ecología

Tres ecologistas explican cómo y por qué matan gatos

En Australia van a sacrificar dos millones de gatos antes de 2020.

por Nat Kassel; traducido por Daniela Silva, y Álvaro García
13 Julio 2017, 4:00am

Un gato enjaulado en alguna parte 

En una ocasión, el exministro de Medio Ambiente de Australia, Greg Hunt, llamó a los gatos salvajes "un tsunami de violencia y muerte", y afirmó que eliminan a 4 millones de aves, reptiles e insectos nativos cada noche. Esta cifra (exagerada) suena como si toda la fauna australiana desapareciera en una semana, pero sí que es cierto que los gatos acaban con una buena parte de la vida silvestre. Tanto es así que el gobierno tiene programado sacrificar dos millones de gatos antes de 2020.

El plan ha recibido críticas de amantes de los animales veganos como Morrissey y Brigitte Bardot, mientras que en el otro extremo del espectro existe una serie de ecologistas que no pueden esperar más para comenzar con la medida.

Hablamos con tres ecologistas que matan gatos. Son conservacionistas que, por una serie de razones, favorecen la acción directa en lugar de la intervención estatal. Viven en diferentes áreas del país, pero, bajo el disfraz del anonimato, acordaron describir sus hábitos para acabar con los pequeños felinos. Y si bien están motivados por la protección de la vida silvestre nativa, sus historias y métodos de cacería son diferentes entre sí.

Lewis - Obrero y observador de aves

Gato salvaje con una cacatúa Galah (Foto: Wiki Commons)

Cuando tenía unos 10 años, fui a la parte de debajo de mi casa y encontré a mi padre ahogando un gato. Ya sabía que los atrapaba en jaulas en el patio trasero, pero esa fue la primera vez que lo vi colocar la jaula en un contenedor lleno de agua. Le pregunté qué estaba haciendo. Dijo que ahogarlos era supuestamente la forma más pacífica de acabar con ellos. Yo tuve un pájaro de mascota —un Inseparable de Namibia— que fue asesinado por el gato del vecino, así que lo entendí.

Empecé a observar pájaros cuando tenía 14 años. Solía acompañar a mi padre a los parques nacionales que le pagaban para llevar a cabo estudios de conservación de aves migratorias. A partir de ahí, tratar de identificar diferentes especies de aves se convirtió en una adicción y compilé listas mensuales de todas las especies que había visto. Ahora tengo 29 años y todavía soy un ávido observador de aves.

Tenía alrededor de 14 años cuando empecé a eliminar gatos aquí y allá. Los atrapas, sumerges la jaula en el contenedor, cierras la tapa, esperas diez minutos, sacas al gato, lo envuelves en una bolsa de basura negra y luego la tiras a la basura. Cierras la tapa del contenedor para no verlo ahogarse —ya que no eres un psicópata—. Sólo lo dejas caer en la oscuridad y esperas un poco.

En la primera casa en la que viví, mi padre y yo nos deshicimos de diez gatos que pertenecían a los vecinos en su mayoría, pero nadie dijo nada. Hacerlo en un contenedor con ruedas es, sin duda, la forma más limpia y discreta. No quieres que el gato se ponga a gritar, especialmente si no estás seguro de lo que estás haciendo. Tampoco quieres hacer una escabechina, sólo quieres quitarte de problemas y desechar el cuerpo.

No es que no sienta ninguna emoción por matar gatos. No es algo agradable en absoluto. Lo había mantenido en secreto durante siglos y solo se lo conté a mis amigos hace poco tiempo. No es el tipo de reputación que quieres tener.

Suena bastante bárbaro, pero lo veo como que sus propietarios no les importan lo suficiente para mantenerlos dentro de casa por la noche, que es cuando salen y realizan sus particulares matanzas.

La gente piensa que eres un salvaje, como un asesino en serie que comienza a matar animales y luego personas, pero no es realmente así. Si los gatos se pasan la noche a sus anchas, entonces el dueño no se está haciendo responsable y necesitas tratar el problema. Hasta donde ellos saben, lo podrían haber atropellado. Y si en verdad los atropellara un coche, el resultado sería el mismo. Así es como yo lo veo. Estás haciendo lo que harían en la perrera.

Steve - Cuidador de fauna y observador de aves

Otro gato salvaje con un periquito (Foto: Flickr Brisbane City Council)

Maté a mi primer gato cuando tenía alrededor de 14 años. Comencé a interesarme por las aves desde que era joven y ha sido mi pasión desde entonces. Después, a medida que crecí, me involucré más en tratar de protegerlas. Tengo 66 años, pero incluso en la adolescencia pude ver el impacto que los gatos tenían en las especies nativas.

Pasé 25 años más como cuidador voluntario de animales, así que tengo conocimientos de primera mano sobre el impacto de los gatos en las especies nativas. En todo ese tiempo protegiendo la vida salvaje, nunca vi a un solo pájaro o reptil sobrevivir a una mordedura o zarpazo de gato.

En algún momento estaba rehabilitando más de 100 animales nativos al mes. Y, desafortunadamente, una buena parte de la protección de la vida silvestre significa poner a los animales fuera de sus miserias, sin importar que la causa de su muerte sea por ataque de gato, ataque de perro o por atropello.

Conozco gente que ahoga gatos y conozco gente que los asfixia con el tubo de escape de un coche. Es más rápido que dejarlos sufrir

No tengo ningún remordimientos por haber matado gatos salvajes tan humanamente como sea posible, aunque me resulta difícil diferenciar entre los gatos salvajes y los gatos suburbanos. No era algo que me gustaba hacer, pero por cada uno que eliminaba, pensaba en el número de animales nativos que potencialmente quedaban a salvo. Y en muchos casos prefería tomar acciones agresivas contra sus propietarios.

No llevo la cuenta de cuántos gatos he matado. Pero hice un viaje alrededor de Australia en los años 80 y tú mismo podrías garantizar que los pequeños felinos se presentarían en tu campamento. Las áreas desérticas tenían cantidades sorprendentes de gatos salvajes. En una noche llegué a disparar a siete.

Siempre he usado pistola. Aunque no recomiendo esta opción porque no hay muchas personas con buena puntería. Yo siempre he sido bueno para disparar. Ponerles un cebo tampoco es muy recomendable porque hay muchos animales nativos, algunos de los cuales están en peligro de extinción, y también caerían con la carnada. Es mejor que no hacer nada, pero matas a algunos que no se lo merecen.

Conozco gente que ahoga gatos y conozco gente que los asfixia con el tubo de escape de un coche. Es más rápido que dejarlos sufrir. Depende de cada persona, ya que hay varias maneras de hacerlo. Se trata de buscar la forma más humana de hacerlo en ese preciso momento.

Las personas que sacrifican a los gatos pueden ser acusadas por ser crueles con los animales, mientras que los que matan numerosas especies nativas son casi inmunes a la ley. Yo ya no tengo armas y actualmente no mato gatos. No quiero ir a la cárcel por eso.

Terry - Comerciante y dueño de patos

Otro gato salvaje (Foto: NottsExMiner, Flikr)

Sólo he matado un gato en una ocasión. Todo empezó cuando compré dos pequeños patitos que eran súper torpes e inofensivos. Vivieron en casa con nosotros durante dos meses, hasta que crecieron lo suficiente como para sobrevivir por su cuenta. Los crié como si fueran mis hijos, y, mientras los veía florecer y tropezar en el patio trasero, comencé a notar que había muchos gatos viviendo en mi calle que se paseaban furtivamente por mi jardín.

Construí una gran jaula de seis por seis para los patos y por las noches los encerraba. Pero una noche, cuando los metí en la jaula, vi que un gato estaba esperándolos. Ahí fue cuando decidí comprar una trampa por internet. No sabía nada acerca de matar gatos, pero pronto encontré una trampa por 60 dólares. La compré y la monté al lado de la casa. Calenté una lata de sardinas en el microondas, la coloqué en la trampa y luego lo puse cerca de mi ventana para que ser el primero en oírlo.

Nunca antes había ahogado a un animal, así que no estaba seguro de cuánto tiempo tenía que dejarlo bajo el agua

Al caer la noche, oí el resorte de la trampa, seguido por el silbido y el maullido de este gato. Mientras salía, me di cuenta de que algunas personas lo estaban buscando por la calle. Tenía un collar púrpura y una campana. En ese momento me di cuenta de que ya era demasiado tarde, así que lo cargué en mi espalda y fui al canal detrás de mi casa. Pensé que ahogarlo sería la forma más pacífica para matarlo, por lo que sumergí toda la trampa en el canal.

Fue un poco raro. Nunca antes había ahogado a un animal, así que no estaba seguro de cuánto tiempo tenía que dejarlo bajo el agua. Al final esperé a que todas las burbujas se detuvieran. Cuando lo saqué, el gato ya estaba muerto, completamente sin vida. Cavé un agujero y lo enterré.

Definitivamente, fue muy raro saber que le había quitado la vida a ese animal. Lo que quedaba de gato me miraba fijamente, tieso, con los ojos sin alma. Supongo que tuvo un subidón de adrenalina, aunque sería más por el miedo de ser atrapado.

Al principio me entusiasmó la idea. Un día de caza donde preparas la trampa y el cebo, y piensas en la posibilidad de atrapar algo. Pero cuando finalmente lo has matado, el sentimiento es completamente diferente.

Mi plan inicial era comenzar a matar a todos los gatos de la vecindad, pero luego pusieron carteles por todos lados del gato desaparecido. Mis compañeras con las que vivía pronto se dieron cuenta de que había matado a la mascota de alguien y le pusieron fin a la historia. Al final, mantener mis relaciones personales era más importante que erradicar a más gatos del barrio.

Soy una persona bastante normal. No tengo mucha rabia o malicia, así que tuve un poco de duelo por el gato y me dio lástima. Pero era algo que sentía que necesitaba hacer para proteger a los patos. Lo haría de nuevo si me pusieran en la misma situación. Supongo que soy el tipo de persona que es capaz de asesinar a un asesino cuando se trata de algo que realmente le importa.

Al final los patos pudieron vagar libremente alrededor del canal en la parte trasera de nuestra casa. Volvían a buscar comida de vez en cuando, pero al final fueron autosuficientes.