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Esas listicas de Spotify están mecanizando la forma en la que consumimos música

La música se nos está volviendo un algoritmo y estamos dejando que pase.

Tener una cuenta en Spotify está tan normalizado como andar con zapatos por la calle o lavarse los dientes en la mañana. No importa si usted es de los que le invierten plata a una "Cuenta Premium" —que en marzo pasado sumó más de 50 millones en el mundo— o si está en el grupo de los que no pagan y se aguanta un par de anuncios cada número determinado de canciones. Lo cierto es que se ha convertido en el estandarte para consumir música por parte de un segmento del público millenial. Acá, en Colombia, y por allá en Bielorrusia.

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Podríamos dar un montón de datos acerca del funcionamiento de la aplicación en cientos de países, de su influencia cada vez mayor en las grandes ligas de la industria musical o de lo que le paga a los artistas por reproducir su música. Podríamos, pero sobra. Ese no es el punto. Lo más claro para nosotros en Noisey es esto: la aplicación nos está malacostumbrando, nos está volviendo robots que escuchan música.

Veamos.

Uno de sus servicios insignia de Spotify (y otras similares, esto no es contra la marca) son sus famosas recomendaciones musicales. Eso que antes del boom nos llegaba por el voz a voz, las emisoras, los tops en programas como MTV o los compilados de canciones en CD (y que, valga decirlo, también nos mal acostumbraron).

Es cierto que en todos los casos es claro que el criterio de alguien externo se impone sobre el propio y es que son justamente eso: sugerencias que como usuarios elegimos escuchar o no. Pero vivimos en una época en la que todo el territorio de las recomendaciones está cayendo en manos de aplicaciones como Spotify —que es a donde se está yendo un grueso grande de los consumidores— y en manos de unos algoritmos musicales creados por la misma empresa. Ahí está quedando la guía de lo que uno debería estar escuchando.

Y claro que es útil: claro que es una manera rápida de pillarse canciones. La pregunta va por otro lado: ¿hasta qué punto estamos permitiendo que una máquina nos esté diciendo que deberíamos estar escuchando y qué no?

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Según Spotify, estas listas son para tener "la música que te gusta, menos el esfuerzo", un discurso de la facilidad que escuchamos seguido en estos tiempos de avances tecnológicos que, si bien se escuda bajo el argumento de hacer más "fácil" la vida, en muchos casos nos hace perder la noción de que hay cosas que requieren que nos metamos de cabeza, que tengamos paciencia y emprendamos búsquedas de recompensas.

Hay sugerencias que vienen en una listas llamadas "Tu Daily Mix": son, literalmente, tres paquetes de 20 canciones que se van actualizando gradualmente y que, a diferencia de otras listas —que por lo menos son curadas por un ser humano pensante—, se alimentan por medio de un algoritmo que miedosamente le sabe pegar a la música que nos gusta –y probablemente nos gustará— basándose en nuestras últimas reproducciones y lo que escuchan otras personas que, según el sistema, tienen gustos similares a los nuestros.

Como sea, no hay que olvidar que estamos hablando de música, no de un producto empacado. Parece que, para muchos, oír una de estas listas —que únicamente responden a un conjunto de datos— se ha convertido en la manera más inmediata de poner a sonar algo "diferente" por un rato. Se deja a un lado la conciencia de querer guardar el nombre de algunos de los artistas que suenan para escucharlos después con más detenimiento y todo termina disminuyéndose a un ejercicio de salirse de los mismos cinco artistas que llevamos escuchando desde la adolescencia para pasar por otros 10, otros 20, otros 30… Al final todos terminan importando un carajo, son pasajeros y el catálogo de Spotify tendrá cada vez más y más contenido para ponerle play. Tampoco se nos presentan artistas que se salgan de nuestra zona de confort: todo está pensado para que entren en nuestros "gustos", no hay espacio para la sorpresa ni para conocer realmente corrientes que sean novedosas para cada quién.

Incluso en la época de los iPods —que hoy en día ya son toda una rareza— nos preocupábamos por descargar la música en mp3 de alguna página dudosa en Internet y estábamos dispuestos a llenar nuestros computadores de virus con tal de conseguir ese disco o esa canción, incluso la discografía entera de un artista que habíamos escuchado en televisión o nos había recomendado algún amigo. Había dificultad, y eso era lo que nos hacía apreciar la música como un tesoro y algún tipo de premio. Lo que pasa ahora con Spotify (a quien por supuesto agradecemos la inmediatez y gratuidad del stream, ni más faltaba, acá la culpa es más de los usuarios y su facilismo) y sus listas de algoritmos es simplemente un elogio a la inmediatez y la comodidad, una triste muestra de que en la era digital la música se ha reducido a simplemente ser un acompañante de fondo que va y viene sin mayor trascendencia.

Busquemos artistas nuevos que nos vuelen la cabeza, escarbemos, compartamos música entre nosotros, escuchemos radio, leamos medios dedicados a música de todo el mundo y hablemos de música, enamorémonos de nuevo de un disco, de la obra completa. Que el man uso de una aplicación útil no nos limite, que no nos haga sentir que todo lo que hay para saber de música está consignado en un maldito algoritmo. Spotify es una herramienta increíble, pero si le damos un uso en el que realmente nos pongamos a indagar acerca de las cosas que suenan y no solo presionar el botón de siguiente una y otra vez, habrá buena música para rato.

*Este artículo fue modificado de su versión original.

* Este es un espacio de opinión. No representa la visión de Vice Media Inc.