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Cultură

Los búnkeres abandonados de Berlín

Con lugares seguros como este, tal vez sea mejor evaporarse.
28.12.11

Bajo la superficie de los reportajes sobre la muerte de Kim Jong-il y las especulaciones sobre si el pequeño Kim está preparado o no para reinar, subyace el miedo a la inestabilidad de Corea del Norte en el terreno nuclear. En la actualidad sabemos que la tecnología está tan avanzada que un ataque vaporizaría la carne humana inmediatamente, pero tiempo atrás, cuando la gente todavía creía que era posible protegerse de los misiles nucleares, esas cosas tan desagradables, se construyó en Berlín un sistema único de búnkeres para que la gente de la capital pudiera cobijarse. Algunos de ellos todavía siguen ahí.

Uno de los búnkeres subterráneos más grandes de Berlín está ubicado en la estación de metro de Siemensdamm, que no es realidad una estación si no más bien un complejo sistema de búnkeres capaz de brindar escudo a un par de miles de personas en caso de estallido nuclear. Tras los atentados del 11 de septiembre se invirtió un buen montón de dinero en reacondicionar el búnker, justo antes de que el gobierno decidiera abandonar definitivamente el proyecto al completo. La mayoría de los búnkeres se vendieron o se reconstruyeron para darles un uso distinto. A pesar de todo, alrededor de 4.500 personas podrían aún sobrevivir en este mismo búnker sin tener contacto con el mundo exterior. Me sentí como si hubiera dado una bocanada de apocalipsis. Decidí pedirle a Andreas Ulbrieg, experto en búnkeres, que me hiciera una visita guiada por esta construcción de cemento y acero.

Accedimos al búnker por las vías del metro; allí se encuentran las únicas cuatro puertas que conducen al interior. Una gruesa capa de polvo marrón lo cubría todo dentro del búnker. No parece que hayan pasado aquí muchas cosas desde que en 2004 se hicieran los últimos simulacros.

Para prevenir ataques de pánico en masa, la gente sólo podía acceder uno a uno. Todas las puertas están controladas de forma mecánica.

Las instalaciones están equipadas con un generador de emergencia y acceso a dos pozos de los que extraer agua. Además, hay once contenedores de agua potable con capacidad para abastecer de dos litros y medio diarios a 4.500 personas. El oxígeno es otra aspecto a no descuidar cuando se tienen a 4.500 almas encerradas como sardinas en una lata. Un ingenioso sistema de aire acondicionado provee aire fresco, que dos torres extraen del exterior, es filtrado para eliminar la radioactividad y después refrigerado. La puerta interior está protegida por una barricada de cientos de bloques de cemento armado. Cinco centímetros de este cemento reducen la radiación nuclear a menos de un 1 por ciento. Para evitar que aire contaminado entre en las instalaciones, la presión del aire en el interior es ligeramente superior a la del exterior.

Imagino que estas literas no están mal cuando no tienes otra opción.

Dentro del búnker no hay posibilidad de distanciarte de las otras 4.499 personas escogidas al azar. Estarías 14 días pegado a ellas con un espacio privado cercano a cero.

Ehh… Tal vez lo mejor sea quedarse arriba.