FYI.

This story is over 5 years old.

Jello Biafra, distribuidor de material obsceno

El cantante de los Dead Kennedys habla de los Ramones, HR Giger y el asesinato de JonBenét Ramsey.
5.11.14
Foto vía Flickr/Badjonni

Allá por la década de los 90, la familia del célebre vocalista de los Dead Kennedys, Jello Biafra, vivía a unas cuantas manzanas de la residencia de ​JonBe​nét Ramsey en Boulder, Colorado. En 1996, Biafra se encontraba en el barrio cuando la pequeña niña de pelo rubio y tan solo seis años de edad fue brutalmente asesinada.

El mundo entero se pregunta por qué nadie en el FBI interrogó a Jello. Estoy seguro de que la entrevista habría constituido una lectura interesante.

En lugar de presionar al FBI, decidí llevar a cabo mi propia investigación sobre el salvaje mundo de Jello Biafra para tratar de averiguar qué estaba haciendo esa fatídica noche… y quién robó el bastón de caramelo del jardín delantero. Esto es lo que me contó.

JonBenét Ramsey

El día siguiente al asesinato de JonBenét Ramsey solo se escribieron cuatro o cinco párrafos sobre el suceso en la portada del Boulder Daily Camera. El día después, ese volumen de texto se triplicó, y en la edición de la siguiente jornada, el asesinato ocupaba páginas y páginas. El espectáculo había comenzado.

Muchos periodistas del país pasaban el rato emborrachándose en el bar del Harvest House Hotel, pero era una locura. Yo acababa de volver de un concierto de Nochevieja en el Blue Bird de Denver y estaba un poco colocado. Había sido un buen concierto, con mucha energía. Eran las tres de la madrugada, la noche era joven y yo estaba aburrido. ¿Qué puedo hacer?

¡Ya está! ¡Voy a ir a casa de JonBenét!

Así que de camino a casa me pasé por allí. Está a unos cinco minutos de la casa en la que crecí. Fuera hacía un frío gélido y había unos 60 centímetros de nieve en la calle. Los Ramseys se habían ido de la casa, huyendo de la prensa. Vi una furgoneta de la CBS o la CNN. Una furgoneta de informativos iluminaba la fachada de la mansión de los Ramseys, con el motor encendido ¾a las tres de la madrugada¾, por si algo ocurriera.

Todavía hoy me arrepiento de no haber aparcado, sacado la grabadora que llevaba siempre conmigo y haber golpeado la ventanilla de la furgoneta y preguntarles, "¿Qué estáis haciendo aquí? ¡Ahora soy yo el que os entrevista! ¡Dadme noticias frescas, joder! ¿Sabéis algo?"

Uno de mis amigos, Bob, consiguió "obtener" uno de los bastones de caramelo del jardín de los Ramseys. Reunió varios artículos sobre la pequeña y, junto con el bastón de caramelo, improvisó un santuario dedicado a JonBenét en su habitación.

La CBS estaba allí, perennemente, tratando de conseguir información sobre aquellos sospechosos que se habían descartado en el asesinato de JonBenét. Bob les invitó a entrar a su casa y les enseñó su santuario. Por supuesto, no perdieron ni un minuto para grabarlo todo. Buscaban un chivo expiatorio, y al ver a Bob con el caramelo y declarando lo mucho que significaba para él JonBenét, vieron la oportunidad presentada en bandeja de plata.

Así, uno o dos días después de que se emitiera la noticia, el FBI se presentó en casa de Bob y confiscó su pequeño santuario, caramelo incluido. No ha podido recuperarlo desde entonces.

Mi dentista aseguraba que fue el abuelo quien la mató, porque se marchó al aeropuerto a primera hora de la mañana, aunque no he oído esa versión en ninguna otra parte.

No creo que fuera el hermano pequeño. Demasiado sofisticado para un niño de esa edad. Además, tampoco creo que tuviera esperma, y habían encontrado restos de semen en el cadáver de la pequeña. Pero podría equivocarme.

Mi tío dijo que había sido una banda de matones de Detroit, como represalia contra John Ramsey por algo que había hecho. Pero si la mafia de Detroit quisiera joderte la vida, no matarían a tu hija, sino a ti.

Corría otro rumor según el cual unas 50 personas tenían copias de las llaves de la casa. Los Ramseys eran confiados y dejaban entrar y salir a la gente para que les hicieran algún favor. El problema es que, incluso aunque solo cinco personas tuvieran copias de las llaves, podría haber una persona bienintencionada que hiciera una copia para otra persona bienintencionada que a su vez tenía un amigo no tan bienintencionado que podría haber cogido la llave y haber hecho una copia para él.

Es decir, había muchas lagunas y mucha desinformación en este caso, por lo que las acusaciones gratuitas eran el pan de cada día. Sin embargo, creo que el fiscal del distrito, Alex Hunter, hizo bien en no llevar el caso a los tribunales, incluso cuando el gran jurado recomendó que se presentaran cargos contra los padres. Hunter tenía mucha experiencia y sabía que no había ninguna prueba concluyente. Creo que tomó la decisión más acertada, y se demostró cuando, posteriormente, los padres fueron absueltos.

Todavía hoy el asesinato sigue sin estar resuelto. Esta historia pudo ser la más sonada desde el asesinato de la Dalia Negra.

H. R. Giger

Todavía quedaban algunos resquicios de mi acceso de obscenidad en 1986, cuando la policía registró mi casa en respuesta a las quejas emitidas por el Parents Music Resource Center (Centro de Recursos Musicales de Padres o PMRC). El vicefiscal de Los Ángeles, James Hahn, me llevó a juicio por distribuir "material obsceno para los menores", refiriéndose a la reproducción de la obra "Penis Landscape", de H. R. Giger, que había incluido en el álbum Frankenchrist en formato de póster.

Los cargos de los que se me acusaba eran nuevos en un tribunal, y estoy seguro de que no se ha vuelto a acusar a nadie más de ese "delito". Fue una pesadilla que se prolongó durante un año y medio. Coincidió con los ataques contra el porno del fiscal Ed Meese y formaba parte de la campaña política de Al Gore en su primera concurrencia a las presidenciales en 1988.

A mí casi me cuesta una crisis nerviosa; me sentía como si todo el futuro de la industria musical y de la libertad de expresión pesara sobre mi espalda. De repente, mis letras saltaron al entorno universitario, tomadas como ejemplo por los "expertos en censura". Hablé sobre quién había fundado el PMRC y cuáles eran sus verdaderos propósitos en relación con Jerry Falwell, Pat Robinson y la organización Focus on the Family.

También tuve la oportunidad de conocer a Frank Zappa e incluso logré pasar un rato con Hans Rudolf Giger.

El día que conocí a Giger fue muy divertido. Él había venido a Nueva York de visita con su agente, Leslie Barany, algo que ocurría muy ocasionalmente. Giger tenía interés en conocerme a raíz de lo ocurrido con el disco Frankenchrist. Esos días se celebraba el festival CMJ, y Giger y el estirado propietario de una galería estaban en constantes discrepancias sobre la exposición.

El día de la inauguración, Giger estaba en una sala y la exposición de R. Crumb se celebraba en otra, y los visitantes se movía de sala en sala. Giger se dio cuenta que el propietario de la galería era un tipo miserable forrado de dinero que quería poner Where Are We Going? (el título original de la obra de Giger que aparece en Frankenchrist) y varias otras obras supuestamente explícitas del autor en una diminuta sala a cuya puerta pudiera echar el cerrojo.

Y si se había dejado entrar a todas esas personas consideradas importantes era porque cabía la posibilidad de que alguno soltara 50 mil dólares para comprar alguna de sus obras.

Giger se enfureció y se inició una batalla. Finalmente, logró que la puerta se quedara abierta y la sala se iluminó para el público, pero las discusiones continuaban. Empezaron a entrar visitantes y Giger hizo un esfuerzo por tratar de pasarlo bien, así que se puso una de las máscaras metálicas que él mismo hacía y se escondió detrás de la puerta. Cada vez que entraba alguien, Giger aparecía de su escondrijo y los asustaba.

Saltaba sobre ellos emitiendo un gruñido, como un hombre lobo.

Luego empezaron a llegar varios metalheads. No creo que el tipo ricachón de la galería hubiera visto gente así antes, porque empezó a ponerse de los nervios e impuso un código de vestimenta en mitad de la fiesta.

El propietario de la galería dijo. "¡Ahora hay que pagar 25 dólares para subir al ascensor y acceder al evento!".

Giger, obviamente, enfureció. Los fans del metal habían ido a verle porque Giger acababa de hacer una ilustración para la portada de un disco de Carcass, y resultaba que Carcass estaban tocando en el festival CMJ.

En ese momento aparecieron ni más ni menos que los GWAR con toda su indumentaria. A esas alturas, el dueño de la galería flipaba tanto que decidió marcharse de su propia fiesta y no volver en toda la noche.

Giger estaba encantado de ver a los GWAR, y el resto de la fiesta discurrió en un ambiente jovial.

No sabría cómo describir a H. R. Giger. Es un hombre brillante, muy centrado en su trabajo. La siguiente vez que lo vi fue en su casa de Zúrich, en un dúplex enorme. Una parte del dúplex estaba en perfectas condiciones de mantenimiento, con un pequeño jardín cuidado hasta el último detalle. En la parte en la que vivía Giger, en cambio, ¡las malas hierbas del jardín habían crecido tanto que se habían convertido en troncos de árboles!

Nada más entrar vi algunas de sus obras más conocidas y admiradas apoyadas en la pared, una contra la otra. Había un original de Joe Coleman sobre la estufa, lleno de grasa de comida. También estaban los restos de un pequeño tren que había construido y que entraba y salía de la casa y volvía a un túnel que había construido en el jardín trasero. Huelga decir que la entrada de la casa se asemejaba más a la vagina de una mujer que a una entrada, y de sus paredes colgaban varias reproducciones tridimensionales de sus polémicos "Babies in a Row".

El día que fui a visitarlo llovía y hacía frío. Supuse que habría estado lloviendo durante varios días, porque habían crecido hongos en los bebés, confiriéndoles, si cabe, un aspecto más genuino de Giger. De repente, oí una música de piano atonal por todo el edificio que me recordó a las composiciones de Schoenberg. Lo cierto era que la música predisponía al buen humor. Me dije a mí mismo "Vaya, muy buena elección. Me pregunto qué será."

Finalmente subí por las escaleras hasta el piso superior y allí estaba Giger tocando el piano. Alzó la vista y, al ver que lo estaba observando, dejó de tocar. No volvió a tocar. Al parecer también era un pianista consumado. Es posible que existan grabaciones de su música, pero no sé en qué estado se encontrarán ni dónde podrían conseguirse.

Los Ramones

Vi a los Ramones por primera vez en Denver en 1977. ¡Aún estaba impactado de que me dejaran ir al backstage para hablar con una estrella del rock! Hasta aquel día mi mundo musical se limitaba al arena rock.

Lo que diferenciaba a los Ramones de toda esa mierda de sexo, drogas y rock'n'roll era los temas que trataban en sus canciones. Al principio, mis amigos fumetas y yo escuchábamos a los Ramones y nos reíamos cuando decían "Now I wanna sniff some glue, now I wanna have something to do".

Sus temas eran supercortos y no tenían solo de guitarra, pero las letras iban sobre prostituirse en alguna esquina o dar una paliza a alguien en el Burger King. Nadie hablaba de esos temas hasta que el punk los resucitó en un acto de venganza.

Aquel concierto causó gran sensación. Después de que mis amigos y yo fuéramos a verlo, mis otros amigos me decían, "Eric, ¿de verdad te tomas en serio a los Ramones ahora?".

Pues sí. ¡Ja! El concierto no solo fue impresionante, sino que logró asustar a la mayoría de los asistentes. Eran potentes y sencillos, a su vez. Entonces empecé a cavilar. "Joder… ¡Es tan sencillo que cualquiera podría hacerlo! ¡Yo podría hacerlo! ¡Debería hacerlo!"

Por supuesto, estas mismas cavilaciones las estaban teniendo montones de personas en todo el país. De forma, lenta pero segura, los solitarios y marginados fans de los Stooges, que no conocían a nadie como ellos en sus ciudades, se mudaron a ciudades mayores (Nueva York, Los Ángeles, San Francisco) y formaron grupos. El resto ya lo sabéis. Johnny Ramone me escribió una carta a mediados de los 80, cuando los Dead Kennedys seguían en activo, en la que me explicaba por qué creía que el punk no debería tratar el tema de la política. Digamos que Johnny no estaba del todo de acuerdo con los derroteros que habían tomado los Dead Kennedys.

Creo que le respondí, aunque no recuerdo qué le dije. Sé que en ella defendí mi punto de vista en un tono cordial. Para mí los Ramones siempre han sido un grupo con implicaciones políticas por los temas que tratan en sus canciones.

Los Melvins

Conozco a los Melvins desde hace muchos años. En 1984, cuando vivían en Olympia, un amigo suyo me pasó un casete con una demo. A finales de los 80 o principios de los 90, cuando se mudaron aquí, los vi unas cuantas veces, pero no he tenido mucha más relación con ellos.

Finalmente vi otro de sus conciertos y, de repente, lo vi claro. Quizá fue porque interpretaron "Halo of Flies" tan bien, no lo sé. El caso es que fue un concierto increíble y a partir de ese momento pensé que tenía que empezar a escucharlos. Un concierto después, Buzz y Dale me propusieron hacer una gira conjunta. Surgieron como respuesta a la versión falsa y reformada de los Dead Kennedys, que se dedicaban a huir con el dinero de la gente celebrando conciertos fraudulentos. Los Melvins estaban muy indignados, por lo que decidieron celebrar una contragira en la que tocarían exclusivamente temas de los Dead Kennedys.

Yo les dije, "No. Si salgo de gira, quiero tocar nuevas canciones. Tengo muchos temas que todavía no he tocado con nadie. ¿Queréis que hagamos un disco?".

Y les pareció genial.

Biafraísmos futuros

Durante los últimos años he estado trabajando con el grupo de nuevo. Finalmente pude crear Jello Biafra and the Guantanamo School of Medicine. Ahora tenemos cuatro publicaciones: dos álbumes y dos EP. Él último disco se llama White People and the Damage Done. Se puso a la venta a principios del 2013 y su gira promocional ha estado funcionando con ciertas interrupciones hasta hace poco. Después de otros pequeños proyectos que tengo entre manos, creo que será momento de que desconecte un poco. Necesito recluirme y escribir los nuevos temas para Guantanamo School of Meds.

No se me da muy bien escribir canciones sobre la marcha cuando estoy de gira. Tengo que estar solo un tiempo para centrarme, sin teléfono ni email que me distraigan.

Antes escribía las canciones en Boulder, pero por alguna razón, a mediados de los 80 me empezó a costar hacerlo allí, por lo que el resto de canciones las he escrito aquí, en San Francisco. Pero los temas de Dead Kennedys los escribí en Boulder. Por aquel entonces no había contestadores automáticos, ni correo electrónico ni nada de eso. Cada vez que sonaba el teléfono en mi casa, alguien tenía que cogerlo, y nueve de cada diez veces, la llamada era para mí, y ahí se iba otro día de mi vida.

Así que tenía que apartarme de los Dead Kennedys y de Jello Biafra el tiempo suficiente como para sacarme el cerebro del culo y volver a escribir. También estoy intentando sacar adelante un par de proyectos más, como crear un álbum en directo con la osadía que protagonicé en Nueva Orleans. Se llama Jello Biafra and the New Orleans Raunchin' Soul All-Stars.

Estaba en casa de mis padres y fui a un concierto de Cowboy Mouth y Dash Rip Rock en Denver. Nunca había oído a los Cowboy Mouth y me fliparon. Fred LeBlanc es el batería vocalista más carismático que te puedas imaginar. Quizá más carismático incluso que Levon Helm.

Uno de los miembros del equipo de los Dash Rip Rock me oyó cantar algunas de las versiones de rock'n'roll de Nueva Orleans y gospel que tocaron durante el concierto. Luego, Fred y Bill Davis, líder de la banda, me arrastraron al vestuario y me pidieron que fuera al festival de jazz de Nueva Orleans a interpretar versiones de soul y R&B de Nueva Orleans.

Yo le convencí para añadir un poco de garage rock a los temas, porque me sentía más a gusto en ese campo. Se celebró el concierto, con toda una sección de viento y la colaboración del increíble pianista Pete Gordon, con quien ya he trabajado otras veces.

Pete se unió a nosotros y todos lo pasamos genial. El multipistas era un auténtico desastre, pero Ben Mumphy, que trabaja con los Pixies y con Frank y mucha más gente, me llamó y me dijo, "Estuve en el concierto y creo que puedo arreglarlo si me dejas llevarme el multipistas a mi estudio".

Así, con paso lento pero seguro, ha estado haciendo versiones coherentes muy atractivas, desde "Workin' in a Coal Mine" hasta "Mother in Law", la canción de Ernie K. Doe. Hicimos "The House of the Rising Sun" e hicimos "Bangkok" en memoria de Alex Chilton, que había muerto poco antes. Incluso hicimos la versión de "I Walk on Glided Splinters", ese tema tan chulo de Dr. John, del álbum Gris-Gris.

Como podéis ver, todo el mundo se lo está pasando bien y caen gotas de sudor de las paredes.

En 1975, Legs McNeil fue el cofundador de Punk Magazine, y esta es en parte la razón de que tú sepas qué significa esa palabra. También es el autor de Por favor, mátame, lo que le convierte en algo así como en el Studs Terkel del punk rock. Además de su columna para VICE sigue escribiendo en su blog personal, ​pleasekillme.com​ / Síguelo en Twitter - ​@Legs__McNeil​