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​Banderas rojas al aire: la historia de la repetición instantánea

Todos deberíamos conocer el nombre de Tony Verna, un revolucionario que transformó el juego de la NFL.
23.1.17
Fotografía vía wikicommons

Este artículo es presentado por Samsung.

Que se sepa, Tony Verna nunca salió cargado en hombros del estadio. Y debería haber sido llevado en andas, una y otra vez. Él, Verna, fallecido hace casi exactamente un año, alteró tanto el futbol americano moderno de una manera tan honda, tan decisiva, que se necesita un premio en su honor. Porque tampoco existe, búsqueda de Google mediante, un trofeo que lleve su nombre. Y debería haberlo.

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Antes. ¿El nombre Tony Verna le suena de algún lado? No, no es un liniero ofensivo que reestructuró el modo en el que se protege el lado ciego del quarterback. No, tampoco es un asistente de entrenador que innovó en equipos especiales. Tony Verna era productor televisivo para la cadena CBS y fue él quien, en un partido entre Army y Navy de 1963 se mandó la ocurrencia, sin avisarle a nadie, de mandar en vivo la repetición del touchdown que Rollie Stichweh anotó a favor de Army. "¡Esto no está sucediendo en vivo, amigos!", atinó a decir Lindsey Nelson, el comentarista, "¡Army no volvió a anotar!" Así sucede con algunos iluminados: aparecen de improviso y generalmente desaparecen sin la fanfarria que merecen.

Los cuarenta y tantos años que han pasado de aquel momento de sorpresa convirtieron a la repetición instantánea en una presencia indispensable de cualquier evento deportivo en vivo. La experiencia del entrenador de sofá no sería la misma. Requiere la facultad de análisis que permite la lentitud del cuadro a cuadro; es imprescindible la multitud de ángulos, los acercamientos y las tomas cenitales. Ahora proyectado en enormes pantallas para el aficionado que no asiste al estadio pero termina con la mejor perspectiva, la repetición instantánea es una de las ventajas, es un lujo, es una herramienta.

Pero no termina ahí. Contrario a otros deportes, la repetición instantánea tiene un papel protagónico en el campo de juego de la NFL. Sucede así en el hockey sobre hielo, en el cricket y recientemente en el beisbol. Pero en la NFL el recurso del rebobinado tiene historia. El consenso fue complicado. Desde la temporada de 1986 el consejo de dueños acordó implementar el sistema para ayudar a los oficiales a dirimir jugadas difíciles entre las que se contaban las pérdidas de balones, intercepciones, jugadas en las bandas, en la zona de anotación y demás.

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Esa primera temporada hubo en promedio 1.6 revisiones arbitrales por partido y de ellas sólo el diez por ciento revirtieron la decisión inicial. El sistema operó hasta 1991. Los dueños decidieron desecharlo por una serie de controversias. La tecnología, si lo recuerdan, no era necesariamente la más hi-def. Aunque no se implementara en la cancha, había partidarios de la tecnología que buscaban regresar a esos años de dirimir las controversias mediante una pantalla.

Fue hasta 1996 que el sistema que ahora conocemos, mediante el que los entrenadores desafían determinaciones arbitrales, apareció en partidos de pretemporada para probar. Finalmente, en 1999, volvió el sistema casi en su forma actual: dos posibilidades de desafío por mitad, un desafío no exitoso cuesta un tiempo fuera y se enfoca en jugadas de posesión, de anotación, en ciertas recepciones y algunas condiciones más. Ahí comenzó el despliegue de las banderas rojas.

Fotografía por Matt Kartozian-USA TODAY Sports

Ahora bien, según datos de 2015, de las más de cuarenta mil jugadas acontecidas en aquella temporada, 415 fueron revisadas ya fuera por el oficial encargado o disparada por el lanzamiento de los pañuelos rojos al campo. Es decir, muy, muy pocas. Uno por ciento de las jugadas sucedidas. Uno podría inferir que la calidad del arbitraje es superlativa, o, cosa quizá más realista, el valor de un tiempo fuera es muy superior a la eventualidad de una jugada en medio de las centenas de jugadas que suceden en un partido. Ningún entrenador quiere verse con un solo tiempo fuera en los minutos decisivos.

Según las mismas cifras que da la NFL, desde 1999, sólo el 36 por ciento de las decisiones arbitrales han sido revertidas. El patrón se repite como en aquellos implementos iniciales: una décima parte de las jugadas se revisa, y un tercio de éstas se revierten. Y según las estadísticas, desde que comenzó el sistema el equipo que más éxito ha tenido en la elección de jugadas a desafiar han sido los hoy malogrados Cowboys de Dallas. Ellos han conseguido el 49.5 por ciento de conversiones exitosas, seguidos de los Colts de Indianápolis con 48.4 por ciento. Así el panorama de las repeticiones instantáneas en el campo de juego.

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Una de las preocupaciones iniciales de los dueños, que pervive y en muchos casos frena la implementación del sistema en otros deportes, es la de la pérdida de tiempo, y la interrupción del ritmo natural del competencia. La pausa intrínseca a la consulta del video cada vez está más integrada a los ritmos de la NFL.

El tema de la interrupción, de la demora, pesa menos en el imaginario. La pausa está integrada a un deporte de turnos como el futbol americano —así como sucede con el beisbol, aunque en aquel campo el tema de la duración de los juegos está siendo contencioso— y tan integrado ese ritmo que ya no saca tanta ámpula. En cambio, el asunto de la desnatualización del juego, de poner en evidencia a los jueces encargados de tomar las decisiones, de demostrar que conocen las reglas y tienen excelentes y precisas habilidades para determinar si el pie tocó la línea o quedó dentro del campo, ese sí preocupa.

Fotografía por Denny Medley-USA TODAY Sports

La tecnología, impersonal y de límites cada vez más amplios, siempre gana en este juego. Los réferis precisan que el público crítico entienda, como lo entiende el entrenador de sofá, que el pañuelo rojo, la pantalla HD, el llamado al cuarto de revisiones son una herramienta y no un lujo. Si lo que se quiere es que el juego sea uno de decisiones justas, precisas, adecuadas, entonces el ojo biónico y el humano serán aliados.

Si lo que se quiere es el pintoresquismo del error humano, entonces regresemos a aquella época entre 1992 y 1996. Por fortuna la repetición instantánea está bien instalada y parece, en todo caso, que irá más bien hacia el perfeccionamiento y no hacia la abolición. Los entrenadores tienen opiniones contrastantes, pero una de las que parecen más reveladoras es la de Bill Belichik: "hagamos que todo sea revisable", dice de las posibles adecuaciones a las reglas de la bandera roja.

En el futuro veremos qué nuevas tecnologías adopta la NFL. ¿Quizá, como en el cricket, una cámara infrarroja para poder mirar fricciones de contacto con la línea de banda? ¿Quizá seguirá con aquello del chip para el balón? ¿Una tecnología para sajar de una vez por todas la correcta colocación de la pelota cada que termina una jugada? Será, incluso, que por fin nombrarán un premio en honor a Tony Verna? Esperemos.