Cultura

Unos supermillonarios chinos me invitaron a su boda

En la China del siglo XXI, una boda es un gran acontecimiento con una amalgama estética entre Oriente y Occidente.

por Clarissa Wei
18 Febrero 2016, 4:00am

"¡Te has perdido un montón de cosas! Acabo de ganar uno de los regalos", reza el mensaje de Jeff, que sigue disfrutando del banquete de boda en el Ritz-Carlton.

A continuación me envía una foto de su mujer sosteniendo un MacBook Air y luciendo una amplia sonrisa.

De repente, me arrepiento de haberme marchado antes. Ya estoy de camino a la estación de tren, por no tener la previsión de reservar una habitación en algún hotel de la ciudad.

Jeff me envía otra foto: una sola gamba en un plato, ligeramente aderezada con una salsa de tomate.

"La gamba es como mi puño de grande", añade. Es uno de los 14 platos que se sirven en el banquete. El estómago me ruge de envidia; solo he llegado a probar el primero de todos esos platos, entre los que había sopa de pepino, pato, cangrejo frito, codillo de cerdo, un pescado entero al vapor, sopa con albóndigas y langosta con queso.


Unos cuantos amigos y familiares. Todas las fotos por la autora

En la China del siglo XXI, una boda es un gran acontecimiento con una amalgama estética entre Oriente y Occidente. Si bien las novias han abandonado la tradicional prenda roja en favor del vestido blanco, en estas ceremonias todavía persisten muchas tradiciones ancestrales. Se celebra una ceremonia del té, una lucha en la que el novio debe ganarse a la novia y se entregan sobres rojos en lugar de regalar artículos de una lista de bodas. Difícilmente habrá bailoteo después del banquete o elementos religiosos en la ceremonia. Sí pueden esperarse, en cambio, discursos grandilocuentes por parte de los de más edad y comidas pantagruélicas con abundancia de marisco.

Curiosamente, los amigos de los novios constituyen solo una pequeña parte de la lista de invitados. La mayoría son familiares, amigos de los familiares y socios de los padres de los novios. La ostentación y el glamour no pueden faltar en cualquier evento de la élite china. Lo cierto es que los verdaderos protagonistas de una boda son los padres, que son también los que suelen financiar el cotarro.

Actualmente, una boda china suele costar unos 20.000 euros, y en el 62 por ciento de los casos, son los padres los que asumen el coste. El mercado está creciendo a pasos agigantados, al ritmo que lo hace la clase media del país. La industria de las bodas hoy mueve 50.000 millones de euros, entre sesiones intensivas de fotos antes del gran día, un equipo de cámaras y tratos financieros. el año pasado, las celebridades chinas Angelababy (la Kim Kardashian de China) y Huang Xiaoming se gastaron 27 millones de euros en sus nupcias, es decir, más del doble de lo que invirtieron en la suya Kim y Kanye West.

Más que una celebración íntima, las bodas se convierten en una especie de espectáculo para las familias, y la boda a la que asistí no fue ninguna excepción, teniendo en cuenta que los cónyuges proceden de familias influyentes de Shanghái.

Pero yo ni siquiera conocía a los novios. De hecho, sigo sin conocerlos.


Los invitados se desplazan con una flota de Rolls-Royce

Mi amigo Jeff, muy allegado a la familia, se enteró de que yo estaba en China y me invitó a última hora. Les dijo que era escritora y que me interesaba la cultura china, y los novios me recibieron con los brazos abiertos y me invitaron a pasar el día con ellos.

Aunque sabía que estaba invitada, cuando llegué a la suite del Hotel Peninsula de Shanghái a las 9 de la mañana y me encontré a una novia preciosa y radiante a la que estaban peinando, rodeada solo por sus amigas y familiares más cercanas, no dejó de sorprenderme que permitieran a una completa desconocida como yo formar parte de ese momento. Fue un gran gesto de amable hospitalidad, testamento del poder del guanxi (conexión) que existe en China.

Enseguida quedó patente que ambas familias tenían mucho dinero. La novia tenía un hermano menor, lo que significa que, en un país en el que hasta el año pasado imperaba una política de hijo único, la familia era capaz de asumir el impuesto obligatorio que se debe pagar por tener un segundo hijo. En segundo lugar, la mayoría de los amigos de los novios, de veintipocos años, hablaban un inglés muy fluido. Muchos de ellos habían ido a la universidad en EUA, un lujo que solo las familias más adineradas de China pueden permitirse.

Un grupo de cámaras se cuela en la suite del Peninsula para una sesión de fotos glamurosas. Los niños corretean por la sala. Una niña muy pequeña vestida de rojo me tira de la chaqueta y me sonríe. Hay una cesta con mandarinas –fruto que simboliza la fortuna y la suerte– sobre la mesa.


Las damas de honor conocen a los padrinos

El novio y los padrinos anuncian su presencia con unos golpes en la puerta. Las nueve damas de honor (número de la buena suerte) gritan nerviosas y piden dinero. La novia sigue escondida tras la puerta del dormitorio. Se cuela un sobre por debajo de la puerta y a continuación las chicas dejan pasar a los padrinos.

Esta tradición se llama chuangmen, una especie de juego que se debe representar antes de que el novio pueda ver a su futura esposa. Las chicas han planeado una serie de retos para los chicos, y durante el transcurso del juego, estos deberán ir entregando docenas de sobres rojos llenos de dinero, el precio que ha de pagar el novio para casarse con la novia.


Depilación por amor

"Primero tendrás que saltar descalzo sobre esta colchoneta", anuncia una dama de honor señalando una esterilla de acupuntura repleta de afilados pinchos. (Poco antes esa mañana vi a una de ellas probarlo por curiosidad. "Esto va a doler", concluyó).

Los chicos intercambian miradas de horror. Finalmente, uno de ellos le da una palmada en la espalda al novio y decide sacrificarse por el clan.


Uno de los padrinos salta sobre una esterilla llena de pinchos

La sala entera prorrumpe en carcajadas ante los alaridos de dolor del pobre padrino, que ruega que lo liberen de ese tormento. Las chicas exigen más dinero. Él cede y le entrega un sobre rojo a cada una.


Cazando M&Ms en un plato lleno de harina

"Ahora tienes que buscar el M&Ms rojo en este plato de harina solo con la boca", anuncian las chicas.

Continúan las pruebas. Uno de los padrinos tiene que depilarse las piernas; otros tienen que pintarse los labios mutuamente sosteniendo el pintalabios con la boca y llevando los ojos vendados. Luego les obligan a comerse unas tostadas untadas con wasabi.


Tostadas con wasabi

Los más ancianos lo observan todo con una mezcla de diversión y aprobación. Todo es parte del ritual; el novio y sus amigos se tienen que ganar el derecho a casarse. Al fin y al cabo, la familia está renunciando a una hija.

Finalmente, las chicas abren la puerta y permiten al novio ver a la novia. Él le dedica una sonrisa a ella y le aprieta la mano mientras sus amigos prosiguen con los juegos.


Momento pintalabios

Por último, las damas de honor se colocan en línea junto a la cama y una de ellas anuncia el último reto: "Debéis encontrar el zapato de la novia. Una de nosotras lo tiene".

"¿Lo llevas escondido entre los pechos?", bromea un padrino. Ella le lanza una mirada divertida.

La búsqueda del zapato continúa entre peleas y gritos, hasta que por fin lo encuentran –un Louboutin– pegado con cinta al muslo de una de las damas de honor.

La novia se pone el zapato y todo el mundo sale de la habitación. En la recepción del hotel, se nos indica que subamos a cualquier coche que tenga un lazo azul atado al tirador de la puerta. Los vehículos resultan ser una flota de Rolls-Royce y Mercedes.


Un plato de langosta del banquete

Nos llevan a un restaurante para lo que me dicen va a ser una comida rápida, aunque realmente es un banquete en toda regla, con platos fríos, langosta y pepinos de mar, todos manjares de la buena suerte para una boda. El grupo es relativamente reducido, de unas 50 personas, todas por parte de la familia de la novia. Al cabo de una hora, se pide al grupo de la novia que vuelva a los coches. Los demás se quedan y continúan comiendo. La comida es una constante en una boda china. La gente casi nunca se lleva las sobras a casa; que sobre comida siempre es positivo.

Llegamos a un complejo de apartamentos de estilo palladiano que parece un hotel de cinco estrellas. En la parte frontal hay dos grandes pilares; la recepción está revestida con suelos de mármol y toques dorados. Es la residencia de los novios. Todo el mundo se apiña frente a la puerta y lanza confeti cuando el novio lleva en brazos a la novia al interior, como manda la tradición. La pareja sube en el ascensor a su nueva casa, donde la familia del novio les espera.


Los novios

Esto es típico de las bodas chinas: como regalo de bodas, los padres compran a sus hijos una casa o un piso.

Su nueva vivienda tiene ventanales del suelo al techo con unas vistas impresionantes de Shanghái, una habitación para invitados, una cocina completamente equipada y un vestidor enorme. En una pared del salón cuelga una foto enmarcada de los novios. Parece tomada en un plató de cine.


Tangyuan con huevo

Se sirven los postres: cuencos de sopa de tangyuan (bolas de arroz glutinoso dulce) con un huevo hervido. El tangyuan es un postre típico que puede encontrarse en cualquier lugar de la ciudad, pero nunca lo había visto servido con un huevo dentro.

"La redondez del huevo simboliza la unidad de la familia", me dice una dama de honor. El plato lleva asociado el dicho "Tuan tuan yuan yuan", que en chino significa "unión". También se sirve té en hojas sueltas con una cantidad considerable de azúcar. Esto, por supuesto, también tiene un significado: las cosas dulces se asocian al dicho "Tian tian mi mi" (dulce como la miel), un deseo para la nueva vida que están a punto de emprender los recién casados.

Ahora viene la parte más emblemática de una boda tradicional china: la ceremonia del té. Los padres se sientan en el sofá y los novios se acercan a ellos, cada uno sosteniendo una gai wan (taza de té) de un rojo llamativo, con semillas de loto y dátiles rojos.


La ceremonia del té

Los chinos creen que el loto y los dátiles mejorarán la fertilidad de los recién casados para que puedan tener hijos pronto. En mandarín, la palabra "dátil" se pronuncia igual que "pronto", y "loto" suena muy parecido a "descendencia masculina".

La pareja se arrodilla y entrega el té. Los padres les entregan paquetes rojos con dinero. Una tormenta de flashes inunda la sala. Esta ceremonia simboliza el final de la transacción entre las dos familias.

Es hora de festejar y todo el mundo se pone en marcha para acudir al banquete en el Ritz Carlton.


Vino y Moutai, uno de los licores destilados más caros de China

Ya ha oscurecido y todo se vuelve un poco borroso. Suceden tantas cosas a mi alrededor que me cuesta procesarlas. Hay un total de 53 mesas, cada una con dos botellas de vino y una caja de Moutai, uno de los destilados más caros de China. En la zona de espera, los niños se entretienen comiendo palomitas recién hechas por una máquina y servidas por unos asistentes. Una pequeña orquesta de violinistas empieza a tocar. En el centro de la sala de banquetes hay un escenario gigantesco en forma de T y por todas partes hay luces de discoteca y decoración galáctica. Los novios están de pie delante de un fondo y comienza la sesión de fotos con los invitados. Los retratos se proyectan sobre las paredes junto con las siluetas de los signos del zodiaco chino de los recién casados.


Un puesto de palomitas para los niños

Empiezo a charlar con algunos de los amigos de los novios; todos han estudiado en los EUA y han regresado a China para trabajar. Me cuentan que, pese a que esta es una boda de bastante nivel, no es de las más impresionantes que han visto.

"En algunas bodas incluso hay salones privados para los invitados más prestigiosos, como representantes del gobierno que no quieren ser vistos en público. En cada sala se emite la celebración en directo en una pantalla", me cuenta una chica. Me hablan de bodas con hasta 800 invitados, actuaciones de estrellas del pop internacionales o helicópteros. A esta boda solo han acudido celebridades de Shanghái. Lo normal, según me cuentan.

El novio sube al escenario. Sus temblores delatan claramente su nerviosismo.

"Por favor, ¡demos la bienvenida a la mujer más guapa y encantadora de la noche!", anuncia.


La novia sube al escenario

Las luces se atenúan y la música dramática va in crescendo. Se abren unas puertas y aparece la novia, sonriente, luciendo un velo y una corona, acompañada por su padre y un foco de luz. Parece tranquila y camina con elegancia. El público le dedica un aplauso.

Se produce el intercambio de anillos y, por primera vez en todo el día, los novios se besan. Un representante del gobierno pronuncia un emotivo discurso y los novios reciben piezas de papel con caligrafía como regalo. Se sirve vino y una serie de platos fríos en las mesas: pato, pescado y medusa. Son solo los entrantes.

Miro el reloj: tengo que irme, mi tren sale dentro de una hora.

Me despido de los comensales de mi mesa y salgo corriendo del Ritz a la lluviosa y fría noche de Shanghái. Después de pasar todo el día desplazándome en un coche con asientos de cuero y chófer, el tren parece la calabaza del cuento de hadas del que acabo de salir. Me paso el viaje de vuelta soñando despierta, intentando asimilar la experiencia, ligeramente adormecida por el vino y preguntándome si debería haberme quedado y haber dejado pasar el tren.


La parejita feliz

Mi teléfono vuelve a vibrar. Más noticias de Jeff, enmarcadas entre signos de exclamación.

"¡Están regalando iPhones como churros!".

Tendría que haberme quedado.

Actualmente, Clarissa Wei está viajando por todas las provincias de China. Sigue sus aventuras en Facebook.

Traducción por Mario Abad.