Liniker: la resistencia trans hecha soul
Foto: Bárbara Gabrielle, vía Facebook de Liniker

Liniker: la resistencia trans hecha soul

El próximo 20 de agosto, en el escenario femenino de Rock al parque, una brasileña se convertirá en la primera artista transgénero en presentarse en la historia del festival.
6.8.18

Liniker, la vocalista y compositora de la banda Liniker e os Caramelows, es una de las voces más reconocidas del soul brasileño contemporáneo y un símbolo de representatividad para la comunidad trans y para la juventud negra de su país. Los Caramelows la han acompañado desde el 2015 en un proceso de crecimiento que a los ojos de los medios ha parecido vertiginoso: en menos de tres años salieron de Araraquara, una pequeña ciudad del interior de São Paulo, y se convirtieron en una de las bandas alternativas más importantes del país.

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Ya han hecho cuatro tours por Europa para promocionar Remonta, su primer y hasta ahora único disco, se han presentado dos veces en SXSW, preparan un tour por Estados Unidos, y este mes aterrizan en Bogotá para su presentación en Rock al Parque, el festival gratuito de rock más grande de Latinoamérica.

Símbolo de resistencia trans

Cuando Cru, el primer EP de la banda, fue lanzado en octubre del 2015, la gente comenzó a hablar de la voz rasgada, grave y ronca y de la estética no-binaria de Liniker: la mezcla del bigote y la barba con el labial oscuro. Las faldas, los aretes y los turbantes intrigaron a un público brasileño que no lograba encajar lo que veía en un molde de género. Así era como ella se vestía normalmente, pero su presencia en el escenario fue analizada como si se tratara de una performance queer, y en los medios se usaban palabras en masculino y en femenino para describirla.

La fama repentina hizo que el proceso de descubrimiento y reconocimiento de su identidad de género se diera de una manera tan íntima como pública. Hoy Liniker se reconoce como una mujer trans, y desde ese espacio discursivo ha desarrollado una relación de apoyo mutuo con sus seguidores.

En la calle y en redes sociales, personas de todo tipo le dicen que se sienten representadas por ella. La visibilidad que tiene en los medios y su presencia en el espacio público como mujer trans y negra ha sido determinante para que muchas personas reconozcan su propio valor. Una vez se le acercó alguien a decirle que había querido suicidarse, pero que luego de oír su música, había decidido continuar resistiendo de la misma manera en que ella lo hacía. “Es muy bonito cuando las personas paran para hablarme de esa cuestión de la representación, y que eso venga de una experiencia de espejo. No en el sentido de igualdad, de decir que nos vemos iguales, sino en el verdadero sentido de reflexión: que la música sea una experiencia que nos permita pensar sobre ese asunto”, dice.

Su intención inicial nunca fue convertirse en un símbolo para la comunidad trans. No planeó asumir una estética no-binaria para ir a cantar ni pensó que estuviera haciendo performances en los primeros videos que grabó. “Al principio fue inesperado. Yo no sabía que el simple hecho de ser quien soy podía afectarme tanto y afectar a tantas otras personas”. Tuvo que aprender lo que significaba ser una figura pública, contar con una plataforma para exponer su discurso y tener seguidores que veían en ella un símbolo de resistencia.

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Del otro lado del teléfono, mientras hablamos de cómo se ha enfrentado a ese camino, asegura que ha sido una elaboración del día a día, de entender de qué manera es un símbolo y cómo cabe eso dentro de su modus operandi. Ha comprendido que está en un proceso de construcción constante, y que a medida que se construye a sí misma, está construyendo también a las personas que la siguen. Y el tema de la representación se ha hecho más presente en la composición de las canciones de su próximo disco: “Es que una cosa está ligada a la otra. Las cosas que creo son una extensión de lo que soy. Mis canciones acaban tomando mucho de mi existencia, y eso también se transfiere al sonido que hago”.

Desde hace un tiempo, varios movimientos sociales que luchan contra el racismo y que defienden los derechos de las minorías sexuales han tenido una especial resonancia entre la población más joven de Brasil. Por ejemplo, se ha acuñado el término geração tombamento (generación del vuelco) para referirse a una comunidad de jóvenes negros que se valen de la moda, el arte y la música para enfrentarse a los prejuicios raciales. Para ellos, los conceptos de representatividad y empoderamiento son muy importantes. Liniker entiende que cumple un papel de cara a esos movimientos: “Yo muestro una posibilidad de resistencia: muestro que es posible existir en el cuerpo que tengo y entender mis transformaciones. Trabajo en un espacio en el que estoy expuesta, así que todo eso queda en evidencia para el público”.

Por otra parte, el panorama de artistas transexuales, queer y travestis en Brasil ha tenido una especie de boom en los últimos años. La música de artistas pop como Pablo Vittar y de funkeiras como Linn da Quebrada y Lia Clark, que se apropiaron de los contenidos sexuales de ese rap de las favelas cariocas, ha tenido cada vez más éxito y ganado más visibilidad en los medios. A pesar de que estas cantantes actúan en géneros musicales diferentes, es posible entenderlas dentro de un mismo espectro, y Liniker también se siente parte de eso: “Es bueno saber que no estoy sola al frente de ese movimiento, que hay otras personas que están acercando esos temas [los de la experiencia trans] al público, logrando que se discutan. Principalmente en Brasil, donde vivo”.

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Es significativo que eso esté ocurriendo en Brasil porque, según estudios de varias ONGs, ese es el país donde más personas trans son asesinadas en el mundo (868 asesinatos entre 2008 y 2016). Incluso en medio de todo el movimiento actual de empoderamiento de las minorías, para las mujeres trans brasileñas nunca desaparece el miedo de convertirse en una cifra que se sume a esa estadística. En una sociedad que padece una transfobia sistemática sigue siendo necesario que quienes tengan cierto poder discursivo y cuenten con una plataforma se apropien de esta causa.

“Nosotras compartimos un espacio de representatividad grande. Hemos llegado a un lugar desde donde podemos expandir nuestra música. ¿De qué sirve tener un espacio tan grande y quedarse hablando solo de uno mismo? Yo creo que es importante que saquemos eso a la luz, que lo hagamos por esas otras personas que no están en lugares de visibilidad”. Uno de los momentos más emocionantes del Rock in Rio de 2017 llegó cuando Johnny Hooker, el exitoso cantante brasileño de pop, conocido por sus shows performáticos, su estética glam y por asumir públicamente su homosexualidad, la invitó al escenario para que cantaran “Flutua ”, tema que ya habían grabado juntos y que habla de un amor entre dos hombres que se rehúsan a esconder lo que sienten.

Al final de la presentación, apareció en el telón de fondo la frase “Amar sin Temer”, que se ha popularizado como consigna de defensa de los derechos lgbti en respuesta a la administración actual de Brasil, y los dos cantantes se dieron un beso largo e intenso, enviando un claro mensaje en contra de la homofobia y la transfobia.

Liniker, la compositora de canciones de amor

Liniker siempre ha escrito sobre el amor. Las primeras canciones que escribió eran cartas de amor que nunca entregó. Su proceso de composición ha ido cambiando con los años: “Ahora está en un punto más maduro” cuenta, “me hace falta más tiempo para poner una idea en el papel. Cuando era más joven, cuando comencé a escribir, eso era mucho más fluido, más fácil”, pero el amor sigue siendo su principal tema, algo que aparece en canciones como “Remonta ”, que le dio nombre al álbum de 2016, e incluso en “Lava”, su más reciente single, en el que describe un encuentro afectivo que se da en medio de un escenario marcado por la naturaleza. Su música a veces es desgarrada y melancólica y a veces dinámica y vibrante, y puede venir de un lugar de dolor y desabrigo así como de uno de intimidad y deseo. En cualquier caso, sus canciones siempre le dan vueltas al amor y al desamor.

Ya le han cuestionado que sus canciones no aborden temas que parezcan más explícitamente lgbti, pero ella sabe que esas críticas están fallando en reconocer el valor político de ser una persona trans y estar hablando de amor. “Para mí la composición de canciones de amor es un asunto muy político. Es una herramienta y una fuerza que escogí para poder escribir sobre esos temas de marginación”.

En letras como la de “Zero”, en la que dice: Recuerdo el beso en tu cuello / y mi toque grueso, con miedo de traspasarte / Y te traspasé / Tomé hasta lo que era más normal de nosotros / y todo cupo en la maleta de mano de mi corazón; o la de “Você fez merda”, en la que canta, no sin algo de histrionismo: La cagaste al decir que no me amas / después del sexo que te di / Es tan fácil, cowboy, negarse a un amor / Solo yo sé cuánto me duele, aparece una fragilidad que se resiste a ser reducida a espacios discursivos marginales. Para ella es importante que sus canciones no hablen solo de la manera en que se viste o de cómo entiende su identidad; quiere exponer el tipo de fragilidad que suele ser perseguida y violentada en una sociedad transfóbica. En general, cuando se habla de las personas trans, la atención se centra en cuestiones más visibles o inmediatas: la sexualidad de los cuerpos, la construcción de la identidad y los aspectos más performáticos del aparecer en el mundo. Rara vez se habla del amor o se considera el plano de la afectividad y la ternura. “Infelizmente, a nosotras nos niegan el amor, el afecto y las relaciones. Entonces es extremadamente político que yo reivindique ese lugar de intercambio afectivo, porque necesito y necesitamos hablar sobre el hecho de que las personas trans también aman, que tenemos el derecho de ser amadas”, y agrega que se siente comprendida y leída cuando sus seguidores entienden por qué está cantando sobre el amor.

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Para ella misma ha sido difícil amar. Cuenta que ha escogido hablar acerca de una experiencia afectiva que en realidad vive pocas veces: “Eso es lo que traigo a mis canciones, a veces de una forma medio platónica, porque no vivo algunas de las cosas sobre las que escribo, solo las proyecto”. De esta manera, a través canciones como “Tua” y “Sem nome , mas com endereço” , y como un acto de resistencia, reclama la agencia de esa experiencia que la sociedad pretende negarle. Hablar del amor se convierte en un recurso para enfrentar la hipersexualización de la que es objeto como mujer trans, y es también una manera de hermanarse con el público: personas de todo tipo pueden reconocerse en los sentimientos que permean esas letras, independientemente de cuál sea su identidad de género o su orientación sexual.

La llegada a Latinoamérica

A comienzos del 2015, Liniker decidió formar una banda que tomara algunas de las canciones que había compuesto y les diera un sonido groovy; quería que las dotaran de la cadencia propia de la black music brasileña. Así se juntaron Los Caramelows, un grupo de músicos provenientes de varias ciudades del estado de São Paulo. Con ellos, Liniker se dedicó a explorar un sonido que en realidad siempre había hecho parte de su esencia, no solo porque venía de una ciudad en donde se oía black music todo el tiempo, sino también porque había crecido en una familia de sambistas que se reunían los domingos para tocar, cantar y bailar pagode y samba rock.

Los Caramelows, por su lado, también tenían afinidad o proximidad con ese tipo de sonido. “Los brasileños tenemos mucho contacto con eso porque la música soul, principalmente el groove, atraviesa mucho nuestra música. Todo el mundo tiene alguna relación con eso, y si no la tiene directamente, con certeza ha oído un poco de esas referencias”. No fue difícil entonces articular el sonido de la banda, que deja sentir la influencia de artistas como Tim Maia, Itamar Assumpção, Cassiano y Raul Seixas, referentes del soul y de la música independiente y alternativa brasileña de las décadas de los 70 y 80. El estilo de Los Caramelows se sintió claro y sólido desde el principio.

Llevaban apenas cuatro meses tocando juntos, cuando decidieron grabar Cru, el primer EP de tres canciones. El lanzamiento se hizo en octubre de 2015 a través de Youtube y Facebook, y luego entró en las plataformas de streaming. La respuesta del público fue inmediata. “Lo lanzamos y ahí mismo le comenzó a gustar mucho a la gente. Querían acercarse a nuestro sonido, saber de dónde veníamos, cómo era que eso estaba ocurriendo”.

Los videos de las tres canciones tuvieron más de cinco millones de visualizaciones en una semana, algo que ninguno de ellos esperaba. Liniker recuerda este momento con gratitud y reconoce que fue una situación que se escapó a lo que suele ocurrir con muchos proyectos independientes en su país: “Fue una sorpresa muy buena. No es fácil hacer música independiente en Brasil. Las bandas acaban enfrentándose con otros proyectos similares. Nuestro caso fue bueno. Tuvimos un arranque muy positivo”. Ser una banda independiente les ha permitido a Los Caramelows moverse en direcciones en las que verdaderamente creen, y le ha dado a Liniker una verdadera libertad discursiva para componer sus canciones.

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El año pasado hicieron sus primeros conciertos en países latinoamericanos. Bogotá y Medellín fueron los escenarios donde se estrenaron, y la banda quedó muy contenta con la respuesta del público: “Cuando vi a la gente de Colombia cantando mis canciones en portugués, sentí que realmente algo estaba aconteciendo ahí”. Después se presentaron en Chile, Argentina y México. En estos países, que comparten tantas situaciones sociales y políticas con Brasil, la relación con el público de habla hispana ha sido muy satisfactoria. “Yo hablo un portuñol muy malo, pero me hago entender en los conciertos. La diferencia del idioma sí es notable, pero los países latinos son muy cercanos a nosotros. Siento que compartimos un amor de vecinos. Entonces el idioma no es una barrera; es apenas una cuestión más”.

La expectativa que tiene por presentarse en Rock al Parque es grande. Sabe que va a enfrentarse a uno de los mayores públicos que ha visto en su carrera. Solo el año pasado el festival convocó a más de 180.000 asistentes. “Ese número es asustador” confiesa, “me pone muy ansiosa pensar en ese concierto, pero también estamos muy emocionados por hacerlo”. Además, va a ser la primera artista trans en presentarse en los veinticuatro años de historia del festival.

Su concierto va a marcar un hito y tendrá relevancia para la comunidad trans de Bogotá: será la primera vez que se verán representados en el festival de música más importante de la ciudad. Sorprendida y conmovida, se refiere a este hecho: “Es muy especial saber que estoy haciendo parte de eso. Todo esto que está sucediendo se siente como una verdadera transformación. Si en veinticuatro años de festival yo soy la primera mujer trans que va a tocar, espero que después, en los próximos veinticinco años, aparezcan muchas otras; que más personas trans usen ese espacio, porque necesitamos ser notadas. Necesitamos ser respetadas. Ser la primera en hacerlo es un hecho que voy a llevar en el pecho”.

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