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Identidad

Si crees que el cinturón de castidad es una leyenda, estás muy equivocada

Una mujer de 60 años acudió a los bomberos para alertar de que había perdido la llave de su cinturón de castidad. Hablamos con un estudioso medieval para disipar algunos mitos sobre esta clase de aparatos.
20.1.16
Screengrab via YouTube

Una mujer de 60 años de edad residente en Padua, Italia, llegó tambaleándose a un parque de bomberos para informar de una emergencia bastante peculiar: estaba atrapada en su cinturón de castidad.

Según el informativo local de Padua Il Mattino di Padova, tanto la mujer como los bomberos se sintieron bastante incómodos cuando ella les contó que había perdido la llave del candado que abría aquella jaula sexual de hierro. Aunque inicialmente las autoridades sospecharon que el cinturón de seguridad estaba relacionado con un episodio de violencia de género —y/o, como informó Il Mattino di Padova , "con algún tipo de peligroso juego sexual"—, la mujer afirmó que lo llevaba voluntariamente, para evitar mantener relaciones sexuales.

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Algunos medios han informado de que la mujer afirmaba llevar el cinturón para protegerse de las agresiones sexuales, lo cual supone una triste desviación de la finalidad inicial que tenían estos artilugios, que era evitar que las mujeres practicaran el sexo con otros hombres que no fueran sus maridos. O, mejor dicho, la finalidad original del cinturón de castidad más generalmente aceptada: según catedráticos especializados en la Edad Media como el Dr. Albrecht Classen, profesor de estudios alemanes en la Universidad de Arizona, los cinturones de castidad no surgieron durante el Medievo, como supone la mayoría de la gente, sino en el siglo XIX. Aunque algunos textos que datan de 1405 incluyen ilustraciones de cinturones de castidad, Classen —en su libroThe Medieval Chastity Belt: A Myth-making Process — afirma que con toda probabilidad se trataba de bromas de mal gusto, que las generaciones posteriores emplearon para justificar los estereotipos sobre la "bárbara" Edad Media. En otras palabras, que nadie los llevaba en realidad.

Este dato me resultó bastante sorprendente, pero por supuesto tiene sentido. Tal y como Classen me dijo por teléfono, el cinturón de castidad "es una idea absurda. A nivel médico es tan antihigiénico que las mujeres probablemente morirían a causa de la infección".

"Todo se remonta al siglo XIX", me explicó Classen. "Existe un gran interés en proyectar determinados conceptos sobre el pasado: la Edad Media era sucia, en la Edad Media no existía la ciencia, eran primitivos, creían que la Tierra era plana… Todos estos estúpidos conceptos que encuentran una buena expresión en las películas de Monty Python".

En el siglo XIX, esta propensión a mitificar el pasado, combinada con la importante represión sexual de la época, hizo que los antropólogos, los historiadores y las protofeministas se unieran para perpetuar la idea del cinturón de castidad. "El cinturón de castidad fue una forma brillante de que los victorianos compensaran la represión que sufrían empleando un enfoque pseudocientífico para hablar sobre el pasado", me explicó Classen. "Resultaba un material muy práctico para profundizar en las fantasías". (Y también encajaba perfectamente con la fascinación que sentían los victorianos por la tortura: "les encantaba mostrar los instrumentos de tortura más atroces y horrendos lacerando la carne humana", afirmó Classen). De hecho, según el libro Misconceptions about the Middle Ages (Conceptos erróneos sobre la Edad Media), el Museo Británico tuvo que retirar en 1996 un "cinturón de castidad medieval" de sus vitrinas después de que se descubriera que había sido fabricado en el siglo XVIII o XIX, época en que la gente construía estos engorrosos y sexistas pañales "como curiosidades para los lascivos o como bromas de mal gusto".

Pero, a pesar de los esfuerzos de los historiadores, el mito sigue vigente, y aparece en películas sobre la época como Las locas, locas aventuras de Robin Hood , aunque lo que en su día se percibía como un arma misógina de control, actualmente puede representarse como un juguete positivo para el sexo. "En la actualidad contamos con el curioso elemento adicional de la cultura sadomasoquista, que utiliza este tipo de cosas", me explicó Classen. "Les permite combinar su interés histórico general —una interacción lúdica con el pasado— con sus fantasías sexuales. Aunque yo pensaba que había escrito mi libro para desmontar el mito y desterrarlo para siempre, es imposible reprimir las fantasías eróticas".

Sin embargo, cuando pregunté a Classen sobre el uso que hizo la mujer italiana del cinturón de castidad para su "supuesto" propósito, el tono de nuestra conversación se tornó más sombrío. Aunque las noticias en los medios locales sobre la pobre mujer atrapada en su cinturón de castidad han estado teñidas de un tono incluso jocoso, resulta fácil entender cómo, en una versión distópica de la realidad, las cosas podrían haber terminado mucho peor. "Por supuesto, puedo entender por qué algunas personas podrían decir, 'bueno, si hubieras llevado un cinturón de castidad no te habría pasado nada' [durante una agresión sexual]", indicó Classen, "pero esa es una historia completamente diferente".