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Zeena Schrek sabe una cosa o dos sobre el vicio

Todos tenemos Vicios, las Visibles y las Invisibles...

Les mencioné a unos amigos que iba a escribir para VICE y no pudieron contener su entusiasmo. Uno de ellos, un alemán, me preguntó lo que vicio significa realmente para un angloparlante. Yo señalé a su cerveza y dije, “Bueno, esto se podría considerar un vicio". Mientras hablábamos de las complejidades del mundo, me vino a la cabeza lo adecuada que era la nomenclatura. Con mi historia y reputación esto adquirió sentido de repente del mismo modo que cuando vas de un lado a otro buscando las llaves solo para descubrir que las llevas en la mano. Un vicio se considera normalmente algo inmoral, escandaloso o perteneciente a actividades viles relacionadas con la sexualidad, la intoxicación, los juegos de azar y la exposición a riesgos. Evoca estar preso de algo, ya en un sentido físico, mental, emocional o psicológico. Se suele asociar con los comportamientos destructivos y con la adicción. Proviene del latín vitus, o enredadera. Un vicio es una herramienta que, como un cepo, tiene mandíbulas que te apresan, y la palabra se aplicó en la antigüedad a cualquier forma en espiral, desde unas escaleras a la rosca de un tornillo [en inglés, screw]. Es fácil, pues, especular en un temprano cruce entre la palabra vice como argot para el verbo “joder” y su asociación con la prostitución y la pornografía.

Sin embargo, como cualquier juicio moral, atribuir vicio a una acción pertenece al terreno de lo subjetivo. Lo que determina el vicio es la intención que hay detrás de la acción. En las tradiciones mágicas y místicas no dualistas, los vicios y las virtudes son, en su forma primaria, guías de conducta, aceptadas por aquella persona que las practica como recomendaciones, antes que como edictos. Esto difiere de los sistemas religiosos dualistas, de congregación, que presentan mandatos y la importancia vital de obedecer las reglas. Si tuviéramos la suficiente consciencia, autocontrol, inteligencia y sana interacción con los demás y con el entorno, no necesitaríamos la religión organizada, la política y las escuelas filosóficas, ni siquiera una lista de guías de conducta que nos recordara lo que afirma la vida y lo que es destructivo. Pero no somos omniscientes.

Para entender mejor los vicios, echemos un vistazo desde el lado opuesto: la virtud. Las virtudes deberían promover un estado de totalidad, liberación de aquello que es maligno y sueños de grandeza. Cuando las virtudes se aplican como resultado de una motivación distorsionada, el daño que sucede convierte la virtud en un vicio. Por otra parte, se tiende a pensar que los vicios destruyen la armonía, alimentan las ansiedades y preocupaciones del mundo y estimulan las emociones destructivas. Sin embargo, en ciertas circunstancias, cuando dejarse caer en un vicio está motivado por algún tipo de aguda percepción interior, una acción podría exteriormente parecer lo más erróneo, pero en última instancia es lo más necesario y generoso. Tanto los vicios como las virtudes pueden fácilmente invertirse o pervertirse a causa de sus efectos. Por lo tanto, no es el disfrute del vicio lo que lo convierte en maligno, sino la garra que ejerce sobre nosotros y nuestra ansia por el exceso.

Ejemplos de virtudes pervertidas serían el narcisista que demuestra lo caritativo que es, esgrimiendo su generosidad al darles dinero a los sin techo. Otro caso podría ser el de la persona que simula fiabilidad, apareciendo para ayudar sólo cuando él o ella tienen un público que presencie sus fastuosas demostraciones de desinteresado sacrificio. O podría ser alguien que lucha contra la injusticia y la hipocresía, pero su motivación es algún rencor o complejo interior largamente cultivado, lo que le convierte en irritante y perjudicial para cualquier causa social en la que participe.

La otra cara de la moneda serían los vicios virtuosos. El cannabis, por ejemplo, es un vicio con positivas posibilidades medicinales. Tener sexo con una prostituta si no perjudica a nadie y suaviza los problemas de convivencia o intimidad, no es algo que deba mirarse con desdén. La rabia se considera un vicio. Pero cuando la energía de la rabia se destila y canaliza hacia la acción de ayudar a alguien, o para crear una obra artística, entonces deja de ser algo negativo. La tristeza o melancolía se considera un vicio. Pero a veces los seres humanos tienen la necesidad de un período de soledad o alejamiento para regenerarse y, después, cuando esa fase ya ha pasado, una nueva idea o revelación aparece en la mente. Centrarse en lo que simplemente es, en lugar de tratar de arreglar lo que se percibe como un defecto, nos abre a un número infinito de posibilidades.

Todos tenemos vicios, visibles e invisibles. Algunos los mantenemos deliberadamente en secreto. Otros ni siquiera los percibimos, o negamos que los tengamos. Nos gusta hacer ostentación de los que son coloridos y socialmente aceptables. Nos reímos de los placeres culpables que nos da reparo admitir, o los vicios que nos empeñamos en creer que son buenos para nosotros. No hay ningún país en especial en el que podamos evitar los vicios. Ni un lugar que esté mejor equipado que otros para sumergirnos en ellos. No hay comuna que te pueda proteger de ellos ni cara clínica capaz de mantener alejado todo vicio. Porque justo cuando te aíslas a ti mismo de una categoría de vicio, otros aparecen para ocupar su lugar. Todo vicio que se pueda concebir tiene su propio foro en internet, salas de chat, cultos, grupos de autoayuda, sus oponentes, sus defensores y los que les sacan partido. Los vicios pueden procurar grandes diversiones, y también convertir tu vida en un infierno. Acéptalos por lo que son, simplemente otro aspecto o fruto de la mente, y podrás disfrutarlos –si escoges hacerlo– sin acabar destruido por ellos.

En esta columna, es seguro que harán aparición como invitados varios vicios, a medido que comparto con vosotros mis experiencias en el arte, la espiritualidad, la sociología y la psicología.

Š-L-M = Peace

Zeena Schreck es artista, músico, activista por los derechos de los animales, budista tántrica, líder de la Sethian Liberation Movement (SLM) y coautora deDemons of the Flesh: The Complete Guide to Left-Hand Path Sex Magic. Su más reciente edición musical, a nombre de Radio Werewolf, es The Vinyl Solution – Analog Artifacts: Ritual Instrumentals and Undercover Version.

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