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Funerales reales y de fantasía en el mundo de los gamers

Desde fines de los 90 los jugadores de plataformas de rol, como Final Fantasy, rinden homenajes de manera virtual y colectiva a personas que mueren en diferentes lugares del planeta. Así se han despedido de algunos de sus amigos durante la pandemia.

Los velorios y los cementerios son lugares extraños. Pero no son extraños porque haya gente muerta alrededor, sino porque son espacios que ponen en evidencia qué piensan los vivos sobre los muertos: cómo tienen que vestirse, qué objetos necesitan para el más allá o cómo tiene que ser el lugar donde “descansen” por toda la eternidad. Lo más curioso es que los muertos están muertos —valga la redundancia— y no se enteran de nada: ni de cómo lucen, ni de cómo van a descansar.

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Entonces, los velorios y los cementerios son lugares para los vivos, no para los muertos.

En medio de la pandemia del coronavirus la industria de la muerte también quedó paralizada. Por ejemplo, en Argentina no se puede realizar sepelios ni tampoco visitar cementerios. Si alguien fallece sólo un grupo reducido de sus familiares directos puede acompañar el cuerpo hasta el cementerio: los que ingresen deberán usar barbijo y guantes de látex como forma de protección. Actualmente, algunos cementerios tienen áreas específicas para enterrar a personas que fallecieron por COVID-19. Esto mismo ocurre en otros países del mundo y por eso se empezaron a realizar transmisiones de velorios por Zoom, tal como se cuenta en este reportaje.

Sin embargo, lo que parece una novedad para muchos, en el mundo de los gamers es una tradición: desde fines de los 90 los jugadores de plataformas de rol, como Final Fantasy y World of Warcraft, rinden homenajes de manera virtual y colectiva a personas que mueren en diferentes lugares del planeta.

Ceremonias llenas de fantasía. Elfos, magos y guerreros que marchan por un planeta fantástico y virtual para despedir a otro ser querido. Personas que en la mayoría de los casos no se conocen físicamente, pero que igual tienen lazos afectivos entre sí. En el mundo de los gamers no hay distinción entre fantasía virtual y vida real.

Lo real es virtual y fantástico.

La larga marcha negra

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En abril de este año cientos de jugadores de Final Fantasy XI marcharon durante 33 minutos dentro del juego con sus avatares vestidos de negro. Muchos incluso usaron paraguas. Fue una caminata de despedida a Ferne Le’roy, una jugadora que falleció a causa de la COVID-19.

El funeral virtual se desarrolló en un área del juego llamada Central Shroud. Ese fue el punto de partida desde donde salieron los participantes con destino a Everscade, otro escenario del juego considerado sagrado y situado en un bosque.

“Actualmente hay una petición a Square Enix [la empresa desarrolladora de Final Fantasy], ya que la jugadora que falleció con COVID tenía una casita ingame y en esa casa hay un libro de visitas, en donde los que fueron a su despedida dejaron mensajes en memoria de la persona, pero ese libro y la casa están condenados a desaparecer: si el personaje no se conecta en 90 días, la casa se destruye y se libera el terreno”.

Quien cuenta esto es Juan González, aka Xuna Sulfurae del server Adamantoise, en el datacenter Aether. Vive en Paraguay y juega Final Fantasy desde hace ya varios años. A través del juego conoció a su mejor amigo e incluso a su esposa. Para él estos eventos se generan “porque para los jugadores, el mundo —en este caso Eorzea— es un lugar más para ellos, es un sitio donde viven sus amigos aunque estén lejos”.

Cuando él vivía con su madre ella le reclamaba que hablaba con “gente que no existía” porque no podía verla físicamente. Y ante ese reclamo Juan respondía: “Mis amigos viven en mi teléfono”.

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Desde Paraguay él también asistió a un funeral virtual dentro de Final Fantasy XIV en junio de este año. En su caso, despidió a Fearless Wynn, un jugador de Estados Unidos que murió a causa de una distrofia muscular. El sepelio fue organizado por sus amigos más cercanos, y también participó su hermano.

Al igual que en el caso anterior, diferentes players del mundo marcharon hasta un lugar llamado Final Prayer, donde hay un pequeño círculo de piedras en honor a Azeyma, una de las 12 deidades del mundo de Final Fantasy XIV. “En la historia del juego, ahí se desenvuelve un funeral —así que la simbología se mantiene— y ahí los players hicieron un concierto en honor a Fearless”, cuenta Juan. Sí, en este juego podés tocar instrumentos como si fueran de verdad, con las tres octavas y todo eso.

Del otro lado del mundo, en los Países Bajos, Luna Hinebryda, del servidor Sargatanas en Final Fantasy XIV, cuenta que estas experiencias suceden porque “muchas veces la gente cercana a la persona que fallece necesita un tipo de confort y poder estar de duelo con otra gente que conoce, en unas circunstancias más accesibles que un funeral in real life”.

Ella también participó de diferentes sepelios que se desarrollaron en esta plataforma. “En algunos casos he conocido a alguno de los jugadores que fallecieron, ya que estuve en varios velorios. En otros, eran amigos de amigos e iba como apoyo emocional para ellos”, cuenta Luna.

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Luna y Juan son buenos amigos, a pesar de vivir en continentes distintos. Luna es muda, así que se comunica por chat y en inglés con su amigo de Paraguay. Desde Europa cuenta: “Aun cuando sea a través de un juego, las interacciones de la gente detrás de las pantallas son reales, por eso podés crear amistades reales, y una muerte puede ser tan devastadora como perder un amigo in real life”. Para ella, los funerales son una forma de cierre, para dar los últimos adioses, para tener un sentido de comunidad donde todos pueden apoyarse, esto es algo que también sucede en los juegos”.

En una oportunidad participó de un funeral que también consistió en una marcha desde una ciudad principal del juego hasta otro punto del mapa. En paralelo todos los jugadores hablaban por Skype. Luego, en medio de otro funeral ella y los otros players fueron atacados por miembros de una facción opuesta.

Fue un verdadero desastre.

Cuando la fantasía y la tragedia son la realidad

A comienzos de julio de este año, Byron Bernstein, aka Reckful, uno de los jugadores de World of Warcraft más conocido del mundo, falleció. A los 31 años decidió suicidarse. Su muerte fue comunicada en Twitter por su hermano y también por la cuenta oficial de Twitch, ya que Reckful transmitía sus partidas desde esa plataforma. A partir de ese momento miles de personas empezaron a organizar la despedida online.

Desde Bogotá, Camilo Vacca participó de la despedida de Reckful. “El evento fue el primer y más congregante evento no hecho por el juego jamás visto y consistió básicamente en entrar a la catedral de Ventormenta [uno de los lugares de World of Warcraft] y arrodillar tu personaje en memoria a Reckful”.

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En medio de una catedral semioscura, de paredes de piedra gris, cientos de personas con armaduras y ropas de colores diferentes se arrodillaron para rendir homenaje al gamer. Al final de la catedral había un altar y sobre él otra persona dirigiendo una ceremonia.

Cada servidor del planeta lo vivió a su manera. Según Camilo el servidor estadounidense Moonguard fue el más concurrido con, por lo menos, 1000 jugadores en la catedral. El funeral se propagó por todos los servidores del mundo e inclusive algunos en Asia, donde al menos una persona fue a dar sus respetos y decirle adiós a Byron hasta la catedral.

“Creo que estos funerales son una respuesta emotiva y contraria a todo el odio y la toxicidad que vivimos a diario”, dice Camilo. Byron era una persona llena de amor y todos los que dimos nuestros respetos para él sabemos que fue un pilar, siempre será irremplazable y nosotros, como parte de esta realidad irreal, nos conectamos en sororidad a los sentimientos reales de dolor”.

Para él, haber asistido a ese funeral, ir a arrodillarse hasta esa catedral virtual, significó sentirse parte de una comunidad. Dice Camilo: “Me hizo sentir que mi tristeza y las lágrimas no eran una sensación solitaria, que Byron no solo fue un ícono para mí sino para muchos y que su legado permanecerá por siempre en miles de corazones en todo el planeta”.

Sobre el mañana sólo hay incertidumbre: no sabemos cuánto tiempo más vamos a estar encerrados en nuestras casas, ni tampoco cuánta gente más va a morir hasta que la pandemia termine. El amor y el dolor van a seguir llegando por wi-fi o en un paquete de datos móviles.

Sin embargo, hay una certeza: dentro de nuestras computadoras y teléfonos tenemos la posibilidad de ser libres, de tener amigos y amigas en cualquier lado del planeta, incluso de despedirnos de ellos. Podemos ser lo que queramos en Final Fantasy o en World of Warcraft.

Tenemos un mundo de fantasía real al alcance de nuestras manos.