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Cultură

Escuela tele-sentimental

Así ven nuestras telenovelas en Italia.

Leí que Bella celebra sus 25 años, 25 años de F4, un lugar con la misma iluminación excesiva de siempre, un lugar hermoso. Encontrar lo mismo una y otra vez es la razón por la cual millones de italianos han sido cautivados. Veo Bella con mi abuela: 13:40, pasta y  zapatillas, posición fetal, clases después de la escuela. Mi favorito era Sally Spectra, el archienemigo de toda situación. Spectra era el planeta enemigo, los terroristas de James Bond, Spectra era el mal. Después me di cuenta que todo tiene su lugar, y que las historietas, la televisión, Bond, y en particular las telenovelas, no son siempre iguales.

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Las telenovelas no son iguales en todos lados, menos en Italia e Inglaterra. Las telenovelas inglesas o soap operas y las telenovelas italianas hablan de cosas importantes, cosas que te afectan tarde o temprano, pero como el aire y la nutella, tienes densidades distintas. Las soap operas no son reales, el amor es un obstáculo, la felicidad se puede ver pero no tocar, y el sufrimiento enseña. Las soap operas han reunido un montón de mentiras para entretener y no eseñan nada. Es por eso que vemos las soap operas pero amamos las telenovelas. La telenovela está llena de giros inesperados, advertencias y revelaciones; te hacen sufrir de ansiedad. La psicología de los personajes es fundamental, y la diferencia entre el bien y el mal es tan clara como para hacer que el espectador, en teoría, lleve su aprendizaje a la vida fuera de la pantalla. Una idea que funciona muy bien, al menos conmigo; me hace reír positivamente.

En 1982, Latinoamérica nos invade. El primer golpe viene por parte de La esclava Isaura, seguido de Dancin' Days, El derecho a nacer y Cuna de los lobos. ¿No son suficientes? Tienen razón, porque podría hablar durante horas sobre Eduardo y Juan del Diablo de Corazón Salvaje, que se acaba de estrenar aquí, pero no lo haré, al menos por ahora.

En Italia nunca hemos hecho mucho. Las únicas telenovelas de verdad se remontan a los años ochenta o principios de los noventa, y desde entonces estas apasionadas historias han ido perdiendo terreno. Si la tele es un reflejo de la sociedad, entonces la telenovela fue un efecto secundario de nuestra educación sentimental que se encuentra, peligrosamente, a la deriva. ¿Sara Tommasi? Eso es todo. Y no estoy hablando de Vivere, Incantesimo o Agrodolce. No, estoy hablando de abreviaturas, acrónimos y referencias útiles para todo momento. "¡Mi vida está llena de problemas, pero siempre puedo superarme, igual que Manuela!"

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Felicità… dove sei è, la primera y única telenovela italiana. Era 1985 y se hablaba del amor, en concreto se hablaba del joven promedio "tabajador y estudiante de tiempo parcial", de la historia menos creíble. Intrigas, faldas y calcetines hasta los tobillos. Verónica Castro (Rosa salvaje), hija de un padre alcohólico y una madre encarcelada que finge su muerte. Hermoso. Felicità…, donde se representa ese instinto de supervivencia de un pueblo cuyo principal problema es que nadie, mucho menos ellos, entienden esa ficción que los rodea. Pero al final de la telenovela entendemos, y tan tan.

Nos arrebataron esa ficción que había en la pantalla y nos arrastraron a la realidad. Ahora todos se conforman con una soap, con un amor aburrido, rodeado de trucos y pelucas. El resultado es que ahora ya no entienden las diferencias, están perdiendo el gusto por los detalles. Las soap son malas, la telenovelas no. ¿Necesitas un ejemplo? Pues yo sí. Sueño de amor, la saga de Piamonte. La historia de dos amantes y su forma surrealista de ver la vida, las relaciones y el sexo. Gracias a ellos me enteré de que existe Torino, la marqué en el mapa y la visité múltiples veces con la única esperanza de encontrarme a alguno de sus héroes, tal vez al peluquero o al de la pescadería. Sueño de amor despedía un aura mística y surrealista, igual que la ciudad a la que pertenecía, y creció en paralelo a la necesidades de los productores, hasta alcanzar niveles inexplicables de locura lingüistica y visual.

Bendita memoria. Sueño de amor, TeleManila y TF9. Ahora me entristece cambiar de canal y ver toda esta programación de segunda.