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Los sabores de la cerveza en tu idioma

Probé un montón de cervezas artesanales en el epicentro del esnobismo cervecero. No sé qué ciencia ocurra en ellas, solo sé a qué saben. Al final, el sabor es lo único que importa.
19.2.16

"¿Vienes aquí a tomarte una Lagunitas?"

Un esnob es un esnob no importa donde estés. Pero hoy estoy bebiendo en el epicentro de esnobismo cervecero, The Jeffrey, en el Upper East Side de Nueva York, un lugar donde es mucho más posible escuchar un comentario como el de arriba, que escuchar a alguien pedir una Bud Light.

The Jeffrey es solo uno de los muchos templos de stouts y ales que se han inaugurado de costa a costa, dentro del despertar de una revolución cervecera. Las listas de cervezas traídas de todo el mundo —cuyo precio casi siempre incluye dos dígitos (en dólares)—atraen a cada vez más fanáticos de la cerveza artesanal, quienes engullen vaso tras vaso en busca de esa "cerveza perfecta".

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Lo que sea que eso signifique.

Ellos se llaman a sí mismos "amantes" o "admiradores" de la cerveza. Yo solo creo que son esnobs.

Eso no quiere decir que me molesten estos pretenciosos con vaso en mano, porque yo, a regañadientes, admito ser uno de ellos. Durante los últimos dos años he bebido más cervezas artesanales de lo que puedo —o tal vez, de lo que quiero— recordar. Ciertamente podría hablar sin parar de todo lo que he probado, pero aquí me detengo. No pertenezco a ninguna asociación de cerveceros artesanales, no soy propietario de ninguna copa de cristal "especial para beber cerveza" con mi nombre y ni siquiera puedo comenzar a decir las variedades de cepas que van en mi IPA favorita.

Lo que sí puedo hacer es decirte cómo sabe una cerveza.

Los bebedores obsesionados con la cerveza artesanal profesan su amor por ella, pero hablan de ella como si fuera una ciencia exacta. A mi parecer, no puedes convencer a alguien de lo maravilloso que es el mundo de la cerveza artesanal si se la explicas como un profesor beligerante de secundaria lo haría. Debes explicarla en términos que todo el mundo pueda comprender. No importa cuán subjetivo sea, el sabor es el factor más importante. En realidad, es el único factor que importa cuando el bartender te pregunta: "¿Qué vas a tomar?"

Así que aquí estoy, listo y dispuesto a hacerme cargo de mi propia pomposidad mientras me siento en el bar e intento beber mi cerveza artesanal tratando de no sonar como un completo idiota.

Los últimos sorbos me hicieron sentir como si hubiera estado masticando espagueti remojado en Sprite.

Pido mi primera cerveza, una Money, para empezar lento. Esta cerveza, de Barrier (una cervecería basada en Oceanside, Nueva York) tiene 7.3% APV (alcohol por volumen). Catalogar a una cerveza de 7.3% "lenta" normalmente sería ridículo, pero considerando que mis próximas tres cervezas estarán alrededor del 10%, puedo decir que la Money es una chela suave. Para empezar casi que no sabe a nada. El primer segundo es como inhalar antes de caerse por una catarata. Y, de repente, te caes y los sabores brotan como en cascada.

Encuentro que la palabra "bebible" es horriblemente superficial para describir una cerveza, así que en su lugar diré que está "llena de aliento". Me bebo la cerveza muy rápido, así que la acidez llega rápido también. Los últimos sorbos me hicieron sentir como si hubiera estado masticando espagueti remojado en Sprite. Tal vez mi paladar no estaba listo, pero de cualquier manera, me alegra cuando cambio a la cerveza número dos: Gregorious de Stift Engelszel, una cervecería de Austria.

A pesar de su fornido contenido alcohólico (10% APV), esta cerveza es profundamente refrescante. Beberla es como ser abofeteado durante el sexo.

Luego de la delgadez de la cerveza previa, Gregorius, una ale oscura trapense de Bélgica, es un golpe bienvenido de densidad. El vaso parece un bote de tinta y el aroma especiado me recuerda a las velas de Navidad. Las cervezas como ésta encarnan un cliché alcohólico al que tan solo puedes adherirte. Hace un maldito frío afuera, así que déjame beber algo que abrigue mi estómago como lo hace el olor de un trozo de carne a la parrilla. Aunque, Gregorious va un paso más allá: en realidad sabe a carne.

El sabor que deja en la boca evoluciona de amaderado a pastel de carne en una forma extrañamente satisfactoria. Mi madre solo cocinó pastel de carne un par de veces, así que solo imagino que es así como sabe un buena versión de este platillo cárnico. Al beber Gregorious te sientes algo pesado, pero de una forma cálida y difusa. No me extraña que los monjes trapenses sean siempre representados como gordos alegres.

Para la cerveza número tres vuelvo a las IPAs, pero decido ir un paso más allá y pedir Hopslam, una IPA imperial (o double IPA) de Bell's, una cervecería muy querida de Michigan. A pesar de su fornido contenido alcohólico (10% APV), esta cerveza es profundamente refrescante. Beberla es como ser abofeteado durante el sexo. Los tonos naranja, que me hacen olvidar lo fuerte que es esta cerveza, dejan un sabor un poco ácido, pero a la vez algo dulce y profundo. Esta cerveza es fecunda: en un sorbo hay especias, el siguiente sabe a canela y el tercero recuerda un bocado de waffles con maple. Esta es una de las cervezas más complejas que he tomado.

Finalmente viene Matt's Burning Rosids, un saison ahumado de Stone Brewing Co en Escondido, California. Me había llamado la atención esta cerveza cuando miré la lista porque la primera vez leí "salmón ahumado" —que en realidad no está muy lejos de su sabor—. Es como un bagel de pan multigrano con un Nova Lox a las 10 de la mañana: sabe como si estuviera consumiendo un remedio anticruda, aunque en realidad estoy contribuyendo a la misma.

Todas las notas airosas que generalmente tienen las saison han sido tapadas con el aroma a humo. La llamaría una stout disfrazada de saison, pero que no abruma. Hay un montón de humeantes sabores de salmón con una mínima carbonación y un acabado limpio, lo que la hace en realidad una cerveza delicada. O por lo menos tan delicada como un desayuno en vaso.

Ya he bebido lo suficiente como para que mis pensamientos sean tan potentes como una botella de O'Douls, lo que significa que es tiempo de que pare de beber y me prepare para la inevitable cruda de mañana.