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Tres días sin que la poli visite este fumadero

Un juzgado absuelve al club de fumadores de marihuana La Santa Le Club de un delito contra la sanidad pública y les tendrá que devolver su marihuana. La policía les tira la puerta abajo pero el juez les da la razón y siguen fumando hierba.

Iago Fernández

Aquí no hay Play-Station, tienen una biblioteca. Entre sus socios hay intelectuales y gente de la cultura madrileña, y no jóvenes tatuados de Malasaña. Aunque alguno vemos en nuestra visita a la asociación La Santa Le Club. Pasamos sus dos puertas, perfectamente camufladas junto a un portal y un negocio, incluyendo un control por huella dactilar. El dueño es socio también, así que se encarga de espantar a los curiosos que preguntan por ese lugar secreto dónde se puede fumar marihuana y que les han dicho que está por esta zona.

El socio que nos ha guiado sigilosamente hasta aquí nos pide fotocopiar el DNI y que firmemos un registro. Figuramos como invitados y podemos fumar, aunque optamos por un agua mineral del tiempo. El objetivo es charlar con Pedro, fundador y responsable de este club de fumadores de marihuana, sobre la reciente sentencia que le absuelve del delito contra la sanidad pública. Un delito por el que le pedían cuatro años y medio de prisión tras las detenciones e incautaciones realizadas en la primavera del año pasado. Su bienvenida va acompañada de la información básica.

"Este proyecto consiste en reivindicar los consumos recreacionales desde la responsabilidad. Estamos trabajando con cannabis, que evidentemente no es una sustancia como la cocaína o la heroína, pero tampoco es agua". Lo que nos llama la atención es que detrás de las puertas, en la calle, es probable que esté la policía vigilando. Pero Pedro a eso le da poca importancia.

"No sé si andan por aquí... harán lo que tengan que hacer, no nos condicionan la vida. Somos 448 socios que aguantan esto todos los días. Hay una norma interna, te tienen que invitar para ser socio, pero si te das de baja, ya no puedes volver. Hay un compromiso que no se puede romper. Llevamos un régimen estricto". Casi militar por lo que vemos. Y nos cuenta que el rechazo no todo el mundo lo lleva bien: "Hay gente que se pone a pegar patadas a los contenedores".

Se trata de un club social de cannabis, pero en el fondo es un proyecto privado, y por eso deciden quién entra y quién no. El consumo lúdico es el que sostiene el consumo medicinal, los socios enfermos no pagan. Algunos médicos, de clínicas privadas y públicas, les mandan enfermos. Están participando ya en congresos. Les llaman con confianza y por su discreción.

VICE: Esta no es la primera sentencia a vuestro favor.

Pedro: No. En el año 2012 a mí se me detiene cinco veces y esta sentencia corresponde a las dos primeras detenciones. La tercera y quinta detenciones fueron causas archivadas. Nos devolvieron todo. Y nos queda un juicio, que corresponde a la cuarta detención que fue el día que reventaron la puerta para entrar al local. Nos pusimos en nuestros trece, hay un derecho de inviolabilidad del domicilio y del ámbito privado de cada uno de los ciudadanos de este país. Les exigimos una orden judicial, lo que ellos entendieron que era para deshacernos de la droga, como si fuéramos una chabola de la Cañada Real. La gran sorpresa para ellos, después de estar reventando la puerta con un pico un rato, es que entraron y se encontraron que no habíamos destruido absolutamente nada.

¿Cuánto ha durado este proceso?

Casi dos años y medio, como cualquier delito o de detención. Tú tienes poco margen en un calabozo, donde te puedes tirar 36 o 40 horas, dependiendo del momento en el que se produzca la detención. Luego pasas a disposición judicial; y él decide si te da la libertad provisional... como cualquier procedimiento, como si fuera un accidente de tráfico.

¿Teméis que vaya a haber recurso?

La fiscal tiene 15 o 20 días para recurrir. Pero para que veáis cómo se desenvuelven las cosas a nuestro alrededor. La fiscal pedía cuatro años y medio de forma muy bien argumentada. Al final del juicio nos quedamos un grupo de seis o siete personas a la puerta de los juzgados, comentando cómo había ido todo, y la fiscal salió por la puerta.

Un momento un poco tenso, ¿no?

Se acercó a nosotros y nos sonrió, nos dio las gracias por haber tenido la oportunidad de ser parte de un proyecto tan interesante desde el punto de vista jurídico. Y no solo eso, se acabó llevando una tarjeta de la asociación por si algún día, dios no lo quiera, ella o alguien de su familia necesitara cannabis por temas medicinales. Como ella misma reconoció, interiormente tenía una duda acerca del cannabis medicinal y del cannabis recreacional. Pero también reconoció que era necesaria la controversia.

Y además de librarte de la cárcel y de la reacción de la fiscal, ¿qué otras victorias hay en esta sentencia?

En esta asociación las victorias se producen cada día que abrimos y cerramos las puertas y no pasa nada. Cada día es una guerra ganada. Aparte tenemos las devoluciones que nos han hecho: dinero incautado, balanzas, librillos de papel, la marihuana. Si los jueces entienden que no hay delito, no puede haber incautación. La posesión por parte de la asociación es legal, la posee en nombre de todos los socios. Pero esto es primera línea. Estamos cerca del Ministerio de Justicia y se entiende la presión.

Leemos en un cartel que lleváis tres días sin recibir la visita de la Policía.

Sus visitas consisten en que incautan la marihuana a los socios que, contra los consejos de la asociación, las sacan del local. Tenemos 68 incautaciones en los tres años que llevamos de vida y ninguna multa hasta ahora. Varias veces, los socios han exigido la boleta de la denuncia y no hemos conseguido que nos llegue. Y ya nos gustaría recurrir alguna multa por posesión en la vía pública. Nunca se va a hacer frente a la Policía, porque respetamos su trabajo. Afortunadamente, nos ha tocado tratar con gente muy profesional, pero hay de todo. Tenemos un mantra: ellos a lo suyo, nosotros a lo nuestro. No vamos a valorar si deciden poner a ocho agentes una semana vigilando por el barrio.

Claro, si un socio sale a la calle con la droga es por su cuenta.

La responsabilidad de la asociación es de puertas para dentro. De puertas para fuera es responsabilidad de cada socio. Afortunadamente vivimos en un estado de derecho y hay un artículo en la Constitución que habla de derecho a asociación y reunión, derechos fundamentales. Nosotros lo contemplamos como un tema de libertades civiles. La Organización Mundial de la Salud cataloga al cannabis como una sustancia que crea leve daño a la salud pública. El alcohol y el tabaco crean graves daños. Hay una directiva europea de obligado cumplimiento para que los países incluyan en su PIB los cálculos estimados en cuanto al mercado de la droga y la prostitución. Los inspectores de Hacienda también dicen que si esto se va a computar es lógico que se regule.

¿Hay buen rollo con los vecinos?

La relación es exquisita. Todo el edificio sabe lo que estamos haciendo, nos respetan por ello y están muy contentos porque no hay ningún tipo de problemas de olores o ruidos. A las diez de la noche cerramos la dispensación, somos gente tranquila. Nosotros entendemos que es algo difícil de asumir para la Policía, hace falta tiempo para que las cosas cambien.

Nos has hablado de situaciones muy tensas, pero seguro que tanta presión ha dado para algún momento cómico.

Hay ciertas cosas que os puedo contar y otras que me callo por respeto a la autoridad. Mi abuelo fue comisario y tengo respeto por el cuerpo. Pero os cuento el caso de una socia que sale un día de trabajar, se encuentra con marihuana por la calle y se da cuenta de que no es de la calidad que ella quiere. Se pasa por la asociación a adquirir otra de mejor calidad. Después es intervenida en la puerta de su casa. A requerimiento de los agentes les muestra las dos bolsas y uno de ellos le dice: "mira nos quedamos con la de la asociación, que es la buena, la otra si quieres te la puedes quedar tú". Cuando declaró en el juicio esto, el juez no sabía dónde meterse, estaba muerto de la risa. Fue un juicio bastante ameno. La risa ayuda a aliviar ciertas tensiones. También se ha dado algún caso de devoluciones a socios por parte de agentes, cuando estos se han enterado de que era para uso medicinal.

Y también habrá gente que esté en esto por el dinero.

Manejamos cannabis y claro que hay intereses oscuros. Los que nosotros llamamos 'lobos con piel de cordero', que cogen y crean un marco asociativo. Y como no hay ninguna regulación que te obligue a ciertas cosas pues todo es válido. Los responsables de cada proyecto tienen que asumir lo que están haciendo y entendemos que más tarde o más temprano tendrán que validar un proyecto delante de un tribunal. Como el caso reciente en Barcelona, en el que el juez ha decidido que rara es una asociación privada cuando todos sus miembros se acaban de conocer, además entre ellos hay turistas de paso. De forma cautelar la ha precintado y tendrán su juicio para defender el proyecto.