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mundial de clubes

Siempre sí, el América va contra el Real Madrid

No solo evitaron el ridículo, jugaron un partido efectivo y ya esperan a los blancos en semifinales.

Con marcador azulcrema los aficionados marcaron el 15 de diciembre en los calendarios conmemorativos. Luego, manos devotas temblando, le encendieron una veladora azulcrema a la estampita de Silvio Romero, argentino, natural de Córdoba, surgido del Instituto, destacado de Lanús, llegado a México por vía del Jaguar chiapaneco (se me escapa quién más llegó por esa vía al América, ¿lo recuerdan?). Luego, comenzarán el entrenamiento paulatino de los ritmos circadianos para poder estar frescos en la madrugada del martes frente a la televisión, porque, sin duda, la esperanza no caduca: el América consiguió el boleto dorado. Jugará contra el Real Madrid la semifinal del Mundial de clubes.

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El rival esta vez fue el surcoreano Jeonbuck Hyundai. Por como empezó el partido, parecía que los mexicanos iban directito a una repetición del papelón del año pasado. Los de Corea tenían esa precisión en el toque de primera intención y la velocidad que desarman a las mejores defensas. Por fortuna para el América, las oportunidades creadas terminaban en tiros desviados o en un toque de más al borde del área. Se fueron al descanso perdiendo por uno nada más.

El segundo tiempo fue mucho más parejo. Micky Arroyo, ese talismán, entró de cambio y puso, unos minutos después de entrar, un centro flamígero al vértice del área chica: Romero anticipó al defensa y reavivó el ánimo.

Tras buen centro de — Club América (@ClubAmerica)11 de diciembre de 2016

Tardaron todavía otros veinte minutos antes que el mismo Romero, disparara al centro de la portería, y la fortuna quisiera que una pierna esquinara el balón. El portero coreano más que lanzarse, pareció desinflarse al ver que los músculos no respondieron para cambiarle la dirección a su lance.

Revive la segunda anotación de nuestro delantero — Club América (@ClubAmerica)11 de diciembre de 2016

El experimento lavolpista parece seguir dando resultados. Aunque por momentos la defensa se ve lenta y superada por rivales con más ritmo, confusa en el modo de atajar este vértigo, lo que sí es patente es la sensación de peligro en ataque. Si no es William, es el Científico del gol, y si no, Romero o el mismo Arroyo: las opciones parecen haber recuperado la confianza. ¿Les alcanzará o habrá sido demasiado tarde?

Ya describimos el ritual de los aficionados. Los demás, mirarán, envidiarán, odiarán, y alguno que otro añorará humillaciones a manos del histórico club español. Algún otro elevará el espíritu nacional por encima del pantano de los rencores partidarios: que gane un mexicano, no importa quién.