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Sexo

No puedo más con los tíos que se creen actores porno

No hace falta dejar moratones y ahogar a tu pareja cuando follas.

por Alison Stevenson; traducido por Núria Cabrera
10 Enero 2018, 5:00am

Photo by Alexey Dulin/EyeEm

Este artículo se publicó originalmente en VICE EUA.

Así de claro te lo digo: no quiero que te corras en mi cara, ni en mis tetas, ni en ninguna otra parte de mi cuerpo. En el sexo no me gusta ser sumisa ni que me digan guarradas, me hace sentir incómoda. Además, detesto que algunos tíos sientan placer al saber que me han lesionado el cuello uterino con la polla. Estoy harta de sentirme presionada a sucumbir a esa dinámica sexual y, sobre todo, de que cuando hablo del tema se me ponga la etiqueta de que soy “aburrida” en la cama.


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Si he aprendido algo en los años que hace que soy sexualmente activa, es que el sexo duro en el que domina el hombre —el que puede verse en la mayoría de películas porno— ha afectado a la cultura de los polvos ocasionales. Hay estudios que demuestran que el consumo de porno está relacionado con un comportamiento sexual agresivo en situaciones reales, y mis experiencias parecen confirmarlo.

Algunas de mis parejas se ofuscaban demasiado en saber cómo me sentía, mientras que otras ni siquiera se paraban a pensar en que las relaciones sexuales no se basan simplemente en lo que ves en el porno

Durante los veinte años, estuve con muchos chicos que pensaban que no pasaba nada por ahogarme, darme azotes, tirarme del pelo o golpearme con su miembro, sin tener en cuenta si me había gustado que se corriera dejando que su miembro eligiera dónde y cómo iba a expulsar el semen. Quizás esto último suceda porque los hombres cada vez están teniendo más problemas para conseguir erecciones, pero eso no es excusa.

Todo esto me lo han hecho parejas que no mostraban ningún tipo de interés porque yo estuviera de acuerdo con sus deseos sexuales antes de hacer nada. Nunca me preguntaron si estaba cómoda o si estaba disfrutando con ese tipo de sexo. Algunas de mis parejas se ofuscaban demasiado en saber cómo me sentía, mientras que otras ni siquiera se paraban a pensar en que las relaciones sexuales no se basan simplemente en lo que ves en el porno. Estos últimos directamente asumían que su comportamiento era lo que les gusta a las mujeres.

Ahora me viene a la cabeza el tipo que me puso las manos en el cuello, apretando, y no me dejaba respirar. Y todo eso solo porque le ponía. ¿En qué planeta puede ser algo así aceptable?

Durante varios años, me sentí obligada a adaptarme a esos deseos, fuesen o no sexuales. Me era muy complicado recibir compromiso y afecto por parte de los hombres que había en mi vida, así que dejé de expresar mis sentimientos por miedo a perder las relaciones que tenía. Estaba convencida de que si decía lo que sentía, me abandonarían por otra mujer que no fuese tan quisquillosa. Lo peor era que aquellos miedos a veces eran reales.

Los hombres ignoraban mis quejas y me dejaban ahí plantada, aferrándose a la idea de que una mujer franca es una mujer solitaria. Por supuesto, acabé aprendiendo a pasar de todo y a no darle tanta importancia a esas cosas. Ahora sé que los hombres de verdad y maduros no se comportan así, pero hasta darme cuenta de eso tuve que pasar años besando a muchos sapos (que acababan dirigiéndome la cabeza a la fuerza hacia sus pollas).


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Hay demasiados hombres heterosexuales que solo piensan en ellos mismos. Ya es hora de acabar con este rollo y dejar clara una cosa: una relación sexual que se lleva a cabo sin el consentimiento de tu pareja es una agresión sexual.

Ahora me viene a la cabeza el tipo que me puso las manos en el cuello, apretando, y no me dejaba respirar. Y todo eso solo porque le ponía. ¿En qué planeta puede ser algo así de aceptable? Le costó mucho aceptar mi súplica y dejar de hacerlo. Aun así, quedé tres veces más con él.

Otro ocasión en la que me encontré en una situación similar fue a los 22 años, cuando el hombre —bastante más mayor que yo— del que pensaba que estaba enamorada me obligó a darme la vuelta y me azotó, ignorándome cuando le dije que esa posición me dolía mucho. Eso lo único que hizo fue ponerle más cachondo. Al parecer, con mi silencio inmediato le estaba queriendo decir que le daba permiso para que acabara. No me dejó más opción.


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Recuerdo los millones de veces que he vivido experiencias similares, experiencias que me han dejado moretones indeseados o partes de mi cuerpo doloridas. Aunque no sufrí ninguna agresión física grave, por culpa de esos hechos muchas veces he tenido ansiedad y miedo. E incluso cuando el acto sexual no era tan agresivo, me sentía menospreciada cuando los hombres hacían cosas que ahora se consideran normales, como eyacularme encima, azotarme o humillarme verbalmente.

Mis veinte fueron unos años llenos de confusión y decepción, y casi todas las veces en las que practiqué sexo, recuerdo que pensaba, ¿No debería ser esto algo divertido? ¿No se supone que debería acabar sonriendo y eufórica? ¡Joder! ¿No deberíamos estar abrazándonos al acabar?

Dicho esto, quiero remarcar que, obviamente, no hay nada malo con el sexo duro ni la sumisión, y no pretendo cuestionar a quienes les gusta. ¡La sumisión puede ser maravillosa! Conozco a infinidad de mujeres a quienes les encanta, pero ninguna debería ser sumisa en contra de su voluntad. Los hombres tampoco deberían asumir el rol de dominantes que les viene asignado por “defecto”. Luego, las mujeres deberían dejar de sentir que no son tan buenas en el sexo cuando no se muestran sumisas. El hecho de que nuestra cultura moderna califique como sexo emocionante cuando una chica se ahoga con la polla de su pareja es realmente preocupante.


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Si eso fuera cierto, sí, soy una aburrida de la hostia. Pero lo que tengo muy claro es que me gusta el sexo sin violencia y en el que se respetan los límites físicos. Eso no quiere decir, al menos desde mi humilde punto de vista, que sea mala follando. De hecho, cuantas más relaciones sexuales he ido teniendo en las que no ha sido el hombre el que ha dominado, más me he soltado y más he podido jugar con el pene a mis anchas. Si, después de leer esto, pensáis que no me gusta el sexo, estáis muy equivocados. Probablemente seáis algunos de los tipos que arruinaron mi época de veinteañera. La verdad es que soy una de las personas que conozco a las que más le gusta el sexo, y me encanta follar, pero cuando se hace bien, claro.

Lo más importante es que no debéis tener miedo a decir “no” cuando no os apetezca algo, aunque podáis echar por tierra las fantasías de vuestra pareja

Ahora tengo algunos años más, y todo esto me pasa con mucha menos frecuencia que antes. Los hombres que he ido conociendo desde entonces son mejores en este tema. De alguna manera he comprendido que no preocuparse en absoluto de si les “decepcionas” en la cama es algo positivo (si bien a veces pueda ser muy complicado de conseguir). A las mujeres que no lo hayáis conseguido os digo que os toméis vuestro tiempo, pero que lo más importante es que no debéis tener miedo a decir “no” cuando no os apetezca algo, aunque podáis echar por tierra las fantasías de vuestra pareja. Al fin y al cabo, lo principal no es que lleguéis al orgasmo, sino que os respetéis.

A los hombres que os estéis dando por aludidos, os aconsejo que seáis más considerados con vuestra forma de follar. No nos culpéis ni nos hagáis sentir ineptas porque no queramos ahogarnos con vuestra polla. Y no os pongáis a la defensiva tampoco, ¡tened empatía, sed realistas y más inteligentes!