirio como lugar de refugio para aquellas que han sufrido la violencia y los estragos de la guerra. O como Umoja, una villa al norte de Kenia fundada en el 1990 por Rebecca Lolosoli y otras 15 para supervivientes de la violencia sexual en la que no se permite vivir a hombres.

El concepto de refugio en los planteamientos de Dworkin, sobre el que se asientan también los dos ejemplos anteriores fue, según Kalinda, lo que le interesó verdaderamente de su llamamiento a construir una nación de mujeres. "La necesidad de ese refugio resulta evidente en un mundo donde existen millones de mujeres que corren el riesgo de ser esclavizadas sexualmente o de sufrir la ablación de sus clítoris. También hay millones de mujeres bisexuales o lesbianas que viven en países donde su vida corre peligro solo por ser mujeres con una atracción afectiva y sexual por otras mujeres", desarrolla.

"Hay mujeres destrozadas por el maltrato, la esclavitud sexual o la violación que necesitan para su sanación un espacio seguro. Mujeres que, sencillamente, están hartas de vivir 24/7 en riesgo de ser violadas, secuestradas o asesinadas" — Kalinda Marín

"Hay mujeres amenazadas de muerte por el simple hecho de ser mujeres, ser feministas o luchar contra el proxenetismo y la trata de mujeres: Marielle Franco en Brasil o Natacha Jaitt en Argentina son ejemplos recientes. Hay mujeres destrozadas por el maltrato, la esclavitud sexual o la violación que necesitan para su sanación un espacio seguro. Mujeres que, sencillamente, están hartas de vivir 24/7 en riesgo de ser violadas, secuestradas o asesinadas, de ser acosadas potencialmente en cualquier hora o lugar. Hay millones y millones de mujeres hartas de no poder vivir como seres humanos libres, en los cinco continentes", continúa.

La periodista y activista Anna Prats añade al respecto "no queremos poder, ni igualdad, en un sistema de por sí opresor con todas las mujeres y otras minorías, porque eso implicaría igualarse al opresor. Queremos la liberación de la mujer, y eso solo puede suceder destruyendo el sistema opresivo desde la raíz; sin acabar con el patriarcado, el capitalismo y el racismo las mujeres no seremos libres. En todo caso acabar con el patriarcado, el capitalismo y el racismo conllevará una sociedad más equitativa (que no mujeres igualadas al varón como modelo), pero esto es solo una consecuencia, y no sería suficiente si no hemos logrado nuestro objetivo final: la liberación de la mujer. Si la revolución es mixta, las mujeres recordaremos a los varones que somos la revolución dentro de la revolución. Mientras exista la opresión a las mujeres, no veo criticable que existan espacios o territorios donde las mujeres puedan refugiarse o vivir con otras mujeres".

EL SEPARATISMO FEMINISTA

Al plantearse la idea de una nación construida y habitada únicamente por mujeres resulta casi inevitable no retrotraerse a la idea del separatismo feminista que nace con el feminismo radical. "Surge en las mujeres de la izquierda revolucionaria y del movimiento negro de liberación en los años 70 del siglo XX, y nace ante la necesidad de reunirse para pensar y reflexionar sin la interferencia de los varones", explica Kalinda Marín.

"Su propuesta pasa por abandonar los espacios y organizaciones mixtos, plagados de machismo y abusos sexuales a las militantes, y que no luchan por la cuestión de la mujer, que es siempre relegada. Plantea la separación en diversos grados de los varones y de sus instituciones, de relaciones, roles y actividades que están definidos, dominados y que actúan en beneficio de los varones. Puede tomar muchas formas, desde un grado menor —organizarte en colectivos solos de mujeres— a un grado mayor —romper o evitar relaciones cercanas o íntimas con varones o vivir en comunidades solo de mujeres—".

"No queremos poder, ni igualdad, en un sistema de por sí opresor con todas las mujeres y otras minorías, porque eso implicaría igualarse al opresor" — Anna Prats

"El feminismo contemporáneo", continúa, "en cierto grado ya es separatista. Desde hace décadas existen colectivos feministas formados solo por mujeres, y se crean y organizan espacios y actividades solo para mujeres. La huelga del 8M, por ejemplo", añade. Anna Prats lo corrobora. "Todas las mujeres que militan en organizaciones feministas son separatistas en algún grado, porque son no mixtas. En todo caso, el separatismo es una opción (en ningún caso una obligación) para todas las mujeres, porque como dicen las Feministas Autónomas chilenas solo situándonos 'desde afuera' podemos repensar qué somos las mujeres, recuperar nuestra genealogía, porque haber sido excluidas de la historia es nuestra potencialidad. Necesitamos mantener los espacios seguros actuales como los vestuarios, servicios, etc., amenazados por la teoría queer y algunos de sus partidarios que acosan, amenazan a mujeres, y a las mujeres lesbianas además tratan de silenciarlas sexualmente por ser la única orientación sexual que excluye el pene. También necesitamos crear nuevos espacios no mixtos para la formación, el debate y organizar la lucha feminista". Para Kalinda Marín y otras activistas como Anna Prats, la teoría queer es individualista, liberal y antifeminista, y les ha llevado a confrontación con sus detractores.

EL CONCEPTO NACIÓN Y EL CONCEPTO MUJER

En este sentido, y más allá de los debates sobre su sentido y vigencia, cabe plantearse que es una nación y qué es una mujer, y sobre todo ¿cómo podría nacer y articularse, cómo se estructuraría y se materializaría una nación de mujeres? La socióloga Dafne Muntanyola, Doctora de la UAB, comenta que la propia definición del concepto de nación es ya de por sí complicada.

"En el siglo XIX, cuando nace la idea del estado nación y se crea se habla de una nación cultural vinculada a un estado político. Existe la idea de que hay una nación que preexiste al Estado, por lo que en ese caso la sociedad no sería algo voluntarista sino que está ahí, que no puedes evitar ni crear. En una tradición más reciente, en el siglo XX, esto va cambiando hacia algo más voluntarista y surge la idea de que uno crea sociedad. La idea de los movimientos sociales y barriales, de la comunidad... Aunque claro, en este caso, es muy distinto hablar de sociedad a nivel barrial que a nivel estatista", comenta.

Otro de los puntos controvertidos según Muntanyola sería, en este caso, la definición del sujeto mujer. "La idea de crear una nación de mujeres me suena a la primera y la segunda oleada feminista, cuando se planteó la necesidad de crear espacios propios para que las mujeres pudieran hablar, debatir, problematizar la vida cotidiana que normalmente quedaba en un segundo plano. Estas reivindicaciones llegan hasta nuestros días, donde por ejemplo se convocan huelgas como las del 8M o espacios no mixtos de debate", explica.

"Sin embargo, como sabemos desde la teoría feminista más reciente, el feminismo no es solo cosa de mujeres sino de géneros. En ese sentido, creo que habría que plantear el debate sobre quién es mujer, qué es ser mujer. ¿Quién sería el sujeto político? ¿Las mujeres trans, las biológicas? Y si así fuera, ¿cómo se define biológicamente a una mujer? De entrada, ya veo problemática la definición del concepto de mujer, igual que el de nación", reflexiona.

"¿Quién sería el sujeto político? ¿Las mujeres trans, las biológicas? Y si así fuera, ¿cómo se define biológicamente a una mujer? De entrada, ya veo problemática la definición del concepto de mujer, igual que el de nación" — Dafne Muntanyola

UNA NACIÓN DE MUJERES, PERO ¿DÓNDE?

Es lógico, al pensar en construir una nación de mujeres, asociarla inmediatamente a un caso muy concreto, por las similitudes de su planteamiento en cuanto al concepto de reparación histórica y por la idea de creación de una nación a un elemento aglutinador muy concreto: el judaísmo en el caso de Israel, el género en el de una hipotética nación de mujeres.

"Andrea Dworkin era judía. Viajó a Israel en 1988 y en su libro Scapegoat realizó una dura crítica tanto a israelíes como a palestinos, por la opresión a las mujeres en ambos casos, así como a Israel por la opresión al pueblo palestino. Denunció que Israel era un país construido en una forma parecida al apartheid contra palestinos e israelíes árabes", explica Kalinda Marín.

"Dworkin era pacifista y le horrorizó una sociedad militarista como Israel; se sintió devastada por la situación de las mujeres, israelíes y palestinas, tan subordinadas, tan maltratadas, y con tan pocos derechos. Obviamente las mujeres no queremos con la creación de nuestra nación desplazar a ningún pueblo ni ocupar ningún territorio habitado. Un Estado solo para mujeres tendría que ser fruto de un acuerdo internacional, y sería fundado en alguno de los muchos lugares deshabitados del mundo, o en un lugar de nueva creación, algo cada vez más posible posible gracias a las nuevas tecnologías" asegura.

"Evidentemente, si su creación generase una guerra, como en el caso de Israel, no merecería la pena. Las mujeres, especialmente las feministas, hemos de reflexionar al abrir este debate si estamos preparadas para decidir estratégicamente qué debemos hacer, qué queremos y cómo lo obtenemos. Si las mujeres de todo el mundo luchamos por nuestra nación, y presionamos constante e insistentemente a nuestros gobiernos, llegará un momento en que los estados tendrán que llegar a un acuerdo pacífico, o garantizar de una forma efectiva la vida, la libertad y la integridad de las mujeres en sus respectivos territorios. Las mujeres hemos de forzar a los gobiernos del mundo a optar entre una de esas dos opciones, porque cada vez somos más las mujeres que no aceptamos ya vivir así", cierra Kalinda.

LA ECONOMÍA FEMINISTA

Al pensar en un estado únicamente de mujeres resulta lógico —aunque quizá cada vez menos, dada la transversalidad cada vez mayor de una ideología, la feminista, en la que parecen caber o como mínimo compiten entre sí propuestas liberales y socialistas— pensar que estaría organizado materialmente en cuanto a los preceptos de la economía feminista.

Alicia Rius, Doctora en Economía Aplicada y Agente de Igualdad expone que, aunque no se siente muy cómoda pensando en términos de separación dentro del feminismo, según los criterios de la economía feminista "ese gobierno se centraría, primero, en hacer un diagnóstico real de las necesidades de las personas. Tendría especialmente en cuenta las necesidades que van dirigidas al buen vivir (vida mas allá de la especie humana, vida que no explote el planeta ni sus recursos, que no produzca descontroladamente, ni consuma desorbitadamente)".

"Es decir", continúa, "se centraría en organizar la Casa Común (nación) con los mismos criterios de eficiencia y eficacia que una cabeza de familia gestiona la suya. Después organizaría la producción en base a esas necesidades y trataría que las personas que se emplean en las empresas encargadas de producir estos bienes y servicios lo hagan pudiendo atender también sus vidas (conciliación). Por último, la educación iría dirigida a favorecer la igualdad de oportunidades y se destinarían tantos recursos como fueran necesarios para que las personas, con sus singularidades, accedieran a ella. Se tendría en cuenta una metodología que favoreciera la cooperación frente a la competitividad, y que premiara la diferencia y no la castigara. El arte y la cultura se desarrollarían con total libertad para ayudar a las personas a crear un pensamiento original, singular, libre", expone.

"El lucro y la aculumación de capital en unas pocas manos (mayoritariamente masculinas) no estaría en el centro del desarrollo. Ni la primacía de la especie humana frente a otras especies" — Alicia Rius

Aunque la idea de una nación de mujeres le parece "absurda, pues presupone que todas las mujeres son feministas y apoyan un gobierno que quiera cambios con respecto al orden establecido y eso es tan ingenuo como pensar que todas las personas pertenecientes a minorías étnicas son antirracistas o que las personas pertenecientes a opciones sexuales minoritarias son progresistas, por lo que el desafío está en gestionar la diversidad de seres humanos y opiniones que hay en una sociedad, con criterios de democracia y no de fascismo y exclusión", Rius cree que, de aplicarse la economía feminista, las cosas cambiarían diametralmente.

"El lucro y la aculumación de capital en unas pocas manos (mayoritariamente masculinas) no estaría en el centro del desarrollo. Ni la primacía de la especie humana frente a otras especies. La economía ecofeminista pretende llevar a cabo los postulados de los feminismos y del ecologismo social que, por un lado, propugna una revisión de las 'necesidades auténticas' de las personas y sociedades, frente a los deseos ilimitados de las sociedades capitalistas, primando las primeras y la equidad en su reparto entre los seres humanos. También centra su desarrollo en el bienestar humano, entendiendo por él relaciones justas y de buen trato, frente a la violencia machista y de todo tipo en que se nos socializa. La jerarquización social en que nos sitúa el heteropatriarcado capitalista se sustituiría por un consenso social en el que las personas decidiéramos cómo ser gobernadas, atendiendo en este gobierno a criterios de equidad, horizontalidad, democracia, diálogo…", termina.


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LA ORGANIZACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA

El pasado mes de febrero, la periodista Irantzu Varela escribía el siguiente tuit.

En él no aludía directamente a la creación de un Estado exclusivista femenino pero sí a otro de los debates a los que seguramente daría lugar su planteamiento, una cuestión que, por otra parte, está cada día más presente en el debate público gracias a/por culpa del feminismo liberal. ¿En qué medida cambiarían las estructuras de poder y dominación, la manera de organizar la sociedad, la economía, los recursos y en última instancia, de gobernar, si las mujeres tomaran el poder?

¿Fueron o son empoderadoras para las mujeres —y para qué mujeres— las políticas de Margaret Thatcher, Ángela Merkel o Begoña Villacís? ¿Hacen del mundo un lugar mejor para nosotras Christine Lagarde o Ana Patricia Botín desde sus despachos?

Al pedirle que imagine cómo podría organizarse desde la psicología de los grupos una nación de mujeres, la psicóloga Adriana Royo, autora de Falos y Falacias reflexiona lo siguiente. "Al preguntarme cómo sería una nación gobernada y habitada por mujeres me he dado cuenta de que es pensar en agrandar el abismo y la separación entre humanos, seguir disgregándonos y dividiéndonos. Plantearnos si una sociedad sería más o menos justa, más o menos pacífica o conciliadora por el mero hecho de que la gobiernen mujeres me parece ciertamente reduccionista".

"Al preguntarme cómo sería una nación gobernada y habitada por mujeres me he dado cuenta de que es pensar en agrandar el abismo y la separación entre humanos, seguir disgregándonos y dividiéndonos" — Adriana Royo

"Me pregunto", añade, "¿en qué tipo de mundo y de sociedad gobiernan las mujeres? Creo que el contexto sería importante de especificar para empezar a especular y conjeturar. ¿Un mundo hippie tipo años sesenta?, ¿el mundo actual? ¿El mundo neoliberal capitalista? Porque si así fuera, en el poder habrían mujeres neoliberales, y no sabría decirte exactamente qué cambios habría de género a nivel social o familiar".

"Podría ocurrir que, a la hora de organizarse, en una sociedad únicamente de mujeres sí que salieran a relucir valores que típicamente son más femeninos: la cooperación, la comunicación... en nuestra está claro que hay diferencias por los procesos de socialización. El problema es que precisamente esto es producto de la segregación de la socialización por género, de que se refuercen pautas de comportamiento diferenciadas dependiendo del género", piensa Dafne Muntanyola.

"Además", matiza Muntanyola, "podría ser, claro, y es algo que ha ocurrido en cooperativas, experimentos anarcosindicalistas e incluso casas okupas, que al final acabaran reproduciéndose las relaciones de poder tradicionales. Pero en el fondo la única manera de comprobar algo es hacer, llevarlo a la práctica. En esa sociedad de mujeres quizá alguna esfera no acabaría de funcionar y reproduciría el status quo, porque la inercia social es muy fuerte y difícil de cambiar, pero igual sí que se modificarían algunos aspectos como pautas de consumo, pautas educacionales en las familias, etc. Creo que pensar en absolutos es muy dañino. ¿Que cómo sería una sociedad completamente nueva? Pues vamos a cambiar pequeñas cosas y lo iremos viendo", concluye.

Volviendo a Andrea Dworkin, Kalinda Marín argumenta que la propia Dworkin admitió que esta nación de mujeres podría ser un éxito o un fracaso. "Dworkin no idealizaba a las mujeres ni pensaba que somos seres de luz; recordó cómo las mujeres intentaron establecer cooperativas y comunas a lo largo de los años 70 y muchas de ellas se derrumbaron, no por presiones externas sino por sus políticas internas. Insistía mucho en esta idea: 'No estoy diciendo que esa sea la única solución, pero sí que es una idea digna de ser considerada'. Hoy es diferente porque en estos 50 años transcurridos desde esas experiencias de las que hablaba ha habido un aumento de la conciencia feminista, antirracista, sexual, etc., así como un desarrollo de la economía feminista anticapitalista con trabajos cada vez más sólidos".

Anna Prats añade que "desde mi punto de vista, la única forma en que se acabasen otras opresiones como el racismo o el capitalismo es salirnos de la lógica del varón. La compañera Adriana Guzmán, del Movimiento Feminista Antipatriarcal de Bolivia, dice que hemos aprendido a explotar como en el capitalismo de explotar a las mujeres. Si no abandonamos las ideologías y lógicas propias del patriarcado, la nación de mujeres no estaría destinada al éxito", termina.

Adriana Royo, por su parte, piensa que el problema con esta nación de mujeres es que la problemática de raíz está mucho más allá del "hombre vs mujer". "Indaguemos en el pasado más profundo a través de la historia y de los pilares que sostienen esta desigualdad y podremos proyectar un mundo mucho más maravilloso hacia adelante. El tema está en ir más allá de los géneros, a los orígenes de los que han creado esta desigualdad. Las estrucutras de poder, las jerarquías, el uso del lenguaje por ejemplo –cómo ha repercutido a la desigualdad el uso del masculino y femenino –... capas y capas de años y años de historia que tenemos instaurada en nuestras células sin ser siquiera conscientes", explica.

"¿Por qué suponemos que una mujer sería más humana o más igualitaria que un hombre? ¿Por la biología? ¿Menos testosterona, menos lucha y competitividad? ¿Porque somos madres? No sé si es tan sencillo" — Adriana Royo

"Por eso, lo que realmente me parece interesante de todas estas cuestiones, de la idea de una nación de mujeres es la cuestión del poder. ¿Por qué suponemos que una mujer sería más humana o más igualitaria que un hombre? ¿Por la biología? ¿Menos testosterona, menos lucha y competitividad? ¿Porque somos madres? No sé si es tan sencillo. Lo que sí es digno de ser estudiado es qué nos sucede a los humanos con el poder. Ya no a hombres o a mujeres, sino como humanos. Qué sucede cuando tenemos el poder, cuando no queremos perderlo. Hasta qué nivel el poder, para mantenerse, necesita de cierta psicopatía, de cierta disociación, de cierta ambición unilateral y poco colaborativa, poco empática. Para sostener el poder se necesita utilizar ciertos recursos humanos, de hecho, poco humanitarios. Hombres y mujeres somos vulnerables a eso, no somos tan íntegros como como nos gustaría pensar", expone Adriana Royo.

"El problema de raíz está más allá, mucho más allá de la división de los humanos entre hombres y mujeres", termina.

Sigue a Ana Iris Simón en @anairissimon.

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