Cómo consumir LSD: veteranos consumidores nos aconsejan cómo consumirla

Lo que puedes y lo que no puedes hacer según Peter (74), Holger (64) y Adam (54).
7.2.18
Cómo consumir LSD

Consumir LSD puede ser o bien una experiencia maravillosa y esclarecedora o algo traumatizante. El efecto que la LSD tiene en los consumidores depende, normalmente, de su entorno, de su estado mental y del estado emocional en el que se encuentren cuando la consumen. Pero, ¿cómo se consume LSD?


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Dado que los efectos pueden variar en gran medida de una persona a otra, me pregunté cuáles eran los síntomas invariables. También tenía la duda de si había efectos que solo podías conocer cuando la consumías en ocasiones en que tenías estados emocionales distintos y durante años.

Para descubrirlo, contacté con tres consumidores de LSD daneses para poder escudriñar sus décadas de experiencia y así comprender cómo puede cambiar tu percepción del mundo el hecho de tomar esta sustancia en diferentes épocas de tu vida.

Peter Ingemann, 74 años

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Foto cortesía de Peter

VICE: Hola, Peter. ¿Cómo fue tu primer colocón?
Peter: Probablemente no muy distinto al que tuvo mucha gente en su primera experiencia con la LSD. Fue como ponerme unas gafas nuevas. Los objetos físicos cambian de tamaño y forma, y empiezas a pensar distinto sobre las cosas. Es complicado explicárselo a alguien que no lo ha probado.

¿Cómo afectó a tu vida la LSD?
Yo siempre le digo a la gente que la LSD te permite experimentar un estado temporal de alteración psíquica. Es comparable con el funcionamiento del olfato de un perro. Como muchos otros animales, los perros tienen un sentido del olfato muy desarrollado, lo que no pasa en los humanos.


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Si el sentido del olfato de un perro es del tamaño de un campo de fútbol, el olfato humano es del tamaño de un sello. Teniendo esto en mente, es imposible llegar a imaginar cómo los caninos ven el mundo a través de su olor. Con la LSD sucede algo parecido, pues te permite vislumbrar un mundo mucho más amplio que el nuestro.

Creo que la LSD te da una lección de humildad y te abre la mente sobre el hecho de que la realidad no es siempre como creemos que es. Además, es importante tener en mente que la vida es dura y que tus problemas no se arreglarán tomando LSD.

¿Qué le dirías a una persona joven que se esté planteando probar drogas psicodélicas?
Mi consejo es muy sencillo: no recurras a las drogas como vía de escape. Si estás planteándote probarlas, hazlo solo para mejorar experiencias que ya son divertidas. De hecho, creo que cualquier estimulante —alcohol, drogas, tabaco, sexo— puede hacer la vida más amena, pero solo deberías darte ese gusto si puedes pasar sin ello. Si te encuentras en la situación de que no puedes pasártelo bien sin tomar drogas, tienes que buscar ayuda.

Holger Christensen, 64 años

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Foto de Amanda Hjernø

Holger experimentó su primer subidón a los 17 años en el festival de Thylejren, conocido popularmente como el “Woodstock danés”.

VICE: La primera vez que consumiste LSD, ¿estabas en un festival?
Holger: Sí, tenía 17 años y algunos amigos y yo estábamos en Thylejren, que por aquel entonces era una comuna hippie en la península de Jutlandia. Sabíamos que teníamos que tener cuidado, pero nos pareció el momento perfecto, así que lo probamos varias veces.

¿Recuerdas viajes específicos que hayas tenido a lo largo de tu vida?
Claro, hay dos que siempre recordaré. Una vez, iba andando por el campo y mirando hacia arriba, a los árboles. Entonces sentí algo distinto en el susurro del viento al rozar las hojas, me resultó muy familiar. En seguida me di cuenta de que me recordaba a cuando de bebé iba en el carrito y miraba al cielo. Eso me hizo reflexionar.


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El otro viaje que nunca olvidaré fue cuando parecía que el tiempo había dejado de existir. Todo lo que quedó fue como un movimiento en el espacio, es difícil de describir. Esa experiencia despertó mi interés por la medicina, la astronomía y la cosmología, lo que he estado estudiando desde entonces.

¿Dirías que las drogas psicodélicas han tenido un papel importante en tu vida?
Sí. De más joven estuve viviendo con un amigo en un apartamento diminuto en Christianshavn, Copenhague, y nos habíamos convencido de que estábamos llevando a cabo estudios científicos sobre los efectos de la LSD. Queríamos que nuestros pequeños experimentos nos ayudaran a comprendernos a nosotros mismos y a estar mejor preparados para enfrentarnos a lo que la vida nos pusiese en el camino.

Esa experiencia me convirtió en una persona más despreocupada y espontánea. Antes de consumir LSD me consideraba inteligente y seguro de mí mismo, dispuesto a comerme el mundo. Pero tomar este tipo de droga te hace darte cuenta de que estás mucho más limitado cuando tu mente está consciente. Las personas, por lo general, somos bastante miopes en la forma en que vemos el mundo en nuestro día a día, pues nuestros egos se interponen en el camino e impiden que veamos la realidad. Con la LSD, todos esos filtros desaparecen.


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Si pudieras decirle algo a tu yo de 17 años sobre la LSD, ¿qué sería?
Que con 17 años eres demasiado joven. Tienes que estar seguro de ti mismo antes de empezar a consumir, y solo deberías hacerlo cuando estés rodeado de gente con la que tienes confianza en un lugar donde te sientas cómodo, pues la situación cambiará drásticamente cuando empieces a consumir.

Mucha gente piensa que tomar LSD solo te provoca relajación y alucinaciones, cuando es totalmente lo contrario. Puede cambiarte a un nivel increíble, obligándote a percibir la realidad de una forma completamente distinta.


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Adam, 54 años

Adam, quien pidió permanecer en el anonimato, es un antiguo miembro del movimiento Youth House —polémica comuna de jóvenes que se consideraban parte de la primera ola de punks daneses— en Copenhague. Ha estado consumiendo LSD de forma intermitente desde los años 80.

VICE: ¿Qué rol ha tenido la LSD en tu vida?
Adam: Esta droga siempre ha sido como añadir la pieza que faltaba al enorme puzle que había en mi mente. De niño, no podía estar sentado y tranquilo mucho tiempo ni concentrarme en nada durante más de 20 segundos, y no sabía realmente cómo sociabilizar con otras personas. Me echaban de todos los colegios a los que iba. Los médicos decían que era hiperactivo.

Estamos hablando de una época en que nadie sabía realmente lo que era el trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Cuando inicié mi aventura con la LSD, de repente sentí como que todo encajaba. Aprendí a concentrarme más y a comunicarme con los demás.


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¿Cómo fue tu primera vez?
Mi primera vez se remonta a los años 80. Algunos de mis amigos vivían en una granja antigua a las afueras de la ciudad con un grupo de gente que no conocía. Un día, un excompañero de colegio me invitó a salir con ellos, y ahí fue cuando me introduje a la LSD. La experiencia no fue buena al principio porque en lo único en lo que pensaba era en todas las historias horribles que me habían contado, en que la gente saltaba desde algún techo porque creía que podía volar. No dejaba de pensar en eso, así que me costó dejarme llevar, pero lo acabé logrando.

Personalmente, no creo que la LSD tenga un impacto negativo en tu salud mental, pero sí que puede hacer que problemas personales reprimidos se manifiesten, puesto que esta substancia abre las puertas a tus emociones, y luego no podrás cerrar dichas puertas por mucho que quieras. La gente siempre te advierte sobre los peores viajes pero, en mi opinión, esos subidones también pueden enseñarte algo sobre ti mismo.


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¿Qué consejo le darías a alguien que está planteándose probar la LSD?
Nunca deberías consumir LSD de forma regular. En algunas épocas de mi vida solía hacerlo, pero luego me pasaba largos períodos sin probar nada. Cuando la pruebes por primera vez, asegúrate de que estás en el exterior, rodeado de naturaleza. Tengo muchos amigos que se han quedado muy jodidos por culpa de esta droga, así que si sufres alguna enfermedad mental, no lo hagas.

Si de todas formas decides hacerlo, atente a las consecuencias, que no son buenas. Es por esa razón por la que la LSD tiene la reputación que tiene. Es una substancia que te hace llegar a un nivel de honestidad cruel con el que muy poca gente ha tenido que lidiar.

Este artículo apareció originalmente en VICE DK.