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¿Desde cuándo se volvieron tan intolerantes los nerds?

Atacar a los críticos que no están de acuerdo con el consenso cultural se ha vuelto una práctica constante, en especial cuando las películas pertenecen al género de entretenimiento y están basadas en cómics.
14.8.14

Afortunadamente el carnaval de películas veraniegas está preparando sus maletas llenas de destrucción sin sentido y montones de adolescentes que acaban de cumplir la mayoría de edad para irse de la ciudad por un año más. Ahora sólo nos queda el equivalente cinematográfico a lo que sería comer sobras tibias para la cena. Entre agosto y noviembre, al público cinéfilo se le entretiene con películas que, en el mejor de los casos, son irrelevantes para los estudios o, en el peor de los casos, de las que se avergüenzan.

Las películas que se van a lanzar en los próximos tres meses seguro parecían una buena idea de momento (¡Una secuela de una película que fue famosa hace diez años! ¡Tenemos a Sylvester Stallone! ¡Está basada en un programa de televisión de los años 70! ¡Va a salir muy barato producirla y el protagonista es Ethan Hawke!), pero que por alguna razón, simplemente no funcionaron y ahora el estudio quiere lanzarlas de manera discreta. Este es el tipo de películas que tanto los críticos como la audiencia ignoran con gusto. Es por eso que me encanta está época del año. Es un merecido descanso del bombardeo publicitario súper intenso que está por todos lados en verano. Además, puedo decir cómodamente que una película no me gustó sin que alguien me diga que “no la entendí” o me amenace con matar a mi primogénito en una noche de luna llena y luego obligarme a tomar su sangre.

Atacar a los críticos que no están de acuerdo con el consenso cultural se ha vuelto una práctica constante, en especial cuando las películas pertenecen al género de entretenimiento y están basadas en cómics. La comunidad de fans declarados tiene una gran habilidad para llegar muy rápido a acuerdos sobre los méritos de las películas, los programas de televisión, etcétera. Joss Whedon es un genio. El Hombre de Acero está sobrevalorada. Capitán América y el Soldado de Invierno fue una película de suspenso política bien hecha. El final de Lost estuvo horrible. Estos llegaron a ser clichés culturales por que se juntaron suficientes personas en internet para formar ese consenso.

La tendencia de pensar en grupo se ha extendido y ha llegado a tener una actitud agresiva o de desconfianza hacia las opiniones alternativas. Marshall Fine, un crítico de películas afiliado, fue objeto de amenazas de muerte al ser la primera persona en publicar una reseña negativa de El caballero de la noche asciende. David Edelstein de la revista New York también fue muy cuestionado por publicar la primera reseña negativa de El caballero de la noche. Gracias a la capacidad del internet para conglomerar todo, ahora podemos hacer un seguimiento de la respuesta crítica de una película del mismo modo en que podemos tener registro de la cantidad de medallas durante las Olimpiadas.

Aunque las películas de Batman no son las únicas que provocan respuestas negativas. En Rotten Tomaotes, de 280 reseñas sobre la película Up: una aventura de altura, sólo cinco de ellas fueron negativas. Una de esas reseñas (de Stephanie Zacharek, la actual crítica de películas de Village Voice y que trabajó anteriormente en Salon.com) fue la causa de este enorme discurso del usuario llamado groanmox:

“¿Por qué tengo que leer lo que escribió la estúpida Stephanie Nosequé sobre el fiasco que es la película Up: una aventura de altura?. Ella ataca a todos en Pixar a excepción del increíble director de Los Increíbles. Sí, él es brillante, pero también los son las demás personas que llevan su visión a la pantalla. Si no te gusta esta película animada, no es necesario traer a discusión un falso ESTANDAR de EXCELENCIA que según esta ignorante Stephanie conoce totalmente. Ella no tiene nada de crítica. Este estándar no existe. Ella es nueva e intenta derribar al amable gigante que es Pixar simplemente por que tiene influencia y nada más. Ella no tiene nada. No tiene conocimiento, ni compasión ni sutileza. Qué fácil es adorar a los genios. Qué difícil es criticar con aplomo a los nuevos y talentosos directores. Cómo odio la estupidez maliciosa de pendejos como Stephanie. Ya no la publiquen. No leeré nada que ella escriba”.

El “amable gigante” de Pixar es una empresa multimillonaria en la que trabajan cientos de personas en unas instalaciones que mide casi nueve hectáreas en el Área de la Bahía de San Francisco. No es una persona. Es una organización que gana dinero con el trabajo que realizan. No es un ser humano. La Corte Suprema de los Estados Unidos por fin lo hizo oficial gracias a la organización Citizens United, sin embargo, los geeks decidieron que las corporaciones eran personas desde hace mucho tiempo.

El “estándar de excelencia” que este usuario considera tan falso es totalmente subjetivo pero eso no impide que otros como él condenen a cualquier persona que se encuentra en el lado opuesto, que es el de la crítica. La primera crítica negativa de Up: una aventura de altura que redactó el inconformista Armond White también fue repudiada por todo el mundo, tanto que se crearon un gran número de debates que apoyaban su valentía o condenaban el auténtico descaro que requirió para odiar esta película que todos consideraban una obra maestra. Una vez que se cierra el libro de opinión pública sobre una película (que en el ambiente actual de los medios de comunicación, toma cerca de cinco horas desde el lanzamiento de la película), se cierra y ya.

Con Stephabie Zacharek de vuelta en la mira de los fans de este género, el fenómeno continúa. Ella se atrevió a decir que Guardianes de la galaxia de Marvel “se esfuerza tanto para hacerle publicidad a su mala reputación que al final no logra ser nada más que eso”. Está de más decir que su opinión se enfrentó la crítica negativa correspondiente:

Una selección de ira dirigida a la crítica de películas a la que no le gustó una película de cómics.

[Franz M. Kosmicki: Querido, quien sea que escribió esto. Eres un imbécil]
[Iain McGregor: Sólo a un pendejo amargado podría desagradarle la película]
[Dorine Walski: Saben, ni siquiera puse atención al autor de este texto, pero ahora que lo veo, me alegra no haberme tomado la molestia]

La situación empeoró tanto que otro escritor de Village Voice sintió la necesidad de defender a Zacharek y denunció la agudeza homofóbica y sexista de un comentario en específico. “Sólo está enojada por que vive en un pueblo lleno de gays y nadie quiere su vieja y seca vagina”.

Ignorando el hecho de que este usuario no conoce la vagina de Zacharek ni sabe con qué frecuencia tiene sexo, está por demás mencionar que ella fue víctima de sexismo. La gente recurre a los insultos racistas, a la homofobia y a las amenazas de violencia en internet en todo momento del día. No es ninguna excusa, pero sin duda es el efecto secundario inevitable por la evolución que ha experimentado la libertad de expresión en internet. El problema que subyace aquí es cómo una reseña objetiva de una película cuyo protagonista es un mapache parlante puede generar tanto rencor en un adulto.

Cabe decir que los éxitos de ventas (desde La guerra de las galaxias en 1977 hasta el mercado que ahora domina Marvel) están hechos principalmente para los niños. Los niños compran juguetes. Los niños duermen entre sábanas con sus personajes favoritos impresos en ellas. Los niños ven las caricaturas que derivan de sus hermanas corporativas creadas en los estudios de cine. Con el tiempo, esos niños crecen con el mismo nivel de afecto hacia dicha película y siguen gastando dinero en relanzamientos, secuelas y demás mercancía.

Yo aún compro juguetes y asisto a proyecciones a media noche de Batman de Tim Burton. Soy parte de este círculo vicioso de fans y estoy completamente consiente de que no soy más que una máquina de dinero para las corporaciones multinacionales. Es demasiado irracional ser tan apasionado de esta clase de cosas cuando eres adulto, pero a nosotros que aún nos emocionan la fantasía y la ciencia ficción, o no lo vemos de esa manera o simplemente encontramos algún modo de racionalizarlo. Es por eso que reaccionamos tan mal cuando un extraño (en especial si se encuentra en una posición de autoridad) intenta obligarnos a despertar de nuestro sueño colectivo.

Cuando una de estas películas funciona para el público general y se vuelve exitosa, se utiliza el hecho de que la película está hecha para niños como una excusa para desmentir a quien tenga una opinión contraria. Los caballeros blancos de Guardianes de la galaxia o de Tortugas ninja se preguntan por qué alguien gastaría tanta energía criticando una película que está hecha para personas que aún no pueden ingerir alcohol legalmente. “Es una película para niños”, gritan a quien sea que los escuche. “¡Sólo disfrútenla!” Sí, es una película para niños y aún así hay adultos que están pelando sobre los méritos relativos de una película para niños. ¿Quién es el idiota en esta relación? La verdad, todos lo somos.

Tanto los críticos como los miembros de público general estamos en el mismo nivel básico cuando se trata de lo inútil que es juzgar una película donde salen tortugas de dos metros de altura montadas en patinetas y que sólo están hechas para sacar a la venta más mercancía. Ambos estamos pelando por algo trivial. Aunque parezca tonto criticar una película diseñada para atraer a un público menor de 18 años, es igual de absurdo defender esa misma película de unas personas a las que le pagan por decir lo que piensan sobre dicha película para niños. Todos los que participan en el ecosistema cultural al expresar su opinión acerca de una película en la que un montón hombres con un trajes de cuero se golpean el uno a otro deben estar un poco locos, me incluyo.

Pasé mucho tiempo esperando a que saliera la película de Guardianes de la galaxia. El material publicitario prometía una encantadora comedia a través de los rincones abandonados del grandioso universo de Marvel. Tal vez yo soy ese “pendejo amargado”, pero el producto final me pareció igual a la misma mierda prefabricada, rellena de espuma, cursi, procesada que son los espectáculos de aventura y acción que nos brinda cada fin de semana la industria del cine. Esta película es una diversión momentánea, algo de lo que te olvidas cuando terminas de sacarte los restos de palomitas que quedaron en tus dientes. Aunque sabía en lo que me metía, no dejé de expresar mi descontento. Aún así dije algo. Claro, dije algo por que me pagan para que lo haga y eso es lo que crea todo este discurso, tanto el producto como la respuesta que recibe.

Guardianes de la galaxia no fue tan mala como Transformers: La era de la extinción o Tortugas ninja, fue más genial y más divertida que las de Christopher Nolan y visualmente fue mucho mejor que la paleta de colores desabridos de todas las demás películas de Marvel. Sin embargo, no deja de ser una baratija creada para que los niños compren juguetes. Las películas, al igual que todas las demás industrias, funcionan bajo el mismo principio de oferta y demanda. El gusto que tiene el humano por el entretenimiento agradable, inofensivo y positivo parece ser insaciable, y por lo mismo necesita abastecerse infinitamente. Necesitamos productos, en especial productos que tengan una gran demanda y que el público lo espere con ansias como suelen ser las películas basadas en historias tan conocidas.

No soy tan arrogante como para asumir que la industria del entretenimiento debe darle al mundo más de lo que le piden. Soy capitalista. Me encanta el dinero. Me encanta tenerlo y gastarlo en playeras de RoboCop. No le quito a nadie su derecho de ganar dinero con películas de dos horas llenas de explosiones y tomas del trasero de Megan Fox. Nací en Estados Unidos y, carajo, ¡claro que quiero ver el trasero de Megan Fox!

Estas películas son productos, son transacciones descaradas entre dos partes: el público y la fábrica de basura. Y aún así, una gran parte de la gente se niega a reconocer lo que son estas películas y eso provoca que ataquen a cualquiera que se atreva a bajarlas de su elevado pedestal.

Tal vez el recuerdo de su infancia (ese tiempo en la vida de una persona en el que las cosas más horribles eran las verduras y la tarea) es la razón por la que los fieles pierden la cabeza cuando se enfrentan a una opinión diferente. Cuando yo era niño, las películas las hacían personas amables tipo Willy Wonka, como Steven Spielberg y George Lucas, con el único objetivo de hacer arte. Fue hasta que llegó la generación que creció con Indiana Jones y Jurassic Park cuando se dieron cuenta que podían sacar más provecho.

Para algunos, El imperio contraataca se hizo con amor y cuidado mientras que La amenaza fantasma estuvo de la mierda y sólo fue para ganar dinero. En realidad, ambas se hicieron con fines lucrativos. Decir que una es arte y la otra es comercio sólo nos desvía del tema. La decisión que tomo George Lucas de pedir a 20th Century Fox que le entregara los derechos de comercialización de La guerra de las galaxias lo volvió multimillonario. Nadie que quiera crear arte por amor al arte considera siquiera vender juguetes. Aunque los empresarios astutos sí lo hacen.

Aunque esta época parezca más cínica, en realidad no lo es. Aún quedamos unas cuantas personas capaces de viajar a otro mundo gracias a una película épica y costosa. Esta clase de personas no puede soportar cuando un engreído crítico profesional de cine se mete con su fantasía y le da una reseña negativa. Claro, sólo es una película. Pero cuando tienes ocho años (ya sea física o emocionalmente), no es sólo una película. Es mucho más que eso. Me gustaría poder decir que aún soy parte de ese grupo de gente que se compromete totalmente con el entretenimiento única y exclusivamente con el fin de recibir eso, entretenimiento. Incluso si lo fuera, no creo que sería capaz de amenazar de muerte a alguien que no comparta mi opinión. La diferencia entre las dos escuelas de crítica de cine nunca había sido tan pronunciada. Esperemos que algún día los dos bandos puedan aprender a coexistir en el mismo universo.

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