Ilustración por Aina Carrillo. Fotografías vía pxhere y Wikimedia Commons

La guía para viajar en verano cuando no tienes un duro

Construirse un bocadillo sentado en la calle observando el paisaje es mucho mejor que perder una hora dentro de un restaurante lleno de gente.

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jun. 14 2018, 4:00am

Ilustración por Aina Carrillo. Fotografías vía pxhere y Wikimedia Commons

A los seres humanos nos encanta gastar dinero. Nos compramos todo tipo de mierdas solo por el placer que nos genera el dispendio; al fin y al cabo, una forma de evadir los problemas de verdad que ahogan nuestra vida, como tener que ir al médico a preguntarle qué diablos es esa mancha rara que tenemos en la espalda o afrontar que quizás tendríamos que decirle a nuestra pareja que hace meses que nos han echado del trabajo y que cada día, en vez de ir a la oficina, vamos a un banco del parque a llorar y a comernos el bocadillo ese de queso curado “Flor de Esgueva” que cuesta un pastón pero que se supone que nos podemos permitir porque se supone que tenemos un trabajo bien pagado pero no es verdad y cada bocado es como una puñalada en la cuenta bancaria y en nuestro corazón.

Pues bien, queridos amigos, se acerca el verano y supongo que tenéis un poco de ganas de hacer lo que el resto de la gente hace durante el verano, que consiste en gastarse grandes cantidades de dinero en ir de vacaciones. ¿No? Pero claro, hay un problema; un problema básico, y es que no tenéis ni dinero suficiente para pagaros los dos abonos de metro que necesitáis hasta fin de mes. Y claro, esto os limita un poco a la hora de tomar decisiones vacacionales. PERO NO OS PREOCUPÉIS, aquí estamos para ayudaros.


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Primero deberíais saber que, ante un problema, lo mejor siempre es no hacer nada. Así que la mejor opción sería no ir de vacaciones porque, no solo os gastaréis el dinero de forma inútil (tampoco es algo tan divertido), sino que además estaréis ayudando a generar un panorama mundial en el que las ciudades y los emplazamientos visitables están dejando de ser auténticos para convertirse en sucedáneos de sí mismos para turistas. Ya hemos hablado del tema en otras ocasiones. Haced el favor de leeros después este enlace, por favor. Lo digo en serio, maldita sea.

Pero bueno, si pese a que no tenéis ni un euro y pese a saber que estaréis ayudando a destruir el mundo, seguís con la idea de ir de vacaciones durante este verano, aquí van unos consejos para todo aquellos que aspiréis a viajar sin gastaros grandes cantidades de dinero (y con “grandes cantidades” me refiero a, no sé, 100 euros o así).

Viajar dentro de tu propia ciudad

Pese a consideraros autóctonos de vuestra propia ciudad, hay infinitos rincones de ella que nunca habéis visitado. Quizás sería interesante empezar a llenar este vacío antes de viajar a sitios remotos a los que va todo Dios, ya sabéis, “conocer de dónde vienes para comprender el mundo” y todas estas patrañas. Gracias a esta coartada no tendréis ni que decir que este verano estáis de viaje por Nou Barris porque no tenéis ni un duro, se trata de un ejercicio de “reconexión con tus orígenes”. La gente incluso pensará que vuestra decisión es coherente e interesante.

La idea es que os pillés la tarjeta del bus y la tratéis como vuestro billete de embarque. Una ciudad es muy grande y seguro que encontráis parajes fascinantes: barrios depauperados con bares “auténticos” o descubrir las grandes avenidas donde vive la gente con dinero. Lo bueno es que, además, os ahorraréis mucha pasta en hoteles porque cada día podréis ir a dormir a vuestra propia casa.

Supermercados

Estéis donde estéis, el gran truco es nunca comer en restaurantes. Los supermercados son nuestros amigos porque nos ofrecen comida empaquetada a precios irrisorios. Una vez pasé casi quince días en París comiendo cada día pan de molde con lonchas de pavo, creo que me gasté unos 20 euros en total.

Puede que no sea el plan más romántico para pasar un fin de año en París con la pareja pero, joder, el recuerdo es siempre más fuerte cuanto más lamentable es la experiencia. Incluso olvidaros de los fast food o de las paraditas esas de perritos calientes, son un engaño, lo más barato siempre será comprar el condumio directamente de un supermercado, donde, además, siempre podréis meteros alguna lata de atún en la mochila sin pagar.

Construirse un bocadillo sentado en la calle observando el paisaje es mucho mejor que perder una hora dentro de un restaurante lleno de gente y turistas españoles. Los restaurantes solo sirven para ir a cagar.

Dormir en coches

Teniendo los hoteles totalmente descartados desde un principio, la idea de acampar con una tienda en un parque suena bastante woke movement y por lo tanto da bastante grima. No queréis reivindicar nada, solo estáis viajando por encima de vuestras posibilidades. En el caso del viajero pobre no hay mejor opción que pernoctar dentro de un coche, el aparato que te ha llevado hasta aquí y te devolverá a casa. Colgad un cartel de “se vende” en una ventana lateral del coche y dormid con la otra ventana abierta para no morir de calor. La gente creerá que habéis asaltado un coche aparcado y os dejarán en paz.

Ir a países más pobres que el tuyo

Parece una obviedad pero la gente se encapricha en viajar a países con una social democracia avanzada ataviada con un PIB elevado y una media de calidad de vida de los ciudadanos totalmente envidiable. La gente viaja a Europa a intentar vivir como un europeo (algo imposible para nosotros, pobres españoles) cuando eso es un error, utilizad las injusticias de este sistema sin ningún tipo de pudor y viajad a sitios donde vuestro dinero valga muchísimo más y ahí seréis ricos durante un verano, que en el fondo es el sueño de todo ser humano. En fin, haced lo que llevan haciendo toda la vida los europeos y los rusos con España.

Fingir un viaje

Al fin y al cabo todos sabemos que lo que hacemos en la realidad poco importa, lo único que tiene cierto valor es lo que proyectamos a través de las redes, y esto, amigues, es algo gratuito. Quedaos en casa, hacedle una foto a ese billete de avión a Los Angeles que os regaló vuestro tío y que conserváis como una especie de amuleto (“algún día trabajaré en Hollywood” os repetís constantemente), modificadla y colgadla en Instagram o donde sea que fingís una vida mejor. Luego seguid con la farsa vía Google Images y ya está. De algún modo “habréis viajado” y ni os habréis gastado ni un euro. Encima, tendréis que “desaparecer” durante un par de semanas para fingir que estáis viajando, por lo que podréis ignorar a vuestros amigos y sus fiestas de “vermuteo” en terrazas con total tranquilidad. Dos pájaros de un tiro.

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