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Reacciones extremas al 'ghosting': varias personas nos cuentan la suya

"Hice un cartel que decía ‘POR FAVOR, HÁBLAME’ porque sabía que él lo vería".

por Daisy Jones; ilustración de James Burgess; traducido por Mario Abad
07 Octubre 2019, 3:30am

Ilustración por James Burgess

Hasta ahora, por suerte, solo me ha pasado una vez que algún rollete me ignore por completo después de una o varias citas. Tal vez sea porque suelo salir con mujeres y entre nosotras somos más agradables (mentira, pero bueno). O quizá se deba a que no salgo con tanta gente como para que se dé la ocasión.

En cualquier caso, la vez que me ignoraron —después de cinco encuentros que a mí me parecieron ya algo serio— me sentí tan ofendida que le mandé una fila de emojis de fantasmitas. “Esa eres tú”, le escribí, en un arrebato de niñata. Ella me envió una respuesta larguísima de cuyo contenido ya ni me acuerdo, y al final acabamos como amigas.

En cualquier caso, por norma general la gente no suele plantar cara a la persona que ha decidido cortar por lo sano la comunicación. Y si lo piensas bien, que alguien no quiera hablar contigo es una razón bastante convincente para que tú hagas lo mismo. Hay que saber pasar página. Además, la gente tiene sus movidas y no puedes obligar a nadie a que conteste tus mensajes, por muy gilipollas que sea por no hacerlo.

Por otro lado, resulta desconcertante y existencialmente irritante que pase de ti alguien con quien tú pensabas que tenías una conexión emocional sincera. Y estás en tu derecho de querer una respuesta. Hablé con varias personas que, en lugar de ignorar a quienes les habían ignorado, decidieron vengarse.

'Le envié una parrafada que venía a insinuar que era una cobarde'

Screenshot of Confronting a Ghoster VICE
Imagen cortesía de la entrevistada

Llevaba unos dos meses saliendo con una chica. Habíamos ido a exposiciones y a cenar, y una vez pasamos 72 horas juntas. No es que me creyera que la cosa iba en serio, porque en la primera cita ya acordamos que ninguna de las dos quería nada exclusivo, pero sí creí que entre nosotras había cierta conexión emocional, por cosas que me dijo. Por eso me extrañó tanto que decidiera cortar todo contacto. Nos vimos un viernes, me quedé a dormir en su casa, hablamos el fin de semana y el lunes ya empezó a ignorarme. Creo que esa semana le envié tres mensajes.

Obviamente, a nadie le gusta que le ignoren, pero yo es que no me podía creer que me lo estuviera haciendo. No me parece tan complicado coger el teléfono y escribir un mensaje para dar explicaciones, aunque sea incómodo o consuma tu energía. Estás dando prioridad a tu comodidad sin importarte si estás hiriendo los sentimientos de la otra persona, y eso es puro egoísmo. El caso es que le envié una parrafada que venía a insinuar que era una cobarde. No me contestó, pero unas semanas después me enteré a través de unos amigos en común que ella había conocido a un tío. Eso me ayudó a superarlo más rápido. Lily, 25 años.

'Manipulé la configuración de Bumble para provocar un match'

Nos conocimos en Tinder y salimos un par de veces. Después de la tercera, pasamos el día juntos y luego nos enrollamos. Quedamos en volver a vernos al cabo de unos días. Me envió un mensaje para asegurarse de que había llegado bien a casa… y eso es todo. El día antes de nuestra supuesta cita, le escribí y no me contestó. Al día siguiente, me dijo: “Lo siento, estaba super ocupado”, y desde entonces no he vuelto a saber nada de él.

Me sentó especialmente mal porque le había dicho lo mucho que me estresaban las citas y él me dijo que también le pasaba. Me puse dramática y lo bloqueé en todas las redes al final de esa semana. Fue una decisión impulsiva porque me estaba volviendo loca y no quería que pensara que era una lunática.

Un día se lo estaba contando a una amiga y me dijo: “¡No! Yo no lo toleraría. Persíguelo y pídele que te cuente sus excusas”. Pero yo no tenía forma de hacerlo.

Descubrí que estaba en Bumble, Hinge y OKCupid, así que usé la primera y manipulé mi configuración para provocar un match y lo conseguí. Deslicé a la derecha y ahí apareció. Tenía que decirle algo, así que escribí: “Anda, ¿sigues vivo?”, a lo que contesto con un simple “lol”. En ese momento supe que iría todo muy bien, que tendríamos una conversación muy madura. Le pedí que se explicara y me pidió disculpas. Alegó una serie de excusas como que estaba muy ocupado, que lo estaba pasando mal en el trabajo, que tenía mucho follón… en fin. Después de eso, eliminé el match y me sentí mucho mejor. Ally, 27 años.

'Hice un cartel que decía POR FAVOR, HÁBLAME'

PLEASE TALK TO ME Banner Ghosting Confrontation VICE
Imagen cortesía de la entrevistada

Esto pasó hace unos dos o tres años. Durante dos años tuve una relación intermitente con una persona. Era una relación muy dañina. Siempre nos bloqueábamos y luego hacíamos cosas para llamar la atención del otro. Era muy tóxico y él se veía con otras chicas mientras salía conmigo, pero siempre acabábamos volviendo juntos. Era de ese rollo.

Pero una vez dejó de hablarme de verdad. Estuvo unas dos semanas o quizá un mes sin contestar mis mensajes. Mi perfil de Instagram era público y sabía que él lo miraba. En esa época estaba haciendo un curso de arte en la universidad y hacía muchos carteles, así que aproveché e hice uno que decía “POR FAVOR, HÁBLAME” y lo subí a Instagram para que lo viera. También me aseguré de que la foto apareciera en una revista en la que los dos trabajábamos como voluntarios. Cuando la vio, me respondió. Al final acabamos rompiendo y ahora ya lo tengo bloqueado para siempre. Charlie, 24 años.

'Decidí presentarme en su casa para hablar con él cara a cara'

Nos conocimos en un parque de Tel Aviv a las dos de la madrugada, pero los dos acordamos ser amigos para no tener la sensación de ser un ligue. Al principio ni siquiera me atraía, pero al final de la noche me sentía muy segura con él. Luego pasamos 48 horas juntos. Fue un comienzo muy intenso. Quedábamos cada dos días. Yo siempre esperaba que se retirara, pero él siempre aparecía, lo cual para mí era una novedad.

La historia es muy larga, pero el caso es que nos fuimos los dos de vacaciones y cuando me enteré de que coincidiríamos de nuevo en la misma ciudad, le envié un mensaje diciéndole que quería verlo, pero no me contestó. Ni siquiera abrió el mensaje. Empecé a notar esa sensación en el estómago. Unos días después, lo llamé, pero no respondió. Varias semanas más tarde lo vi por la calle. Empecé a temblar mientras lo veía dirigirse hacia mí.

Lo primero que le dije fue: “¿Fue de verdad?”. Me dijo que sí, que fue de verdad, que le importaba mucho, demasiado, y por eso lo hizo. Acabamos enrollándonos.

Pasamos otra temporada intercambiando mensajes y poco a poco dejó de contestarme, otra vez, y otra vez yo empecé a tener la misma sensación en el estómago. Entonces decidí presentarme en su casa y hablar con él cara a cara. Total, estaba hecha una mierda; me iría bien un poco de acción. Me puse un vestido bonito y llamé a su puerta. Creo que me abrió su compañero de piso, que lo llamó. Cuando apareció, lo vi como… muy frío.

Yo estaba tan nerviosa que no recuerdo cómo fue la conversación, pero en resumidas cuentas, le pedí que me explicara qué cojones pasaba. Él pasó del “olvídame” al “deja que te lo explique”. No recuerdo qué fue lo que dije o hice, quizá hablé de sexo, pero el caso es que él se ablandó. Me dijo que fuera a su casa al día siguiente, pero no sé, a esas alturas yo ya sabía que no podría estar con él como me hubiera gustado. Las cosas nunca volverían a ser como antes, por mucho que doliera admitirlo. Riva, 24 años.

'Le envié un mensaje muy enfadada a las cuatro de la mañana y luego lo bloqueé'

Llevábamos unos tres meses viéndonos de forma esporádica. Lo conocí durante un viaje de prensa, aunque creo que ya lo había visto otras veces anteriormente. Era un tío guay y se mostraba muy interesado en mí. Como era él el que me perseguía, me molestó mucho que, después de habernos acostado, empezara a ignorarme sistemáticamente.

Si solo quería un polvo, me parece bien, pero creo que la otra persona se merece un mínimo de respeto. Cuando alguien te ignora, te sientes como si hubieras hecho algo malo. Basta con decir que ya no estás interesado o dejar claro que no quieres nada serio. Es cuestión de comunicarse, sobre todo cuando probablemente coincidiría con esa persona en determinados círculos.

Por lo general, no me importa demasiado que me ignoren porque nunca suelo volcarme tanto en nadie como para eso. A lo mejor pienso que el tío es un gilipollas y sigo con mi vida. Un día estaba en casa, bebiendo whisky con mi padre, y hacía poco había empezado a tomar Citalopram de 40 mg. A veces, mezclar antidepresivos y alcohol te vuelven más agresiva y olvidadiza. A mí me dio por cabrearme. Le envié un mensaje de ofendida a las cuatro de la madrugada y luego lo bloqueé inmediatamente, así que no tengo ni idea de qué me respondió.

Cada línea del mensaje era un grito de batalla, pura agresividad. Un fragmento decía: “No voy a ser la puta de un hombre blanco”, y en la parte final insinuaba que me la traía al pairo si le enseñaba el mensaje a sus “colegas músicos”. Le dije que a mí nadie me ignora a estas alturas. La lección que aprendí es que tienes derecho a hablar así a alguien que te ha faltado al respeto, porque eso es el ghosting, una falta de respeto. Y también aprendí que no es muy bueno mezclar whisky y antidepresivos. Jesy, 28 años.

@daisythejones

Este artículo se publicó originalmente en VICE Reino Unido.

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