La música y la memoria trabajan de la mano cuando pasas por un trauma
Ilustración por Esme Blegvad

La música y la memoria trabajan de la mano cuando pasas por un trauma

Una canción puede transportar nuestras mentes al pasado, pero también hay formas de desaprendernos del dolor que asociamos con una pieza musical.
EB
ilustración de Esme Blegvad
DS
traducido por Daniela Silva
11.10.18

Artículo publicado originalmente por Noisey UK.

"Espera Tony", me dijo mientras le acomodaba el cinturón de seguridad, tratando de aflojarlo del cuello. Mi abuela me confundió de nuevo con mi papá. Su demencia comenzó lentamente, y luego se apoderó de ella por completo. Cuando llegamos a un cruce ajetreado de la ciudad, me miró, su rostro lleno de horror y de repente se asomó por la ventana, a gritarle a los transeúntes: "¡Ayuda! ¡Ayúdenme!".

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No sabía quién era yo ni quién era ella, y mucho menos dónde estaba o por qué estaba allí. Cuando la trasladamos a un nuevo hogar ––donde podían atender sus necesidades cada vez más complejas–– se alteraba cuando la visitábamos, frotando ansiosamente sus manos una sobre la otra. Murmuraba cosas y se preocupaba, o gritaba pidiendo ayuda. Solo se tranquilizaba cuando le ponían una canción determinada, algo de La novicia rebelde.

Nunca he visto la película. Dos minutos de Julie Andrews perdiendo el tiempo encima de una colina son suficientes para convencerme de que no es para mí. Sin embargo, conozco íntimamente una canción del musical: "Edleweiss". Esa es la canción que le encantaba a mi abuela. Cada vez que la cantábamos juntos, su comportamiento cambiaba: la tensión de sus hombros desaparecía, sus ojos dejaban de moverse y el brillo malicioso que heredé de ella regresaba. Seguía sin recordar nuestros nombres o el de ella. Dónde estaba o en qué año estábamos. Pero siempre recordaba cada palabra de esa canción y se deleitaba con la melodía.

"Al parecer, la música puede llegar a un lugar que está protegido [de la demencia]", me dice la Dra. Claire Garabedian, cuando le pregunto sobre la relación entre la música y la memoria. Como investigadora asociada en artes creativas y demencia en la Universidad de Worcester, Reino Unido y practicante de música certificada, pasa su vida explotando ese "lugar seguro": utiliza la música como un conducto para llegar a una parte de una persona que ha estado casi perdida. Vuelven del otro lado y regresan a la habitación.

Según el Dr. Garabedian, podemos recordar cosas del pasado mientras escuchamos melodías, porque "la música puede recuperar los recuerdos mucho antes que cualquier otra cosa". Por un lado, eso es algo bueno: puede hacer que te vuelvas a enamorar, puedes regresar a un cumpleaños específico o a una salida entre amigos. Por otro lado, una nota equivocada puede llevarte de regreso a las profundidades de la depresión o a un error grave. Y luego, incluso más allá de esos momentos, la música puede llegar a los fragmentos más profundos y oscuros de tu memoria y abrir cosas que ni siquiera sabías que estaban allí.

Al igual que mi abuela y la canción "Edleweiss", también tengo una canción que hace que mi cerebro entre en acción. *Se acuerda de "All The Things She Said" de Tatu, lanzada a principios de los 2000, cerca del día en el que vi por última vez al mejor amigo de mi padre*. Llamémosle Brian.

Seis años después del lanzamiento de esa canción, tenía 17 años y vivía en la misma cuadra donde estaba la empresa en la que trabajaba mi padre, en un parque industrial en Cornwall. No había instalaciones reales de lavado o cocina. Era tan pobre que esperaba a que se fueran todos para recoger todas las colillas de cigarros y les sacaba el tabaco para guardarlo en una bolsa y tener que fumar después.

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Un día, Brian vino a visitarlo. Se había separado de su esposa unos años antes y se había declarado gay. Tenía dos hijos que eran un par de años más jóvenes que yo. Ese día, Brian viajaba en coche de Cornualles a Gales y necesitaba un lugar donde dormir. Trajo cerveza y una sidra que bebimos alegremente, platicando sobre recuerdos. Me habló de mí cuando era niño. Cómo lo visitaba en la oficina donde él y mi papá solían trabajar, me sentaba en su regazo y hacía garabatos con furia. Mientras reíamos y recordábamos, las latas de cerveza se convirtieron en cocaíana e inhalamos línea tras línea sobre la mesa de conferencias.

En poco tiempo, estaba encima de él, desnudo, en la cama plegable de la habitación. El recuerdo de ese día es menos un recuerdo y más una serie de destellos borrosos. Recuerdo que mi corazón latía muy rápido. Recuerdo que me incliné para vomitar cosas negras mientras me agarraba como muñeca de trapo. Recuerdo que miré su rostro mientras se retorcía en éxtasis. Recuerdo el rojo de la sangre a la mañana siguiente.

Durante años, lo recordaba como una historia divertida. Já, me acosté con el mejor amigo de mi papá. Clásico. Hasta que un día, tal vez cinco años después, estaba sentado en el sillón de mi departamento de Whitechapel. Las bocinas de mi laptop resonaban con canciones de los 00s. Pero cuando empezó a sonar "All The Things She Said”, regresé a ser un niño. A saltar en la cama de mi habitación y a jugar en la oficina de mi padre con Brian. Y de repente, la gravedad de lo que sucedió esa noche se volvió muy real. Se me hizo un nudo en la garganta y mis pulmones se llenaron de horror mientras vomitaba los recuerdos de su abuso en mi bote de basura. Cuando sea viejo y viva en un asilo, ¿esa melodía me seguirá regresando al pasado? ¿Brian seguirá en mi mente hasta los setenta y ochenta años, mucho después de su muerte?

Para averiguar más sobre el vínculo entre la música y la memoria, le pregunto al Dr. Garabedian sobre "Lady in Red" de Chris de Burgh. Mis padres la eligieron para bailarla en su boda, en 1989. Pero desde que se divorciaron en 2003, mi madre se niega a escucharla. ¿Es posible recodificar nuestra conexión con una canción, cambiarla de mala a buena? ¿Para salvarnos de las minas terrestres emocionales cuando prendemos el radio?

"Esa es la cosa –para tu madre, esa canción alguna vez fue un buen recuerdo, antes de que se volviera mala. Así que ya se recodificó, lo que significa que hay esperanza de que se vuelva a codificar, solo necesita la situación correcta".

Cuando se forman los recuerdos, se codifican en nosotros, se graban en nuestra materia gris como surcos en un disco de vinilo. Todavía existen debates sobre cómo sucede eso exactamente, ya sea debido a la creación de una nueva conexión sináptica entre las neuronas o si algo cambia profundamente dentro de esas neuronas. Lo que sí sabemos es que esos ritmos son más profundos cuando están grabados con música, pero a diferencia del vinilo, que es rígido, nuestra memoria es compleja, flexible y maleable.

Cuando mi madre escucha "Lady in Red", escucha tristeza y dolor. Pero debajo de eso descansa la esperanza y la felicidad que alguna vez sintió. Su experiencia y conexión a esa canción ha cambiado inconscientemente a medida que ella se ha movido a través de la vida. Tal vez, si la escuchara de nuevo en momentos de paz y serenidad, se podría recodificar otra vez para relacionarla con un recuerdo feliz.

La música tiene el poder de llevarnos de regreso a un lugar. Pero, hasta cierto punto, tenemos el poder de elegir cómo la música nos hace avanzar. Tenemos el poder de tomar canciones y experimentarlas en nuevos contextos. Para escribir nuevos recuerdos, eso no necesariamente borra los viejos. Sin embargo, por encima de todo, el hecho de que las canciones puedan abrirse camino en nuestra química cerebral y convertirse en una parte fundamental de nosotros es, en sí mismo, increíble. Esto significa que para las personas como mi abuela, la demencia no tiene que tragarselas por completo. Queda un poco de ellas, bajo la superficie y esperando ser descubiertos. Por lo menos, eso nos debe traer un poco de esperanza.

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