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Cultură

Gilles Larrain

No recuerdo cuándo vi por primera vez el libro Idols, de Gilles Larrain. Lo que sí sé es que ha tenido una influencia enorme sobre mí desde el día en que lo obtuve. Idols es uno de los mejores libros de fotografía que yo haya visto. Se publicó en 197...
1.12.10

Ryan y Gilles (foto de Amy Kellner)

No recuerdo cuándo vi por primera vez el libro Idols, de Gilles Larrain. Lo que sí sé es que ha tenido una influencia enorme sobre mí desde el día en que lo obtuve. Idols es uno de los mejores libros de fotografía que yo haya visto. Se publicó en 1973 y es una colección de retratos de estudio de transexuales, travestis y, en general, gente de Nueva York de aspecto alucinante. Una cápsula del tiempo increíble. Hay gente del entorno Warhol, como Taylor Mead y Holly Woodlawn, y miembros de la troupe de drag queens psicodélicas de San Francisco The Cockettes. Hay una foto del artista Al Hansen, aka el abuelo de Beck, cubierto de pintura plateada y vestido como una especie de soldado romano, y de un irreconocible Harvey Fierstein adolescente pareciendo (casi) una guapa señorita judía. Lo más importante es que todas estas personas tenían el mejor de los estilos. Las modas más grandes a menudo tienen su origen en las drag queens. El conjunto que llevas ahora probablemente lo inventó una drag queen hace diez años.

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Recientemente visité a Gilles en su enorme estudio en Grand Street, en el Soho. Si pasas por delante puedes ver sus fotos de Jack Walls y Robert Mapplethorpe dispuestas en la ventana. El interior es un cavernoso almacén remodelado en el que su trabajo gráfico está por todas partes. Fotos de su serie sobre bailarines de flamenco, elaborados collages de desnudos cubiertos de frutas y tatuajes, y muchas fotos de músicos tomadas la mayoría en los años 80, de Sting a Billy Joel y de Nina Hagen a Miles Davis. Apoyada en una esquina hay una foto de gran tamaño de Phoebe Cates y Jennifer Jason Leigh acurrucándose juntas bajo una sábana en la película Aquel Excitante Curso. Sentados los dos en la cocina, rodeados de colgantes vasijas de cobre, hice lo que pude por descifrar qué demonios me decía con su voz grave y rasposa y su cerrado acento francés. Vice: Las fotos de Idols se publicaron en un principio en una revista francesa llamada Zoom en 1972. ¿Las hizo como reportaje para la revista?
Gilles Larrain: No, yo nunca hago fotos con un propósito concreto. Las hice porque encontré a aquella gente lo bastante loca y fascinante como para merecer ser fotografiada. Vi a varias de esas personas en el Max’s Kansas City y pensé, “Tengo que llevar a esos chicos al estudio”. Hice amistad con Taylor Mead y John Noble. Una vez vino uno de ellos, todos los demás vinieron. Cuando está fotografiando a alguien, ¿le hace muchas fotos o sólo unas cuantas?
Entonces hacía muchas, ahora muy pocas. Para esta serie hice miles de fotos. En el libro apenas sale una pequeña parte. Debo tener quizá unas 5.000 de aquellas Kodachromes. ¿Se hicieron con Kodachrome? Me encanta esa película, satura mucho los colores. Ojalá se siguiera fabricando.
Sí. Y el libro es sólo la punta del iceberg. Antes o después haremos algo con el resto. ¿Cómo surgió la serie Idols? ¿Se propuso documentar una escena concreta?
No trabajo así. La vida es algo que sucede mientras uno hace planes, ya sabes. Estudié arquitectura. Iba a ser matemático o científico. Nada de lo que planeé llegó a fructificar. Pero lo que acaba sucediendo es más interesante. Mis planes son aburridos. Pero, respondiendo a tu pregunta, la gente oyó acerca de mi estudio y fue como una bola de nieve, haciéndose más y más grande. ¿Era gente con la que alternara habitualmente?
Solían reunirse y alternar en mi estudio, sí. Pero para mí no era una fiesta. Estoy en mi estudio, hago mi trabajo y la gente viene a mi estudio. [señala varias fotos] Éste es Harvey Fierstein, ya sabes, el autor de La Cage aux Folles y Torch Song Trilogy. Empezó a travestirse en mi estudio. Aquí tenía 19 años. Y éste es Goldie Glitters, una de las Cockettes de San Francisco

PRISCILLA

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La foto de Goldie Glitters es asombrosa. Casi parece una pintura.
Ninguna foto está manipulada. Están en bruto. Lo que ves es lo que hay. ¿Era esta la ropa que llevaba ese día o le vistió usted así?
Era una mezcla de muchas cosas. No había fórmulas; era pura improvisación. Había un montón de ropas y trastos viejos por ahí. Ellos venían en grupos de 20 ó 30 y compartían cosas, se divertían con el maquillaje, jugaban con pelucas y con lo que fuera. No había ninguna dirección ni intención de ser específicamente fashion. Era sólo divertissement en el sentido francés—pasarlo bien, crear diversión y vivir de forma divertida. Disfrutar del momento. Luis XV era muy bueno en eso. Fiestas locas en Versalles. Comida, sexo, de todo. Fue entonces cuando la moda empezó a moverse y ser creada. La cultura de la moda viene de esos tiempos. ¿De modo que cada uno creaba su propio maquillaje y estilismo?
Sí, pero a veces yo intervenía, a veces decía, “No, eso no me gusta, no voy a fotografiar eso”, ellos se disgustaban y yo decía, “Ya se ha hecho antes, haced algo fresco”. Siempre les decía, “Cometed errores nuevos”. Los viejos ya los he visto antes, ¿para qué verlos otra vez? ¿Había algo concreto que buscara en un modelo o una pose?
No. Cuando lo veía, lo veía. De otra forma se convierte en una sesión fotográfica típica, deja de ser algo fresco. Lo más divertido de todo era que nunca sabíamos qué iba a resultar. [señalando una foto] Lo que ves aquí no es un vestido, es seda china sujeta con alfileres en la espalda. Si le das la vuelta es como un puercoespín, ¿sabes? Y este sombrero está hecho con cartón y cinta adhesiva. Todo lo hacíamos juntos. Todo el mundo. El estudio se convirtió en una colmena de diversión y creatividad. ¿No estaba interesado en la moda?
Hice algunas sesiones de moda y fotografía comercial y por eso sé exactamente lo que estoy haciendo. Hay una razón para ello. Un cliente quiere algo concreto y tienes que planearlo. Esto no estaba planeado. Esto creció orgánicamente. ¿Le pidió mucha gente que fotografiara moda tras la publicación de Idols?
Sí, pero no respondo muy bien a las ofertas. Soy reacio a adaptarme a las energías ajenas. Si mi energía encaja, acepto. Si no es así, no es mi sitio, no es lo que necesito hacer. ¿Cómo era una noche típica haciendo estos retratos?
Visualmente era como un teatro, como sexo en grupo. Yo pintaba los telones. Me encanta pintar. Mi padre era pintor, y mi madre, pintora y pianista. Siempre he pintado. Me dejaba llevar por los caprichos del momento. Era puramente organique. Fluía como un río y el río seguía el camino más sencillo y a mí me llevaba exactamente así. La metáfora del río es perfecta para este proyecto. No había diseñadores, ni director artístico, ni maquilladores ni estilistas; ninguna de las cosas que definen una sesión de modas. Era totalmente improvisado. Ellos tenían sus propias ideas, por supuesto. Sabían qué aspecto querían tener. Ya, claro. ¿Drag queens? ¿Planes? Imposible. Pero tal como lo dice parece que sea usted antimoda, ¿no?
En cierto modo. Soy anti muchas cosas. Pero tengo una cualidad: atraigo a la gente. Quizá porque no soy un valor seguro. A menudo estoy desequilibrado, tengo una energía que puede ser atrayente, o asustar, o lo que sea. Atraigo a la gente, en cierta manera. Es decir, ¿por qué estás tú aquí hoy?

CHARLES

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Exacto. ¿Prefiere fotografiar desnudos o gente con ropa?
Desnudos, decididamente. Si vienes a mi estudio te voy a quitar la ropa, de eso puedes estar seguro. Tengo toneladas de desnudos. Pero esta serie se centra en los travestidos; trata sobre la mascarada. ¿Prefiere hacer fotos en estudio?
En el estudio estoy en un mundo muy preciso que a estas alturas ya conozco. Conozco mi iluminación y experimento con ella, pero me he decantado por la simplicidad. También hago mis propias impresiones. Soy un dinosaurio, ¿sabes? Tengo cámaras digitales pero no les presto mucha atención. Las uso para cosas de referencia, pero mi amor no está ahí. ¿Cuánto tiempo duró el proyecto?
Algo más de un año. De vez en cuando organizábamos pases de diapositivas de las sesiones anteriores para mostrárselas a todos. Lástima que no tuviera una videocámara para documentarlo. Era muy divertido. No tienes ni idea de los comentarios que hacían unos a otros. Era un desmadre. ¿Hay fotos en el libro que le resulten más memorables que otras? Quizá porque sucediera alguna cosa muy loca, alguna buena historia.
Hubo momentos muy locos en todas estas fotos. En esta foto de Beauregarde, cuando se levantó la falda y mostró el bulto, los demás se partieron de risa. Yo dije, “No les escuches, ahora eres mi víctima. Aparenta inocencia”. He visto que dedica el libro a Jean y Dominique de Menil.
Sí, es una buena historia. Te la puedo contar. Son el bisabuelo y la bisabuela de Dash Snow.
Sí. Bueno, en el 72 Jean estaba muy enfermo. Estaba en el Sloan-Kettering, con cáncer. Una amiga mía, Simone, que trabajaba con él, me dijo, “Conozco a alguien que quiere ver tu trabajo. ¿Por qué no preparas un par de carruseles de tus diapositivas, vas a su habitación en el hospital y traes una pantalla y un proyector?” Así que fui al hospital, subí las escaleras y vi al hombre en la cama. Estaba cansado, blanco, con dolores. Un hombre contemplando muchos pensamientos en su cabeza, pensando en su vida. “¿Qué estoy haciendo aquí?”, pensé. Yo era joven y quería mostrar mi trabajo, pero me sentía inseguro allí, así que fui pasando las diapositivas a toda velocidad. Bum, bum, bum, a toda prisa. Él me detuvo y me dijo, “¿Qué estás haciendo? Dame el mando”. Volvió al principio y revisó atentamente cada foto. 280 diapositivas en total.

GAIL

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¿Y por qué le dedicó el libro?
Si eres paciente te lo contaré. [risas] Vale, vale.
Estuve junto a su cama una hora y media. Cuando ya me marchaba vi que abría el cajón de la mesilla. Sacó su chequera y me extendió un cheque por 15.000 dólares. Yo no había tenido tanto dinero en mi vida. Serían unos 100.000 dólares al cambio de ahora. Me dijo, “Esto no es sólo un regalo, quiero tener tu trabajo en mi colección”. Ese hombre lanzó mi carrera. Un hombre increíble. ¿Te lo puedes imaginar? En su lecho de muerte. Hacer eso, mirar, escuchar, interesarse por alguien cuando estás a las puertas de la muerte… Fantástico. Caramba. Entonces, ¿están las fotos en la colección Menil, en Texas?
Por desgracia no, porque Jean murió al año siguiente, en 1973. Dominique era Protestante, mucho, y no le gustaban los travestidos. No era asunto de su agrado. ¿Qué reacciones obtuvo cuando se publicó el libro?
Reacciones muy diferentes. Creo que fue en el Village Voice donde un crítico dijo que estas fotos eran el epítome de la moda y que dejaban las del Vogue en ridículo. Pero entonces, no lo olvides, no podías salir a la calle vestido de esa forma. Hubo personas, clientes míos, que me dijeron, “¿Cómo te atreves a fotografiar a esa gente? ¿Cómo te atreves a fotografiar a esa gente pervertida y horrible?” A un crítico del New York Times no le gustaron porque la luz no era suave, no era discreta. Yo no estaba dándole glamour a nadie y por eso creyó que eso significaba que yo, de alguna manera, estaba en contra de quienes fotografiaba. “A juzgar por estas fotos, deduzco que Gilles Larrain no es un travestido”, escribió. Yo veo estas fotos y no lo percibo así.
Gente diferente, percepciones diferentes. Algunos se enfadaron por no salir en el libro, a otros no les gustó cómo les había retratado. Pero a la gente inteligente le encantó y ahora se ha convertido en una especie de icono. Es uno de mis libros de fotografía favoritos. Hace poco que empecé a hacer retratos en estudio y para inspirarme me fijo siempre en Icons.
Oh, eso es fantástico. Me halaga mucho. Mira, cuando hay pasión, cuando hay energía, cuando hay una visión, y cuando hay suerte, consigues cosas. Haz aquello que amas y ama aquello que haces. [risas] ¡Estoy hablando como un predicador!

CARLA

BEAUREGARDE

BEAUREGARDE

JOHN RAVEN

TAYLOR MEAD