Albania es el primer narcoestado de Europa

Una generación de jóvenes albaneses atrapada entre los asuntos del crimen organizado, un índice de desempleo alarmante y el dinero rápido que genera la venta de drogas duras.

por Monty Reed
19 Junio 2019, 7:53am

Es enero en un decadente barrio de la periferia de Tirana, la capital de Albania, y he quedado en verme con dos traficantes de cocaína de la zona que acaban de llegar de un viaje de contrabando a Alemania. Como tantos otros narcotraficantes albanos, Artan y Luli han pasado de vender cannabis a comerciar con cocaína porque se gana más dinero y es fácil conseguirla. Según cuentan, pueden llegar a ganar unos 20 500 euros pasando de contrabando un kilo de polvo blanco a los países más ricos de Europa, donde el mercado de la cocaína no deja de crecer.

Entre historias de machitos aderezadas con puños americanos y bates de béisbol, intercambian opiniones sobre relojes, coches deportivos y chicas bonitas. “Como probablemente habrás visto”, apunta Artan, señalando con un gesto de la cabeza una calle llena de socavones y charcos que ha estado en esas condiciones desde que ellos tienen memoria, “si quieres salir y conseguir algo, tienes que irte a Alemania, Italia o Inglaterra. La cocaína da buen trabajo”.

Desde que la crisis económica de la década de 1990 sumió a Albania en un caos civil provocado por numerosas destituciones, las generaciones más jóvenes se han visto atrapadas en una red de pobreza y corrupción. Para algunos, el tráfico de drogas ofrece una salida de los tugurios que se extienden por el extrarradio de Tirana. Pero aquí el contrabando de droga no es ninguna novedad; de hecho, es una actividad muy arraigada en Albania. Pese a ser un país de la OTAN a punto de entrar a formar parte de la Unión Europea, Albania se ha convertido en el primer narcoestado de Europa.


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La definición de narcoestado del Fondo Monetario Internacional señala que se trata de una nación “en la que el poder y la riqueza del tráfico ilegal de estupefacientes permea todas las instituciones legítimas”, como ocurre en Venezuela, Guinea-Bissau y Afganistán. En Albania, el dinero de la droga también está por todas partes.

Un informe de 2018 del Departamento de Estado de Estados Unidos describía Albania como un país de “corrupción desenfrenada, instituciones jurídicas y gubernamentales débiles y control fronterizo laxo”, en el que el tráfico de drogas, la evasión fiscal, el contrabando y el tráfico de personas son los crímenes más rentables. Aquí las drogas son un gran negocio.

Este pequeño estado montañoso excomunista de la costa adriática es es el mayor productor de cannabis cultivado al aire libre de toda Europa. En 2017, la policía albanesa se incautó de 68 toneladas de marihuana, por un valor de unos 600 millones de euros. Pero no es el tráfico de cocaína lo que da Albania la categoría de narcoestado. A lo largo de la última década, como ya indicamos en otro artículo, las bandas y grupos callejeros organizados del país, como los Hellbanianz, han pasado a ser actores importantes en el lucrativo negocio del tráfico de cocaína de toda Europa. Las bandas albanesas se han forjado una reputación vendiendo cocaína de alta pureza a precios muy competitivos, y desde 2012 han contribuido al aumento de la disponibilidad de la misma.

"Albania es única en Europa porque sus capos de la droga no son delincuentes renegados, sino individuos con fuertes conexiones con quienes gobiernan el país y a menudo compinchados con aquellos a cargo de perseguir y condenar a los delincuentes"

Los contrabandistas albaneses han establecido líneas de suministro directas a través de Sudamérica, y los principales puertos en los que se descarga la droga son los de Bélgica y Holanda. En febrero del año pasado, la policía requisó 613 kilos de cocaína oculta en un cargamento de bananas procedente de Colombia tras haber llegado al puerto albanés oriental de Durres. Se ha producido también un aumento de muertes de presuntos criminales de origen albanés en Sudamérica. En 2017, Remzi Azemi, un hombre de origen albanokosovar y presunto traficante de cocaína, fue asesinado por una banda cuando viajaba con su familia en un vehículo blindado por Guayaquil, Ecuador. El año anterior, el albanés Ilir Hidri, también sospechoso de narcotráfico, fue asesinado en la misma ciudad.

Albania es única en Europa porque sus capos de la droga no son delincuentes renegados, sino individuos con fuertes conexiones con quienes gobiernan el país y a menudo compinchados con aquellos a cargo de perseguir y condenar a los delincuentes.

El dinero que genera la droga constituye una parte esencial del sistema democrático albanés, porque la mejor forma de asegurarse los votos de la ciudadanía es pagarle en efectivo, y la mejor forma de generar efectivo es el tráfico de droga. Un estudio financiado por la UE y que se llevó a cabo entre 2016 y 2019 reveló que nada menos que el 20,7 por ciento de los albaneses habían recibido dinero o favores a cambio de sus votos. En enero, se reveló que las bandas de traficantes de cocaína habían amañado las elecciones comprando los votos de los ciudadanos. El director del Instituto de Estudios Políticos de Albania, Afrim Krasniqi, aseguró que el papel que desempeñaron estas bandas en la campaña electoral de 2017 fue mayor que el de los propios partidos políticos. “Hoy existe la creencia generalizada de que nadie puede ganar las elecciones sin el apoyo de estos grupos”, añadió.

Protestors run from tear gas in Tirana, Albania during February protests calling for the resignation of the prime minister over corruption allegations.
Manifestantes huyen del gas lacrimógeno en Tirana durante las protestas de febrero para pedir la dimisión del primer ministro por acusaciones de corrupción. Foto: GENT SHKULLAKU/AFP/Getty Images

Las personas que detentan el poder están tan implicadas en el tráfico de drogas que los servicios de inteligencia británica han desplegado unidades en Tirana para hacer un seguimiento de los narcotraficantes. Un miembro del equipo de enlace británico informó a VICE de que tenían pruebas claras de que la policía albanesa había filtrado información compartida por varios servicios de inteligencia a los traficantes albaneses. A esta labor de seguimiento se han unido equipos de Estados Unidos, Países Bajos e Italia, tras saberse que la información que facilitaban a las autoridades albanesas acababa en las manos equivocadas.

Los dos últimos ministros de Interior del primer ministro de Albania, Edi Rama, han estado involucrados en escándalos relacionados con la droga. El primero de ellos, Saimir Tahiri, será enjuiciado este mismo año por tráfico de drogas y corrupción. Su nombre se mencionó en una escucha telefónica obtenida por la policía antimafia italiana en relación con sobornos, tráfico de cannabis y contrabando de rifles Kalashnikov. Por su parte, Tahiri niega todas las acusaciones. Fue sustituido por Fatmir Xhafaj, cuyo breve mandato como ministro de Interior terminó el año pasado después de que su hermanastro Agron ingresara en prisión para cumplir una condena de siete años por narcotráfico en Italia. Si bien no hay pruebas de la participación directa de Xhafaj en los delitos cometidos por su hermano, Rama probablemente se vio forzado a cesarlo por presiones internacionales y políticas.

En 2017, Ermal Hoxha fue condenado a 10 años de prisión por participar en una operación para llevar 120 kilos de cocaína de Latinoamérica a Europa occidental. Pese a ello, Ermal no ha escalado posiciones en la jerarquía criminal de los tugurios de Albania; es el nieto del famoso comunista de Albania Enver Hoxha, que gobernó el país durante 41 años hasta su muerte, en 1985.

Ningún hombre ilustra mejor la cercanía entre la elite albanesa y los grandes capos de la droga, ni la historia de cómo el país se está erigiendo en el primer narcoestado de Europa como Klement Balili, propietario de un hotel de lujo, exfuncionario y magnate de la droga, en cuya orden de detención describían como el “Pablo Escobar de los Balcanes”. En un dosier de 10 000 páginas recopilado por el Gobierno de Grecia y al que VICE ha tenido acceso, se ofrecen detalles de su imperio transnacional de narcóticos valorado en algo menos de 1000 millones de euros y basado principalmente en el tráfico de cannabis y cocaína hacia Italia, Grecia, Alemania y Reino Unido.

"Según un informe de 2016 elaborado por la Open Society Foundation, la combinación del alto índice de desempleo y la precariedad salarial han propiciado el crecimiento de las bandas albanesas desde entonces"

Balili fortaleció su imperio en el contexto de ilegalidad que siguió al colapso económico de Albania en la década de 1990, provocado por el hundimiento de los enormes sistemas piramidales respaldados por el Gobierno. De la noche a la mañana, desaparecieron de un plumazo entre 1000 y 2000 millones de euros y familias corrientes perdieron todos sus ahorros. Según un informe de 2016 elaborado por la Open Society Foundation, la combinación del alto índice de desempleo y la precariedad salarial han propiciado el crecimiento de las bandas albanesas desde entonces.
Oficialmente, Balili se dedica a los negocios del transporte, el ocio, la pesca y la seguridad. En 2014, fue nombrado director regional de Transporte en la localidad costera de Saranda, un conocido núcleo de narcotráfico. Durante los últimos diez años, Balili ha construido una serie de hoteles de lujo en la deslumbrante costa adriática.

En 2015, el actual presidente de Albania, Ilir Meta, cortó la cinta en la inauguración del hotel de cinco estrellas Santa Quaranta, propiedad de Balili. Con Meta y Balili, en la fiesta inaugural estaba el entonces ministro de Economía, Arben Ahmetaj, y el diputado del Partido Socialista Koco Kokëdhima.

El propio Balili no tiene reparos en manifestar públicamente su cercanía con uno de los principales partidos políticos de Albania, el Movimiento Socialista para la Integración o LSI. En una entrevista a principios de este año, Balili explicaba que el nombramiento del director de Transporte de Saranda formaba parte de un intercambio por las donaciones económicas que él y su familia había hecho al partido. El sobrino de Basili es alcalde de la ciudad de Delvina por el LSI y Balili siempre ha mostrado sin tapujos su interés en las campañas de su sobrino.

La policía de Grecia ha estado siguiendo de cerca la actividad de Balili durante los últimos diez años. Sin embargo, cada vez que parecía que la investigación prosperaba, se topaban con algún impedimento por parte de las autoridades albanesas. En mayo de 2016, la policía griega detuvo a 12 miembros de una banda que trabajaba para Basili y se incautaron de casi 700 kilos de marihuana tras una operación de vigilancia de dos años en colaboración con la DEA. Las autoridades griegas emitieron una orden de arresto de Balili, pero la policía albanesa se negó a acusar recibo de la misma. Para cuando lo hicieron, Balili se había “esfumado”, según la policía albanesa.


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Tres meses después de emitirse la orden de arresto, Balili fue visto y fotografiado de fiesta con un policía de alto rango en el yate del magnate de la droga en la costa albanesa. No se trataba de una ocasión puntual: en aquella época, la cara sonriente de Balili aparecía con regularidad de fondo en vídeos y fotos hechos con teléfono móvil durante actos sociales celebrados por la elite social albanesa.

Según las autoridades estadounidenses y griegas, la proximidad de Balili al poder político de Albania ha sido un elemento clave para explicar su éxito como contrabandista de estupefacientes.

En un fulminante discurso inaugural en 2016, el embajador de Albania en Estados Unidos, Donald Lu, dijo: “Políticos de izquierdas y derechas han atendido a los poderosos intereses de empresarios corruptos, delincuentes e incluso narcotraficantes. ¿De qué otro modo, si no, podemos explicar que el intocable narcotraficante Klement Basili siga libre?”. En un discurso pronunciado en 2018, Lu declaró que el mayor fracaso del Gobierno albanés durante cuatro años de mandato había sido su incapacidad de atrapar a Basili, de quien dijo que era “un poderoso líder del crimen organizado con contactos políticos”.

En enero, la policía de Albania finalmente arrestó a Balili. Algunos ven la detención y el juicio más como un ejercicio de relaciones públicas que como un castigo. El Gobierno de Albania utilizó el arresto para impresionar a los observadores internacionales. Sin embargo, lo cierto era que Balili impuso sus condiciones con total libertad. Fue la defensa de Balili la que informó al Ministerio del Interior y la Fiscalía de Delitos Graves de la hora de llegada del narcotraficante. Balili se había entregado por propia voluntad al director general de la policía. Debido a un cambio constitucional que entró en vigor el año pasado, no lo extraditaron a Grecia y fue enjuiciado en Albania.

"La zona central de Tirana, Blokku, que hasta la caída del régimen en 1992 estaba reservada exclusivamente a autoridades del Partido Comunista, es hoy el patio de juegos de la elite albanesa. Si vives en el Blokku, tus vecinos son políticos, jueces o tipos que venden cocaína"

En febrero, el Tribunal de Delitos Graves aceptó la petición de Balili para que se celebrara un “juicio abreviado” que no solo garantizaría que su sentencia se redujera un tercio, sino que propiciaría una serie de procedimientos rápidos para evitar que el capo de la droga se fuera de la lengua sobre todo lo que sabe de la elite política de Albania. El 7 de mayo, Balili fue condenado a 10 años por tráfico de droga, pertenencia a un grupo criminal y blanqueo de dinero. Su abogado ya anunció que recurriría la sentencia. Ya se han dado casos de condenas por corrupción de influyentes personalidades albanesas que desaparecían misteriosamente tras las apelaciones. Aún cabe la posibilidad de que absuelvan a Basili o le reduzcan la condena.

Varios contratistas que habían trabajado en proyectos urbanísticos de Basili, incluido el de Santa Quaranta, expresaron el aprecio que sentían por él. “No sé lo que hizo Klemend ni si lo que dicen es verdad… pero Klemend trajo dinero a nuestra comunidad”, señaló una persona que ha preferido mantenerse en el anonimato. “Tenía muchos proyectos urbanísticos y trabajó en ellos muchos años. Todo el mundo cobraba y en la comunidad lo respetaban. Era un empresario, no el Padrino”.

Otro empresario de la construcción con el que hablamos, en cambio, no se mostró tan amable: “Pagaba cuando le daba la gana, y si no quería, no podías hacer nada para obligarlo”, nos explicó. “Es dueño de la policía, los tribunales, los agentes tributarios… Si no me hubiera pagado y yo hubiera sacado el tema, no sé qué habría pasado. Él conoce a todo el mundo y lo controla todo. Podría habernos pisoteado como a una colilla”.

A primera vista, Tirana es una ciudad en pleno auge, con una animada cultura de cafeterías y una elegante vida nocturna. Se han dedicado grandes sumas de dinero a embellecer las inmediaciones de dos hoteles internacionales en los que se reúnen diplomáticos, empresarios extranjeros y políticos para comer club sándwiches, cotillear Tinder y hablar de negocios. Pese a constituir la inmensa mayoría de la población, los pobres viven en el interior del país, donde las viviendas no tienen electricidad, agua ni ventanas.

La zona central de Tirana, Blokku, que hasta la caída del régimen en 1992 estaba reservada exclusivamente a autoridades del Partido Comunista, es hoy el patio de juegos de la elite albanesa. Si vives en el Blokku, tus vecinos son políticos, jueces o tipos que venden cocaína. Mercedes-Benz rondan como tiburones tigre los bares iluminados con carteles de neón en los que los diputados del Gobierno beben Krug mientras miran PornHub en sus iPhones y escuchan a Dua Lipa y Notorious B.I.G. Aunque el índice de asesinatos está muy lejos del del sur o el centro de América, en cualquier momento alguien podría sacar una pistola en alguna fiesta de cumpleaños y disparar unos tiros al aire simplemente porque puede.

A masked Albanian police officer searches a clandestine cocaine refining laboratory in 2015.
Un policía albanés registra un laboratorio de refinado de cocaína en el pueblo de Xibrake, cerca de Elbasan, el 15 de enero de 2015. Foto: AFP/Getty Images

Pero el éxito de las bandas de contrabando de droga ha tenido un coste para la población de Albania, a la que no le ha quedado otro remedio que hundirse en el cenagal o nadar para mantenerse a flote. En una encuesta de 2018, el cuarto puesto en intención de emigrar de su país lo ocupan los albaneses, por debajo de los habitantes de Haití, Liberia y Sierra Leona. El primer contacto de los jóvenes con la corrupción se produce en el instituto, en forma de sobornos a los profesores a cambio de buenas notas. Luego, en la universidad, donde el acceso depende de prebendas o de que tengas amigos en altos cargos receptivos a tu interés por su partido político.

Rudina Hajdari, líder del partido de la oposición y presidente del Comité de Integración Europeo, nos explicó que “los jóvenes albaneses se sienten indignados y engañados por el Gobierno. Tenemos problemas de dimensiones colosales con la corrupción. Cuando entró en juego la droga, empezó a moverse tanto dinero que supuso un varapalo para la divisa nacional. El dinero dicta las decisiones de nuestro país, y como ese dinero procede de los cárteles de la droga, cualquiera que intente luchar contra la corrupción va a encontrarse grandes trabas”.

Los albaneses están esperando a que la UE comience las negociaciones de adhesión, y en breve tal vez se les deniegue el acceso sin visado a los otros países miembros. Francia y Países Bajos ven en las bandas de narcotraficantes albaneses una grave amenaza, por lo que están poniendo medios para impedir que los albaneses puedan viajar libremente por Europa sin visado. El argumento de Países Bajos es que “se ha producido un incremento significativo de las actividades delictivas de la mafia albanesa en los Países Bajos, y estas organizaciones están abusando de la posibilidad de viajar por Europa sin visado, ampliando así su red de contrabando”.

El primer ministro Rama, exjugador de baloncesto que asumió el cargo en 2013 con la promesa de combatir la corrupción con mano dura, se granjeó las alabanzas de la comunidad internacional tras lograr desmantelar una importante plantación de cannabis, Lazarat. Sin embargo, no ha podido evitar desvincularse de las alegaciones de fraude y corrupción, lo que ha dado lugar a violentas protestas antigubernamentales en Tirana, en las que incluso se lanzaron cócteles molotov a la oficina de Rama. Sus detractores piden su dimisión para facilitar la entrada de Albania en la UE. El líder del opositor Partido Democrático, Lulzim Basha, declaró: “Estamos aquí con una misión: liberar Albania del crimen y la corrupción para permitir que nuestro país sea como el resto de Europa”.

Ahí radica la tensión para Europa: el concepto de narcoestado siempre se ha percibido como algo muy lejano para los europeos, que pueden tender a pensar que estos países en los que producen la droga que ellos consumen no son problema suyo. Sin embargo, el protagonismo de Albania en el mercado de la droga ha acercado el problema hasta nuestras mismas fronteras coincidiendo con un momento en que Albania ansía poder formar parte del motor económico de la UE.

Alfredo Affazi contribuyó con información adicional desde Londres y Tiana. Sigue a Monty y a Alfredo en Twitter: @MontyReed9 y @affazi.