Cultură

Rosa Iceberg: ficción argentina escrita y editada por mujeres

En la ola del potente movimiento feminista argentino surge una editorial dirigida por mujeres que pretende abrir espacios de diálogo y alumbrar zonas que el mercado editorial se niega a contemplar
31.8.18
Editoras de Rosa Iceberg

Artículo publicado por VICE Argentina

Aun cuando en la actualidad el feminismo es uno de los ejes fundamentales de la discusión social en Argentina, en el mundo editorial la brecha es una práctica más común de lo que parece. Muchos editores y escritores (incluso algunos con el pañuelo verde bien ajustado al cuello), no dudan en inflar el pecho a la hora de pedir igualdad de oportunidades en los procesos que acompañan la gestación y publicación de un libro, pero el problema llega cuando hay que leer manuscritos o estampar la firma. Ahí, curiosamente, los porcentajes y el inconsciente vuelven a hacerse pelotas. En Argentina, igual que en Latinoamérica, lo mismo que en el mundo, no sólo hay una distancia considerable entre la cantidad de libros publicados por hombres y mujeres, sino que el problema fundamental se encuentra en las primeras instancias de producción: ¿cuántas posibilidades tiene una escritora de que su libro sea leído por una editora? ¿por qué hay ciertos géneros que parecen estar vedados (o por lo menos aislados del interés “general”) para las escritoras?

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Ante estas preguntas Marina Yuszczuk, Tamara Tenenbaum y Emilia Erbetta, decidieron montar Rosa Iceberg, una editorial argentina con un catálogo joven y creciente que ha decidido apostar por la literatura escrita por mujeres mientras le plantan cara a eso que el mercado se empeña en catalogar como “literatura de mujeres”.

VICE: ¿Cómo decidieron montar una editorial?

Marina: Fue puro deseo, ganas de hacer libros. Y un grado altísimo de inconsciencia, como tantas cosas que después salen increíblemente bien. Un día le propuse a Tamara fundar una editorial, Tamara dijo que sí y enseguida se sumó Emilia. Tenemos muy en claro, de todas formas, que no se nos hubiera ocurrido sin la gran tradición de edición independiente que existe en Argentina desde la década del 90, muchos de esos libros con los que formamos nuestro gusto en literatura.

¿Definieron desde el principio el perfil o fue más bien una afinidad electiva? ¿Hubieran arrancado con el periplo de montar una editorial que no fuese en la dirección de Rosa Iceberg?

M: La primera idea fue publicar autoras, sí. Eso estaba claro porque sentíamos que había menos oportunidades para las mujeres en el mundo editorial, por algunas experiencias concretas: dos editoriales por lo menos nos pidieron libros porque se dieron cuenta de que en su catálogo no había mujeres. También escuchábamos comentarios de parte de escritores como que “las mujeres escriben menos”. Entonces sentimos que no queríamos “llenar la cuota” de otras editoriales, sino hacerla estallar: 100 por ciento mujeres y listo. Un poco para demostrar que es perfectamente posible sostener una editorial publicando solo autoras. Seguramente no hubiéramos ideado otro proyecto más que éste, que está montado a la ola del movimiento feminista en nuestro país, sin lugar a dudas.

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Tamara: Definitivamente, yo no tenía el sueño de hacer una editorial. Nos dio bronca escuchar eso de que “nadie encontraba mujeres para publicar” cuando nosotras conocíamos a mil chicas que escribían y no tenían libros publicados. Mi sensación es que hay mucha discursividad de “quiero publicar mujeres” pero después, por X razón, una chica les manda un libro y no les gusta. Obvio que siempre te puede no gustar, y nosotras tampoco publicamos todo lo que recibimos ni mucho menos, elegimos el catálogo con mucho cuidado, pero creo que si decís que querés publicar mujeres y después no te gusta nada de lo que te mandan tenés que replantearte algunas cositas.

Argentina es punta de lanza en la lucha por la igualdad en los derechos de las mujeres en Latinoamérica, por lo cual hace sentido que una iniciativa como la suya haya surgido aquí. En otros países existen propuestas similares (me viene a la mente Emily Books, una editorial hermana de Coffee House Press, o Kore Press, por ejemplo). ¿Las tuvieron en consideración cuando surgió Rosa Iceberg? ¿Han estrechado vínculos con ellas?

M: No, de hecho no las conocíamos. Pero no nos extraña porque el movimiento de mujeres se está dando en muchísimos países del mundo, no es raro que haya coincidencias.

¿El mundo editorial argentino les parece machista?

M: Me parece tan machista como toda la sociedad en general, ¿por qué iba a ser la literatura un reducto paradisíaco y de avanzada? aparecen las mismas desigualdades de género, sí. Históricamente las mujeres fuimos las raras, no se nos dio mucha importancia o se nos consideró la excepción en un mundo de varones. Ahora tenemos más lugar pero se nos pone en un ghetto, el de “lo femenino”, mientras que la literatura sigue siendo el dominio de lo masculino. Y es cierto que hay autoras muy famosas y muy vendidas, en Argentina y en otros países, pero en general creo que la regla es que no escriban explícitamente sobre temas de género, o desde su experiencia personal.

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T: Yo siempre digo lo mismo, probablemente hoy no haya muchos autores a los que en el mundo les vaya mejor que a Samanta Schweblin, Mariana Enríquez o Selva Almada, pero si mirás para abajo de ellas, mujeres un poco más chicas o que más allá de la edad estén arrancando con sus carreras, vas a ver que en los “rangos medios” la inmensa mayoría son varones. Dicho de otro modo: para ser mujer y ser escritora, tenés que ser Samanta Schweblin (que además se hizo a fuerza de ganar concursos y ser reconocida afuera, no de que alguien acá apostara por su literatura). De ahí para abajo, vas a tener que deslomarte para que alguien te dé bolilla, y no veo que pase lo mismo con los varones.


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¿Qué piensan del término “cuota de género” que comúnmente se relaciona con lugares en antologías, catálogos y hasta anaqueles?

M: Pienso que es desagradable pero también es una estrategia que ojalá no exista durante mucho tiempo: nadie quiere ocupar un lugar solo para llenar una cuota y no por sus méritos como artista, pero si es la única manera de conquistar lugares, bienvenida.

T: A mí tampoco me gusta, pero lo gracioso es que mil veces ni siquiera se cumple eso, entonces cuando me encuentro con un panel de todos varones, una editorial que no publica ni una mujer o publica una cada 10 tipos o una revista literaria en la que las mujeres no tienen ninguna cabida pienso, bueno, el mundo está realmente muy atrás, no me gustan las cuotas pero por ahora es lo que hay, y a veces ni eso. Hay que seguir peleando pero no creo que haya que no ir si a una la invitan, porque los espacios, para mí, se transforman ocupándolos.

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¿Han pensado alguna vez en añadir una colección en las que puedan ser publicados hombres y mujeres por igual?

M: Por el momento no, pero lo cierto es que llevamos solo cinco títulos publicados, la editorial es muy nueva. Sí nos interesa incluir lesbianas y otras identidades como travestis, trans, porque también la noción de “mujer” merece ser revisada, no la pensamos como algo dado. ¿Qué es ser mujer, y qué es escribir como una mujer? Son preguntas que están en el aire, muy discutidas actualmente, y sería hermoso plantear el abanico más variado posible con respecto a “mujeres” o “escrituras de mujeres”.

Sus primeros libros utilizaron el crowfunding como medio para financiarse, ¿se puede llevar una editorial de este tipo como una cooperativa? ¿Hay espacio para desafiar al mercado también en este apartado?

M: Solo usamos el crowfunding como modo de tener una inversión inicial, para pagar la impresión de nuestros dos primeros títulos. De ahí en más nos manejamos como la mayoría de las editoriales, imprimimos nuevos títulos con las ganancias que producen las ventas. Este año se volvió muy difícil porque en Argentina las ventas de libros cayeron drásticamente y debido al aumento del dólar (y de que acá el papel que se usa para imprimir es importado) los costos de imprenta aumentaron casi un 100% en el lapso de un año. Sin embargo no tenemos previsto apelar por el momento a otras formas de financiamiento.

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¿Cómo es el tema de la distribución? Lo pregunto porque, ante el problema de distribuir de manera adecuada, en Portland existe una librería -casa editorial- centro activista y feminista llamada In Other Words que, por cierto, no lo lleva nada mal.

M: Durante el primer año de la editorial nos encargamos nosotras mismas de la distribución, algo que hacen muchas editoriales independientes: es un trabajo casi artesanal muy interesante porque te pone en contacto con las librerías y con quienes, en definitiva, van a recomendar tu libro. Este año, como apostamos a crecer y aumentamos la tirada de cada título a 1000 ejemplares, quisimos también contar con más puntos de venta y entonces empezamos a trabajar con una distribuidora que se llama La Coop.

T: Sería genial tener una librería y pasarnos el día discutiendo feminismo ahí, ja, pero por ahora creo que no va a suceder.

Gran parte de la narrativa argentina reciente puede ubicarse en las franjas de la autoficción, lo autobiográfico o la escritura del yo. ¿Por qué apostar por este camino? El tema de las fotos en las tapas también orienta hacia allá, al toque.

M: Hay una gran libertad en las escrituras del yo, siento eso. Aparecen libros tan disímiles como Una idea genial de Inés Acevedo, La chica del milagro de Cecilia Fanti o El nervio óptico de María Gainza, todos excelentes. Y únicos, porque cada autor o autora desarrolla un tipo de escritura muy particular, un estilo, que es en definitiva lo que nos interesa. Pero lo más rico de ahondar en la propia experiencia o subjetividad es que, la mayoría de las veces, lo que se transmite al lector es un mundo. En ese sentido me parece mucho más atractiva la escritura de la experiencia, o que aunque sea se valga de la experiencia como material, que la ficción en tercera persona, que tantas veces cae en lo convencional y lo genérico.

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T: Tampoco es requisito para publicar en Rosa Iceberg ni mucho menos, ja, y de hecho tenemos ganas de que nuestro catálogo sea diverso. Pero sí creo que nos interesa eso, que la experiencia aparezca como material, aunque después con eso se pueda hacer lo que uno quiera, incluso una novela decimonónica en tercera con 15 personajes.


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A pesar de que, por ejemplo, la Feria de Editores Independientes (realizada en el Kónex en julio de 2018) fue una bocanada de aire fresco y se pudo sentir el pulso de la edición independiente y sus lectores, es obvio que en la situación económica y política por la que atraviesa actualmente Argentina para las editoriales pequeñas cada vez resulta más difícil sacar libros. ¿Cómo apunta el futuro para Rosa Iceberg?

M: Vamos a seguir publicando pero no al ritmo que habíamos imaginado; estamos casi obligadas a publicar menos títulos. En el 2017 fueron tres, este año también (terminamos el año en diciembre con un libro de cuentos de Rosario Bléfari), y el año que viene publicaremos dos o tres, entre ellos, diarios de Inés Acevedo y un libro de relatos de Silvina Giaganti. No parece que podamos hacer más que eso. Es un poco frustrante porque la idea es crecer, publicar más, apostar a autoras nuevas y primeros títulos, pero en épocas de crisis se hace muy difícil.

T: A la vez obviamente sabemos que publicar más y tener más títulos también suele implicar vender más…pero hay que hacer un balance entre apostar y reservar porque el mercado tampoco tolera diez mil novedades mensuales y menos con la crisis, y por suerte hay muchísimas editoriales sacando títulos buenísimos. Sí a mí personalmente me preocupa que tanto en Rosa Iceberg como en cualquier editorial independiente las crisis perjudican, creo, a las autoras primerizas o menos conocidas, porque realmente publicar a una persona que no es conocida es una apuesta enorme, especialmente si no tenés el aparato de márketing de una editorial comercial (que igual tampoco son tan grandes, pero ya el solo hecho de que puedan mandar 30 motos con libros para prensa sin parpadear las pone en una situación super diferente). Eso me preocupa pero nosotras desde Rosa Iceberg vamos a hacer nuestra parte, seguir leyendo originales y buscando autoras nuevas, porque creo que parte del trabajo de una editorial independiente es mostrarle a la lectora y al lector cosas que ni siquiera sabía que quería.

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