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En imágenes: 'Feira do rato', uno de los principales mercadillos de esmeraldas de Brasil

Decenas de personas se reúnen cada mañana en la plaza principal de Campo Formoso, en la conocida como "Feira do rato", un mercado callejero de esmeraldas extraídas de la cercana sierra brasileña de Carnaíba, en el interior de Bahía.
31.12.15
Mercadillo de esmeraldas en la plaza principal de Campo Formoso. (Imagen por Paula López Barba y Anna Veciana)
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Doce de la mañana en la plaza principal de Campo Formoso. A la sombra de los almendros, decenas de hombres se reúnen alrededor de unos montones de piedras verdes, opacas a primera vista. Algunos negocian su precio en mesas, otros directamente en el suelo. Se trata de la conocida "Feira do rato", un mercado callejero de esmeraldas extraídas de la cercana sierra de Carnaíba, en el interior de Bahía.

Gentes venidas de otros países se entremezclan con las del lugar. Todos observan meticulosamente las gemas, que colocan a contraluz para comprobar su transparencia. Es muy posible que lo que hoy se venda acabe en Brasil porque los compradores son principalmente del país, pero la mayoría de las piedras terminan en la India, donde son empleadas para decorar joyas, abalorios y hasta edificios.

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"Estos días está muy tranquilo — cuenta a VICE News Carlos —, pero cuando aparece un grupo de indios se dejan miles de reales". Desde que se jubiló en la cementera local,él es uno de los asiduos que intenta hacer negocio día a día.

Todas las imágenes son Paula López Barba y Anna Veciana.

Campo Formoso, más conocida como ciudad de las esmeraldas, está situada a 400 km de Salvador y es un importante punto de comercialización de esta gema debido a la proximidad de las minas.

Quien también ha pasado aquí buena parte de sus mañanas es Jovelino, que nos aborda con desparpajo y explica que dejó su Minas Gerais natal atraído por el mercado de la zona. Este profesional del regateo lleva veinticinco años en la Feira do Rato vendiendo esmeraldas en estado bruto: "Principalmente las vendo en São Paulo, que es donde hay más movimiento", explica a VICE News. También se dedica a lapidarlas y cuando tiene piedras trabajadas viaja por Brasil.

El precio de cada una de ellas depende del tamaño, color y transparencia. Un puñado puede rondar los trece dólares. Y es que no todas las esmeraldas son caras, de hecho, el 98 por ciento de lo que se extrae en esta zona es de baja calidad. No es fácil dar con una piedra excepcional, pero su búsqueda es lo que lleva muchas personas a arriesgar su vida adentrándose en las entrañas de los montes cercanos.

Fabio comenzó a trabajar como buscador de esmeraldas cuando tenía 20 años. Entre 3 y 4 veces por día detonan las entrañas de la mina y avanzar en la búsqueda del oro verde.

A dos horas en coche por un camino de tierra rojiza llegamos a Carnaíba, un pequeño, y destartalado pueblo al lado de las minas. Es lunes, pero el lugar está tan desolado que recuerda a un paisaje del lejano oeste. Frente a las modestas casas, se ven las mesas donde se exhiben las esmeraldas. Están vacías. Nadie ganará un solo real, porque hoy no se trabaja, en señal de respeto a los varios accidentes que acontecieron años atrás por estas fechas.

En esta época del año,el afán por dar con un tesoro de los que esconde la tierra ha ocasionado la muerte de trabajadores experimentados. "Cuando las hojas de los arboles caen, significa que no viene una buena época. El mes de agosto es el mes de tragedia y muchos deciden no trabajar", cuenta Douglas con tono un tanto pesimista, en un corrillo de esmeralderos.

Nadia, de treinta y siete años, no recuerda cuando empezó a trabajar en el mundo de las esmeraldas. Cada día de la semana busca en los remanentes algo de valor.

El silencio que reina hoy en las minas dificulta imaginarse la vorágine del resto del año. A pesar de las supersticiones, hay quienes prefieren seguir su rutina. Entre ellos, Nadia, una tímida garimpeira — buscadora de piedras preciosas —. Sus rugosas y envejecidas manos, no parecen las de una mujer de treinta y siete. "No recuerdo cuando empecé, sólo sé que no sabía ni qué era una esmeralda. Todo lo que aprendí fue gracias a mi padre y estoy segura que mis hijos seguirán la tradición". Mientras habla, va rescatando y lavandolas piedras deshechadas en una primera instancia y aparta los restos definitivamente descartables.

Ella, como muchos otros, se queda en la superficie de la mina para buscar el brillo verde entre los remanentes. Bajar por un conducto vertical estrecho y oscuro no sólo requiere coraje, sino algo de experiencia que algunos nunca se han atrevido a adquirir, ya sea por claustrofobia o por miedo a que aquella cavidad no cumpla con las condiciones de seguridad adecuadas.

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Las pequeñas plataformas sostenidas por un único cable permiten a un máximo de dos personas adentrarse en la profundidad de la mina. Podría parecer ese el único riesgo que se corre, pero bajo tierra son incontables las diversas formas de morir. Entre tres y cuatro veces al día los mineros, como Rogelio — veintitrés años y diez de profesión — se aventuran por los laberínticos túneles y dinamitan la tierra para continuar su búsqueda del tesoro verde. "El riesgo es constante. No puedes dar un paso en falso porque lidias con material explosivo peligroso", dice.

En la plaza principal de Campo Formoso decenas de hombres se agolpan alrededor de las mesas preparadas para negociar el precio de unas piedras verdes extraídas de la cercana sierra de Carnaíba.

Con dedicación y paciencia, todos ellos continúan arriesgando su vida día a día con la esperanza de encontrar algo verdaderamente valioso, como la famosa "piedra Bahía", un conglomerado bruto de 400 kilos valorado en medio millón de dólares. Descubierta aquí hace 14 años, esta roca con enormes cristales de esmeralda incrustados fue la protagonista de polémicas reclamaciones judiciales que implicaron, entre otros, al gobierno de los Estados Unidos y al de Brasil. Sin ser considerada de gran calidad por los expertos, se ha convertido en el paradigma del deseo de cualquier esmeraldero que se precie, y es que, la mayoría de las veces, cuanto más grande es la piedra, más pasiones levanta.

Sin embargo, no es exclusivamente el tamaño lo que hace que una esmeralda sea más o menos valiosa, sino la combinación de varias características como la saturación y transparencia. "Las condiciones tan particulares que han tenido que darse para que se forme son las que hacen que esta gema sea extremadamente rara, valiosa y única", cuenta a VICE News Gracia Baião, geóloga del Instituto Brasileño de Gemas y Metales Preciosos.

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A pesar de ser el segundo productor mundial de esmeraldas — por detrás de Colombia — Brasil tiene poca historia al respecto, ya que los primeros hallazgos son de principios del siglo XX y su comercio no ha sido importante en el mercado internacional hasta hace apenas veinte años. La primera vez que se descubrieron esmeraldas en la sierra de Carnaíba fue por azar, en los años setenta y desde entonces centenares de personas de la zona se dedican a su explotación.

Sentados en las mesas preparadas para negociar, los posibles compradores observan las piedras una a una.

Desgraciadamente, a pesar de vivir en uno de los epicentros mundiales de esmeraldas, esto no revierte económicamente en la mayoría de la población. "Da mucho que pensar — comenta Edilande mientras nos sirve un café en un pequeño restaurante del centro — que una piedra así de cara se extraiga durante tantos años en un lugar y que éste nunca deje de ser pobre". Y es que si para algunos la palabra esmeralda es sinónimo de ostentación, para otros significa,simplemente, supervivencia.

Los comerciantes de la Feira do Rato recogen lo que no han conseguido vender. Mañana será otro día, quizás con más suerte. En los talleres siguen con el trabajo, preparando las piedras para dejarlas listas para las joyerías. El precio de una gema sacada de esta sierra puede llegar a cuadruplicarse expuesta en alguno de los escaparates de la Quinta Avenida de Nueva York. La cifra que alcanza dejaría con la boca abierta a muchos de los que bajan día a día a arrancarle destellos de luz verde a las escarpadas montañas.

Diogo faceta la piedra que después abrillantará con un disco de polvo de diamante.

El primer tratamiento que recibe la esmeralda es el corte en su forma básica.

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