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Hey, haters: el reggaetón también es música electrónica

Opinión // ¿Por qué no podemos perrear un día y al otro escuchar el techno más serio y contundente?

Este artículo fue publicado en THUMP, nuestra plataforma de música y cultura electrónica.

Siempre me ha causado curiosidad la vergüenza y escarnio público al que es sometido todo aquel seguidor de la música electrónica que admite gustarle el reggaetón. Pareciera como si en un abrir y cerrar de ojos nos sumergiéramos en uno de esos fantasiosos pasajes bíblicos, donde si no fuera por el mismo Jesucristo, todo el que fuera sorprendido "perreando" en una esquina sería apedreado hasta la muerte.

Recuerdo muy bien una situación en específico, ocurrida a finales del año pasado, la cual hizo que se me engranara dicha inquietud. Era 31 de diciembre en Medellín, ya había pasado medianoche, por lo que el aguardiente, el chicharrón y los bailes apretujados con las tías era lo único que se podía observar en el panorama cercano. A eso de las dos de la mañana, un grupo de amigos equipó a la cuadra con un sistema de sonido envidiable, del cual, minutos más tarde, saldrían las frecuencias moduladas de Ñejo & Dálmata, J Álvarez, Tego Calderón y demás exponentes de la vanguardia reggaetonera. Casi que de inmediato, un pequeño grupo de púberes puristas tomó la decisión de alejarse de lo que ellos llaman "música popular", para montar su propio sonido dos cuadras más abajo, con solo 'techno serio y contundente' hasta el amanecer.

A raíz del suceso, comencé una búsqueda incesante para tratar de descifrar de dónde proviene tanto odio y resentimiento hacia un género que, para bien o para mal, nos ha acompañado desde nuestra infancia, permitiéndole a muchos acercarse a su primer amor e incluso mejorar el desempeño cardiovascular de su propio cuerpo. Una razón, y tal vez la más probable, podría ser la superioridad social que la música electrónica le otorga de manera subconsciente a muchos de sus adeptos. Al igual que el uso del inglés en muchos de nuestros amigos criollos, el hecho de escuchar "electro" se convierte en una herramienta para lograr aceptación y "asenso social". Otro de los motivos por los cuales existe tanto hateranti-reggaetón puede ser también el caparazón que sellos como Raster-Noton, Northern Electronics y Giegling ha creado en los mismos eruditos de la vanguardia underground, elevándolos a un estado de exclusividad donde se gesta un rencor irremediable hacia aquella masa que menea abruptamente su coxis cada fin de semana.

Primero que todo, y con el perdón de alguno que otro purista radical que probablemente leerá este atrevido texto, quisiera dejar algo en claro: el reggaetón también es música electrónica, en el sentido postal del término. Sin querer levantar todo un revuelo nacional sindicalista del chispún, vayamos a los datos: al igual que el techno, el house y hasta el hip hop, el reggaetón también se produce mediante programas de software reconocidos como FL Studio, Reason y Logic. Segundo, la nueva ola de productores colombianos como Sky, Mosty y Bull Nene, responsables de crear todo un imperio del perreo al lado de la deidad paisa J Balvin, admiten que el uso de beats electrónicos ha sido una de las razones por las cuales su música ha llegado a niveles inimaginables anteriormente.

Dejando a un lado las especificaciones técnicas, obvio, son dos orillas totalmente distintas. Junto al reggaetón, el vallenato y la música popular siguen siendo las corrientes que predominan a la ancho y largo del territorio popular. Simplemente aprendamos a convivir con ellas, y parafraseando el título del reciente himno de Danny Ocean, me rehuso a pensar que Aphex Twin no ha lavado su carro una mañana de domingo con "Te Pintaron Pajaritos" de Yandar & Yostin de fondo.