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Cultur膬

Menor de edad

La calentura de la prepa.

Ella conoció a Jack en una fiesta que su madrastra organizó para su padre. Estaba sentada sola en una esquina, aburrida, cuando Jack se sentó junto a ella. Llevaba puesto un traje sin corbata y con unos lindos zapatos. Sus ojos eran de un llamativo azul profundo, igual que los de ella, y tenía el cabello castaño. Se veía joven, bronceado y guapo.

Platicaron durante 20 minutos en el sillón, y después junto al teléfono. Él le ayudaba con el examen SAT. Cuando logró obtener 1400 puntos en un examen de prueba, la llevó a cenar. Ordenó mejillones. Cuando ella dijo que nunca los había probado, él separó uno de su concha, lo remojó en el plato, y levantó el tenedor hasta el otro lado de la mesa. Ella consideró inclinarse hacia adelante y comer de su tenedor, pero decidió tomar el tenedor con su mano.

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—Sabes, traté de entrar al equipo de porristas en la secundaria.

—¿En serio?— preguntó Jack.

—Ajá—. Marie asintió con la cabeza y se enderezó en su silla. —No logré entrar el primer año, así que nunca lo volví a intentar. En verdad me arrepiento de eso. Creo que no tengo carácter de porrista.

Jack insistió en que compartieran un postre, y cuando salió le abrió la puerta. Subieron a su auto, y ella recorrió las estaciones hasta que encontró un mashup de Biggie Smalls.

Cuando Marie y Jack se estacionaron frente a casa de Marie, Jack se volvió hacia ella. Estaba sentada en el asiento del pasajero con un cigarro entre los dedos, sus pies descalzos sobre el asiento.

—Me recuerdas a un niño—, dijo.

—Ay no.

—Un pequeño niño fumador.

Marie exhaló y dijo: —¿Quieres pasar un momento?

—¿No les molestará a tus padres?

—No, de todas formas están dormidos. Mientras no los despertemos, no les molestará. Podemos entrar por mi ventana.

Tuvieron que discutirlo un rato, pero ella creyó que valdría la pena. O no se permitiría hacerse ilusiones de que valiera la pena, pero se decepcionaría si resultaba en vano.

Treparon el árbol junto a la casa. Tenía ramas gruesas y suficiente espacio para los pies, pero el vestido de Marie no dejaba de atorarse, y Jack no tenía tanta experiencia trepando árboles como se imaginaba Marie. Pero eso sólo hacía que a ella le gustara más. Los dos llegaron hasta la rama junto al techo. Jack pasó sobre Marie para llegar al techo, rozanado sus piernas con las suyas. Él abrió la ventana, y después le extendió su mano. Ella la tomó y saltó al techo, y después cayó a medias dentro de su habitación; cabeza primero. Se rio y dio vuelta para ayudar a Jack, pero él ya estaba adentro.

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Él se sentó en su cama, y ella se sentó junto a él. Él se acostó bocarriba. Ella también. Guardaron silencio un minuto. Ella se sentía incómoda cada que parpadeaba, y le preocupaba el sonido de su respiración.

Empezó a llover. A Marie, el olor a lluvia le recordó Seattle. Pero ésta es más como una lluvia texana, pensó.

—¿Jack?— preguntó. —¿De qué manera me ves?

—Como una amiga. Una compañera.

—Bien.

Marie se acostó de lado para verlo de frente. —Jack, ¿si te pregunto algo, prometes darme una respuesta sincera? No lastimarás mis sentimientos si eres honesto. Sólo quiero saber.

—Ok.

—¿Crees que soy bonita?

—Sí.

—¿En serio? No tienes que decir eso, ¿sabes?

—Es en serio, Marie, eres muy bonita.

—Gracias—, dijo Marie.

—¿Jack?

—¿Sí, Marie?

—¿Te sientes atraído por mí? Y responde honestamente, por favor. No vas a lastimar mis sentimientos.

—Sí, Marie.

Ella sonrió. Quería acercarse, así que se acostó sobre su otro lado. Cerró los ojos y se concentró en controlar su respiración para pretender estar dormida. Después dijo: —Siento que te quedarás dormido y yo no, y entonces estaré sola.

Jack se sentó. Vio un libro en su mesa de noche y lo tomó. —Éste me encanta—, dijo. Lo abrió y leyó un par de líneas en voz alta.

—Sí, me encanta esa parte—, dijo Marie. Se sentó. —Aunque trata sobre la religión.

—No creo que sea así. Sé que eso es lo que la gente dice. Pero creo que habla sólo de lo que dice. Es sobre un niña que naufraga en una playa.

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Estaban sentados lado a lado. Ella quería cubrirlo con sus piernas o poner la cabeza en su pecho. —¿Todavía quieres ser mi amigo?— preguntó.

Él la envolvió en sus brazos, como un padre o un tío.

—¿Las cosas serían diferentes si tuviera 18?— preguntó ella.

—¿A qué te refieres?

—Es decir, ¿te gusto?

—Sí, Marie.

—¿Me mentirías?— No podía emocionarse todavía.

—No, Marie.

—Si no corro por la ciudad contándole a todo mundo, ¿por qué debe importar que sea más joven? ¿No podría ser un secreto? ¿Por qué importa la edad? Todos somos diferentes. ¿Cómo decidimos que la edad era 18? Conozco personas de 18 años que no deberían ser consideradas adultas. Deberíamos juzgar eso persona por persona, si no fuera tan difícil y desgastante.

—Tienes razón en algunas cosas—, dijo Jack.

Marie intentó verse seria, pero su sonrisa era casi radiante. Puso su cara contra la almohada y después se volvió para mirarlo. Tenía los hombros encogidos, ligeramente incómodos, y pensó que no se veía tan bien. —¿Cómo cuáles?

Jack simplemente le sonrió y miró hacia otro lado. Esta era la primera vez que Marie lo veía actuar tímidamente.

—Si tuviera 18, ¿me besarías en este momento?— Se sentía un poco insistente, pero a estas alturas, ¿qué importaba?

Jack se acostó, exhaló sobre su pelo, y dijo: —Sí, Marie.

Tomó su cara y la giró hacia él, trazando sus labios con un dedo. Ella sonrió con la boca cerrada. Él alejó su mano. La pasó por el pelo de ella, la deslizó hasta su nuca, jaló su rostro hacia el suyo y la besó. En ese momento, Marie se convirtió en una desertora escolar.

Lee más en nuestro Especial de Ficción 2013.