Asia y Pacífico

Los arqueólogos creen que nuestros ancestros se tatuaban con estos vidrios volcánicos

Un nuevo estudio sugiere que las tribus de las islas del Pacífico Sur habrían construido varias herramientas para tatuarse la piel con la ayuda de obsidianas o vidrios volcánicos.
18.7.16
Louis Choris, Danse des hommes dans les iles Sandwich, 1816, Librería Nacional de Nueva Zelanda. (Imagen vía Wikimedia Commons)

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Este artículo fue publicado originalmente en Motherboard.

La tecnología tatuadora es más antigua que Matusalén, de ahí que ya, desde la noche de los tiempos, se empleara el método primitivo de usar un palo afilado untado en tinta china y hundirlo en la carne humana. De hecho, a nivel médico se emplea un tinta aprobada por la FDA, la administración que regula los fármacos y la comida en Estados Unidos, que se puede conseguir en cualquier tienda y que provoca que el proceso entero parezca casi quirúrgico. Hoy en día, de hecho, los biohackers utilizan incluso herramientas de hospital para incrustar chips de identificación radiofónica y luces de LED por debajo de la piel.

Claro que a menudo no hay técnicas que sean tan resultonas y efectivas como las de toda la vida, como demuestran todos aquellos que siguen prefiriendo los métodos de tatuaje tradicionales, como el tebori japonés, antes que el empleo de las pistolas de tinta. La cultura moderna del tatuaje le debe mucho a los rituales ancestrales de culturas prehistóricas, que han sido observados desde tiempos neolíticos.

Hoy los arqueólogos creen haber descubierto la más deslumbrante evidencia de tatuajes ancestrales en el Pacífico Sur. Según delatan sus hallazgos, que han sido recientemente publicados en el prestigioso Journal of Archeological Science: Reports, los artefactos descubiertos en las islas Salomón podrían ser herramientas de tatuaje elaborados a partir de vidrios volcánicos afilados, a los que también se conoce como obsidianas.

Tras ser analizados por la lente de un microscopio, 13 de los 15 vidrios revelaron contener residuos de ocre, de carbón vegetal, e incluso de sangre y de tejidos grasos. Las herramientas también mostraban signos de haber sido usadas y gastadas, como delataban pequeños rasguños, estrías y sus filos romos. Los rasgos, cuentan los autores del estudio, encajan con otros instrumentos de tatuaje descubiertas en la región pacífica.

"El tatuaje es una práctica cultural muy importante en el Pacífico, incluso a día de hoy. De hecho, la voz inglesa tattoo proviene de la palabra tatau, una voz originaria de la Polinesia pacífica. Así lo ha relatado a LiveScience el coautor del estudio Robin Torrence, quien trabaja como arqueólogo en el museo australiano de Sidney. La investigación demuestra la antigüedad y la importancia que tenían los tatuajes en la ornamentación del cuerpo humano, y descubre que llegó a convertirse en una tradición cultural muy extendida entre los primeros habitantes de Oceanía".

A través de todo el Pacífico Occidental, — un área que comprende a la Micronesia, la islas Fidji y las islas de Salomón, donde se han descubierto las obsidianas — los tatuajes eran objeto de inmensa adoración y consideración, tanto por su conexión por los dioses como por su belleza estética. La mayoría de las veces los motivos ornamentales estaban directamente relacionados con la naturaleza, e incorporaban estilizadas versiones de pájaros rabihorcados, de dentaduras de tiburón, patas de cangrejo y hasta de conchas de mar. Tanto los hombres como las mujeres lucían tatuajes y completarlos era un proceso que podía llevar una semana.

El equipo de investigadores del museo de Australia, la universidad de Sydney y la universidad de Auckland han recuperado los artefactos de un enclave al que se conoce como Nanggu. Inicialmente creyeron que se trataba de punzones o de raspadoras empleadas para acceder a las madrigueras o a los escondrijos de los animales.

"En cualquier caso esta probable teoría tiene un problema fundamental y es que por aquel entonces había un número extremadamente pequeño de especies lo suficientemente grandes de la fauna tropical que fueran cazados por sus pieles", añade Torrence. Según concluye el estudio, en aquella época los únicos animales a los que se podría haber cazado para ser despellejados eran las comadrejas y los lagartos, cuyas madrigueras exigen muy poca preparación.

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De tal manera, y con el objeto de demostrar su teoría el equipo recreó las herramientas prehistóricas con ayuda de vidrios volcánicos autóctonos, de conchas, piedritas y de dispositivos de rastreo. Los investigadores tatuaron entonces diez piezas de piel de cerdo como si se tratara de carne humana, y emplearon idénticas técnicas de perforación y de esqueje a las empleadas por los habitantes de las islas del Pacífico.

Si bien el Pacífico fue el escenario de múltiples y muy diversos métodos de tatuaje, como la perforación, la costura o la raspadura, los habitantes de las islas de Salomón preferían infligir las incisiones en la piel que ya estuviera tintada; o, incluso, hundir utensilios untados en pigmentos directamente en la piel.

Después de realizar los tatuajes, los investigadores descubrieron las marcas de desgaste similares a las que habían detectado en los artefactos de Nanngu. De manera alternativa, el estudio también ha detectado que los artefactos habrían podido ser empleados para matanzas, por mucho que eso no explicaría la presencia ni del ocre ni la de los residuos de carbón vegetal.

Sin embargo Lars Krutak, un antropólogo especializado en tatuajes en el museo nacional de la fundación Smithsonian de Historia Natural se ha mostrado escéptico con las conclusiones del estudio. En declaraciones a la revista de la misma institución, Krutak ha comentado que "las gentes prehistóricas que vivían en Nanggu eran, más que probablemente, personas de tez oscura, de manera que la tinta de ocre rojo sería un pigmento inadecuado para sus pieles. De hecho, dudo mucho que tal combinación pudiera verse en absoluto", ha dicho.

Más allá de sus palabras, lo cierto es que los restos arqueológicos de tatuajes en el Pacífico no son tan fáciles de detectar. Algunos de los tatuajes más famosos de la antigüedad — como el descubierto en Ötzi, el "hombre de hielo" momificado, o los de la princesa siberiana Ukok, una aristócrata rusa igualmente congelada y de la que también se ha descubierto que consumía cannabis para aliviar el dolor que le producía un tumor en el pecho — están preservados de manera inmaculada. Los autores del estudio esperan que su investigación pueda ayudar a los habitantes de las islas del Pacífico a reconstruir la historia cultural de sus tatuajes, tan extendida a día de hoy.

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