poner puertas al campo

Por qué es estúpido decir que el deporte y la política no deben mezclarse

En España existe una tendencia absurda a afirmar que el deporte y la política no deben mezclarse, lo cual no solo es una tontería irreal, sino que además puede incluso ser peligroso.

por Jordi Mestre
12 Mayo 2016, 11:35am

Foto de Andrea Comas, Reuters

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Hace unos días, en VICE Sports publicamos un par de piezas bastante reveladoras. Una era la triste noticia de que un árbitro homosexual se veía obligado a dejar el fútbol debido a los abusos de los aficionados más retrógrados; la otra era una reseña de la fiesta de final de temporada del Celta de Vigo, durante la cual el futbolista senegalés Pape Cheikh Diop cantó la canción del Cola Cao.

Ambas nos sirvieron para demostrarnos cosas sobre nosotros mismos. El caso del árbitro puso de relieve la homofobia que aún impera en el fútbol español, especialmente en categorías inferiores; el caso de Pape —especialmente, los comentarios que tuvo la noticia en Facebook— nos dejó claro que tenemos el racismo tan insertado en las convenciones sociales que a veces ni siquiera lo detectamos. Si no vemos la tremenda carga negativa de la expresión "negrito del África tropical", es que tenemos un problema.

Lo peor de todo, sin embargo, es que en el post sobre Pape había un comentario que nos censuraba por "mezclar política y deporte".

Permíteme que me ría muy fuerte.

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Sé que en un trabajo académico cualquier politólogo me suspendería por haber usado una definición de la RAE como argumento —y con razón—, pero esto no es ni la Carlos III ni la Pompeu Fabra, así que con tu permiso me tomaré esta pequeña libertad para defender la tesis de este artículo.

Política: actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.

Ergo TODO lo que hacemos los seres humanos es política... incluyendo, evidentemente, los deportes.

Jesse Owens haciendo un saludo militar en el podio en Berlín 1936 mientras todos los demás saludan a la romana porque no hay que mezclar política y deporte. Imagen vía WikiMedia Commons

El fenómeno que se produce en España cuando se habla de deporte y política es muy extraño. Gente que va a partidos de selecciones con la cara entera pintada con sus colores te dice —o peor aún, te exige— que hagas el favor de no mezclar ambas cosas, que está muy feo, que es peligroso porque "genera violencia" (¿!?).

Cabe suponer que para ellos las Eurocopas, los Mundiales y los Juegos Olímpicos son un nido potencial de terroristas, dado que los representantes de cada país suelen llevar —como es lógico y natural, porque precisamente de eso se trata— las banderas de sus respectivas naciones.

"Ah, pero es que esas son las banderas oficiales y con esas no pasa nada", se suele argumentar.

Claro, porque las banderas oficiales de los países jamás, nunca y en ningún caso, han provocado violencia, ni guerras, ni conflictos, ni miseria, ni muerte. Son símbolos totalmente inocuos, como, qué sé yo, un dibujo de Peppa Pig o un póster firmado de Mario Casas en gayumbos.

Katherine Switzer perseguida en la maratón de Boston de 1967 porque no hay que mezclar política y deporte. Imagen vía wbur.org

Afortunadamente, es muy sencillo demostrar hasta qué punto estos argumentos son falaces. En la historia del deporte —como en la de cualquier otra actividad humana, evidentemente—, la política es sencillamente omnipresente, desde el saludo de Jesse Owens en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 hasta Bobbi Gibb y Katherine Switzer corriendo la maratón de Boston.

Los deportistas, de hecho, se han erigido muchas veces en representantes de comunidades o ideologías. Muhammad Ali fue un símbolo de la lucha por la igualdad de derechos en EEUU, y además ayudó al boxeo a convertirse en un deporte extremadamente popular; Larry Bird y Magic Johnson encarnaron el eterno conflicto blanco-negro, norte-sur, y además llevaron a la NBA a cotas que nunca había alcanzado.

En la actualidad —¡por suerte!—, esta tendencia no ha revertido en absoluto. Cuando Laia Sanz acaba el Dakar en el Top-10, está mandando claramente un mensaje político; lo mismo están haciendo Vero Boquete y compañía cuando logran que España se clasifique por primera vez para el Mundial femenino; y también lo mismo hacen miles de héroes anónimos que quizás no tengan los mismos focos, pero que aún así ayudan a cambiar el mundo en todo tipo de torneos deportivos. Ah, y el Rayo Vallecano, por supuesto.

Vero Boquete y compañía celebrando el primer gol de España en una Copa del Mundo femenina, porque no hay que mezclar deporte y política. Imagen vía USA Today

Evidentemente, no todos los casos de clara interrelación entre deporte y política son positivos. Habrá quien saque a colación la llamada 'guerra del fútbol' entre El Salvador y Honduras, o los atentados de Múnich 1972, o el uso político que el franquismo hizo de Ferenc Puskás y László Kubala contra el bloque comunista.

Me gustaría, sin embargo, que alguien me mirase seriamente y me dijera que en estos casos el deporte era el culpable del problema y no las tensiones previas entre dos comunidades enfrentadas por cuestiones identitarias o ideológicas. Me reiría mucho de quien quisiera defender eso... siempre desde el respeto y el aprecio, eso sí, por supuesto.

En líneas generales, quienes defienden que el deporte no debe mezclarse con la política pertenecen a dos categorías: o son almas cándidas que no se han dado cuenta de cómo funciona el mundo... o lo que quieren decir es que el deporte no debe mezclarse con la política porque a ellos no les gusta. Este último caso es el más habitual, y no deja de ser peligroso, porque al fin y al cabo solo es un burdo intento de censura.

Fans argentinos lamentando la derrota de su selección en el Mundial de 2014 porque no hay que mezclar deporte y política. Foto de Martín Acosta, Reuters

Insisto: todo lo que hacemos es política. Posiblemente, la única forma de no hacer política en absoluto es pasarse todo el día en el sofá mirando Gran Hermano: no descarto que quienes exigen que no se mezcle deporte y política lo que en realidad quieran es eso, que los demás nos pasemos el día sin hacer nada en absoluto.

Quizás ello sea herencia de un infausto personaje que ya lo decía hace muchos años: "Usted haga como yo y no se meta en política".

Pues no sé tú, pero yo a ese señor no pienso hacerle ni puto caso, y seguiré metiéndome en política, y además mezclándola con el deporte... porque, al fin y al cabo, es precisamente eso lo que me hace humano.

El autor se mete en todo tipo de fregaos en Twitter: @kj_mestre