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La guerra destruyó al único equipo capaz de desafiar al Dream Team

En 1992, en el mundo solo había una selección capaz de desafiar al Dream Team estadounidense... pero una guerra tan cruel como sangrienta destrozó todas sus esperanzas.
29.2.16
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Dragan Bender es una de las mayores promesas del baloncesto mundial. Es muy probable que este chaval nacido en Bosnia hace 18 años sea uno de los primeros elegidos en el próximo draft de la NBA. Algo similar ocurre con el esloveno Luka Dončić, que de hecho es aún más joven.

Bender y Dončić son dos de los últimos productos de la tradición balcánica de excelencia en el baloncesto, una dinastía que se remonta a hace décadas y cuyos mayores exponentes probablemente sean Toni Kukoć, Dejan Bodiroga… y, por supuesto, Dražen Petrović, el mejor jugador croata de todos los tiempos.

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En sus años mozos, Kukoć y Petrović jugaron frente a grandes multitudes en los clubes de su país: Bender y Dončić, en cambio, juegan en dos grandes equipos europeos —Maccabi Tel Aviv y Real Madrid, respectivamente— mientras esperan su oportunidad de mudarse a la NBA.

En el último Mundial sub-19 de baloncesto, la selección croata que Bender debía haber liderado terminó segunda: los EEUU les derrotaron en la prórroga. Dragan, sin embargo, no estaba en la pista: una disputa con la Federación de su país en relación a unos contratos de patrocinio lo impidió.

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"Sigo dando vueltas al hecho de que la federación croata, que debería estar intentando ganar torneos, no hiciera nada para que su mayor promesa jugara", declaró un cazatalentos al medio estadounidense Sports Illustrated en aquella ocasión.

El bosnio Dragan Bender, del Maccabi de Tel Aviv, es una de las mayores promesas del baloncesto balcánico. Imagen vía WikiMedia Commons.

Así de desastroso es el baloncesto en los Balcanes, tanto a nivel de clubes como en la escena internacional. Sin duda se encuentra muy lejos de los logros conseguidos por la República Federal Socialista de Yugoslavia, cuyas selecciones lograron alinear a algunos de los mayores nombres del baloncesto mundial a principios de los años 90.

"Cuando se acercaban los Olímpicos de Barcelona, todos pensamos que este equipo tenía opciones de ganar al Dream Team estadounidense", dice el periodista deportivo Igor Malinović. "Era un punto de vista poco realista, porque el Dream Team era de otro mundo, pero aún así pensamos que teníamos materia prima para desafiarles con éxito".

Vlade Divać contra David Robinson, Dražen Petrović contra Michael Jordan, Toni Kukoć contra Scottie Pippen, Dino Rađa contra Karl Malone: un choque Yugoslavia-EEUU en Barcelona'92 habría sido el partido más grande de la historia del baloncesto internacional.

Pero todo se desmoronó.

"Según una teoría de la conspiración bastante absurda y particularmente famosa en Serbia, EEUU y Alemania habrían querido destruir a Yugoslavia porque su selección estaba ganando todos los torneos de los deportes más importantes a principios de los años 90", explica el analista deportivo Dario Brentin.

Esta teoría, por supuesto, es un chiste… pero uno muy oscuro. El colapso de Yugoslavia y la posterior intervención de la OTAN en la guerra de los Balcanes no tuvo nada que ver con el deporte, pero sí con los horrorosos crímenes de guerra y las campañas de exterminio étnico que derivaron del conflicto entre serbios y croatas a mediados de los años 90.

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Donde sí hay algo de verdad, sin embargo, es en la idea de que Yugoslavia podía sorprender al Dream Team estadounidense. Batirles era complicado, pero seguro que podían presentarles batalla. Nunca sabremos si una Yugoslavia unida habría conseguido una victoria para la historia, pero sí tenemos la certeza de que, EEUU aparte, esa selección de jugadores fue la mejor del mundo.

Vlade Divać y Dražen Petrović jugando para Yugoslavia. YouTube

"Cuando juntas al equipo yugoslavo de 1992, tienes una especie de milagro del baloncesto", dice el historiador Vjekoslav Perica. "Pero eso pertenece a un momento concreto de la historia. Es imposible revivirlo".

'Milagro' probablemente es la palabra que mejor define lo que pasó en el baloncesto balcánico. Yugoslavia, al fin y al cabo, era un país relativamente extenso, pero con una población de menos de 30 millones de personas; era difícil que con una base de jugadores tan reducida se generaran tantos jugadores de superélite.

Y aún así lo lograron.

El grupo que emergió hace casi tres décadas fue particularmente talentoso. El gran tirador Dražen Petrović era el Stephen Curry de sus días: en una ocasión llegó a anotar 112 puntos en un equipo de la liga yugoslava, con un 40 de 60 en tiros de dos, un 10 de 20 en triples y un 22 de 22 tiros libres. Petrović pasó por el Real Madrid, donde ganó una Copa del Rey, y posteriormente saltó a la NBA antes de fallecer en un trágico accidente de coche en 1993. Hoy, su nombre está en la exclusivísima lista del Hall of Fame.

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"Petrović estaba decidido a enfrentarse a Jordan y decía, 'Vamos, no pasa nada. Dame el balón, estoy en mi mejor momento. No le dejaré hacer nada'", cuenta el ex jugador de la NBA Kenny Anderson, que coincidió con Dražen en los New Jersey Nets.

Yugoslavia, sin embargo, era mucho más que solo Petrović. El pívot Vlade Divać jugó al lado de Magic Johnson en los Lakers del 'showtime': tras su paso por los Sacramento Kings, el equipo tejano retiró su camiseta con el número 21.

El alero Toni Kukoć, por su parte, ganó tres anillos de la NBA con los Chicago Bulls de Jordan y Pippen; el jugador de Split, además, consiguió el premio al mejor sexto hombre de 1996 gracias a su labor indispensable desde el banquillo. Dino Rađa, compañero de selección de Petrović, Divać y Kukoć, dominó Europa a placer con la Jugoplastika de Split antes de dar el salto a los Boston Celtics.

Hay, además, otra clave en este asunto que no debe obviarse: por más buenos que fueran Petrović y compañía individualmente, juntos fueron aún mejores. La medalla de plata de Yugoslavia en los Juegos Olímpicos de 1988 preparó el camino para los campeonatos europeos de 1989 y 1991, pero fue el campeonato mundial de 1990 el que demostró al mundo, en particular a Estados Unidos, que los jóvenes yugoslavos eran una auténtica potencia… una potencia peligrosa.

En aquel partido de 1990, Yugoslavia se enfrentaba a lo que todos imaginaban que sería una masacre encabezada por los estadounidenses Alonzo Mourning y Christian Laettner. En su lugar, Petrović apaleó a los norteamericanos anotando 31 puntos: los balcánicos vencieron por 99-91.

La selección de Yugoslavia celebra su Campeonato Mundial de 1990. Imagen vía YouTube.

"Esa gente sí sabían trabajar", dice Perica. "Eran lo contrario al estereotipo del grupo obligado a trabajar junto en contra de su voluntad que tantas veces se asocia al comunismo".

Yugoslavia era una mezcla de etnias procedentes de seis naciones diferentes—serbios, croatas, bosnios musulmanes…— conjuntados como un único Estado bajo un régimen represor y muchas veces brutal. Irónicamente, esa solidaridad forzada dio al gobierno yugoslavo la posibilidad de mezclar jugadores y entrenadores de diferentes grupos en la pista, maximizando así el talento disponible.

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"Personalmente, creo que el secreto del éxito es tener muchas opciones a la hora de elegir", explica Perica. "En la antigua Yugoslavia todos eran blancos, pero había varias diferencias entre grupos étnicos. Probablemente, los mejores jugadores de los 70 y 80 fueran croatas, pero los mejores entrenadores eran serbios".

En efecto, los mejores jugadores del equipo yugoslavo no compartían una misma nacionalidad. Petrović, Kukoć y Rađa eran croatas, mientras que Divać y Žarko Paspalj eran serbios.

La selección yugoslava era un grupo electrizante; un equipo que jugaba junto debido a un mandato político y que sin embargo era adorado por todos los ciudadanos del país… a pesar de las tensiones internas que atenazaban la región. Yugoslavia quizás no funcionase, pero su equipo de baloncesto sí.

"Eran buenos y destacaban", comenta Perica. "Fueron un gran experimento: un auténtico milagro en el mundo del deporte".

Vlade Divać tuvo una carrera destacada en la NBA, pero algunos de sus mejores momentos llegaron con la selección de Yugoslavia. Foto de Ed Szczepanski, USA TODAY Sports.

Cuando Yugoslavia finalmente colapsó, el baloncesto se convirtió en una preocupación totalmente secundaria. A pocos meses de los Juegos Olímpicos de Barcelona'92, el sueño yugoslavo de enfrentarse a EEUU en una cita olímpica se desvaneció. La mayoría de los jugadores croatas, incluyendo a Petrović y Kukoć, se marcharon a la recién nacida selección nacional de Croacia; el resto de atletas no tuvo tanta suerte.

Siguiendo el mandato de las Naciones Unidas, los equipos yugoslavos fueron retirados de las competiciones internacionales, incluyendo los JJOO de 1992. Muchos de los atletas procedentes de países de la antigua Yugoslavia pudieron competir en las Olimpiadas, pero no bajo su bandera, sino en un grupo especial para deportistas 'apátridas'.

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"En esas fechas todo se volvió guerra", lamenta Brentin. "Es algo inusual en Croacia. La mayoría de los partidos de liga se suspendieron o se redujeron a un torneo de copa. Los mejores jugadores se marcharon a los grandes clubes europeos o la NBA. En Serbia, la infraestructura deportiva se desplomó completamente".

Los efectos del conflicto sobre el baloncesto se sintieron especialmente tras el cese de las hostilidades. Con la economía de las ciudades duramente afectada por la guerra, era imposible apoyar al deporte; el resto del baloncesto europeo, en cambio, se hacía más fuerte mientras tanto. Francia, España, Italia e incluso Turquía fortalecieron sus respectivas ligas y la competitividad aumentó.

"La cultura del baloncesto también comenzó a erosionarse tras la guerra", explica Brentin. "En Bosnia, el baloncesto prácticamente desapareció a principios de los 2000; los clubes de los países que formaban parte de Yugoslavia perdieron su peso en Europa. Solo las selecciones de Serbia y Croacia lograron aguantar un poco el tirón".

Décadas después de la guerra, Perica no puede evitar preguntarse qué habría pasado de no haber sido por el conflicto: "Nací en Croacia, y allí nadie quiere decir en público que los últimos 25 años han sido un gran fracaso para el país", lamenta el historiador. "Todos quieren decir que la posguerra, pero en realidad el país está lejos de ser rico".

"La mayoría de los países balcánicos sufren graves problemas económicos y se odian mutuamente", prosigue Perica. "Creo que, en parte, el declive del baloncesto de la antigua Yugoslavia es culpa de esta decadencia".

La estatua de Dražen Petrović en Zagreb, Croacia. Foto de Antonio Bat, EPA.

"A veces veo partidos, pero es algo triste", reconoce Perica sobre la liga de baloncesto su país. "En la década los 80, la liga yugoslava era perfectamente comparable con las mejores ligas europeas. Todos los estadios estaban repletos y había mucho talento y entusiasmo".

¿Y ahora? Nada de eso existe. No hay dinero, con lo cual las ligas tienen poco talento. Sin embargo, los fans que quedan en la región siguen recordando los días de gloria y tienen grandes esperanzas para sus equipos.

"Cuando la selección croata de fútbol se clasifica para el Mundial, se considera un gran éxito; en cambio, cuando la selección de baloncesto alcanza el Mundobasket pero cae en primera ronda, se considera un fracaso rotundo", comenta Malinović. "La gente no se da cuenta de que el baloncesto ha crecido muchísimo en toda Europa, y que en cambio Croacia no ha podido mantener su antiguo nivel. Es una lástima".

A pesar de las circunstancias, el baloncesto de la antigua Yugoslavia dista muchísimo de estar muerto: los Bender, Dončić y compañía demuestran que el talento sigue brotando en los Balcanes. Sin embargo, la división de la península hace muy difícil que volvamos a ver una súper-selección como la que lideró Petrović —posiblemente, la única selección que existió en el mundo capaz de plantar cara al Dream Team.

Sigue al autor en Twitter: @k_trahan