Al día siguiente te levanta el ruido de transeúntes por la calle. Estás en el suelo dormido, la gente que pasea por la calle te mira de forma extraña. Alguien se ha dignado a taparte con una chaqueta. Aún queda buena gente en el mundo. Pides a una alma caritativa que te preste un teléfono y llamas a uno de tus amigos, que viene a socorrerte. Ahora tienes otro problema. No tienes ni un euro.
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