nba draft 2016

Hablamos con el hombre que entrena la mente de las promesas de la NBA

Garham Betchart ha entrenado las 'habilidades mentales' de los últimos tres números uno del draft NBA: descubrimos su método, que pretende exportar al mundo gracias a una app para smartphones.

por Matthew Giles
28 Junio 2016, 6:45pm

Courtesy Graham Betchart

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Jaylen Brown se quedó desconcertado cuando leyó la prensa por primera vez. Cuando el base se apuntó a la Universidad de California en Berkeley en verano de 2015, pocos esperaban que estaría allí más de un año; hasta que la NBA prohibió entrar al draft a los jugadores de instituto, los jugadores del perfil de Brown ni siquiera iban a la universidad.

Brown estaba preparado para competir contra los titanes de la NBA, para dar el salto a lo LeBron James o Kobe Bryant, e incluso con 18 años demostró ser capaz de abusar a las defensas más potentes del panorama estadounidense. Su única temporada en Berkeley fue un éxito, pero cuando Brown se declaró eligible en el draft de 2016, la adulación que él esperaba nunca se materializó.

De hecho, varias sombras envolvieron al jugador... también más allá de sus cualidades sobre la pista.

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Brown empezó a leer en la prensa sobre su arrogancia y vio cómo una serie de malas entrevistas estaban reduciendo su valor entre las jóvenes promesas. Era el primer feedback negativo que Brown había recibido en toda su vida como profesional del baloncesto. Al principio pensó que era una broma pesada.

Foto cortesía de Graham Betchart

El circo de la NBA no tenía nada que ver con lo que aquel chaval de 19 años había experimentado hasta entonces. Después de pasar un día entero reuniéndose con varios equipos para intentar mitigar cualquier duda sobre su potencial, Brown se dirigió a un asador de Chicago para cenar alguna cosa.

Brown no estaba solo: le acompañaba Graham Betchart, su entrenador de habilidades mentales y una de las personas más influyentes —y desconocidas— del baloncesto universitario y de la NBA. Betchart es consejero de Brown desde que este tenía 15 años: durante las tres horas que duró la cena volvió a poner énfasis en las mismas enseñanzas que habían ayudado al jugador a convertirse en candidato al draft.

"Le pregunté esto a Jaylen: '¿qué podemos controlar nosotros?'", explica Betchart. "El baloncesto es lo que haces, no lo que eres. Deja que la gente tenga sus opiniones sobre ti. Ahí está el asunto".

"Cuando alguien te critica a ti y a tu juego lo empiezas a interiorizar. Los jugadores están muy ligados a lo que hacen: Jaylen es un ser humano que ha decidido jugar a un juego de niños. Si aprendes a ver las cosas de esta manera puedes quitarte toda la presión, de modo que después no tienes miedo a fracasar".

Brown no fue el único jugador del draft de este año que se ha beneficiado de los consejos de Betchart. Este psicólogo de 38 años ha ayudado al número uno de los Philadelphia 76ers, Ben Simmons, a mantenerse centrado durante su caótico año en la Universidad de Louisiana (LSU).

La cartera de clientes de Betchart se extiende mucho más allá del draft 2016; ha trabajado con varias estrellas de la NBA como Aaron Gordon, Zach LaVine, Marcus Smart o Andre Drummond. De hecho, Betchart ha ayudado a los tres últimos primeros picks, ya que también ha trabajado con Andrew Wiggins y Karl-Anthony Towns.

"Gran parte de mi trabajo consiste en plantar una semilla en la cabeza de los chicos y después estar disponible cuando ellos me contactan", comenta. "No está normalizado entre los jóvenes el llamar a alguien y mostrarse vulnerables, así que debo estar allí cuando están preparados".

"Graham hace una gran labor a la hora de simplificar las cosas", asegura Aaron Gordon, de los Orlando Magic, que empezó a trabajar con Betchart en su primer año de instituto. "Puede trasladar cualquier idea compleja a una o dos frases que puedes llevar contigo unas cuantas semanas".

Andrew Wiggins está preparado para escuhar. Foto cedida por Graham Betchart

Ahora Betchart está preparado para cambiar de terreno. Lleva más de una década entrenando a la élite del baloncesto de Estados Unidos, una labor agotadora y a ratos exasperante. "A un jugador puedes enviarle un mensaje nueve veces sin recibir respuesta alguna", ejemplifica. "Te estaría mintiendo si digo que no es complicado en ocasiones".

La pasada primavera, Betchart vendió su compañía a unos cerebritos de Silicon Valley y al cabo de unos meses su método de entrenamiento era un producto accesible para las masas en forma de aplicación móvil. Una suscripción anual a la app cuesta unos 90 euros.

"Intenté llevar mis métodos a personas que creía que podrían ser figuras, referentes", explica. "Quería que hubiera gente interesante haciendo esto, así después podríamos trabajar en normalizarlo y exportarlo al resto del mundo. No tienes por qué ser jugador profesional de baloncesto para hacer esto, cualquiera debería poder bajarse la app y realizar un entrenamiento mental".

Evidentemente, ningún hombre puede convertirse en una aplicación móvil, pero Betchart está en camino de transformarse en una marca de salud mental única y excepcional. Nacido en una de las comunas más grandes del país —llamada The Farm, en Summertown (Tennessee)—, Betchartcreció viviendo en un barco en el Caribe junto a sus padres hasta que más tarde se mudaron todos a la bahía de San Francisco.

Betchart fue un adolescente prototipo: jugó a tres deportes en el instituto, nunca le faltaron novias y fue el chico de moda en clase. Mirando hacia atrás, sin embargo, el hoy psicólogo lo describe todo como una fachada.

"Estaba siendo quien creía que debía ser. Aprendí sobre matemáticas e inglés, pero nadie estaba allí para analizar lo que había a un nivel más profundo", explica. "Nadie nos habla sobre si estamos sintiendo dolor o sufriendo en esas situaciones".

Betchart se sentía abrumado; no podía dejar en blanco su mente y llegó a tocar fondo durante su etapa en el instituto: "Sentí que no era un ser humano lo suficientemente bueno, que era una persona terrible", recuerda. "Sencillamente era demasiado peso sobre mí".

Siguiendo el consejo de su madre, Betchart empezó a visitar a un terapeuta: empezó entonces a practicar la meditación y la visualización, dos patas sobre las que centrarse a sí mismo. También aprendió a ser vulnerable, ya que entendió que esa podía ser su fortaleza.

"Estas enseñanzas son sabidurías antiguas con raíces en las tradiciones indias y budistas", explica. "Esto me situó en el camino de la psicología deportiva, pero no le puse ese nombre en ese momento. Para mí era solo un método terapéutico".

Graham se graduó en la Universidad de California en 2001, pero no fue hasta que se topó por casualidad con Adonal Foyle, exjugador de baloncesto y en aquel momento jugador de los Golden State Warriors, que se dio cuenta de que quería ayudar a deportistas profesionales. "Siempre he tenido una habilidad natural para comunicarme con la gente", asegura.

"Tenía mucha experiencia con el entrenamiento de la mente, así que decidí que por qué no trasladar ese ámbito al deporte", añade Betchart. Su campo de experiencia es relativamente joven e inexplorado: otros deportes proactivos, como el béisbol o el golf, han sido tradicionalmente más receptivos a la idea de ampliar las habilidades mentales de sus deportistas, pero cada vez es más habitual que los atletas busquen una ventaja extra en la psicología deportiva.

Cuando Michael Jordan y después Kobe Bryant empezaron a trabajar en sus habilidades mentales con George Mumford, sus contemporáneos se apuntaron al carro. "Cada vez se requiere más especialización según la posición", explica Ian Connole, director del programa de psicología deportiva de la Universidad de Kansas State.

"Gracias a eso podemos llevar las cosas a un nivel mucho más profundo", prosigue Connole. "Cuando queda claro que el entrenamiento mental está funcionado para los mejores deportistas del planeta, cualquiera que pretenda alcanzar la élite quiere adoptar las mismas técnicas".

"Se ha normalizado, sí, pero lo más relevante es que ya no existe un tabú a la hora de hablar de ello", concluye Connole.

Hay que dar crédito a tipos como Metta World Peace —a.k.a. Ron Artest—, que después de conseguir el anillo con Los Angeles Lakers en 2010 quiso agradecer el triunfo a su psicóloga.

"Sin duda quiero dar las gracias a la doctora Santhi [Periasamy], mi psiquiatra", declaró el polémico alero en directo ante millones de telespectadores. "Ella me ayudó a relajarme mucho, así que muchas gracias. Es muy complicado jugar con todas las emociones que se acumulan en unos play-offs".

Según Connole, solo la mitad de las universidades de la primera categoría de la NCAA proveen de servicios psicológicos a sus estudiantes. De estas, solo unas pocas tienen un servicio de psicología a tiempo completo. Una es Kansas State y otra, la Universidad de Utah, donde Nicole Detling lleva dos años trabajando con el equipo de baloncesto masculino.

"Muchas de mis charlas se centran en saber dejar atrás el último partido para centrarse en el siguiente", dice Detling. "Cuando sientes una emoción, las hormonas y los elementos químicos que desprende tu cuerpo se quedarán en tu sistema unos 90 segundos. En ese período de tiempo, lo único que puedes hacer es aprender a absorber el mal trago y reconocer que en 90 segundos tus pensamientos te van a afectar en negativo. Debes empezar a modificar tu pensamiento y a cambiar de mentalidad".

El entrenador de Utah, Larry Krystkowiak, fue testigo del poder del entrenamiento de la mente cuando jugó con los Chicago Bulls bajo las órdenes de Phil Jackson. Al principio no era receptivo, pero pronto descubrió las ventajas de trabajar con la cabeza.

"Para mí el baloncesto era todo físico y elementos cuantificables, como por ejemplo ver cuántas flexiones podía hacer", comenta Krystkowiak. "Cuando las cosas van mal, algo habitual en situaciones de mucha presión y estrés, quiero que todo el mundo haya entrenado en el plano mental para enfrentarlas con entereza".

Aquí tenéis a alguien que cree en lo que hace. Foto de Kim Klement, USA TODAY Sports

Cuando se adentró en el campo de la salud mental a principios de los 2000, Betchart observó muchas reticencias por parte de los profesionales y la sociedad. "Muchas personas creen que algo debe ir mal para ir a buscar ayuda psicológica", comenta. "Yo lo veo como una habilidad —igual que cualquier habilidad física— que debes practicar en el día a día".

Aunque se entrevistó con varios equipos, entre ellos los Portland Trail Blazers y los Sacramento Kings, Betchart pensó que la mejor línea de trabajo era la de no depender de un equipo para poder adaptar sus conocimientos a las necesidades puntuales y verdaderas de los numerosos profesionales. Su primer trabajo serio fue en el peor instituto del área de San Francisco, donde entrenó a los equipos más jóvenes.

"A esa edad no saben si eres bueno o malo", explica Betchart. "Yo usé esa experiencia para practicar mis conocimientos, un tiempo que no hubiera tenido en un equipo más serio", asegura.

En esa primera etapa, Betchart estableció los cimientos de Play Present —la empresa que acaba de vender— y consolidó su método de doce jugadas que enseña a todos sus clientes. Como muchos de sus conciudadanos en la bahía de San Francisco, Betchart cree en fallar rápido y seguir en movimiento.

"Estuve entrenando todo el proceso", recuerda. "Todo lo que nos importaba era ser resueltos y agresivos, y después seguir adelante". Así nació su concepto elemental WINSWhat Is Important Now, o "lo que importa ahora" en castellano—. Lo que puedes controlar como jugador es la actitud, la concentración y el esfuerzo; el resultado del partido está fuera de tu alcance.

Si sabes centrar tu cabeza en lo que puedes controlar, lo más normal es que acabe en forma de victoria. Cuando titubeas, empiezas a perder el control sobre el momento.

"Sabía que el concepto next play speed —que significa en no pensar en lo que ya ha pasado y centrarse en la siguiente jugada de inmediato— y estar muy centrado era vital", explica. "Si podíamos ayudar a los jugadores a pasar página muy rápido, sabía que lograríamos algo sólido".

Betchart estuvo seis años en el instituto, un trabajo que complementó como consultor de empresas de Silicon Valley y entrenador personal de Gordon, a quien conoció cuando tenía 13 años. Después de años de búsqueda, Betchart encontró su nicho de mercado: ayudar a los jóvenes con mayor talento para, una vez estos llegasen a la NBA, ayudaran a expandir sus conocimientos.

"Pensé que podría entrenar a chicos y llevarles hasta la NBA", explica. "Tenía mucha credibilidad dentro del mundo del baloncesto, era bienvenido y me respetaban; otros jugadores tenían malas experiencias con preparadores mentales y psicólogos, que ni les conocían bien a ellos ni a su deporte".

Para aliviar los temores de las familias de las promesas como Gordon, que sentían que su hijos podría ser víctimas de una estafa, Betchart trabajó tres años gratis con el jugador de los Magic. Hasta que no fue seleccionado en el draft, el psicólogo no se ganó del todo la confianza de los padres.

Betchart ha trabajado con muchísimos profesionales, y el secreto es que no se conforma con una rutina de vida. Está en constante movimiento y sigue manteniendo el contacto con varios jugadores de la liga gracias al uso de un smartphone. Es tan sencillo como eso, estar siempre atento e ir intercambiando mensajes de texto, alguna llamada y encuentros cara a cara en el momento preciso.

"Se trata realmente de elegir el momento oportuno, y de cómo llegar a ellos e impactarles en sus vidas", dice Betchart. "Hay muchachos que conocí hace tiempo con los que quizás no me haya hablado en más de tres años, pero aún así me recuerdan y me tienen presente. Cuando llega su momento, yo estaré allí listo. Si van a llamar a alguien, será a mí".

Así empezó a entrenar a Ben Simmons, el actual número uno del draft. Betchart le conoció en un campus en su primer año de instituto, pero no volvió a saber nada de él hasta el pasado invierno, cuando el alero le contactó vía Twitter. Los dos reconectaron; un día, el joven jugador le llamó mientras le vendaban los tobillos antes de un partido.

"Le pregunte por qué me llamaba: ¿no tenía un partido?", recuerda Betchart. "Me contestó que le estaban vendando los tobillos, pero que quería hacer algo de meditación y visualización. He bautizado el programa como MVP —Meditar, Visualizar y afirmar Positivamente— y pensé que el momento de la llamada era perfecto". Desde entonces, varios clientes le llaman mientras se preparan en los vestuarios.

La metodología de Betchart no es estática; no puede serlo. Con la proliferación de nuevas distracciones y obstáculos mentales, Betchart ha tenido que añadir elementos a sus técnicas de preparación mental. "Usamos el término 'ojo del huracán'", concreta. "Ben Simmons va a vivir en todo momento en medio de una tormenta, así que en lugar de intentar detenerla, tiene que encontrar su espacio y sentirse cómodo dentro de ella. '¿Por qué gastar mi energía en tratar de impedir que alguien me critique en Twitter?'".

Aquí tocamos el corazón del asunto: ¿por qué todas estas promesas sienten la necesidad de trabajar con Betchart? Pues porque su método ofrece un respiro en una época de sofocante hiperconectividad y sobreexposición para los deportistas de primer nivel: eso es, a día de hoy, incluso más importante que los conocimientos de baloncesto y la capacidad de tender puentes con los jugadores.

"Pongamos como ejemplo a Ben o Jaylen, que estaban en la cresta de la ola en el instituto", comenta Betchart. "En ese momento era buenos y no me necesitaban. Luego todo cambia rápido y aparecen nuevas presiones. Es una ventana de oportunidad para que trabajemos juntos; a ellos les cuesta más y yo puedo ayudarles a procesarlo todo. Los momentos de transición en las vidas de estos jugadores son cuando el entrenamiento mental y la concienciación se convierten en un elemento indispensable".

Hay algo de cierto en eso de que los terapeutas están peor que sus pacientes. En el caso de Betchart, su vida es probablemente más estresante que la de los jugadores que lleva, y lo intenta solventar con sesiones de acupuntura, masajes y levantamiento de pesas. Lo bueno de haber convertido su sistema en una aplicación móvil es que ahora, por primera vez, tiene un sueldo fijo.

Con 100 sesiones del programa, el preparador afirma que cualquier persona tendrá las mismas habilidades mentales que un atleta profesional. Un año de programa consta de 250, y aunque Betchart ha dejado atrás —en parte— su apretada agenda de reuniones con deportistas, sigue reclutando a promesas de primer nivel a través de Aaron Gordon, que se ha sumado a su proyecto.

"Cada vez que sumamos a un nuevo deportistas —y queremos ser como las grandes empresas y tener a muchos en nómina—, Aaron le cuida un poco", explica Betchart. "Lleva más tiempo que nadie trabajando conmigo, y conoce lo que hacemos del derecho y del revés, así que se asegura de que estamos todos en la misma página".

¿Puede el método Betchart sobrevivir sin él? Esa es la gran incógnita, aunque su forma de trabajar y reclutar clientes parece asegurarle más éxitos en el futuro. De momento ya está trabajando con tipos como Josh Jackson, una de las mayores promesas del baloncesto universitario que juega para los Kansas Hayhawks.

"Josh quizás tarde cinco o más años en estar listo para trabajar conmigo, pero no pasa nada", explica Betchart. "He aprendido a esperar. Si sigo trabajando con muchos jugadores de buen nivel, siento que todo seguirá un cauce natural. Los jugadores van a pensar 'si todos los números uno lo hacen, probablemente yo también debería'. Este es mi deseo, ya que por mucha pasión que tenga, lo que no puedo hacer es forzar a nadie a seguir mi método".

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