Identidad

Hablemos del PEP: la “pastilla del día siguiente” para el VIH

Conocer esta pastilla y usarla correctamente puede prevenir infecciones y salvar vidas.
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Hace tiempo vengo hablando de VIH por una cuestión personal: llevo varios años viviendo con él y tomando tratamientos antirretrovirales. A partir de que hice público mi estatus, varias personas se han acercado a mí para preguntarme acerca de dónde tratarse, de cuándo es oportuno hacerse la prueba después de una relación de riesgo o de a dónde acercarse para obtener ayuda psicológica en caso de tener un diagnóstico positivo.

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Dentro de una de las consultas, la de un amigo me llamó particularmente la atención: me preguntaba qué hacer si es que acababa de tener una relación sexual sin protección, si había alguna manera de evitar infectarse con VIH. Estaba notablemente nervioso y preocupado. Fue así como le hablé de la “Profilaxis post-exposición” (o PEP, como se le conoce por sus siglas), que es una terapia de fármacos que reduce notablemente la posibilidad de infectarse después de haber tenido una relación sexual de alto riesgo o de haberse expuesto por diferentes circunstancias al VIH.

Esta terapia si bien no es 100 por ciento efectiva, sí presenta una tasa muy alta de éxito en quienes la usan correctamente. Esta debe tomarse de inmediato o hasta 72 horas después de haberse expuesto al virus y continuar las tomas diariamente durante un mes. Precisamente porque se toma después de haber tenido alguna relación de alto riesgo o de haberse expuesto de alguna manera al virus del VIH se le conoce popularmente como “la pastilla del día siguiente para el VIH”. Haciendo un sondeo, pregunté a varios amigos y resultó que muy pocos sabían de su existencia, o no sabían bien a bien cómo funcionaba o dónde acudir para tomar el tratamiento. Y entonces me pareció importantísimo hablar de ello, porque se suele tener la idea de que una vez que “la regaste” ya no puedes hacer nada sino resignarte, cuando no es así. Tomar el PEP puede evitar nuevas infecciones por VIH y de esa forma, también salvar vidas.

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Días después, ya que mi amigo había acudido a sus tomas, me contó muy agradecido que le había ido bien con el tratamiento y que le gustaría compartir su historia, misma que reproduzco aquí fielmente.

Hola, mi nombre es Valentino, tengo 29 años y quiero compartir mi experiencia acerca del tratamiento PEP (Profilaxis post-exposición). Todo empezó el día 12 de diciembre del 2018. Era una tarde sin quehacer y en ese contexto de ocio decidí bajar Grindr. Un hombre de alrededor de 40 años me contactó y me invitó a su departamento, y yo accedí a verle.

Entre la calentura y el jugueteo no me protegí y no supe si acabó o no. El me dijo que no, pero yo tenia la sospecha que sí, entonces mi mente empezó a trabajar a mil por hora y el miedo se apoderó de mí, porque aunque haya dicho que no, no podía confiar en la palabra de un extraño. Salí de su departamento muy asustado y pensativo (eso ocurrió a las 5:00 pm).

Recordé que había visto un video en YouTube acerca de un tratamiento que se usa en casos de emergencia, pero no recordaba bien de qué iba, y también recordé que un contacto mío en Facebook había compartido su experiencia de cómo le diagnosticaron VIH. Entonces llegué a casa y lo primero que hice fue contarle a él lo que me había ocurrido, y él muy amable me dijo que me tranquilizara y me preguntó que cuánto tiempo tenía que había pasado el contacto de riesgo. Yo le dije que tenía apenas una hora. Él me dijo que acudiera al día siguiente a las 7:00 AM a Clínica Especializada Condesa y ahí expusiera mi caso, que aún estaba a tiempo de tomarlo.

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Me tranquilizó un poco el saber que existía un tratamiento que pudiera evitar la transmisión del VIH. Esa noche no pude dormir de la ansiedad y, sin darme cuenta, ya era hora para irme a la clínica. No podía sacar el carro porque mis papás iban a preguntar a donde iría tan temprano. Entonces me salí sin avisar y usé el metro. Llegué a las 7:00AM y la recepcionista muy amable me indicó que tenía que subir para que me abrieran un expediente.

Llegué y tomé una ficha, era la numero ocho. Tocó mi turno y un chico muy amable me pidió solo mi INE y me preguntó si tenía algún tipo de seguro social, (eso también me preocupaba, porque no tengo ningún tipo de seguro) y tenía miedo de que por no tenerlo no me darían el tratamiento. Después me preguntó si era de la CDMX, y yo nervioso le dije que no. También tenía miedo de que por no ser de CDMX no me dieran el tratamiento.

Antes que todo, me tuvieron que hacer una prueba de VIH, porque no tendría sentido tomar el tratamiento si yo ya tenía VIH. Entonces fui a que me sacaran sangre. Me sacaron las muestras y después regresé al lugar donde me hicieron mi expediente a esperar los resultados de mi prueba. Se tardaron alrededor de 40 minutos, un psicólogo me llamó y pasé a su consultorio y me empezó a preguntar por qué quería tomar el tratamiento. Ahí le expliqué mi caso. Después me dijo: "aquí tengo tus resultados, la prueba fue no reactivo" (o sea negativo). Yo me sentí contento y aliviado.

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Le pregunté entonces si me iban a dar el tratamiento. Y me dijo que claro y me puse a llorar de felicidad. Me dio una hojita para que pasara a ver al medico en la parte de abajo. Le di ese papel a las enfermeras, quienes me pesaron y me checaron la presión. Después el doctor me llamó y entré al consultorio y me hizo unas preguntas, pero me dijo que tenía que ser sumamente honesto al contestarlas. Eran preguntas sobre mis hábitos sexuales y de salud.

Y así fue. Después me dio mi receta, me dijo que subiera de nuevo a otra oficina para que me autorizaran el medicamento. Después de eso me dijeron que bajara a farmacia por él. Lo que me recetó fueron antirretrovirales. El medicamento se llama ‘Atripla’, el frasco tiene 30 pastillas y las tenía que tomar diariamente por 30 días. Tenía que tomarlas a la misma hora y la recomendación es que lo hiciera por la noche antes de dormir, debido a los efectos secundarios que estas pueden ocasionar: mareos fuertes, pesadillas o sueños muy reales (vívidos), diarrea o aparición de manchas en la piel. Yo no presenté ningún efecto secundario.

Por cierto: el medicamento fue totalmente gratuito, cuando este tiene un costo real de 16,000 pesos mexicanos. Me indicaron que había alimentos que no debía de consumir mientras estaba en PEP, y estos eran: toronja, ajo y hoja de San Juan. Ese mes fue muy caótico porque me advirtieron que el tratamiento no es 100 por ciento efectivo, pero sí hay una probabilidad muy alta que funcione. Esa era mi mayor preocupación: que al final no funcionara.

Al final llegó el día en que acabó el tratamiento y tenía que ir de nuevo a la clínica para que me hicieran la prueba. Afortunadamente otra vez el resultado fue “no reactivo” (negativo), aunque me citaron a los diez días para que revisaran a fondo esa prueba y ahora sí descartar totalmente la presencia de carga viral.

Estoy muy agradecido con Pável y con Clínica Condesa por la ayuda que me brindaron. Y quiero que sepan que si tuvieron una práctica de alto riesgo, ya sea porque se rompió el condón, no usaron o alguna otra situación que consideren que estuvieron expuestos al virus, tienen que ir lo más rápido posible a Clínica Especializada Condesa para pedir el tratamiento PEP; es gratuito y sólo necesitan una identificación oficial y no importa si son de CDMX (incluso si son extranjeros o indocumentados la clínica brindará el tratamiento).

@PaveloRockstar