Ilustración por Luis Armand Villalba

Pasé una noche con la Guardia Civil persiguiendo a ladrones de coches de lujo

Presencié una operación policial para desarticular a una banda del Este que roba vehículos de alta gama.

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08 Junio 2017, 4:00am

Ilustración por Luis Armand Villalba

Por seguridad, se han omitido los nombres de los agentes de la Guardia Civil a los que acompañó el autor, así como ciertos detalles de la operación, a fin de evitar cualquier posible daño a las personas y órganos implicados en este reportaje.

Ver, oír y callar

Sentado en la parte de atrás del coche, veo al conductor preparar una cámara. A su lado, el compañero habla por radio. "El hijoputa no aparece. Estos se huelen algo", le dice a alguien por la emisora. "Negativo; hasta las doce no esperamos nada", responde el altavoz.

Se lo dicen desde una furgoneta, aparcada en la esquina de la calle, donde otro agente monta guardia desde las ocho de la mañana. "Hace dos días me tocó a mi la furgo", me cuenta el conductor. "Tuve que cagar en un tupper para no joder el operativo. Veinticuatro horas ahí metido. Estos cabrones son listos de cojones. Y como se mosqueen, se largan y te revientan una operación de treinta tíos y varios meses".

Llevamos dos horas parados en la acera derecha de una calle, aparcados en línea y sin dejar de mirar un vehículo de alta gama. A pesar de ser el centro de la capital, a cada minuto parece haber menos gente.

Los dos Guardias Civiles permanecen en silencio. Hace más de cuarenta minutos que la radio dejó de emitir. Aprovecho ese momento para empezar las preguntas: ¿De dónde vienen estas bandas?

El copiloto se estira en el asiento y empieza a hablar. Establece toda una relación de 'tópicos criminales' entre diferentes países y distintas actividades delictivas, pero centra su atención en el robo de vehículos y las bandas de Europa del Este.

"Proceden de cualquier parte, aunque, si nos fijamos en los porcentajes, Europa del Este se lleva la palma". Eso nos dice, mientras comprueba la hora y mira nervioso por el cristal. Pasan unos minutos. Vuelve a girarse hacia mí. "¿Tienes algo para apuntar?". No espera respuesta. "Vamos allá". Esto es lo que me contó.

Quién coño es esta gente

"Empezamos por abajo, por ese tío que no tiene un puto duro y ve llegar a otro con un coche impresionante, mostrando fajos por todas partes y presumiendo de lo bien que le va el negocio.

Ese tío, el de abajo, vuelve a su casa pensando en aquel otro tipo, en cómo se le acercaba todo el mundo y le daba palmadas en la espalda, hasta que a mitad de noche, con los ojos clavados en el techo desde hace horas, se da cuenta de que él también quiere eso.

A la mañana siguiente, o puede que en un par de días, el tío se acerca y habla un poco con el presuntuoso: le dice que cómo van las cosas por ahí fuera, que si hay trabajo y que, si se entera de algo, le avise para currar.

El otro ya sabe de qué va el tema —porque lo ha hecho mil veces— y le responde que puede echarle una mano. Esto no lo suelta sin más; conoce de sobra al (futuro) tío de abajo: formación militar, experto en informática, amigos en el negocio... Le habían fichado mucho antes de que él se atreviera a preguntar.

"Ahí lo tenéis, al niño prodigio en mitad de una red criminal; tiene menos de treinta años y diseña material capaz de sorprender al ingeniero más espabilado de su promoción"

A España llega como un pringado más, con un par de contactos aquí y allá, pero sin muchos encargos. Las cosas llevan su tiempo, y empiezan por curros de mierda del tipo 'programa esto', 'acompaña a tal' o 'vigila a cual'. Tiene que ganarse al equipo. Y como algo les huela mal, aparecerá repartido en bolsas por distintos puntos de un descampado.

El tipo sabe lo que se hace, así que no tarda nada en fabricar centralitas, sistemas de decodificación y otras tantas historias para que el negocio funcione.

Ahí lo tenéis, al niño prodigio en mitad de una red criminal; tiene menos de treinta años y diseña material capaz de sorprender al ingeniero más espabilado de su promoción.


Mira: Lancheros, nuestro reportaje sobre los traficantes de hachís del estrecho de Gibraltar


Después comienza lo divertido: suena un teléfono, alguien les dice que necesitan el modelo X de la marca Y, lo buscan, dan con él, roban los códigos y se lo llevan en menos de un minuto. Esto puede suceder dos, cuatro, seis... las veces que sea por semana. El resultado: no hay techo en los beneficios.

En cuanto al número de personas que forman el equipo, es absurdo soltar una cifra. Hay grupos grandes, medianos y pequeños. Hablar de tres, cinco o veinte sería también una estupidez. Es un negocio: si va bien, el equipo aumenta; si va mal, el equipo desaparece. Y esto nos lleva a la gran pregunta: ¿quién controla los equipos?

"Después de años, y con algo de suerte, se coge al tipo que lo montó todo. Hasta entonces, vamos recogiendo migajas y jodiendo equipos que nos lleven a él"

Sentado en algún rincón del mundo hay un cabrón al que hemos visto en mil películas. Suena a tópico pero es como Scarface. Ese tío lo controla todo, y resulta prácticamente imposible dar con él. Después de varias décadas de servicio, hay quien ha pillado a un par de estos. La mayoría estuvo en el ejército, por eso establecen una jerarquía de corte militar.

En resumen: saben lo que quieren y no se andan con gilipolleces, pero se encargan desde el principio de montar un sistema que impida a la policía relacionarles con todo el tinglado. Por eso, y porque no se fían ni de su madre, caen los de abajo una y otra vez sin que a ellos les salpique nada.

Así se forman los grupos que terminan en España, dirigidos desde la sombra por un tipo de cuidado al que todos buscan (pero nunca encuentran). Nosotros pillamos al niño prodigio (por poner un ejemplo) y al resto de tíos que forman el grupo, pero los de arriba se libran casi siempre.

Después de años, y con algo de suerte, se coge al tipo que lo montó todo. Hasta entonces, vamos recogiendo migajas y jodiendo equipos que nos lleven a él".

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Los materiales con los que se preparan las centralitas que sirven para robar los códigos

Lujo y canibalismo desde Europa del Este

El piloto no le quita ojo a la calle. Está limpiando el objetivo de la cámara. Debe ser la quinta vez que lo hace. Tararea una canción de los ochenta y mira el reloj cada pocos minutos. Apenas falta un cuarto de hora para que comience el baile. Pero, ¿cómo empezó esta historia?

La operación en la que nos encontramos se inició hace unos meses, tras recibir un aviso de la Policía Nacional. La historia comienza con unas bolsas debajo de un puente. Un vecino sacaba a su perro en mitad de la noche y al animal le dio por mear y rebuscar entre la basura.

Cuando el hombre se acercó a ponerle la correa, vio que algo extraño asomaba entre aquellas bolsas. Movió el plástico con el pie y no debió tardar más de cinco segundos en llamar a la policía para decir que "acababa de encontrar una mano en la basura".

La operación en la que nos encontramos se inició hace unos meses con los restos de una mano en la basura

A esta mano le siguió una pierna, una cabeza y el resto de cosas que forman un cuerpo, salvo por un par de detalles: faltaban los dedos y "alguna otra parte".

La investigación llevó a la policía, después de medio año, hasta un piso en Madrid. Allí encontraron más cadáveres "faltos de algún miembro", armas automáticas y material para el robo de vehículos. Todos ellos procedían de Bulgaria y habían recibido formación militar. Cuando se les preguntó por los cadáveres y los miembros "desaparecidos", confesaron habérselos comido.

La UCO recibió el informe y apenas sacó nada en los interrogatorios. Tampoco les sorprendió; estas personas estarían muertas antes de salir de la cárcel y, según me contaron, sus familias también. A modo de aviso, un pariente recibiría un paquete con un "pedazo de alguien". Y ahí se acababa la historia. A esa gente estábamos siguiendo.

Doce y media. Nada. Al fin suena la radio: "El hijoputa sigue sin aparecer. Vas a tener razón, cabronazo". Nadie responde. El que está sentado a la derecha se da la vuelta y me dice "mira, para que hagas algo bueno, te voy a contar un par de cosas que se cargan todas las tonterías esas que echan en los reportajes de mierda". Y esto fue lo que soltó:

El arte de robar vehículos de lujo (paso a paso)

¿Qué coches se llevan más?: "Los que pida el mercado negro. Así de sencillo. Si algo funciona mucho, ellos lo roban mucho. Pero hoy no estamos para hablar de vehículos de gama media. Pasamos del tema, porque es evidente y te quedaría una mierda como esas de las que te he hablado. Vamos con estos hijoputas, los peligrosos de verdad, con formación militar y armamento de por medio".

¿Quiénes son estos tíos? "Olvídate del mangui cutre de siempre. Estos no son así. Ni puentes ni gilipolleces de esas que viste en televisión. Todo electrónica. Se diseñan sus aparatos y tardan menos de cinco minutos en reventarte un coche. Si estos tíos reciben una llamada de un desgraciado podrido de pasta que quiere el modelo tal de la marca cual, se dedican a rastrearlo, lo encuentran, siguen al coche y ven donde 'duerme'. Entonces actúan, y pueden hacerlo en dos tiempos, en uno solo, robando la frecuencia o incluso haciendo saltar los cierres con una pelota de tenis. Son putos genios".

"Aquí la reina es la electrónica. Estos tíos obtienen los códigos: primero el de apertura y luego el de arranque. Significa que deben seguirte y 'sacar' el código de apertura para poder acceder. Esto pueden hacerlo incluso a distancia"

¿Cómo acceden al coche? "Descarta eso que llaman 'el método del descuido' (cuando aprovechan la ausencia del conductor para llevarse el vehículo con las llaves puestas) y del 'forzamiento simple' (cuando revientan el bombín de la cerradura y acceden al de arranque con llaves maestras que fabrican artesanalmente). Estos no son así. Aquí la reina es la electrónica. Estos tíos obtienen los códigos: primero el de apertura y luego el de arranque. Significa que deben seguirte y 'sacar' el código de apertura para poder acceder. Esto pueden hacerlo incluso a distancia, con diferentes aparatos que captan la frecuencia.

¿Cómo se llevan el vehículo? "Ya tienen el código de apertura, han accedido a tu coche y han sacado los códigos de arranque. Ya que están ahí, y no ha pasado ni un minuto, sacan la documentación y la fotografían (en caso de querer falsificar cierta información). Si la cosa es muy fácil, olvídate de este punto porque se llevan el coche directamente. Si no es así (y normalmente no lo es cuando tratamos con coches de lujo), el tipo saldrá del coche con total tranquilidad y volverá en otro momento. Piensa que ya tiene los códigos (todos), así que puede comprar una llave 'virgen' en el mercado negro, introducirlos y tener una copia exacta a la original. Ya sólo tiene que esperar a que dejes dormir el coche en la calle, acercarse con su llave, abrir, arrancar y largarse".

El cabrón de medianoche

El copiloto vuelve a mirar al frente. Todo está tranquilo (cada vez más tranquilo). Ya es la una de la madrugada y nadie se ha acercado al vehículo. Estamos esperando a un tipo que debe llevarse el coche en menos de un minuto. Tiene los códigos desde hace un par de días y, según las escuchas telefónicas, ésta es la noche. Pero la cosa se alarga y parece que no ocurre nada.

"Cada operación es un mundo", continúa el piloto. "No te vayas a pensar que esto es siempre así. Incluso te puedes pasar tres horas delante de una pizarra para montar un operativo y que luego no sirva. Si lo que buscas es explicar un lío de estos, lo mejor es que no te metas en fregados, porque hoy somos dos en un coche, pero mañana es solo uno o ninguno; podemos balizar el vehículo y seguirlo por satélite o con el helicóptero. Todo depende de la circunstancias".

Queda claro el origen y los métodos, pero falta un punto importante: ¿Dónde van a parar estos coches? Les pregunto sobre el tema. "Principalmente al Norte de África y Europa del Este...", comienza a decir el conductor. Entonces se detiene. Hay movimiento. El copiloto se lleva la mano a la cadera, puede que por instinto, para comprobar si el arma sigue allí. Confirman por radio. Alguien se acerca al coche.

Es un tipo grande, de unos dos metros. Camina despacio y pasa junto a la furgoneta. Va hacia el vehículo, saca algo del bolsillo y se encienden las luces. Está abierto. Entra en el coche, arranca y sale de allí. No han pasado ni treinta segundos.

"¿Lo tienes?", le pregunta el copiloto al compañero, que todavía sostiene la cámara. Está revisando las fotos. "Lo tengo. A tomar por culo". Avisan por radio a la furgoneta. Ellos también han pillado todo. Ahora le toca a otros seguir al vehículo hasta el almacén. Una vez den con el sitio, la UCO y la UEI entrarán a detenerles. Pero esa ya es otra historia.

Nosotros nos largamos de allí, como si no hubiese pasado nada, y por el camino hablamos de si será posible pillar a "los de arriba", a los que se comen a los traidores y mandan pedazos a las familias. "La cosa está bastante jodida", me dicen. Entonces ponen la radio. Y nos perdemos por Madrid con Javier Krahe sonando de fondo.