FYI.

This story is over 5 years old.

Vice Blog

Quiero Mis Dvds

TROPA DE ÉLITE José Padilha Cameo Que ni pintada, me viene la primera película de (relativa) ficción del director y productor brasileño José Padilha. No se trata únicamente de un film producido en el país protagonista de...
1.12.09

TROPA DE ÉLITE

José Padilha

Cameo

Que ni pintada, me viene la primera película de (relativa) ficción del director y productor brasileño José Padilha. No se trata únicamente de un film producido en el país protagonista de este número especial de

Vice

sino que, feliz carambola, puede verse como un

addendum

audiovisual a

Una Parada en el Corredor de la Cocaína

, artículo que explica las dentelladas mutuas que se propinan narcos y milicias en sus intentos por hacerse con el control del bisnes en esa especie de interzona que son las favelas de Río de Janeiro. Por ahí van los tiros (con perdón), en la premiada en Berlín ’08

Publicidad

Tropa de Élite

, film de cámara nerviosa acorde a lo narrado, casi siempre en mano y a menudo a la carrera, y de tono cercano al documental ya que de ese campo procede el director, algo que se nota y para bien. La tropa de élite de marras la conforma un grupo que se sitúa dentro de la policía y a la vez al margen; un escuadrón de la muerte con bula para entrar en los barrios chabolistas y ejecutar a quien estimen conveniente, ya sean traficantes mejor armados que muchos ejércitos o pasmas que han apreciado las ventajas de nadar entre dos aguas. Su comandante, estresado, padre primerizo, no ve la hora de pasar de todo pero antes debe escoger sustituto entre un tipo impulsivo y de gatillo fácil y otro demasiado reflexivo, ambos aspirantes con tendencia a cagarla cada uno a su manera, y debe hacerlo en el peor momento: de cara a una pernocta del Papa no muy lejos del infierno en la Tierra de las favelas. Padilha no trata de estilizar la violencia ni hacerla chic, ni construir con ella un espectáculo. Nos la planta delante de forma sucia y realista, y en grandes cantidades. Tú mismo, nen.

KING KONG SE ESCAPA
Ishirô Honda
Vellavision Aprecio una acusada tendencia entre la comunidad cinéfaga a considerar el cine japonés de monstruos gigantescos y cabreados y de tiempos remotos como una excusa perfecta para practicar el cachondeíto postmoderno que tan bien se les da y soltar unas risas fáciles a costa de yo que sé qué: de las esqueléticas tramas argumentales, de sus personajes naïve hechos en serie (el militar obtuso, el malo requetemalo, el científico que entra en acción, la damisela en peligro…), de los trajes de gorila y lagarto con cremallera en la espalda, de los edificios que se nota a la legua que son maquetas de cartón y de lo que les echen, ya que todo cabe en ese saco que la basca soberana ha dado en bautizar como “caspa”. Bien, ríanse los mastuerzos cuanto deseen con King Kong Se Escapa (1967), porque tiene de todo: gorila con cremallera, robot gigante, dinosaurio saltarín, un malo de cabellera imposible, dos dinámicos científicos, una dama a la que salvar, edificios de cartón y hasta helicópteros cuadrados (?). Una vez muertos de risa, literalmente, y con todo en silencio, podremos los demás hablar del gran director que fue Ishirô Honda, responsable asimismo de la fundacional Gojira; un cineasta especialmente dotado para la composición y poseedor de un agudo sentido del ritmo. Derivación de una serie de animación emitida en la televisión americana en el 66, el film está obviamente dirigido a un público infantil, lo cual no significa que el adulto no-postmoderno no pueda ver con alegría pero sin mondarse este divertimento inocuo, sin duda, pero realizado con convicción y pulso firme de artesano de los que casi no quedan.

VAMPYR
Carl Theodor Dreyer
Versus Se acrecienta el Vampyr de Dreyer con cada nueva película de románticos vampiros adolescentes pugnando por integrarse entre los humanos mientras luchan contra su naturaleza vampírica, una variante desleída y ful del clásico chupasangres que en los últimos tiempos, muy a mi pesar, se ha convertido en un subgénero cuyo éxito comercial no parece que en breve vaya a remitir. ¡Apañados estamos, señores! Rodado en 1932 en triple versión (alemana, inglesa y francesa), el de Dreyer sin embargo es uno de esos films cuya talla aumenta no sólo con cada nueva entrega de vampiros bebedores de Fanta, sino merced al mismo paso del tiempo, que es un padre severo pero justo y a todos pone en su lugar. Basada de forma libérrima en Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu, la única incursión del danés en el temario fantástico arrojó como saldo una obra de texturas granulosas, neblinosos tonos grises e hipnóticas propiedades, pues poco menos que hipnotizado frente a la pantalla queda uno ante las andanzas de unos protagonistas que también parecen estarlo. Deudora a primera vista del expresionismo alemán (las sombras, los encuadres…), Vampyr es en realidad una película experimental estrenada en su momento en salas comerciales. En ella los puntos de vista se confunden, los distintos planos de realidad se entremezclan, funden en uno y vuelven a separarse, la perspectiva cambia y, dominando la función incluso cuando no está, el vampiro, vampira para ser exactos: un ser malévolo y repulsivo que no sabe de romanticismos, percibe a los humanos como sustento y no se plantea su naturaleza pues es lo que es y se acabó. Un film maestro. Y en edición de lujo, acorde a su categoría: dos discos y libro. ¡Miel sobre hojuelas! JESÚS BROTONS

MEL CLAN DE LOS SICILIANOS
Henry Verneuil
Impulso El Clan de los Sicilianos quizá no sea una obra maestra: le falta un pelín de garra en algunos tramos y uno se queda con la sensación de que se les podría haber sacado bastante más jugo a unos personajes tan cojonudos. Pero, sinceramente, me siento como un cretino y un rancio al apuntar los puntos flacos de una película tan rematadamente divertida, elegante y vacilona que enfrenta además a tres colosos como Alain Delon, Jean Gabin y Lino Ventura. Lejos del lirismo fantasmagórico y minimalista de El silencio de un hombre y de la extrema austeridad de Dos hombres en la ciudad (ambos ejemplares del mejor polar franchute), El Clan de los Sicilianos es más bien una jugada (maestra) comercial que busca explotar el carisma de un all-star intergeneracional (como hizo Hollywood no hace mucho con The Score). Lo que encandila realmente de este viaje París-Roma-NYC-París con aires de superproducción es el descomunal oficio de un tridente actoral, sobrio y lacónico, que actúa básicamente con los ojos y con los silencios. Todo ello al servicio de unos códigos éticos fatalistas y de la narración, ajustada y sin estridencias, de una fuga, un polvo playero y temerario, un atraco vía secuestro de avión, y un desenlace crudo, seco, descorazonador. De los que ya no se estilan, vaya, y menos en películas con grandes ambiciones comerciales. La sal a tan imponente plato la pone un Ennio Morricone en forma. La pimienta, el culo de Irina Demick. Qué música, qué culo, qué gozada de peli. SANTIAGO SALVADOR