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cirugía estética

Me inyecté bótox en el escroto por estética

Se me quedaron los testículos como un par de cantos rodados, redondos y lisos, meciéndose en un pañuelo de seda.

por Grant Stoddard
19 Septiembre 2017, 4:00am

Scrotox. Si estás pensando que suena como un término compuesto por las palabras escroto y bótox, has acertado. Lo siguiente que podrías pensar es, "¿Por qué alguien querría que le inyectaran una neurotoxina en las pelotas?". Sobre eso precisamente me puse a reflexionar cuando leí el titular de un artículo que hablaba de esta práctica.

El bótox y otras neurotoxinas del mismo tipo se inyectan en el cuerpo para relajar los músculos. Para uso cosmético, están aprobadas por el Organismo para el Control de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) para relajar los músculos faciales que utilizamos para sonreír, fruncir el ceño y, en tiempos más recientes, reaccionar a los tuits que el presidente Trump manda desde su inodoro a las seis de la mañana.


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Esta parálisis muscular parcial y temporal reduce la aparición de arrugas en la frente y alrededor de los ojos. Teniendo en cuenta que están más arrugadas que una pasa, era solamente cuestión de tiempo (en conjunción con el capitalismo tardío) que la idea de alisar la piel de los huevos se le ocurriera a alguna mente emprendedora. Sí, habéis leído bien: hay tíos que están pagando grandes sumas de dinero por tener el escroto más suave.

Un rápido recordatorio para estas personas: "Las arrugas de la cara no están ahí para protegerte; la cara se arruga a medida que envejeces", dice Seth Cohen, urólogo y profesor de esta disciplina en el Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York. Cohen señala que muchos de sus pacientes se han interesado por el tratamiento de Scrotox. "Las arrugas del escroto están ahí porque son funcionales, protegen de las lesiones y ayudan a los testículos a producir esperma de manera segura".

Sí, habéis leído bien: hay tíos que están pagando grandes sumas de dinero por tener el escroto más suave

En los seres humanos, el escroto alberga los testículos, que producen el esperma que, una vez que encuentra su camino hacia un óvulo, sirve para crear más seres humanos, porque aparentemente no somos suficientes en este mundo. Cuanto mayor sea la calidad y la cantidad de esperma de un hombre, mayor será la probabilidad de que sus genes sean transmitidos.

Pero las condiciones para fabricar lotes y lotes de esperma sensacional son muy específicas, en particular la temperatura. La temperatura óptima para la producción de esperma es de 35 centígrados. Sin embargo, la temperatura central del cuerpo humano es de 37 centígrados. Esta inconveniente verdad es la razón por la cual los varones y otros mamíferos terrestres (excepto los rinocerontes, curiosamente) cargan consigo sus posesiones más valiosos en una graciosa bolsita hecha aparentemente de piel de codo sobrante que cuelga de manera vulnerable entre las piernas.

Podrías pensar en el escroto como una adaptación evolutiva análoga a sacar una pierna fuera de la manta cuando tienes demasiado calor

La temperatura en nuestros cuerpos y nuestras gónadas fluctúa todo el tiempo, lo que significa que los testículos se relajan y se contraen constantemente y se mantienen en movimiento para mantenerse en la zona dorada. Podrías pensar en el escroto como una adaptación evolutiva análoga a sacar una pierna fuera de la manta cuando tienes demasiado calor.

Pero la fluctuación de la temperatura no es la única razón para la sujeción escrotal y las contracciones testiculares. Los testículos también se retraen cuando hay peligro cerca —una respuesta de "lucha o huída"— y justo antes de la eyaculación. Los músculos cremáster y dartos son los que mantienen las nueces donde deben estar, desde una perspectiva biológica-imperativa.

El Scrotox básicamente echa por tierra millones de años de evolución al poner estos músculos en modo de reposo

"Durante un periodo de actividad extenunante, como ir en bicicleta, correr o hacer ejercicio, el escroto se relaja y se contrae todo el tiempo, para proteger a los testículos de posibles traumatismos", dice Cohen. "Si relajas el escroto [con bótox], la función del músculo cremastér no funciona, por lo que los testículos quedan expuestos a un mayor riesgo de lesión".

El Scrotox básicamente echa por tierra millones de años de evolución al poner estos músculos en modo de reposo, haciendo que el escroto tenga un aspecto menos arrugado y que cuelgue más bajo mientras duran los efectos de la neurotoxina, entre tres y cuatro meses de media.

"Si relajas el escroto [con bótox], la función del músculo cremastér no funciona, por lo que los testículos quedan expuestos a un mayor riesgo de lesión"

A pesar del hecho de que podría estropear la gloriosa función natural de las bolas, "hay hombres que desean tener los testículos de un bulldog", explica el cirujano plástico John Mesa tras darnos la bienvenida a su consulta de Nueva York. "Testículos que son más lisos, sí, pero que también cuelgan más bajo y parecen más grandes, con el clásico balanceo y el golpeteo para excitación sexual del hombre y su pareja".

Esta última afirmación está respaldada por una amiga mía. "Hay algo que decir sobre las bofetadas en la vagina de unas bolas que cuelgan libremente", contesta cuando le pregunto acerca de las virtudes de esta fruta colgante. "No es solo el impacto, que es agradable, sino que también ofrece una sensación en la piel que se pierde con los condones".

Mesa añade que algunos hombres que tienen el escroto más prieto experimentan dolor cuando, debido a las bajas temperaturas, sus bolas se elevan y la piel de alrededor se contrae. Para estas personas —y para los tipos con sudoración excesiva—, el Scrotox pretende ser una solución a un problema médico.

Si bien poseo varias características físicas que desprecio, mis testículos y escroto no están entre ellas. De hecho, creo que son impresionantes

Con un agradable y pronunciado acento colombiano, su traje azul ajustado, su bronceado dorado, su sonrisa burlona y su actitud tranquila, Mesa es el epítome del encanto. De hecho, mientras me muestra fotos de antes y después de uno de sus pacientes, su carisma es lo único que me impide salir por la puerta.

A la izquierda: un par de testículos perfectamente normales. A la derecha: un par de bolas que cuelgan perezosamente más cerca del suelo que el pene que los precede. Ese escroto con recordaba exactamente a como el maestro de la comedia Dave Attell describió la apariencia de sus bolas: como una tienda de campaña que nadie sabe doblar. No era un look en el que yo estuviera interesado.

En este punto, vale la pena mencionar que si bien poseo varias características físicas que desprecio, mis testículos y escroto no están entre ellas. De hecho, creo que son impresionantes. Es un punto de vista que ha sido confirmado por varias parejas, una de las cuales vuela desde Singapur dos veces al año para acariciarlos durante largos periodos de tiempo.

Cuando me desnudo frente a una nueva pareja, en una clase de dibujo o en el médico, mis pelotas giran, ruedan y se retuercen mientras tratan de esconderse como un par de niños tímidos detrás de las piernas de su madre

Dicho sencillamente, son altos, prietos y limpios, y cualquier buen ornitólogo que se precie observaría inmediatamente la semejanza de mi escroto con el pecho hinchado de la fragata magnífica (Fregata magnificens).

Para resaltar mi saco redondito y bien terso, me depilo de forma impecable y le aplico con cuidado aceite de coco diariamente. Pero cuando se lo enseñé a Mesa para que lo evaluara, no comentó nada sobre el aspecto de mi escroto, sino sobre lo que estaba pasando dentro de él.

"Tienes una musculatura muy activa", dijo. "Las pelotas... se están moviendo mucho".

No me estaba contando nada nuevo. Cuando me desnudo frente a una nueva pareja, en una clase de dibujo o en el médico, mis pelotas giran, ruedan y se retuercen mientras tratan de esconderse como un par de niños tímidos detrás de las piernas de su madre. Al igual que los niños pequeños, pronto se acostumbran y luego se deleitan con la atención de los demás, pero normalmente tienen que pasar unos segundos antes de que estén listas para socializar.

Si bien me he pasado horas deseando tener un pene del tamaño de la berenjena que tan a menudo uso para simbolizarlo, nunca he codiciado un escroto que se parezca a un par de huevos de jade metidos en unos calcetines de nylon

"¿Esto significa que necesitaré más bótox que la mayoría de la gente?", pregunto.

"Sí", dice Mesa con una sonrisa de disculpa. "Creo que sí".

Entonces le hice una pregunta bastante más seria:

"¿Tener las pelotas más bajas y más grandes hará que mi pene parezca más pequeño?".

"Creo que sí, tal vez", dice. "Pero tendrás bolas que cuelguen más, como las de un...".

"¿Bulldog?", pregunto.

"¡Sí, como las de un bulldog!", responde, como si eso fuera un rasgo positivo.

Mientras Mesa intenta crear una conexión entre las bolas colgantes y los caninos, yo las asocio con los viejos decrépitos que veo en el vestuario del gimnasio. Si bien me he pasado horas deseando tener un pene del tamaño de la berenjena que tan a menudo uso para simbolizarlo, nunca he codiciado un escroto que se parezca a un par de huevos de jade metidos en unos calcetines de nylon.

Sin embargo, para aquellos que sí lo desean, algunos expertos nos recuerdan que la flaccidez es una función normal del escroto, incluso sin las inyecciones tóxicas. "A menos de que practiques el sexo en un refrigerador —la temperatura fría hace que los testículos se contraigan en el abdomen para obtener calor—, cuando estás desnudo y en un clima cálido durante la actividad sexual, el escroto debe descender normalmente a medida que las temperaturas empiezan a elevarse". Dice Cohen. "Pero estamos en 2017. Hacemos cosas raras por pura vanidad o una actividad sexual placentera".

Pierdo la cuenta de cuántas inyecciones me administra, pero después de unos diez minutos ha concluido

De vuelta en la oficina, no puedo evitar estar nervioso cuando Mesa empieza a untarme los genitales con lo que me aseguró era una crema anestésica concentrada triple. Me dice que pondrá una cantidad generosa para minimizar la molestia, pero resulta que, ya de por sí, un escroto anestesiado es muy molesto. Siento una sensación de entumecimiento muy incómoda, lo que al parecer es buena señal para las inyecciones que "relajarán" más mis pelotas.

"Recuerda que el bótox es una enzima que paraliza los músculos", dice Cohen. "Así que hay indicaciones para saber dónde debes poner el bótox y qué cantidad puedes inyectar cada mes". Me advierte de que si supero esa cantidad y la neurotoxina entra en mi torrente sanguíneo, podría sufrir parálisis e incluso problemas cardíacos y pulmonares.

Cinco días después, el primer cambio que noto es la textura. La piel parece un poco diferente. No es más suave, sino más parecida al papel

Transcurrieron veinticinco tensos minutos antes de que la crema me entumeciera por completo, lo que permitió a Mesa comenzar a administrar las inyecciones de diez o más jeringas alineadas sobre una mesa. Me dice que, como mucho, con cada una sentiré como una picadura de mosquito, lo que me lleva a preguntarme por el tamaño de los mosquitos a los que Mesa está acostumbrado en su natal Medellín.

El malestar se intensifica a medida que avanza, y alcanza su cénit cuando mis cojones hiperactivos lo obligan a penetrar con mayor profundidad en los músculos que los rodean. Pierdo la cuenta de cuántas inyecciones me administra, pero después de unos diez minutos ha concluido. El bótox tarda varios días en surtir efecto, así que abandono la consulta con las bolas entumecidas, ligeramente magulladas, pero en el mismo sitio en el que estaban cuando llegué.

Afortunadamente, mis nuevas bolas colgantes no hicieron que el pene pareciera más pequeño, como temía

Cinco días después, el primer cambio que noto es la textura. La piel parece un poco diferente. No es más suave, sino más parecida al papel. La suavidad llegó unos días más tarde, cuando me miré los testículos después de levantarme de la cama y me di cuenta de que lucían como lo harían después de una larga sesión en un jacuzzi a 40 grados Celsius. Durante los siguientes días, los huevos se me aflojaron aún más hasta que colgabann a la misma altura que la punta de mi pene. Tenía el escroto era más suave. Se parecía menos a un cerebro —lo suficientemente tenso como para rallar una zanahoria— y más a un par de lisos cantos rodados, meciéndose en un pañuelo de seda.

Afortunadamente, mis nuevas bolas colgantes no hicieron que el pene pareciera más pequeño, como temía. De hecho, su posición más relajada permitía que el pene colgara hacia abajo en lugar de ser empujado hacia fuera, en ángulo. Una de mis parejas habituales comentó que, de hecho, parecía que tuviera el pene más grande. Además de que las pelotas me colgaban más bajas y estaban más holgadas en el escroto, mi pareja me dijo que era más satisfactorio manejarlas, porque parecían unas bolas baoding —las esferas chinas con campanas que se usan para aliviar el estrés— y que disfrutaba la sensación de pasarlas por su mano. Debo decir que yo también lo disfruté.

Aunque me sometí al tratamiento de Scrotox por la gracia y lo lamenté antes, durante y después de haberlo hecho, debo decir que me encantan mis nuevos testículos más atrevidos, grandes, libres y sueltos. Me gusta su aspecto y textura, y la nueva dimensión que le dan a una relación sexual. Cuando pase el efecto del bótox y empiecen a encogerse una vez más, tal vez incluso decida visitar a Mesa una vez más... aunque probablemente no deba salir con nadie esa noche.

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