Coronavirus

5 preguntas para el médico malagueño que quiso robar 300 mascarillas contra el coronavirus

El traumatólogo intentó justificarse diciendo que eran para la gente de su pueblo.
27.2.20
mascarillas coronavirus malaga medico robo
Imagen vía usuario de Flickr DFID/CC by 2.0

Vamos a ponernos serios: todos hemos robado algo del curro. El que más y el que menos se ha llevado un rollo de papel del váter a fin de mes, un tuper que no era de nadie, material de oficina o artículos relacionados con la especificidad del trabajo de cada cual. Dicho esto y como en todas las sustracciones hay grados: de los pequeños hurtos a las macrooperaciones cotidianas para sisar pasando desapercibido.

Publicidad

El caso es que un médico malagueño se ha llevado esta semana el premio al empleado ladrón del mes: le han cazado apropiándose indebidamente de 14 cajas de mascarillas de alta filtración, lo que correspondería a unas 300, del hospital Clínico Universitario de Málaga. Estas mascarillas son las más caras del mercado y las recomendadas para evitar posibles contagios coronavirus, entre otros. El COVID-19 ha llegado a España y con él la paranoia, los memes y la pillería. Pero respecto al caso del médico malagueño pillado in fraganti, que por lo visto no es el único que se ha puesto a sisar mascarillas.

Cuando le pillaron dijo que era para distribuirlas entre los habitantes de su pueblo, por lo que todo esto vendría a ser un acto de altruismo al más puro estilo Robin Hood, lo que nos despierta aún más preguntas sobre su particular proceder.

¿DESDE CUÁNDO Y CÓMO IDEÓ EL PLAN?

En tres días hemos tenido doce casos de coronavirus en España y en sus declaraciones Sánchez pidió tranquilidad y confianza en el sistema de salud pública. Pero este médico decidió pasarse sus recomendaciones por el forro de los cojones y planear un hurto. Ahora bien: ¿cómo fue ideado? Está claro que rápido, porque el tiempo transcurrido entre los primeros casos de coronavirus y el robo fallido de mascarillas fue muy corto.

Pero, ¿avisó este buen hombre a "su pueblo" de lo que iba a ocurrir? ¿Puso en el grupo de WhatsApp de los colegones "Chavales, no preocuparse, tengo un plan?" ¿Le comunicó a sus familiares su pretensión y nadie le frenó, nadie le dijo que 14 cajas igual eran muchas cajas, que lo de que le había pedido el Satisfyer a la parienta por Amazon no iba a colar?

Y, ¿CÓMO COMUNICÓ SU FRACASO?

Pongámonos en que el médico malagueño hizo todo lo anterior. En que avisó a sus colegas, en que se liaron a mandar emojis de aplausos, de corazones, de medallas, de termómetros…. Pongamos que saboreó, por unas horas, por unos días a lo sumo, las mieles del éxito. Pues bien, en ese caso, tendría que comunicar después su fracaso. "Tíos, que me han pillao", y emoji del que tiene los ojos para abajo y está de capa caída. E inmediatamente, los jajas. Porque vale que el médico malagueño no tenga 300 mascarillas en su haber, para repartir por su pueblo, pero sí que tiene una anécdota que se repetirá en cada sobremesa de Nochebuena, Nochevieja, cenas de colegas, cumpleaños, bautizos de los críos y bodas de primas segundas.

¿QUÉ CARA PUSO CUANDO LE PILLARON?

No sabemos quién le dijo "quieto ahí", quién descubrió al médico malagueño saliendo del hospital en el que curra con 14 cajas de mascarillas. Y realmente no tiene importancia. Es irrelevante. Lo que sí es relavante es intuir, tratar de adivinar la cara que puso, cómo se torció su gesto y qué se le pasó por la cabeza en ese preciso instante. ¿La sorpresa inicial dio paso a la culpa o a la rabia? ¿A la tristeza o a la decepción consigo mismo? ¿Qué fue lo primero que se le pasó por la cabeza? ¿Un "mierda" o un "si ya sabía yo que…"?

¿CÓMO IBA A DISTRIBUIRLAS?

Cuando este traumatólogo —porque era traumatólogo— fue cazado e interrogado apeló en su defensa a la patria chica: dijo que eran para llevárselas a su pueblo. Ahora bien, en el caso de que su pueblo tenga más de 300 habitantes, los correspondientes al número de mascarillas que incluían esas 14 cajas, ¿cómo iba a hacer?

Démosle el beneficio de la duda y creámonos que sí, que eran para proteger a sus vecinos, que no eran para vender en Wallapop, pero aun ese caso: ¿cómo iba a completar su heroica gesta? ¿Cómo iba a organizarse el reparto y quién iba a ser el encargado de ello? ¿Se iba a anunciar con un bando municipal? ¿Se iban a someter a pruebas, en el caso de que su pueblo tenga más de 300 habitantes, a algunos habitantes para ver si eran susceptibles de pillar el coronavirus o la distribución iba a ser bajo cuerda y atendiendo únicamente a criterios de afinidad, en cuyo caso la gesta perdería heroicidad?

¿NO PENSÓ EN INVENTARSE UNA HISTORIA INVEROSÍMIL?

Con 14 años me pillaron robando en una tienda de ropa con una amiga. Los de seguridad nos metieron en una salita y nos dijeron que teníamos que llamar a nuestros padres para que vinieran a por nosotros, y mi primera reacción fue saltar con que mi amiga no tenía padres. Luego dije que sí tenía, pero que tenían cáncer. Después que para ella realmente no eran sus padres porque se llevaban mal y, por último, acabé diciéndoles que todo eso era mentira, que me dieran el teléfono que llamaba a mi padre. Todo esto sucedió en, aproximadamente, medio minuto, pero sucedió.

¿No le ocurrió lo mismo al médico de Málaga? ¿Su primer impulso no fue el de inventarse una historia aún más loca que el hecho de estar sisando 300 mascarillas para llevárselas a su pueblo y que le hicieran pregonero en las fiestas de agosto? ¿Lo tuvo y lo desechó? Solo él lo sabe, igual que solo él sabe si planeó esta gesta de corazón, por su firme compromiso con la patria chica o o si, como el niño que fumaba de El Diario de Patricia, lo hizo solo pa hacerse el chulo.

Sigue a Ana Iris Simón en @anairissimon.

Suscríbete a nuestra newsletter para recibir nuestro contenido más destacado.