Fui con mi hijo de 11 años a ver a Green Day

Fui con mi hijo de 11 años a ver a Green Day

Una mamá nos cuenta su experiencia de regresar a los festivales, pero ahora acompañando a su hijo fan de Green Day. Se vale llorar.
22.11.17

Cuando yo iba festivales de música no existía el Corona Capital. Existían los conciertos en los estacionamientos del Estadio Olímpico en Ciudad Universitaria, a los que entrabas si llevabas 1kg de arroz; podías meter lo que fuera en tu mochila, y todavía se descalabraban personas con botellas de vidrio. Apenas empezaba el Vive Latino. Me tocó ir al primero y aunque me gustaban casi todos los que tocaban, fui a ver a Illya Kuryaki. Si bien ver a Illya en vivo fue inolvidable, el festival fue un desastre en muchos sentidos: los baños eran un asco y obvio no se daban abasto, no había sombra alguna para refugiarse del sol y se acabó el agua y la comida desde las 4 o 5 de la tarde; sólo había cerveza y a mí ni me la vendían porque era menor de edad. Para cuando tocó Illya, mi amiga Carla y yo teníamos la boca seca pero cantamos a grito pelado cada una de sus canciones. Después fui a otro par de Vives pero nunca como el primero.

Publicidad

La última vez que fui a uno, supe que la próxima vez que regresaría a un festival sería a recoger a mi hijo o hija. Nunca pensé que fuera a ser tan rápido, si es que 12 años es rápido. Tampoco pensé que cuando mi hijo empezó a tocar la guitarra acústica hace un par de años, terminaría pidiendo una guitarra eléctrica; y que de un día para otro empezaría a escucharlo tocar en las tardes canciones de Nirvana, Led Zepellin, Green Day, entre otros. Pero así fue y me encanta. Es increíble cómo ha dejado a un lado los aparatos electrónicos por tocar la guitarra durante horas en las tardes. No me sorprendió cuando salió el cartel del Corona Capital 2017 y me lo mandó por mensaje con muchos porfavores y emoticones: "Viene Green Day", me dijo.

Al principio descarté la posibilidad de llevarlo. La idea de pasar horas parada, con frío, polvo, rodeada de miles de personas una más traumada que la otra, y además tener que ir al baño en Sanirents, es para mí la imagen del fin del mundo. Pero me acordé de mi primer concierto más o menos a su edad, cuando me llevaron a ver a Madonna en el 93… y no pude decirle que no.

Me armé de valor y me lancé con él a esa aventura que terminó siendo igual de emocionante para él que para mí. Nunca se me va a olvidar su cara cuando le enseñé los boletos. Desde ese día al del concierto, fue su único tema de conversación. “Estoy seguro que van a empezar poniendo 'Bohemian Rapshody' antes de salir al escenario, luego va a salir una botarga de conejo y después van a entrar ellos. Tal vez abran con 'Know your enemy'”, me decía emocionado desde semanas antes. Y así fue.

Llegamos como a las 5 de la tarde y nos tocó ver un poco de varios sets. La mayoría los sentí bastante desangelados salvo Dua_Lipa, a quien no conocía y fue un gusto escucharla y verla. Pero de ahí en fuera The Drums, The Shins, Grizzly Bear… una hueva absoluta, mucha pretensión y cero conexión con su público. A lo más que llegaban era a decir “Hola México”. Así que no esperaba mucho de Green Day, más que mucha gente alrededor, empujones y poco espacio para ver. Pero él tenía gran expectativa y nos fuimos al escenario principal desde antes de las 9 para esperar. No sin antes pasar por un café de olla y un taco de bistec porque como bien dice mi abuela, "no es lo mismo los tres mosqueteros que 20 años después", y yo a esa hora ya necesitaba proteína y algo que me mantuviera medio despierta.

Por recomendación de una amiga nos fuimos hacia uno de los costados más o menos adelante y a las 9:55 todo empezó a suceder como Tadeo me había dicho que iba a ser. A esa hora apagaron luces y empezó a sonar “Bohemian Rapshody”, todo el público que además era variadísimo en edades, tamaños, ropas y peinados, empezamos a cantar, incluyendo a mi hijo que al ver que todo estaba empezando como él esperaba desde hace semanas, se le llenaron los ojos de lágrimas. Ya desde ahí, sin haber siquiera salido al escenario, nos tenían a todos comiendo alpiste de sus punketas manos. Para cuando entraron al escenario con “Blitzkrieg bop“ los ánimos estaban al tope. Después, como Tadeo me había dicho, abrieron con “Know your enemy” y lo demás es historia: literalmente fuego y juegos artificiales salían del escenario mientras soltaban hit tras hit, haciendo largas pausas para juguetear con el público.

Jamás esperé ver a un frontman como ese, totalmente agradecido, conectado con su público y con lo que quería de él: amor-pasión-locura. Nunca había visto a Tadeo así de emocionado y conmovido: saltaba, gritaba, cantaba, pero nunca me soltó de la mano. Yo con una mano lo agarraba y con la otra iba empujando a quienes se nos acercaban demasiado. Era tanta la euforía general que sentía que en cualquier momento se nos dejaba ir la marabunta de gente encima. Pero no fue así. El discurso de Billie Joe era claro: volvámonos locos, pero que sea una noche de amor y de música. Y eso fue exactamente. Cuando pidió gritos y locura, recibió de apróximadamente 50 mil personas al unisóno un enorme, fuerte y largo "¡oe oe oe oe Green Day, Green Day!". Y ahí me dejé ir. Todos nos dejamos ir.

Al primer fan que subió al escenario le cedió el micrófono sin ninguna preocupación para que él se encargara de cantar una buena parte de “Boulevard of broken dreams”. Tadeo abría los ojos como platos y se ponía las manos en la cara seguramente pensando "Y sí fuera yo ¿qué haría?". Después subió a otro fan de la vieja escuela que cantó “Longview“ y a la tercera fan que subió le dio una de sus guitarras para que tocará unos acordes con él y luego se la regaló. Tadeo estaba tan emocionado como si hubiera sido él quien había recibido la guitarra. No puedo imaginar un regalo más hermoso para un fan que tu artista te invite a subir a su escenario y te haga sentir en casa. Porque los tres que subieron a pesar del enorme público que tenían enfrente y de los nervios que seguramente sintieron, se desenvolvieron como si estuvieran cantando en el baño de su casa.

No sé si era la emoción de ver a Tadeo tan contento (o mis 37 años), pero todo me conmovió mucho: la gente cantando, el discurso social de Billie Joe, los fans que subieron, las canciones que ni en mi adolescencia me habían conmovido. Ya cuando tocaron su cover de "Hey Jude" yo no paraba de llorar. Me ganaron. Yo sin ser nunca fan de Green Day los vi a través de los ojos de un casi adolescente de 11 años y me volví fan y agradecí a los dioses de la música haberme permitido comparitr con Tadeo ese momento. Porque sentir a tantas personas conectadas por el mismo hilo, hace que el mundo sea un lugar más amable para vivir. Y que Tadeo a sus 11 años haya podido vivir eso, me permite dormir mejor en las noches. Si algún día entre sus planes está aspirar a convertirse en un músico de escenario, qué mejor ejemplo que el que vivió la noche del domingo pasado. El de unos músicos comprometidos que aman y disfrutan lo que hacen, pero sobre todo agradecen a su público.

El cierre fue perfecto. Fueron bajando los ánimos (que no la emoción), hasta terminar cantando “Good Riddance”. Tadeo cantaba, me volteaba a ver y no dejaba de darme las gracias con los ojos llenos de lágrimas de felicidad. Obvio yo seguía llorando.

Estaré siempre agradecida con Green Day por haberme recordado lo que es tener la edad de Tadeo y escuchar en vivo canciones que escuchas una y otra vez en tu cuarto mientras afuera todo pasa, pero sobre todo porque ese día vi cómo mi bebé había crecido y lo vi formando parte de esa bola de gente que crecemos y vivimos tomados de la mano de la música. Espero que sea el primero de muchos festivales y conciertos para él.

I hope you had the time of your life, mi pequeño saltamontes.

Sigue a Noisey en Facebook.