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Cultura

Cómanse a los caracoles africanos gigantes antes de que ellos se coman su casa

La semana pasada en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, los oficiales del servicio estadounidense de Aduanas y Protección Fronteriza decomisaron dos canastas de picnic con una carga particularmente valiosa: un puñado de caracoles africanos...
24.7.14

Foto vía: Departamento de Agricultura de EE.UU.

La semana pasada en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, los oficiales del servicio estadounidense de Aduanas y Protección Fronteriza decomisaron dos canastas de picnic con una carga particularmente valiosa: un puñado de caracoles africanos gigantes, cuyo peso fue de 35 libras, provenientes de un vuelo de Lagos, Nigeria.

Estos moluscos fueron inicialmente previstos para ser la cena de alguien en San Dimas, pero el servicio aduanero optó por incinerar a los 67 animales (la carga más grande que la agencia ha encontrado), porque han sido clasificados como especies invasivas en los Estados Unidos.

Es cierto que los caracoles, que pueden vivir más de diez años y crecer hasta medir veinte centímetros de largo, son particularmente voraces. El departamento estadounidense de agricultura los odia. Llevados a los Estados Unidos en 1966, se convirtieron en una peste masiva en Florida, donde una familia de tres caracoles devino  en una plaga de 18.000. Son legales en el Reino Unido, pero por la misma razón es ilegal liberarlos en la naturaleza. El departamento de agricultura afirma que los caracoles pueden consumir más de 500 variedades de plantas y, además, también se comerían el estuco de las casas.

¿Así que por qué no nos los estamos comiendo?

Es lo que ha hecho mucha gente en África occidental durante años. En Nigeria son llamados comúnmente "carne del Congo" y tienen precio de un manjar. Algunos son recogidos en la selva aunque se ha reportado que su población ha declinado debido a la deforestación, uso de pesticidas y sobreexplotación. Otros son cultivados en criaderos, que tienen ventajas sobre otros tipos de cultivo. Los caracoles son silenciosos, se reproducen rápidamente y a bajo costo, requiriendo mucho menos en gasto inicial que vacas o cerdos. Los campesinos nigerianos, dedicados al caracol, usualmente los alimentan con vegetales, hojas de árboles y sobras, que son transformadas en proteína perfectamente comestible.

Pero estos no son solo escargots. Son más fuertes y carnosos que sus primos europeos, y exigen una preparación más exótica. Primero son blanqueados y extraídos de sus caparazones con una vara o un martillo. Luego son lavados en alumbre o jugo de lima para remover la mucosa y añadirles un poco de sabor, (aparentemente, los caracoles alimentados con hoja de papaya también saben mejor). Luego son tajados, freídos hasta estar crujientes y servidos como snack en palillos, u horneados con pimienta y servidos con arroz.

¿Qué nos detiene entonces? Los caracoles contrabandeados en el aeropuerto de Los Ángeles fueron catalogados como Achatina fulica, pero eran realmente Archachatina marginata, ambos considerados igualmente peligrosos para el ecosistema. Pero la mayor preocupación es el hecho de que los caracoles puedan alojar a un nemátodo parásito llamado Angiostrongylus cantonensis (alias "gusano de pulmón de rata") que puede transmitir meningitis eosinofílica a quien lo coma, o a quien entre en contacto con sus rastros de babaza, que también puede alojar nemátodos vivos. Y nadie quiere tener eso adentro.

Esta situación no se limita a los caracoles africanos gigantes. Muchos caracoles de tierra y de agua fresca, incluyendo el escargot, pueden contraer el parásito si comen comida contaminada por heces de rata. Aún no se ha reportado el primer caso en Estados Unidos de contagio de meningitis por caracol africano. Si son criados bajo condiciones apropiadas, esta preocupación sería mucho menor, o por lo menos no más significativa que los patógenos que la industria cárnica enfrenta cada día.

Los campesinos africanos no han podido aumentar la producción de caracoles más allá de sus niveles de subsistencia, a pesar del relativo bajo costo de su sostenimiento y su estatus de manjar. En otros países, sin embargo, el caracol africano gigante puede valerse de residuos agrícolas reciclados y producir libra tras libra de carne libre de metano.

¿Pero podrá la civilización occidental poner a un lado su miedo a las cosas viscosas y ponerla en su boca? Es posible. Finalmente, el escargot existe como plato, así haya sido por unos pocos francófilos, y los caracoles de mar abandonaron sus confines británicos llegando a los comedores estadounidenses. Tim Hayward, periodista de The Guardian, tuvo la oportunidad de probar los caracoles africanos y describió su textura como "un intermedio entre corazón crudo de alcachofa y el cartílago de la rodilla de un futbolista de la liga premier", lo que fue aparentemente un halago.

Me convencieron.