La atleta que ganó la maratón de Londres cagándose encima

En 1998, la atleta irlandesa Catherina McKiernan tuvo que hacer frente a un terrible enemigo en la maratón de Londres: el apretón.

|
19 Abril 2018, 3:30am

Foto: Kieran Doherty/Reuters

Este artículo se publicó originalmente en VICE Sports.

Hay pocas cosas más desagradables en esta vida que un apretón inoportuno. Necesitar un baño con máxima urgencia y no tener uno cerca para poder aliviarse es una de las sensaciones fisiológicas más angustiosas que existen. Todo un marrón —nunca mejor dicho— que adquiere tintes dramáticos si el insoportable retortijón te asalta cruelmente... en mitad de una maratón.

La situación se convierte directamente en grotesca si esto le ocurre a un corredor de élite que, en esos momentos, solamente tiene en mente la pura y dura competición. Las opciones disponibles se reducen a dos: detenerse, mandar al traste a toda opción de victoria y quedarse más gusto que un arbusto... o soltar encima el lastre que se lleva dentro e intentar seguir corriendo como si nada.

Parar o no parar, he ahí la cuestión.

Esa misma embarazosa diatriba fue por la que tuvo que pasar la atleta irlandesa Catherina McKiernan durante la maratón de Londres de 1998. McKiernan llegaba a la carrera como una de las grandes favoritas tras una gran trayectoria en el cross y un meritorio undécimo puesto en los 10 000 metros en los Juegos de Atlanta: su flora intestinal, sin embargo, tenía otras ideas para la cita londinense.

Los problemas estomacales asaltaron a McKiernan de improviso, como hacen siempre estas cosas, e hicieron acto de presencia en el kilómetro 16 para no dejar de acompañarla hasta el final de la prueba. Hasta en cuatro ocasiones tuvo la apocada y tímida McKiernan que obviarlos y hacer de tripas corazón... y es que ya se sabe lo que pasa cuando haces pop.

No sabemos si vaciarse le dio alas o es que ninguna otra atleta pudo mantener la concentración ni el ritmo a su lado, pero lejos de amedrentarse, la irlandesa le plantó cara a todo su organismo y a todas sus rivales al mismo tiempo, hizo el cambio de ritmo decisivo y logró imponerse heroicamente tras haber pasado por un infierno de 2 horas, 26 minutos y 26 segundos de duración.

A su llegada a la meta, McKiernan fue envuelta en una manta isotérmica desde los pies hasta las axilas por su entrenador y pudo por fin acudir a uno de los baños portátiles del recorrido.

Ese triunfo contra toda adversidad permitió que la irlandesa compartiera el cuadro de honor con Abel Antón, el ganador en la categoría masculina. McKiernan entró también en la élite de la maratón femenina global tras batir a la escocesa Liz McColgan, plata olímpica, y a la keniata Joyce Chepchumba, ganadora de la edición anterior de la carrera londinense.

Semejante bagaje —y haberse quedado a un escaso un minuto del récord del mundo— convirtieron a McKiernan en una de las grandes favoritas para los Juegos Olímpicos de Sidney. La medalla olímpica, sin embargo, siempre se le resistió: las constantes lesiones de rodilla que sufrió a partir de 1999 impidieron que la irlandesa alcanzase las Olimpiadas.

A pesar de la escasa repercusión que suelen tener, los episodios como el de McKiernan son mucho más comunes de lo que parece entre los atletas de distancias largas. La incontinencia es un asunto espinoso, muy alejado del reconfortante eslogan que el running siempre intenta vendernos: se trata de un problema frecuente entre maratonianos de primer nivel en busca de una mayor normalización.

Según un estudio realizado por el prestigioso Journal of the International Society of Sports Nutrition, entre un 30% y un 50% de los fondistas profesionales han sufrido sus consecuencias. Los pinchazos intestinales, las náuseas, los vómitos o las diarreas son, por tanto, síntomas más que habituales entre los atletas de este tipo de pruebas.

Célebre, por ejemplo, fue el pit stop que tuvo que realizar la recordwoman mundial, Paula Radcliffe —casualmente también en su victoria en la maratón de Londres en 2005. Allí, la británica debió detenerse a orinar sobre el asfalto a la vista de todos y en plena prueba sencillamente porque no podía aguantarse más.

El constante movimiento intestinal, las condiciones climatológicas adversas como el frío y el viento —que aumentan la producción de orina— y tanto la hidratación como la nutrición previas son factores determinantes en una problemática que suele afectar de forma más acuciante a las mujeres, debido a la constante fricción en carrera de los músculos pélvicos retenedores.

Causas diversas que pueden provocar situaciones tan vergonzosas y frustrantes como la que sufrió McKiernan.... aunque nada comparado con la estampa del corredor sueco Mikael Ekvall en la media maratón de Göteborg en 2008: el cenit de las imágenes deportivas escatológicas.

Puede que parte del legado de McKiernan tenga que ver con habérselo hecho en los pantalones en plena maratón: no obstante, la auténtica herencia que debemos recordar no es la zancadilla que le pusieron sus esfínteres, sino su capacidad de superación y su determinación al plantar cara de manera estoica a una situación insostenible para terminar igualmente alzándose con el triunfo.

Ganar una maratón debe ser una sensación indescriptible, pero ganarla a pesar incluso de uno mismo... eso es una auténtica heroicidad.

Sigue al autor en Twitter: @_JoelSierra_