VICEhttps://www.vice.com/esRSS feed for https://www.vice.comesTue, 16 Oct 2018 04:00:00 +0000<![CDATA[El cannabis puede acabar con la adicción a la cocaína]]>https://www.vice.com/es/article/bj4agd/cannabis-cbd-adiccion-cocainaTue, 16 Oct 2018 04:00:00 +0000España es el cuarto país de la Unión Europea en el que se consume más cocaína en la franja de edad comprendida entre los 15 y los 34 años y los últimos estudios publicados sobre el tema subrayan con preocupación las consecuencias derivadas de lo que algunos consideran ya una epidemia.

De hecho la cocaína es la segunda droga ilegal más consumida en Europa y en los Estados Unidos y, sin embargo, no existen tratamientos efectivos para remediar sus efectos negativos por lo que actualmente se están desarrollando nuevas estrategias terapéuticas para combatirlos.

Científicos de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona han hecho un descubrimiento sin precedente: es posible que una sustancia derivada del cannabis atenúe los efectos derivados de la cocaína. Se trata del cannabidiol, también conocido como CBD, uno de los dos componentes cannabinoides más importantes de la planta de cannabis que no tiene efectos adictivos.


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Olga Valverde Granados es la investigadora que ha liderado el grupo que ha llevado a cabo el estudio y me cuenta que esta sustancia provoca una multitud de efectos en nuestro organismo como por ejemplo el de reducir la ansiedad, también tiene capacidad sedante, es neuroprotector, y puede provocar también mejoras en la memoria.

“Aunque muchas de las cualidades del cannabidiol ya habían sido objeto de estudio, en esta investigación hemos comprobado que puede ayudar incluso a desengancharte por completo de drogas como la cocaína”, explica Valverde. La experta aclara que este mismo componente también se está estudiando paralelamente para combatir los efectos del alcohol y la heroína y según parece también se están obteniendo resultados positivos.

"Consumir porros no sería el antídoto de la cocaína porque la marihuana también tiene una parte adictiva"

Durante la investigación efectuada por el grupo de Investigación en Neurobiología del Comportamiento (GReNeC-NeuroBio) de la UPF, se ha adiestrado a una muestra de ratones para que cada vez que accionaban una palanca se auto administrara cocaína por vía intravenosa, de tal manera que se ha desarrollado una adicción en los animales.

Los ratones eran introducidos en una caja durante dos horas diarias en las que había dos palancas. Una no hacía nada mientras que la otra les proporcionaba droga a través de un catéter que llevaban puesto.

En esta metodología de estudio los animales tocan una o la otra en función del placer recibido al tocarlas, por lo que si la experiencia les disgusta dejan de accionarlas. “Hemos podido comprobar que algunos animales llegaban a accionar la palanca hasta cien veces para recibir una sola dosis de cocaína”; explica la científica.

A una parte de los animales de la muestra se les ha suministrado cannabidiol a través de una inyección a la vez que el animal se iba haciendo adicto. “Lo que hemos observado ha sido que los animales que han sido tratados con cannabidiol consumen un 50 por ciento menos de cocaína. Incluso ha habido ratones que ya no han vuelto a accionar la palanca para volver a recibir una dosis de cocaína, por lo que se puede deducir que reduce la ansiedad de consumir la droga”; me dice.

Posteriormente se han hecho estudios moleculares para ver cuál es el mecanismo por el que el cannabidiol está actuando. “Lo que hemos visto es que hay un fenómeno llamado neurogénesis, formación de nuevas neuronas en el cerebro, cuando les hemos administrado el cannabidiol, y esto está muy relacionado con la memoria”, asegura Olga.

“Lo que hace el cannabidiol es que impide que se creen estas memorias erróneas sobre la droga y facilita la creación de otros procesos de aprendizaje”

Cuando se produce una adicción a una droga lo que se produce en realidad es como una especie de memoria errónea en la que nuestro organismo asocia de forma prioritaria la droga por encima de otras acciones como son comer, beber o relacionarnos con otra gente. “Lo que hace el cannabidiol es que impide que se creen estas memorias erróneas sobre la droga y facilita la creación de otros procesos de aprendizaje”, explica.

El porcentaje de los animales que no han vuelto a probar la droga después de haber sido tratados con cannabidiol ha sido variado. En los humanos ocurre lo mismo: no todas las personas que consumen por primera vez una droga les afecta de la misma manera ni todos nos comportamos igual ante ella.

“Hay una capacidad de vulnerabilidad individual que depende de factores genéticos y de factores ambientales. Lo que nosotros vemos en nuestro medio, en nuestras amistades, afectaría directamente en nuestro comportamiento respecto al consumo de droga”, nos dice la experta. Aunque estemos igual de expuestos a una droga esto explicaría por qué hay gente más proclive a consumirla o no.

Olga asegura que alrededor del 15% de las personas que han consumido por primera vez cocaína van a tener problemas de adicción a esta sustancia. “Aunque a simple vista puede parecer un porcentaje bajo realmente es significativo, porque una vez alguien se ha vuelto adicto este proceso es irreversible”; explica la científica.

Valverde asegura que consumir porros no sería el antídoto de la cocaína porque la marihuana también tiene una parte adictiva, por lo que la persona en cuestión podría acabar enganchada a las dos substancias. Sin embargo en las personas que utilizan el CBD no sintético con fines recreativos y son además consumidoras de cocaína tendrían supuestamente menos posibilidades de engancharse a la segunda sustancia.

Desde el punto de vista experimental aún quedan muchas cosas por demostrar: “Vamos a suponer que alguien ha superado una adicción gracias a un proceso de desintoxicación. Lo que ocurre en el ser humano es que al cabo de seis meses o de un año puede volver a recaer porque es una enfermedad recidivante. En estas condiciones nosotros no lo hemos probado. Tenemos métodos para hacer que el animal recaiga en la adicción y ahora es lo que estamos experimentando”; explica.

“En el momento que tengamos más resultados positivos es posible que alguna farmacéutica se interese en el tema”

También queda por probar el estudio en seres humanos. “No quiero dar falsas expectativas a gentes que tienen el problema, pero lo que hemos encontrado podría ayudar a mucha gente”, me asegura Olga. "Una intervención desde el estado podría facilitar que esto se pudiera desarrollar, pero estamos hablando de aproximadamente algún millón de euros”, cuenta.

En países como Suiza el CBD se puede encontrar en el mercado sin problemas y en varios formatos. De momento en España, a pesar de que ha incrementado la demanda de cannabidiol y de que cada vez se consuma más, la situación es un poco confusa. Mientras la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios establece que las plantas de cannabis con concentraciones por debajo del
0,2 por ciento de THC no se consideran estupefacientes, por otro lado la comercialización del cannabis en todas sus formas queda prohibida.

Los resultados obtenidos con el estudio publicado por la UPF proporcionan más evidencias para utilizar el cannabidiol con fines terapéuticos. En este sentido se debería extraer la sustancia de la planta y convertirla en algún tipo de fármaco comercializable. “En el momento que tengamos más resultados positivos es posible que alguna farmacéutica se interese en el tema”; espera Olga.

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<![CDATA[Sí, yo también he visto 'Élite' del tirón]]>https://www.vice.com/es/article/evw8jp/elite-serie-netflix-maraton-lucha-de-clasesTue, 16 Oct 2018 04:00:00 +0000El viernes pasado me pasé casi siete horas delante del ordenador. No fue en la redacción y el culpable no fue ningún artículo. De hecho era fiesta nacional, 12 de octubre, lo de las carabelas, lo del genocidio, el desfile, la cabra de La Legión...

Era fiesta nacional y yo me pasé casi siete horas delante del jodido ordenador. Me juego un dedo a que no fui la única que lo hizo ese día, y a que el motivo por el cual muchos lo hicimos fue el mismo: Élite. Sí, Élite. La serie de Netflix.

Puede que a muchos nos cueste reconocer que nos hemos enganchado a una serie de adolescentes y bastante mala, porque nuestro dinerito nos han costado las Nike 97, el chándal de Ellese y las gafas de metal como para echar por tierra nuestra marca personal de peña que mola. Pero nos hemos enganchado. De hecho es que nos hemos enganchado muy fuerte. Muchos la hemos visto de una tacada, vaya. Pero tranquilos, que somos legión.


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Está claro que la serie no pasará a la historia como una creación de culto, pero como la droga o como mandarse mensajes de WhatsApp con un ex al que aún se quiere, genera intriga y da placer. Y, a pesar de inverosimilitudes como que el colegio tenga un solo profesor o como que uno de los protagonistas conduzca siendo menor o como que en ningún momento ningún chaval diga "yassss" ni "damn", ni hagan lo del "y digo si me lío", Élite tiene cosas buenas. Y cuando uno pasa por alto algunos momentos sobreactuados y la idea recurrente de que es una ficción prefabricada sin más pretensión que la de ser consumida de manera rápida, casi casi atragantándose, las ve.

Cosas buenas como el reflejo, de manera indeterminada pero constante, de la lucha de clases, un tema generalmente invisibilizado en las ficciones e incluso en la sociedad española, donde ser clase media trabajadora significa cobrar 130.000 al año y nadie quiere reconocerse como clase obrera. Que se haya dicho de ella que es una serie sobre "la lucha de clases" cuando en realidad es una suerte de Cluedo ibérico que huele muchísimo a hormonas no deja de ser sintomático, no deja de reflejar hasta qué punto la cuestión de la clase ha sido borrada de las ficciones mainstream.

Pero como en el reino de los ciegos el tuerto es el Rey, Élite es, efectivamente, una serie sobre la lucha de clases: aunque la trama gira en torno a un supuesto asesinato, el choque entre ricos y pobres, las diferencias entre los chavales del colegio público que se cae a trozos y los cachorros de la jet set que van a Las Encinas son las protagonistas. Élite invita a reflexionar sobre la desigualdad social de la España "poscrisis", sobre el espejismo que resulta ser la cultura del esfuerzo, sobre la corrupción o sobre la tendencia de las élites a protegerse.

"De aquí saldrán los líderes del mañana", dice el que parece ser el único profesor del colegio Las Encinas en el primer capítulo, a lo que Samuel, uno de los chavales que llegan desde el instituto público, responde que "eso es lo que le da miedo". En el último —ojo, spolier, pero spoiler pequeño— dos de los protagonistas se preguntan si las autoridades creerían antes a un rico que miente o a un pobre que dice la verdad.

Dejando a un lado que algunos demos palmas con las orejas porque la serie más vista de Netflix en este momento refleje que no es lo mismo nacer pobre que nacer rico (¡sorpresa!), y que es bastante más putada nacer pobre que nacer rico, Élite tiene otras cosas positivas. Que habla del VIH con naturalidad, por ejemplo. Y que no lo asocia al viejo cliché del homosexual promiscuo y —de nuevo, la clase— pobre sino a una adolescente de alta alcurnia y heterosexual que tiene que enfrentarse al silencio, a los estigmas o a la falta de información de aquellos que aún no saben que indetectable significa intransmisible y que el VIH ya no mata a casi nadie en los países desarrollados.

O la homosexualidad, tratada desde distintos puntos de vista, desde la aceptación total por parte de los chavales —seguramente y gracias al cielo la Generación Z haya tenido que lidiar en menor medida que las anteriores con insultos como maricón y bollera y Élite ha sabido reflejarlo— hasta las barreras religiosas y culturales para vivirla libremente pasando por la bisexualidad de algunos de los personajes. Eso sí, siempre personajes masculinos. Y eso que el feminismo, incluso su instrumentalización —Lucrecia le echa en cara a Nadia que lleva el pañuelo porque está oprimida y justo antes de intervenir para que el colegio le impida lucirlo en el recinto— también está, como no podía ser de otra manera, presente en Élite.

Y por último y no por ello menos importante —obviando las canciones de Tangana, Rosalía y Bad Gyal— el sexo: Élite se ha convertido en un pelotazo mundial también por explotar la baza del sexo en todas sus formas: que si voyeurismo, tríos, sexo en lugares públicos... ¿Cuántas tetas, cuantos torsos desnudos se veían en 13 reasons why? Ninguno. Pero los creadores de Élite han querido continuar con esa medio leyenda medio tradición tan española de tener que incluir folleteo sí o sí, casi por obligación, en las piezas audiovisuales.

Todo lo anterior unido a un gran enigma y a nuestro deseo de consumo rápido, a nuestra sed de piezas que entren solas y no nos obliguen a entrenar demasiado ni la mirada ni el intelecto dan como resultado que yo, como tantos otros, nos hayamos tragado Élite de una tacada.

El amor por lo mainstreamOperación Triunfo, Gran Hermano, La casa de las flores— o más bien la ausencia de reparo a la hora de admitir el amor por lo mainstream se ha convertido, en los últimos tiempos, en otro complemento para molar. Y quizá eso también sea parte del éxito de Élite.

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<![CDATA[FC Deportivo Galicia, el equipo español de barrio que aspira a jugar la FA Cup]]>https://www.vice.com/es/article/kzjymv/fc-deportivo-galicia-londres-futbolTue, 16 Oct 2018 04:00:00 +0000Si Inglaterra es el país del fútbol, Londres es su capital. En sus calles grises y caóticas, de ordenadas casitas adosadas y aceras desbordadas de transeúntes, se establecieron durante los sesenta y los setenta muchos emigrantes gallegos.

La mayoría de ellos optaron por establecerse en el barrio de Portobello, situado al noroeste de la City y famoso entre otras cosas por sus mercados callejeros y la película Notting Hill.


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Con esa oleada de gallegos, la ciudad importó nuevos gustos culinarios, un acento español norteño, la célebre morriña y, por supuesto, una tradición futbolística única. En 1968, en un pub de la zona, nació el Centro Gallego de Londres, que montó un equipo de fútbol de barrio que a día de hoy aspira a disputar la FA Cup —el torneo de fútbol más antiguo del mundo— bajo el nombre de FC Deportivo Gallego.

"Nuestro plan es jugar la FA Cup en los próximos cinco años, que sería algo muy grande aquí, y especialmente para un club español y gallego", explica a VICE Sports Leo Decabo, actual responsable del primer equipo y principal impulsor del proyecto en los últimos años. De conseguir su objetivo, el club se convertiría en el primer equipo de origen español de la historia en competir al máximo nivel en Inglaterra.

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El Deportivo Galicia en la década de los ochenta: un ejemplo de integración a través del fútbol desde sus orígenes. Imagen cedida por la familia Cagigao

El camino ha sido largo y complicado, ya que el fútbol amateur inglés tiene exigencias administrativas que harían pasar apuros a los clubes de segunda B en España. "En los ochenta ya nos exigían contar con estructuras profesionales, necesitábamos una sala de prensa, un bar, etcétera", comenta Eduardo Cagigao, exsecretario general del equipo e hijo de uno de los primeros entrenadores del club, Paco.

La compleja estructura organizativa y las exigencias económicas jamás amedrentaron a un equipo que vivió unos primeros años de tumulto. A principios de los setenta hubo una escisión que dividió al club en dos. Por fortuna, las mismas dificultades volvieron a juntar a ambos clubs y entonces nació el actual FC Deportivo Galicia, que evidentemente tomó su nombre prestado del Dépor porque la mayoría de los fundadores eran de A Coruña.

Sin su presencia, la historia de la comunidad gallega hubiera sido muy distinta, ya que fue el propio club de fútbol el que rescató económicamente al Centro Gallego para evitar su desaparición. "O nadas o te hundes, que dicen los británicos. Nos pusieron muchas trabas e intentaron sacarnos de las principales ligas amateurs, al principio los miembros no sabían demasiado inglés y no tenían el rigor organizativo británico, pero lo supimos corregir a tiempo para salir adelante", recuerda Cagigao.

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El Deportivo Galicia a finales de los ochenta, celebrando la victoria en uno de los trofeos amateurs más prestigiosos, la Challenge Cup. Imagen cedida por la familia Cagigao

El gran cambio ocurrió cuando pasaron de jugar de los domingos a los sábados, que en las islas marca la diferencia entre el fútbol de pachanga y algo que podríamos definir como amateurismo serio. En 1995, Decabo entró al equipo tras una fusión con el España Athletic, otro conjunto de la ciudad. Esa fue la mejor temporada del club, que logró un triplete ganando todas las competiciones en las que participó y ascendiendo a la primera división de la Middlesex County Football League —onceava división del fútbol inglés—, donde todavía militan.

En los últimos años, el equipo se ha mantenido a flote mientras el resto de clubs de origen español iban cayendo por culpa de la crisis. Ahora, donde antes había diez equipos con acento ibérico, solo queda el Deportivo Galicia. El club, en este contexto, ha vuelto a ser protagonista dentro y fuera del campo.

Un equipo que sirve también para integrarse a la ciudad, incluso para los que ya no están. "No estaba pasando los mejores momentos con mi padre, así que decidí que era hora de cambiar de aires, vivir una experiencia nueva, salir de mi de zona de confort y, lo más importante, aprender inglés", cuenta Aitor Lizaso, un guipuzcoano de 20 años que encontró en el Deportivo Galicia una familia en Londres: "Me ayudaron mucho con la integración; me acogieron sin conocerme de nada y me trataron como si fuese de la familia, les debo mucho", recuerda ahora desde Escocia.

FC Deportivo Galicia
Antón

Desde su fundación, el equipo ha buscado facilitar la adaptación de los recién llegados. "No es solo fútbol, aquí tratamos de ayudar a la gente con sus proyectos de vida. A los jóvenes les ayudamos con el inglés y las ofertas de trabajo. Lo que importa es la actitud, y los que lo dan todo por el equipo valen igual para el mercado laboral. Una cosa que me encanta es ver cómo los jugadores se ayudan entre ellos", explica Decabo.

"Mi primer trabajo en Reino Unido como camarero fue gracias a un compañero de equipo y mi actual trabajo como profesor en un colegio de educación infantil fue gracias a la novia de otro de mis compañeros", comenta Antón Fernández, que cambió su Ourense natal por Londres hace dos años, cuando a su pareja le dieron plaza de enfermera en la City. "Jugar al fútbol aquí te hace las cosas mucho más fáciles, después de toda una vida jugando en España no podría imaginar mis fines de semana sin 'mi' fútbol", añade.

Lo que empezó como un equipo de barrio es ahora un proyecto mucho más global. En las filas del Deportivo hay más de sesenta jugadores, un 80% de ellos españoles. El resto son de todos los rincones que te puedas imaginar: Siria, Afganistán, Sierra Leona, Italia, Inglaterra... En 2013 les llegó el reconocimiento de la Asociación de Fútbol de Inglaterra (FA) como club Charter Standard, lo que ha situado a este humilde club de inmigrantes a un paso del semiprofesionalismo.

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El vestuario del Deportivo antes de los partidos siempre luce así de bien. Imagen vía FC Deportivo Galicia

El reto sigue siendo imponente. Además de alcanzar el sueño de la FA Cup, pretenden ascender de categoría. La temporada 2016/17 fueron el equipo campeón de la División Premier, ganando la promoción a la División Uno de la Liga de Condados Combinados pero de nuevo el dinero les fastidió el reto deportivo. 28 000 euros es el coste de una temporada entera en esa siguiente división, la décima del escalafón inglés. En la actualidad ya es el único de su categoría en el que los jugadores ponen el dinero de sus bolsillos: unos 260 euros al año.

A pesar de que cuentan con subvención de la Xunta de Galicia y el patrocinio de un banco, las cifras que manejan sigue siendo insuficientes. Alquilar las instalaciones de entreno les cuesta 300 euros por sesión, y un partido 500, así que solo se entrenan una vez a la semana y a veces no todos puedes asistir por culpa del curro.

"A nuestros jugadores les exigimos profesionalismo, pero ellos no reciben nada a cambio", valora Decabo. En realidad sí que reciben mucho, y es que a través del fútbol disfrutan, se reúnen y encuentran una válvula de escape del tumulto de una urbe como Londres.

"Lo que más me gusta es el amor que gran parte de los jugadores y cuerpo técnico tienen por Galicia y por España. Presumen orgullosos de ser españoles y gallegos por todo el Reino Unido, y es algo que me ayuda a curar la morriña", asegura Fernández, de 25 años. Eso sí, en los entrenamientos está prohibido hablar español, que hay que aprender inglés, claro.

"Para mi, el Deportivo Galicia es pasión, es algo único, es ser pioneros. Hay días que es frustrante, complicado, pero el sueño de la FA Cup nos hace tirar hacia adelante", suspira Decabo. Sin duda, de conseguir acceder a la FA Cup, se habrán ganado un bonito lugar en la historia del fútbol español... y británico.

Sigue al autor en Twitter: @GuilleAlvarez41

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<![CDATA[Actrices porno nos explican cómo son sus orgasmos cuando están trabajando]]>https://www.vice.com/es/article/xw9mjq/actrices-porno-orgasmo-peliculasTue, 16 Oct 2018 04:00:00 +0000Si nos tenemos que guiar por los gemidos que escuchamos por parte de las féminas en el porno (en los hombres los ruidos del placer parece que no se estilan mucho), muchas mujeres podríamos pensar que o nos estamos perdiendo algo que desconocemos o bien las chicas están sobreactuando un montón.

Parece que sin gemido no exista placer, que sin squirt no haya un buen orgasmo, que sin arcada no hay una buena mamada, entre muchos otros arquetipos machistas que la industria del porno nos ha inculcado, a veces sin que nos demos cuenta.


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Sin embargo cada vez hay más actrices, que a pesar de haber cedido a estas demandas impuestas por determinadas productoras, están tomando el control sobre este tipo de conductas y apuestan por un porno más feminista, en el que no solo se tenga en cuenta la imagen de la mujer, sino que también sea un porno dirigido a las mujeres, más real y espontáneo.

Está claro que la mayoría de los jóvenes recibimos una educación sexual bastante precaria y que nos basamos en lo que vemos en el porno con todas las consecuencias que eso conlleva. Por eso es tan importante que éste desmarque exista, que seamos las mismas mujeres las que tomemos consciencia de ello y expliquemos a otras mujeres que la realidad no es todo lo que vemos en la pantalla ni tampoco lo que algunos esperan que sea.

Silvia Rubí, 31 años

Con las experiencias que más he disfrutado en el trabajo han sido con aquellas que me han permitido explorar un poco más sobre mi propia sexualidad. Como por ejemplo una vez en la que, durante un festival erótico en Portugal, estábamos tres actrices aburridas y nos metimos en el backstage a hacernos pajas sin descanso.

Delante de las cámaras, obviamente, mis orgasmos no son siempre iguales, depende sobre todo del tipo de grabación y las técnicas de rodaje que se utilizan. Por lo general, cuanto más técnico es un rodaje, menos he disfrutado, porque se pierde espontaneidad. Por ejemplo, en los vídeos de VR [realidad virtual], al ser clips complicados de rodar por el tiro de cámara, no puedo disfrutar de la misma manera que escenas que sean a libertad de las performers. En el porno cuanto más disfrute la mujer mejor.

Fingir lo hago todas las veces que se que no voy a llegar al orgasmo; al fin y al cabo estoy rodando ficción. Pero fingir en la vida real es una auténtica tontería.

Pamela Sánchez, 27 años

Fotografía por Veggie Fotos, cortesía de Pamela Sánchez

Yo sé controlar la eyaculación femenina, el llamado squirt, pero el orgasmo no puedo controlarlo. Con mi pareja no suelo fingir si no tengo ningún orgasmo. Simplemente se lo digo porque la comunicación es fundamental. A mí en especial me gusta escucharme muy fuerte porque disfruto más del orgasmo.

En los rodajes es diferente, antes de rodarlo, me preparo entre una hora y media y tres horas antes de la grabación. Bebo mucha agua para no deshidratarme y no tener dolores pélvicos. Y para poder disfrutar del orgasmo del que va acompañado el squirt necesito estar muy tranquila y relajada. Hay que saber controlar muy bien el esfínter y relajar el suelo pélvico.

Durante algunos rodajes he tenido orgasmos tan fuertes después de realizar un squirt que he tenido que parar la grabación porque he estado apunto de llegar a caerme al suelo porque mis piernas han flojeado.

Lady Nala, 21 años

Mis orgasmos en el trabajo dependen de si estoy trabajando para mí (también soy productora) o para otros. Cuando ruedo con y para amigos todo es mucho más sencillo, el sexo es divertido de por sí y disfruto mucho con la sesión, pero cuando no conoces el equipo con el que vas a trabajar, hasta el día anterior o el mismo del rodaje, se hace más duro. Por suerte, normalmente suelo gozar siempre aunque no haya un clímax final, pero tal vez sea imprescindible fingir cuando trabajas para terceros y no estás disfrutando de tu trabajo.

De hecho, yo he tenido que fingir algún orgasmo porque para mi la situación en la escena no era nada morbosa. Pero entiendo que el hecho de fingir orgasmos en el porno puede hacer que nos creamos que el sexo tiene que ser una fiesta sin parar cuando no es así. A veces pasan cosas y hay que parar, o moverse, o ir a mear, o tirarte un pedo. Mil cosas en fin, que no salen en las escenas porque no son "bonitas". Gemir, por otro lado, me hace recrearme en el placer,a mí al menos. No se trata de fingir, sino de aumentar la intensidad del sexo con son sonidos intensos.

En el porno feminista, si lo hay, no se busca el orgasmo como tal. Se busca un placer más real, reproducir el sexo sin prejuicios ni estigmas sociales, algo complicado y casi imposible teniendo en cuenta que la misma sociedad es machista y estamos en plena deconstrucción. En el mainstream no es así.

Ivy de Luna, 23 años

Sé que no todas mis compañeras de profesión pueden decir esto y soy consciente de mi posición de privilegio. Puedo afirmar que no ha habido ninguna escena donde haya sentido que no estaba disfrutando, aunque en varias de mis escenas no llegue al orgasmo. Con el trabajo sexual me he dado cuenta que sí puede ser necesario fingir un orgasmo, ya sea porque la narrativa de la escena que estoy rodando —por un motivo o por otro— lo requiere o porque el tiempo que tenemos es limitado.

Antes de trabajar en el sexo nadie me había contado que es muy difícil llegar al orgasmo únicamente con la penetración de un pene en la vagina así que pensaba que la rara debía ser yo. En ese contexto, mi decisión de dejar de fingir orgasmos si algún día volvía a acostarme con un tío, fue una liberación. El orgasmocentrismo social no se puede obviar, estamos luchando para cambiarlo, pero es una realidad a tener en cuenta. El problema no es la exageración de los orgasmos en el porno, sino la no educación sexual que recibimos desde pequeños. No se puede responsabilizar a las trabajadoras sexuales de lo que es una responsabilidad colectiva.

Hay una parte performativa y cultural en cualquier relación sexual, delante o fuera de cámara. Las tías cisgénero, por alguna regla no explícita, tenemos que parecer normativamente atractivas (levantar el pecho, que no se te vean los pliegues...) y los tíos cisgénero suelen teatralizar una hipermasculinización. Cuando trabajaba como dependienta en una tienda de ropa también había una parte performativa, pero nadie venía a preguntarme "¿Pero estás cómoda con el cliente? ¿Es forzado que le estés diciendo que esa camiseta le sienta bien a la cara?".

Anneke Necro, 31 años

Raúl Bateman

Muchas veces en el porno se fingen los orgasmos o se exageran porque no hay que olvidar que estás trabajando y que hay que tener unos resultados. Obviamente no es lo mismo cuando estás teniendo una relación en tu casa con alguien que conoces que cuando estás rodando. Al fin y al cabo, somos performers y hay unas exigencias de guion.

En el mainstream se trabaja de una manera en la que se considera que, las actrices, cuanto más exageren el orgasmo mejor. En el porno feminista, por ejemplo, esto no es así y se busca más bien la naturalidad. Sé de actrices que muchas veces falsean el squirt con pis. Se beben dos litros de agua y si luego en el momento que les indican que es el momento de correrse se mean.

Muchas veces en el porno se representan posiciones que son incomodísimas y con las que muy difícilmente se puede llegar al orgasmo. La clásica del reverse cowgirl es terrible. Me destroza la espalda y las piernas. Luego lo haces tu en casa y te das cuenta de que es una auténtica mierda. A mí me ha pasado que me han pedido esta posición en mis relaciones personales y realmente no me gusta, pero en el porno se usa bastante porque estéticamente queda bien.

Soy consciente que más que unas expectativas irreales, lo que genera eso son unas pautas de comportamiento, unos roles en las relaciones heterosexuales, en los que si la mujer no monta el gran espectáculo parece que no te los estés pasando bien. En este sentido se crean unas relaciones de poder en las que ya no importa si las mujeres llegamos al orgasmo o no, y eso es un error porque tenemos que exigir nuestro placer en las relaciones.

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<![CDATA[Así es crecer en una familia de delincuentes]]>https://www.vice.com/es/article/evwqxz/criminales-delincuencia-genetica-familiaTue, 16 Oct 2018 03:45:00 +0000Unas Navidades, cuando Bobby Bogle tenía solo cuatro años, su padre, Rooster, le regaló una pesada llave inglesa envuelta en una bolsa de papel marrón. Desconcertado, el pequeño Bobby no supo muy bien qué hacer con el regalo, hasta que recordó las historias que su padre le explicaba a veces sobre el tiempo que estuvo en la cárcel de Texas por cometer un atraco.

Bobby supuso que la llave inglesa era una herramienta del oficio familiar, y una mañana temprano se escabulló de casa para perpetrar un robo en el mercado local. Cuando llegó a casa, con un par de botellas de Coca-Cola “calientes” en las manos, su padre lo recibió como si hubiera hecho un home run en un partido de liga.

Para los Bogle, la delincuencia venía de familia.


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Para su nuevo proyecto, el galardonado periodista del New York Times Fox Butterfield se había propuesto dar con una familia que tuvo una relación extraordinariamente estrecha con el sistema judicial. Sin embargo, en sus pesquisas descubrió algo más: un clan de seis miembros, todos ellos cumpliendo condena en prisiones de Oregón, y un total de 60 familiares que, desde la década de 1920, habían estado en la cárcel o en libertad vigilada.

El resultado: In My Father’s House: A New View of How Crime Runs in the Family, un libro que narra cómo Butterfield dio con varios miembros de los Bogle, tanto dentro como fuera de la cárcel, y los convenció para que relataran su historia, a la vez que intentaba comprender qué factores habían llevado a aquella familia a protagonizar un número tan desproporcionado de encontronazos con la justicia. Hablamos con Butterfield para conocer qué significado tiene todo ello en la era del resurgimiento de las políticas de la ley y el orden.

VICE: ¿Por qué centrarse en el papel de la familia en la delincuencia cuando existen muchas investigaciones que demuestran que factores del entorno, como la pobreza, tienen un gran impacto en este tema?
Fox Butterfield: Lo que me llamó la atención fueron los estudios que se han hecho en Estados Unidos y Londres para analizar cómo se estructura la delicuencia en las familias. Ya no se escribe nada sobre la delincuencia de la población blanca de Estados Unidos. Todo está concentrado en los negros. Quería encontrar a una familia blanca para eliminar el aspecto racial de la ecuación. Aunque hace años que circulan estos estudios, nadie ha hecho nada con ellos. Nadie se ha molestado en averiguar por qué la familia se comporta de ese modo.

¿Por qué crees que se sabe tan poco de los estudios sobre la influencia de la familia en la delincuencia?
Cuando hablé de ello con varios criminólogos, me dijeron que muchos de sus compañeros de profesión estadounidenses temen centrarse en la familia como origen de la delincuencia porque, hasta hace muy poco, te podrían tachar de racista si se te ocurría sugerir que existe un factor familiar, biológico o genético en la delincuencia.

Muchos profesionales miraban en otra dirección y atribuían las causas a barrios conflictivos, la pobreza, las bandas organizadas y la droga, ignorando por completo a la familia pese a la existencia de todos esos estudios. Cuando vi lo exhaustivos que eran esas investigaciones, vi clara la oportunidad.

Cuando eran muy jóvenes, a los miembros de la familia Bogle, sus padres, y a veces incluso sus tíos, se los llevaban con ellos a cometer algún delito

¿La intención de tu libro era dar más visibilidad a la criminología o a la historia de la familia Bogle?
Pues es una mezcla de ambas cosas. La base intelectual del libro la forman todos los estudios con estadísticas que muestran cómo funciona la delincuencia en las familias. Ese es el marco del libro, pero su sangre y su piel son las historias de los Bogle. Creo que es muy buena forma de unir ambas cosas.

Teniendo el cuenta los peligros de condenar a la gente por su origen, ¿qué cosas destacarías sobre una familia como la Bogle, además de la ingente cantidad de ellos que han delinquido?
Cuando hablé con los miembros de la familia Bogle, desde el principio todos me contaron que, cuando eran muy jóvenes, sus padres, y a veces incluso sus tíos, se los llevaban con ellos a cometer algún delito. Es decir, que aprendían a delinquir como si fuera una actividad familiar.

Una vez a la semana, Rooster Bogle llevaba a sus hijos a visitar una prisión cerca de donde vivían, en Salem, a las afueras de la ciudad. Señalando la prisión, les decía, “Miradla bien, chicos, porque ahí será donde viviréis cuando seáis mayores”.

No se lo tomaban como una advertencia, sino como un desafío, y se imaginaban que era como tenía que ser.

Acabaron por ver la delincuencia como una honra para la familia. Los criminólogos lo llaman la teoría del aprendizaje social. Es un proceso de imitación. Indagando un poco más, descubrí lo que los criminólogos denominan control social, lo que significa que no tenían un fuerte apego por nada ni nadie, no tenían vínculos sociales.

No sentían aprecio por los profesores ni estaban en los Boy Scouts. No estaban en el equipo de béisbol juvenil, ni iban a misa los domingos ni nada parecido. Sus únicos lazos eran con otros miembros de su propia familia, que también eran delincuentes.

¿Cómo conseguiste evitar llegar a conclusiones peligrosas sobre la genética y la delincuencia?
Empecé a interesarme por el papel que podría desempeñar la genética en esto porque, desde que se descifró el genoma humano, ahora los criminólogos pueden hablar con más propiedad sobre ello.

Hasta hace poco, era imposible hacerlo porque si se te ocurría sugerir que la biología o la genética eran factores que influían en la delincuencia, se te habría tachado de racista o de nazi. Pero ahora hay criminólogos especializados en esto y que están descubriendo genes que, combinados con un entorno familiar como el de los Bogle, pueden predisponer a los individuos a determinados comportamientos.

El gen más interesante, claro está, es el que puede hacer que una persona sea más impulsiva, lo cual no la convierte necesariamente en delincuente, pero suele ser un aspecto precursor de un comportamiento criminal. Ahondé más en ese tema, pero no soy genetista ni científico, así que puedo llegar hasta cierto punto. Ahora se está empezando a trabajar en el papel de la genética, pero los responsables insisten mucho en que no existe nada parecido a un gen de la delincuencia. Existen miles de ellos, y es la combinación de un entorno familiar como el de los Bogle y ciertos genes la que lo provoca. Pero hacen falta las dos cosas.

Eran un clan muy cerrado. Solo se veían con otros miembros de la familia, no tenían muchos amigos y no dejaban que sus hijos jugaran con los de otras familias

¿No te preocupa que tus ideas sobre la delincuencia en el núcleo familiar puedan interpretarse de forma problemática, ahora que estamos en plena era Trump y de políticas contra la delincuencia?
Bueno, yo ya he dejado de intentar predecir lo que va a hacer Trump. Espero que el libro se sostenga por sí mismo y no quede atrapado en el debate entre la izquierda y la derecha o entre los defensores y los detractores de Trump. Mi intención no es la de sugerir que determinadas familias están malditas por su herencia innata y nunca podrán cambiar, porque he visto que hay gente que sí cambia. Pero creo que podríamos tener un sistema de justicia penal mucho más eficiente si fuéramos más conscientes de cómo se desarrolla la delincuencia en las familias. Podríamos intentar trabajar con jóvenes miembros de esas familias. Cuanto antes intentes que una persona cambie su conducta, más fácil resulta.

Yo he estado en prisión y tengo algo de idea de lo que la gente podría considerar que es una mentalidad criminal. ¿Cómo crees que esa mentalidad sobrevivió en un núcleo familiar como el de los Bogle durante tantas generaciones?
Esa mentalidad de la que hablas se instaló en la familia. Mantuvieron esas tradiciones y esa perspectiva y se enorgullecían de ello. Rooster les hizo a sus hijos unos pequeños tatuajes, unos puntos debajo de la mejilla izquierda. Les dijo que era una marca gitana, pero realmente era la marca que usaban los convictos en las prisiones federales allá por los años 50 y 60. No creo que se siga haciendo, pero en aquella época era muy común.

Más que una simple cuestión de supervivencia, parecía un tema de orgullo, de renegar conscientemente de los valores de la sociedad.

Se acaba convirtiendo, de algún modo, en parte de la identidad de la familia, de lo que creen. Los Bogle también eran un clan muy cerrado. Solo se veían con otros miembros de la familia, no tenían muchos amigos y no dejaban que sus hijos jugaran con los de otras familias. Jugaban con los de su sangre, y ese es otro factor de su historia. No querían que nadie supiera cómo era su vida. Aislarlos del resto de la sociedad fue un aspecto determinante.

Mirando en retrospectiva, ¿dirías que esta historia se debe más a la pobreza o la falta de oportunidades o a una visión única del mundo? ¿Se trata de una elección imposible?
Es complicado. Los Bogle son una familia blanca desfavorecida. No tienen los problemas que tienen los afroamericanos por ser de piel oscura y el objeto de los prejuicios de la gente. Pero tienen esa forma de ver el mundo que les hace pensar que lo mejor que saben hacer es delinquir y convierten eso en un honor. Para ellos es algo cultural.

No quisiera abundar en el tema, pero ¿cómo evitas estigmatizar a la gente con una obra como esta o promoviendo la idea de que están malditos por su sangre o algo así?
Menciono a varias personas que salieron de su situación. Tammie Bogle es una persona profundamente religiosa. Aunque muchos de sus hermanos e incluso un par de sus hijos acabaron en prisión, su fortaleza y su fe le han ayudado a seguir por el buen camino. Ashley Bogle, pese a estar rodeada de delincuentes, decidió desde el principio que no quería seguir ese camino, que no era lo suyo, y se centró en sus estudios. No creo que la gente esté predestinada. Tomamos decisiones constantemente. No diría que todos en esa familia van a ser criminales. Hay formas de salir de ahí.

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<![CDATA[100 sencillas maneras de hacer el mundo más fácil a la gente trans]]>https://www.vice.com/es/article/kzjnjm/ser-aliado-personas-transTue, 16 Oct 2018 03:45:00 +0000Dejémonos de chorradas: no hay una manera positiva en la que una persona cis pueda opinar o hablar de una vida que no vive o de un mundo al que no tiene que enfrentarse como una persona trans.

En un mundo donde tanta gente cis tiene opiniones distorsionadas sobre las personas trans —qué necesitamos, qué merecemos, cómo debemos vivir—, es necesario acabar con el debate sobre si las mujeres trans son mujeres, si deberíamos poder usar los baños y probadores que nos corresponden y si deberíamos poder ser madres o profesoras. Porque no hay debate posible. Nos corresponden los mismos derechos que al resto de la gente.


MIRA:


Lo que en realidad necesitamos son oídos, ojos y acción. Necesitamos que escuches nuestros problemas y nuestras voces. Necesitamos que prestes atención a cómo puedes usar tus privilegios en nuestro beneficio, y no el tuyo, y a cómo responder activamente, a cómo reaccionar ante la transfobia en tus conversaciones del día a día y en las noticias.

Aquí va una lista de 100 maneras en las que las personas cis pueden ayudarnos. Ten en cuenta que esto es solo un principio.

1. Respeta los pronombres de la gente. No es algo complicado. Si alguien te dice cómo se identifica, no puedes opinar al respecto. Usa los pronombres que te pida.

2. Siguiendo con los pronombres: si no sabes qué pronombre usar y no quieres equivocarte, o bien utilizas pronombres neutros o bien preguntas a la persona discretamente. Ten en cuenta tu entorno y quién está delante antes de hacerlo, no pongas a la persona en evidencia o en una situación incómoda.

3. La gente trans puede usar pronombres neutros, así que, por favor, no asumas que tienen que elegir uno de género binario.

4. Intenta empezar a eliminar el lenguaje binario de tus conversaciones del día a día. Si todes hacemos esfuerzos conscientes por dejar de asignar un género a todo, podríamos lograr alejarnos de esa obsesión aprendida de tener que dividirlo todo en binarios.

5. Las mujeres trans son mujeres. No hay lugar a debate, así que ni lo intentes.

6. ¡Los hombres trans existen! A menudo se les ignora o se olvidan, así que intenta acordarte de que estamos ahí y de que enfrentarnos a un mundo de hombres cis nos puede resultar difícil.

7. Enfréntate a la transfobia ESTÉS DONDE ESTÉS. Incluso si no hay una persona trans delante, defiéndenos. El lenguaje del odio perpetúa un peligroso ciclo de violencia.

8. Entiende y haz entender que la transfobia no es ni “divertida”, ni “guasa”, ni “una broma”.

9. No te refieras a nosotres como un todo. No generalices con cada persona trans. Somos personas independientes con opiniones diferentes.

10. Rechaza la idea de que solo hay una forma de hacer la transición. La gente lo lleva de diferentes maneras. Si alguien no quiere o no puede hacer una transición médica, no significa que sea “menos trans”. No se puede ser “más trans” o “menos trans”. Es un viaje personal en el que no se necesita ir tachando puntos de una lista para que nadie valide la transición.

11. NUNCA hagas preguntas sobre los genitales o el cuerpo. Preguntar “entonces… ¿aún lo tienes todo ahí abajo?” mientras una mano señala vagamente nuestra zona privada nunca va a estar BIEN. Punto.

Intenta evitar utilizar un lenguaje que esté muy influenciado o haya derivado de la cultura queer si no perteneces a la comunidad

12. ¡Ah! No olvidemos que no todes nos conocemos entre nosotres. La comunidad queer es más grande de lo que crees.

13. Intenta evitar utilizar un lenguaje que esté muy influenciado o haya derivado de la cultura queer si no perteneces a la comunidad. Las palabras y las expresiones son una forma de comunicación cifrada para una amplia mayoría de la comunidad queer. El lenguaje crea un diálogo en la comunidad queer que está pensado para proteger y garantizar la seguridad.

14. No vayas a espacios seguros para personas queer o trans sin que una de estas personas te lo haya pedido o sin asegurarte de que eres bienvenide.

15. Cuando estés en espacios queer, repítete: “Este no es mi espacio, no lo acapararé” y pon en práctica lo que estás diciendo.

16. Ten cuidado con las manos. No toques a la gente sin su consentimiento, en ningún sitio —especialmente en espacios queer— y evita especialmente tocar a personas trans, ya que normalmente se angustian ante el contacto físico con ciertas partes de su cuerpo.

17. Si te llaman la atención por haber dicho o hecho algo ofensivo, no discutas. No hay debate. Pide disculpas. Tómate un momento para reflexionar. Si es necesario, deja o da un tiempo a aquellos a los que has ofendido o disgustado.

18. No intentes nunca discutir con una persona trans sobre si algo es o no transfóbico.

19. ¡Recuérdanos que ser trans no es una carga o algo malo!

20. Reconoce la fuerza y el poder de tu voz.

21. Úsala.

22. Si alguien está agrediendo verbalmente a una persona trans, está haciendo que se sienta insegura o incómoda o la está atacando de alguna forma y necesita tu ayuda, di algo.

23. Dicho esto, no te conviertas en el aliado que habla por la persona trans en estas situaciones. Pregunta si queremos que te involucres, porque no hay nada más frustrante que una persona cis no dejándote hablar. ¡Ya pasa con suficiente frecuencia, venga ya!

24. ¡Habla con nosotros de otras cosas que no sea el género! Películas, qué hemos cenado, dónde nos vamos de vacaciones… cualquier cosa que no conlleve una constante implicación emocional.

25. No te apropies del colectivo trans para tus proyectos creativos. Contrátanos, páganos y celébranos.

No esperes que la gente trans te felicite por ser un aliado

26. No fetichices a la gente trans. No somos un experimento sexual, una pieza de coleccionismo ni algo con lo que rebelarte ante tus padres. No estamos aquí para ti.

27. Critica a los medios de comunicación. Escribe a los periódicos, instituciones y publicaciones que extiendan el odio hacia la comunidad trans. Crea encuestas y peticiones. Las noticias nos retratan como monstruos y amenazas para la sociedad. Nosotros solos no podemos evitar que sigan haciéndolo.

28. Aprende a usar la e (por ejemplo, elle).

29. Habla con la generación que te precede —tus padres, abuelos, tíos y tías. No siempre se puede cambiar una mentalidad tradicional, pero puedes darles un nuevo punto de vista.

30. Apoya a la generación que te sucede: habla con los más jóvenes. Haz que entiendan que el género es un espectro y que no tienen por qué comprometerse con un género toda su vida. Edúcales en libertad y oportunidad.

31. No compres cosas que favorecen los estereotipos de género para los niños que haya en tu vida. Esto solo fomenta la idea de que a los niños les tiene que gustar el azul y a las niñas, el rosa y que solo uno de ellos puede jugar al fútbol en su tiempo libre. ¡A mí ni siquiera me gusta ninguno de los dos colores!

32. Deja de fingir que solo la gente trans se cambia de nombre o se somete a cirugía. Mi amiga, que se casó y se cambió el apellido, y yo, que me cambié el nombre, tuvimos que pasar por trámites jurídicos bastante parecidos. Ayuda a la gente trans con estos procedimientos burocráticos, ya sea informándonos de en qué banco es más fácil cambiarte el nombre o acompañándonos en el proceso oficial. Esto hace que ya no parezcan “problemas de trans”, sino que simplemente son trámites muy confusos que en realidad nadie entiende.

33. Comparte tus plataformas. Me cansa que la gente cis hable de la salud de los trans. Pídenos que hablemos, eduquemos, compartamos nuestras historias y páganos. De esta manera no te llevas el mérito por la vida que nosotros vivimos.

34. Apoya a los artistas trans. Asiste a nuestras exposiciones. Compra nuestros libros. Escucha nuestros podcasts. Utiliza nuestras plataformas sociales para compartir las cosas increíbles que hacemos a pesar de las adversidades a las que nos enfrentamos.

35. No esperes que la gente trans te felicite por ser un aliado. A veces simplemente estás siendo una buena persona. A mí no me ponen una estrellita dorada en la frente por ser una buena persona.

36. Dona a organizaciones benéficas creadas para apoyar y ayudar a la gente trans. Hay muchas organizaciones que tienen problemas para financiarse. Sin muchos de estos recursos, no tendríamos acceso a cosas como atención psicológica o a reuniones gratuitas.

37. No nos digas lo que RuPaul, Trump o el Daily Mail han dicho de nosotres. Es probable que ya lo sepamos.

38. Publica sobre la campaña de #blacktranslivesmatter, y pon énfasis en que la gente negra trans es víctima de violencia.

No asistas a charlas sobre la identidad de género o la identidad trans si todos los ponentes son cis

39. Si estás saliendo con una persona trans, intenta entender sus miedos. Por ejemplo, mi pareja y yo llamamos a mi ciclo menstrual “Lucifer”. Así que si le envío un mensaje diciendo “Lucifer está aquí”, sabe que tiene que traer chocolate y almohadas. También puedes intentar forrar las cajas de tampones o compresas con papel estampado o de su color favorito.

40. No nos digas que nos estamos “haciendo las víctimas”. JODER, ES QUE SOMOS VÍCTIMAS.

41. No asistas a charlas sobre la identidad de género o la identidad trans si todos los ponentes son cis.

42. Pon a disposición de los creativos trans plataformas para que compartan obras que no se basen únicamente en ser trans.

43. Investiga. Para las preguntas de ignorante, acude a Google. Google es tu amigo. Yo no, especialmente si me preguntas cómo me van a hacer los médicos un pene a partir de la pierna.

44. Si una persona trans tiene que explicarte algo que puede resultarnos incómodo, angustioso o molesto, cómpranos un ramo de flores, llévanos a cenar o ingresa algo en nuestra cuenta de PayPal. Ningún trabajo debería ser gratis.

45. La transfobia es un gran problema en la comunidad queer. No dejes que otra gente que se identifica como queer se salga con la suya, porque pueden ser los peores de lejos.

46. Graba los incidentes transfóbicos. (Aviso: esto solo se aplica si no es necesario que ayudes inmediatamente y si has preguntado a la persona involucrada si puedes usar esas grabaciones). Compártelas con todo el mundo. Puede que acabe en juicio o que gente con altos cargos pierdan su trabajo. Nadie debería poder ser CEO y utilizar increpaciones insultantes.

47. No cuestiones las creencias religiosas de nadie por el hecho de que sean trans y tú pienses que van contra lo que pone en un libro sagrado. No te incumbe, ¿vale?

48. No te beneficies de los problemas trans. Punto.

49. “Queer” no es un tema. No tenemos fiestas temáticas “queer” ni dejamos que los tíos que aún usan la palabra “marica” se pongan nuestros tacones y vestidos por diversión.

50. Las Drag Queen no siempre son trans, pero pueden serlo, ¡así que respétalas!

51. No hagas sentir mal a nadie por haberte llamado la atención si algo que has hecho se considera transfóbico. No soy yo quien debe cargar con tu culpa.

52. No preguntes cómo se siente la disforia de género porque es una pregunta estúpida y no hay forma de que vayas a entenderlo.

53. Pregunta a tus amigos o a la gente trans que conozcas si quieren que les acompañes cuando acudan a una consulta médica. Los hospitales provocan, como poco, miedo, y no siempre te dan el tratamiento, médico o resultados que esperabas. Estate ahí para consolar con un abrazo como mínimo.

Corrige a los demás cuando utilicen el género equivocado con alguien

54. Haz todo lo que puedas para impedir que las TERF (Trans-Exclusionary Radical Feminist; Feministas Radicales Trans-Excluyentes) pongan pegatinas, dejen folletos, etc. Rompe todo lo que veas asociado con ellas.

55. No te involucres en conversaciones basadas en preguntas con una TERF. No vas a aprender nada de ellas.

56. Corrige a los demás cuando utilicen el género equivocado con alguien.

57. El género y la sexualidad no son lo mismo. No lo olvides nunca.

58. No preguntes a la pareja de alguien trans qué son por estar en una relación con una persona trans. Son personas enamoradas. Ahora, vete a la mierda.

59. Trans Lives Matter debería ser algo más que un hashtag. Llévalo más allá de las redes sociales.

60. Di a tus amistades trans lo bien que están. Pon de relieve los cambios después de la hormonación, la cirugía o simplemente lo bonita que tienen la piel.

61. No eres aliado de verdad si permites que tu pareja use lenguaje transfóbico. Educa a tus amistades y a tu familia.

62. Quiere a tus hijes, se identifiquen con el género que se identifiquen. La mayoría del odio que las personas trans sienten por sí mismos procede de no haber sido aceptadas en casa.

63. Ofrece refugio, dinero, comida, etc. Las necesidades básicas para sobrevivir son de difícil acceso para la gente trans. Si tienes suficiente para compartir, intenta ofrecer.

64. No es una “fase”. No me digas que lo es.

65. Si alguna de tus amistades trans se va de un evento social y se siente insegura sobre la vuelta, ofrécete a acompañarla a la estación de tren y espera con esa persona, llévala a casa en coche o llama a un taxi. Volver a casa a solas puede dar miedo.

66. No creas que no estás salvando. No necesitamos que nos salven. Nos estás ayudando a tener lo que tiene el resto sin tener que pedirlo.

Sé hiperconsciente de que hay sistemas que van en contra de la gente trans, como el policial, el inmobiliario o el sanitario

67. Muéstrate activo sobre ser un aliado. Decir que eres un aliado pero no hacer lo suficiente como para cambiar las cosas no sirve.

68. Evita los términos coloquiales de género como “tío” o “tía”. Para la gente trans también son una forma de utilizar el género equivocado.

69. Amplía tus conocimientos de género. Por ejemplo, el idioma yoruba no tiene género. En muchas filosofías espirituales también existe un tercer género.

70. Independiza la forma que tienes de pensar sobre el género. Acuérdate de que estas construcciones sociales son problemas poscoloniales que el mundo occidental ha implantado en la gente.

71. Sé hiperconsciente de que hay sistemas que van en contra de la gente trans, como el policial, el inmobiliario o el sanitario.

72. Ofrécete a ir de acompañante a reuniones y evaluaciones de salud. Estos lugares y la gente que los frecuenta pueden ser muy angustiosos y causar sufrimiento.

73. Corrígete si confundes el género de alguien sin querer. No importa si no lo has hecho a propósito, duele igual.

74. No excuses a los demás. Ninguna persona trans quiere oír a una de sus amistades decir algo ofensivo, como para que vayas tú a decir: “Conozco a esta gente desde hace años, sé que no lo decía con mala intención”.

75. No olvides que el racismo está muy extendido en la comunidad queer y que la gente trans de color suele ser la más vulnerables. Protégenos.

76. No te consideres un aliado si no crees en la interseccionalidad completa. No puedes ser xenófobo y un aliado de la gente trans. ¡Me temo que no funciona así!

77. El trabajo sexual es un servicio. De nuevo, no hay debate posible. No intentes impedir a las personas trans que luchen por sus propias medidas de seguridad y las implementen. No intentes disfrazar de falsa preocupación tus prejuicios contra el trabajo sexual.

78. No pidas probarte o tocar un strap-on o un pecho o pene de silicona. Son nuestros.

En vez de decir “cuando eras un chico/una chica”, di “el género que te asignaron cuando naciste”

79. Cree a la gente trans cuando te diga que han sido víctimas. Reconoce el odio al que estamos expuestos desde mucho ángulos diferentes.

80. Lee el libro To My Trans Sisters (A mis hermanas trans) de Charlie Cragg, The Gender Games (Los juegos del género) de Juno Dawson, Black on Both Sides (Negro en ambos lados) de C. Riley Snorton y Before I Step Outside (You Love Me) (Antes de salir [Me quieres]) de Travis Alabanza.

81. Vuelve a aprender no existe una única experiencia trans. No todos pasamos por lo mismo —estamos hechos de nuestras diversas vivencias.

82. Comparte nuestro trabajo. A menudo nuestro talento se ignora por nuestra identidad de género.

83. Da un paso atrás. Ocupa menos espacio. Si te piden que hagas algo para lo que crees que una amistad, colega o alguien que trabaja contigo trans está más cualificado, da nuestros nombres.

84. Quiérenos y trátanos como seres humanos. Después de todo, ¡es lo que somos!

85. Ponte a ver Pose , Paris is burgning, Tomboy y Tangerine.

86. Aprende la terminología correcta. En vez de decir “cuando eras un chico/una chica”, di “el género que te asignaron cuando naciste”.

87. “Los transgénero” no significa nada. No nos metas a todos en el mismo saco. Nunca digas eso.

88. Lucha por nuestros derechos. Bloquea y denuncia las páginas que fomentan el odio.

89. Ayuda a que se implementen baños de género neutro. Deberían ser mucho más comunes. Pide que los pongan en el trabajo, en cafeterías, en bares y en eventos.

90. Si una persona trans te pide que la acompañes al baño, hazlo. Es un espacio en el que podemos sentir inseguridad.

91. El Orgullo no es para que tú te emborraches y te pongas purpurina por la cara. Respeta que ese no es tu espacio.

92. Los grupos que solo aceptan gente trans existen por algo. Tampoco son para ti.

93. Tu curiosidad no es más importante que nuestra comodidad. No esperes respuestas y búscalas tú.

94. Decir “yo no veo el género” es bastante problemático. No necesitamos otra forma de que se nos invisibilice.

No juegues conmigo al “y yo más”. No vas a ganar

95. No asumas nada sobre la disforia de género. No todo el mundo la experimenta y no todo el mundo lo hace de la misma manera. La gente tiene diferentes formas de lidiar con ella.

96. No niegues tu posición privilegiada. Si me dices que ser un hombre blanco, heterosexual y cis no quiere decir que no lo hayas “pasado mal”, te voy a decir que te equivocas.

97. No juegues conmigo al “y yo más”. No vas a ganar.

98. No todo necesita etiquetas. Como diría mi abuela: “Cariño, algunas cosas simplemente son como son”.

99. Intimar puede ser aún más complicado para algunas personas trans. Respeta los límites y la forma en la que la gente se siente cómoda con la desnudez, con que la toquen o con el sexo. Esto puede implicar tener paciencia o desaprender lo que consideramos “sexo”.

100.Encuentra tu propia manera de alterar el mundo cis. Hay muchas manera de hacerlo.

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<![CDATA[Lo que la plataforma porno que utilizas dice de ti]]>https://www.vice.com/es/article/neg5jg/plataforma-porno-hacerse-pajasMon, 15 Oct 2018 04:00:00 +0000Las personas solo tienen que preocuparse de dos cosas, por conseguir comida que les mantenga con vida un rato más y tener siempre controlado un poco de material masturbatorio. De hecho es realmente el material masturbatorio lo que les mantiene con vida. Sin comer una persona podría aguantar, no sé, unas dos semanas, pero sin masturbarse, se moriría a los dos días. Y claro, para masturbarse siempre hace falta material masturbatorio. Y no me vengáis con eso de “es que yo me masturbo con la mente” y estas chorradas. Es evidente que ese “masturbarse con la mente” ya es en sí mismo material masturbatorio.

¿Cómo crees que se masturbaban los neandertales? ¿Cómo crees que se masturban los animales? Esa peña no tiene acceso a internet ni a revistas ni a nada. Se masturban con la mente y ese es su XHamster. O es que cuando lo haces con la mente se supone que no piensas en nada, es un vacío frío y solitario que te hace eyacular. Incluso en ese caso, esa nada, seguiría siendo material masturbatorio.

Además, una mente puede ser mucho más demencial que lo que una plataforma de internet pueda ofrecer, una mente puede imaginarse gacelas con cara de persona chupando penes de hierro, no sé. Porque, joder, el que dice que “se masturba con la mente” realmente pretende decir que “yo es que no me masturbo con las guarradas esas de internet con las que os masturbáis todos, yo me masturbo con calidad, con sentimientos, sensaciones y emociones”. Sí, claro: gacelas con cara de persona. Así que zanjemos el tema de una vez por todas.

La gente se masturba y lo hace recurriendo a diversas fuentes de materia prima. Esto es lo que vamos a analizar hoy, esas fuentes, haciendo especial hincapié en el tipo de gente en la que te conviertes cuando utilizas esa fuente.


MIRA:


MATERIAL DE NO INTERNET

Se sabe que es factible masturbarse con revistas, calendarios, películas de VHS, daguerrotipos, pintadas rupestres o cromos de coches, PERO ya casi nadie lo hace. La gente se tumba en la cama con el móvil conectado al wifi y eso es todo. Algunos lo hacen en ordenadores de escritorio o laptops en la cama pero lo más habitual es utilizar un teléfono móvil, como concluye este estudio de Pornhub.

El onanismo sin internet resulta tremendamente vintage, y eso significa que es algo tan desagradable como la pinta que tiene Johnny Depp dentro y fuera de las películas, esa estética entre Steampunk, rockero obsesionado con las guitarras y de señor divorciado que baja al súper 24 horas a las tres de la mañana para comprarse unos frankfurts de pavo. Si quieres seguir siendo un individuo respetado en esta sociedad, mastúrbate con internet, por Dios. Recuerda que ahora la realidad no se llama "realidad", ahora se llama, simplemente "no internet".

PÁGINAS AGRAGADORAS DE VÍDEOS

Humildemente creo que esto es lo que utiliza la mayoría de gente, básicamente, porque es lo que yo utilizo. Así funciona el cerebro humano, ¡menudo desastre! Aquí se incluye toda esa ristra de webs como PornHub, Redtube, YouPorn, XHamster, PornTube, IceGay.tv, Beeg, iXXX, Rubias19, Conejox o Yanks. Hay un abanico infinito, para todo tipo de tendencias y parafilias sexuales. Hay incluso vídeos de mujeres que son tratadas como animales a los que se les extrae leche. Es increíble. En fin, ya sabéis: “tants caps, tants barrets”.

Estas páginas que acumulan una cantidad ingente de material son el canal más directo, son el camino fácil. El agregador te propone unos vídeos en su página de inicio (“novedades”) pero si no te satisfacen puedes pasar página y navegar por las entrañas del dominio en busca de lo que te haga falta. Dado la cantidad de contenido, a veces uno (buscando una acto onanista rápido) puede terminar invirtiendo mucho tiempo en estas páginas, acumulando pestañas y pestañas de material sin acabar de decidirse del todo, buscando la pieza perfecta, el Grial del porno. Esto puede generar cierta ansiedad, pues uno entra esperando resultados inmediatos pero solo se encuentra con que el laberinto se va complicando cada vez más.

Son también las páginas favoritas de los que se masturban en el trabajo, sobre todo los funcionarios y los cargos públicos, gente que no quiere liarse a registrarse en sitios oficiales y que les pillen y salga todo en un periódico digital. Les mola estas páginas gratuitas porque, la verdad, están acostumbrados a comer gratis y viajar gratis, así que es lógico masturbarse, también, gratis.

Dejadme hacer un inciso.

¿Vídeos en HD o en no HD?

Las personas que utilizan uno u otro formato son muy distintas. La exigencia cambia y el usuario también. Normalmente esto no va ligado a un modo de vida concreto, me explico. El usuario de HD no hace falta que sea un perfeccionista que cuelga los cuadros de su casa con una armonía perfecta, como tampoco una persona que un día te invita a su casa y ves que tiene los platos de la cena de ayer aún encima de la mesa no será obligatoriamente alguien que consume vídeos de baja calidad.

Normalmente a la gente vieja (los nacidos en los 1985 para abajo) les da igual si un vídeo es de alta o baja calidad, al fin y al cabo su historial de masturbación en internet está plagado de píxeles y su visión de anciano ya está muy deteriorada y tampoco pueden apreciar la diferencia entre HD y un vídeo convencional. Son los jóvenes (millennials y lo que venga después) los que exigen calidad, pues son peña que ha crecido con vídeos de streaming en HD que no pueden permitirse bajar su nivel básico de exigencia a la hora de masturbarse.

PÁGINAS COMISIONADAS

Con esto me refiero a los portales que no incluyen únicamente vídeos, a esas páginas porno que son como "revistas digitales" que crean cierto contenido (artículos, concursos, noticias, galerías) y que comparten algunos vídeos de alguna página con la que tienen algún tipo de trato. Me refiero a páginas como Orgasmatrix. Creo que este formato está de capa caída porque cuando alguien quiere masturbarse solo quiere masturbarse, no leer, y consultar estos portales sin la intención de masturbarse (solo para de informarse sobre el mundo del porno) es de auténtico chalado.

Los que consumen estas páginas son personas que confían en el criterio de un tercero para llegar el comisariado de sus pajas (por lo que son personas inseguras, indecisas y muy confiadas) o sino son auténticos pornófilos que, aparte de tener un orgasmo, quieren también estar al tanto de lo que se cuece en el pornomundo.

PÁGINAS OFICIALES

Algunos individuos están dispuestos a pagar una cuota mensual para que una productora les sirva en bandeja material masturbatorio. Erika Lust, Xart, Brazzers, Hegre, Suicide Girls, etcétera. Gente que va directa a la fuente y no quiere que su material esté manchado por la presencia de otros vídeos o incómoda publicidad. Aunque parezca mentira, los que están más enganchados a estos canales son personas de clase media baja. Años y años de masturbarse en agregadores de vídeo han culminado en una fidelización sin igual hacia una marca que ahora se ha convertida en su única vía de escape. El sistema funciona.

PÁGINAS DE FOTOS ERÓTICAS SIN MOVIMIENTO, QUIETAS, COMO CUADROS, ¿SABÉIS?

Hay gente que se sigue masturbando mirando fotos. Incluso se las descarga y se las manda por mail para tenerlas siempre “a mano”. Hay gente así de la misma forma que sigue habiendo gente que, pese a los miles de artículos que salieron diciendo que era una mierda, siguen comiendo panga.

REDES SOCIALES

A veces las pajas más interesantes son las que se encuentran fuera de los circuitos oficiales de porno. Aquí se encuentran todas esas personas que siempre están abiertas a una buena sesión de onanismo, gente que no tiene unos horarios ni unas plataformas muy marcadas para masturbarse y que puede hacerlo con todos tipo de inputs, incluso con esos que se alejan de una estética claramente pornográfica.

En fin, gente a la que le gusta masturbarse con conocidos, la fantasía definitiva. Esto es, de hecho, lo más normal del mundo: los chavalines siempre han tenido fantasías con sus compañeros de clase y dudo que un campesino de la Edad Media pudiera imaginarse algo que no formara parte de su realidad.

Instagram: Entre influencers casi en pelotas, modelos de la hierba y locos del cosplay, Instagram contiene un buen surtido de material. A veces también se encuentran clips cortos de películas porno, pero duran muy poco online, pero el tiempo suficiente para "utilizarlos". Durante los meses de verano (playa, bikinis y cuerpos desnudos) Instagram se convierte en una buena granja de pajas.

Twitter: Existen las “sextuiteras”, gente que se dedica a subir contenido erótico autoproducido. También hay cuentas que suben fotos y vídeos, en una especie de simulación de los agregadores de vídeos porno.

Tumblr: Esta plataforma es muy pornográfica e incluye millones de vídeos, imágenes y GIF totalmente explícitos y para todo tipo de gustos. Igual que con Twitter, no juega tanto al morbo que tiene Instagram de tener al alcance a conocidos o personas reales detrás de las fotos, aquí encontramos sobre todo fotos o piezas cortas de productoras de porno. Os lo juro, hay mucho porno.

Facebook: Hicimos un artículo sobre la gente que se masturba con Facebook.

CHATS PORNO

Esta peña que utiliza Chaturbate y todo esto, en fin, están más cerca de lo que parece. Incluso puedes ser uno de ellos.

WHATSAPP

Hay gente que se está masturbando mientras hablas con ellos por WhatsApp. Esto es un hecho. Les encanta saber que la otra persona está al otro lado de la conversación. Luego están esos grupos de WhatsApp en los que la peña se pasa fotos y vídeos porno, en una especie de versión digital de ese sofá en el que los adolescentes se sentaban y se masturbaban viendo una porno.

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<![CDATA[Hablamos con gente que baila extremadamente mal]]>https://www.vice.com/es/article/negkag/bailar-mal-descoordinacion-psicomotricidadMon, 15 Oct 2018 04:00:00 +0000Algunos dicen que es un tema de actitud. Yo sinceramente creo que algo ha ido mal en mi aprendizaje psicomotriz. Soy una auténtica descoordinada bailando o moviéndome en general. Torpe, patosa, negada… llámame como quieras, pero hay gente que sabe apreciar el arte de la gente que es como yo.

Ayer hice un ridículo espantoso al ir a mi primera clase de Shabam, que es como una especie de Zumba pero más sensual. Marlon, el profe, se metió tanto conmigo —siempre de broma, claro— que me motivé y acabé por exagerar aún más mi torpeza. Cuando intentaba bajadas y subidas a lo Moulin Rouge con las manos en mis pantorrillas parecía más bien como si estuviera meando en el bosque, más ortopédica que la garra esa de las ferias con las que coges un juguete que siempre se cae. Pero bueno, al menos me lo pasé bien e hice algo de deporte.

El caso es que siempre he admirado a la gente que baila bien, pero aún más he reconocido a aquella gente que sabe reírse de sí misma. Por eso he hablado con otros negados del baile que, como yo, tendrían serios problemas para dar un paso de baile. Para compartir experiencias y echarnos unas risas.

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Olga

Olga Pérez tiene 22 años y asegura que es tan arrítmica que no atina ni al dar palmadas en los conciertos. “Mis amigos me suelen imitar moviendo los brazos en el aire y moviéndome como si estuviera sintiendo mucho la música a la vez que muevo la cabeza a contratiempo”. Explica que si está muy motivada, se limita a saltar y a animar a la gente.

“Estoy convencida de que la descoordinación es genética. Mi hermana también es arrítmica. Yo tengo hasta problemas en el gimnasio cuando hay algún ejercicio en el que hay que coordinar piernas y brazos. Lo paso extremadamente mal”, me dice. Aunque sus referentes de baile son las Haim, dice que se la suda bastante no bailar bien, que se lo pasa igual de bien o incluso mejor.

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Ricc

Dicen que el ritmo se lleva en la sangre y que los latinos son los que mejor dominan este tema. Ricc tiene 25 años, vive en Barcelona pero nació cerca de Cali, en Colombia, la capital de la salsa. Desde pequeño ha tenido claro que el baile no es lo suyo. “Por ser colombiano la gente espera que sea muy bueno en ello, pero cuando me ven bailar me dicen que el ritmo lo tengo perdido”.

Ricc me asegura que cuando vivía en Medellín todos sus amigos bailaban reguetón y demás, pero él siempre era el que menos bailaba. Ahora no le da vergüenza bailar. “La salsa y el merengue son lo que peor se me da, quizás porque es lo que más movimiento de cadera y técnica tiene”.

Y es que hay dos puntos críticos para la gente que baila extremadamente mal. El primero son las caderas y el otro punto son los hombros.

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Edurne

Para Edurne, de 28 años, mover cualquier parte del cuerpo de manera coordinada le parece complicado: “Los que bailamos mal parecemos Robocop. Es el conjunto de los movimientos los que provocan que no bailemos bien”, me dice.

“El problema es que soy completamente arrítmica. Me estresa mucho ser la cabeza de las típicas congas de bodas y fiestas de pueblos. Para una mala bailarina como yo guiar y dirigir tanta gente da mucha pereza. Siempre espero que llegue el momento en el que dicen “y media vuelta” para dejar de tener esa responsabilidad.

Edurne también intenta ser mainstream con sus movimientos para pasar desapercibida. “Ni pongo demasiada energía ni hago la más mínima expresión. Soy más de hacer algo intermedio. Analizo un poco al resto de la gente y me intento camuflar”; explica.

La motivación puede ser de gran ayuda, y si no que se lo pregunten a Mimi, pero el exceso de ímpetu también puede provocar la reacción contraria. El principal problema de Annaïs, según me confirman sus amigas es que quizás se motiva demasiado. “Mi estilo de baile es un poco masculino, como muy vasto y un poco alocado, a lo Phoebe de Friends cuando hace footing”. Y para muestra, un botón:

Pero todo tiene una explicación: “Una vez un osteópata me dijo que el hemisferio derecho del cerebro no me funciona correctamente. Desde entonces, me di cuenta de que siempre bailo con el lado derecho. Se mover el pie derecho pero no puedo hacer lo mismo con la izquierda. Creo que la gente no lo nota”, explica Annaïs.

“Soy tan feliz cuando bailo y desprendo tanta emoción que nadie se atreve a cortarme el rollo. Bailar consiste en moverse como te lo pida el cuerpo, y a mí me gusta mi peculiar forma de bailar”, sentencia.

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Otro perfil de mal bailarín sería la gente que todo el mundo ve que baila realmente mal pero que ellos no se dan por aludidos. Este es Kevin. “Mi estilo de baile es como el de un viejecito en una verbena, consiste en mover brazos y hombros. Los hombros arriba y abajo. Los brazos flexionados”.

“Creo que el problema es que nadie me ha enseñado a bailar y que no tengo a nadie con quien compararme. Me gusta bailar delante de un espejo o delante de la cámara, hago lo que me sale en ese momento y poco más”, asegura.

Este perfil de personas son fácilmente convertibles en un meme. Su baile es tan característico que hasta anima a la otra gente a repetir tus movimientos que normalmente consisten en una marcha militar, balancearse de izquierda a derecha, un desfile a lo Spice Girls, tirar flechas o hacer una especie de ola con los brazos.

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Joaquín

A veces cuando bailas realmente mal estando de fiesta, puedes incluso marcar tendencia. La gente suele acercarse más a ti, puedes caer bien y te pueden pasar cosas como las que le pasaron a Joaquín. “Una noche estaba de fiesta y se me acercó un chico pidiéndome un vídeo mío bailando. Acabamos liándonos y siendo novios”.

A pesar de que Joaquín confiese que baila realmente mal y que el único baile decente que se ha marcado es “La Macarena”, le encanta bailar como lo hace y asegura que forma parte de su personalidad. “Me gusta mucho bailar. Al menos una vez a la semana necesito salir de fiesta y hacerlo porque siento que descargo el estrés de la semana. Es difícil definir cómo bailo. Simplemente me limito a pegar unos saltos sin despegarme completamente del suelo y muevo los brazos sin ningún tipo de lógica ni coordinación”.

Si de una cosa me he dado cuenta sobre la gente que bailamos extremadamente mal es que además de que resultamos simpáticos y graciosos, normalmente somos gente extrovertida que no tenemos ni miedo ni vergüenza de mostrar nuestras nulas habilidades. Y es que, ¿quién no ha bailado haciendo el tonto y se lo ha pasado cien mil veces mejor que cuando lo haces en serio?. Porque lo importante es bailar, da igual cómo lo hagas.

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negkagAlba CarreresGonzalo HerreraBailebailarpsicomotricidad
<![CDATA[Tu pene está encogiendo por momentos]]>https://www.vice.com/es/article/xwpv5a/tamano-penes-encogen-con-la-edadMon, 15 Oct 2018 03:45:00 +0000¿El tamaño del pene realmente importa o estamos exagerando demasiado ese aspecto? La repuesta a ambas preguntas es sí. Los resultados de la investigación de la que hablaré a continuación no son necesariamente contradictorios, sino que más bien reflejan la compleja relación de la gente con los penes en su vida. La escasa y poco fiable información científica que hay sobre las pollas y la gran influencia del porno han contribuido a que crezca el debate y la preocupación por el tamaño. Pero parémonos a analizar las muchas verdades y medias verdades sobre la importancia del tamaño del pene.

Los penes de 2015 son unos 2,5 cm más cortos que en 1948

En realidad, esto no se debe a que hayan ido encogiendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, sino a que la forma en que se recaban datos sobre el tamaño del pene ha mejorado enormemente desde entonces, consecuencia de lo cual la media ha bajado.

Cuando Alfred Kinsey hizo el primer estudio importante sobre el tema, pidió a los participantes que se midieran el miembro ellos mismos. Los voluntarios eran 3500 estudiantes universitarios. Además de que el grupo no era representativo de la población general, lo más fácil era que los datos no fueran demasiado precisos. En 1948, según los datos recabados por Kinsey, la longitud media del pene erecto era de 15,77 cm, y la circunferencia de 12,31 cm.

Desde entonces, se han hecho mediciones científicas de penes más representativas, supuestamente por parte de urólogos taciturnos blandiendo reglas metálicas y bajo la inclemente luz de los fluorescentes de una consulta. El resultado de estas nuevas mediciones es que la longitud media del pene erecto es de 13,10 cm y la circunferencia, de 11,66 cm. Esta reducción probablemente tenga mucho que ver con que el estudio se hiciera sobre una muestra más amplia y demográficamente más diversa.


MIRA:


La preocupación por el tamaño del pene no está relacionada con las dimensiones reales del mismo

Un estudio de 2013 llevado a cabo por el investigador David Veale reveló que incluso los hombres que estaban en la media o por encima de esta expresaban dudas y preocupación por el tamaño de su miembro. “Muchos hombres que vienen a verme preocupados por el tamaño resultan estar dentro de la media, y a veces incluso por encima”, confirma james Elist, urólogo de Beverly Hills. Veale y su equipo descubrieron que esa preocupación era todavía mayor entre los hombres gais, bisexuales y de edad avanzada. Se especula que la prevalencia de esta sensación de vergüenza en los dos primeros colectivos puede deberse a que entre ellos se dan más oportunidades de comparar diversas partes del cuerpo, mientras que en el caso de los hombres mayores, la razón puede ser que…

Los penes se encogen con el tiempo

Puede ocurrir que, a medida que te haces mayor, el tamaño del pene y los testículos se reduzca ligeramente. “Si el pene erecto de un hombre a los treinta y tantos mide 15 cm, podría encogerse hasta los 12,7 o 13 cuando llegue a los sesenta o setenta años”, afirma Irwin Goldstein, urólogo de Filadelfia. la culpa la tienen los depósitos de grasa que se van acumulando en las arterias y reducen el volumen de sangre que llega al pene. Esto, según Goldstein, puede provocar el deterioro de las células musculares del cuerpo cavernoso del pene.

Y aún hay más: con el tiempo, se van acumulando las cicatrices causadas por repetidas pequeñas lesiones en el pene durante el sexo o la práctica de deportes. Esas cicatrices se van formando en la funda que rodea el tejido cavernoso, reduciendo su flexibilidad y, en consecuencia, el tamaño del pene durante la erección. Hace poco escribí un artículo sobre cómo mantener tu miembro eternamente joven y en forma. Este es.

Supuestamente, los penes de los hombres gais son de mayor tamaño

Un estudio de 1999publicado en la revista Archives of Sexual Behaviour reveló que el pene erecto de los hombres gais suele ser 0,84 cm más largo que el de los heterosexuales. Sin embargo, cabe señalar que, pese a que este estudio se realizó 51 años después que el de Kinsey, los investigadores admitieron que hubo participantes que se tomaron las medidas ellos mismos.

Sí, hay una forma correcta de medirse el pene

De hecho, también he escrito un artículo respecto a cómo medir un pene como es debido.

Aquí lo tenéis.

Las mujeres prefieren los penes de un tamaño mayor que la media

Esta verdad fue revelada sin paliativos en este estudio. Investigadores de las Universidades de California y Nuevo México dieron a las participantes 33 modelos de pene de distintos tamaños, fabricados con un plástico azul rígido e inodoro. A continuación, se pidió a las 75 participantes, con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años, que eligieran el modelo que representara que desearían que tuviera su pareja estable. La respuesta media fue 16 cm de longitud y 12,2 cm de circunferencia: Curiosamente, en el caso de una aventura de una noche, la media era ligeramente superior tanto en longitud (16,3 cm) como en grosor (12,7 cm).

Respecto a esta diferencia según si las relaciones son a corto o largo plazo, los autores del estudio creen que las mujeres “podrían preferir un pene de mayor tamaño para relaciones esporádicas en parte debido a que el aumento de la sensación física compensaría la falta de conexión emocional”.

Y añadieron que no siempre es cierto lo de “cuanto más grande, mejor” para relaciones más largas, ya que “la penetración vaginal provoca desgarros en la mucosa de la vagina”.

Es posible alargar el pene sin recurrir a la cirugía

Si quieres un pene más grande y estás dispuesto a estirártelo como el chicle durante varias horas al día, estás de suerte. Los alargadores de pene usan el “método de la tracción” para lograr el resultado deseado. Está demostrado que, con el tiempo, el pene se alarga. Un estudio italiano reveló que con este rudimentario método se lograba alargar el miembro una media de 2,3 cm de longitud en estado de flaccidez, y 1,7 cm en erección.

O recurriendo a la cirugía

El Penuma es un implante diseñado por James Elist para aumentar el grosor del pene algo más de 5 cm. Sin embargo, lo que Elist no tuvo en cuenta cuando empezó a implantarlo en 2004 es hasta qué punto el peso del implante provocaba que la parte interna del pene sobresaliera del cuerpo. Si bien Elist no garantiza un aumento de la longitud, asegura que la mayoría de las personas a las que implantó el Penuma han experimentado mayor longitud, además de grosor. También he escrito al respecto.

El sexo oral agranda el pene

Si quieres un miembro más largo sin pasar por un quirófano ni pasándote horas estirándolo, tal vez te interese este estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine, que reveló que, durante el sexo oral, los hombres aseguraban tener un mayor tamaño del pene si lo comparaban con otros métodos de excitación. Debby Herbenick, investigadora sexual, jefa de investigación y una de las autoras del infravalorado libro Great in Bed, dijo en una entrevista a la revista Live Science: “No sabemos si eso quiere decir que los hombres se excitan más con el sexo oral y tienen erecciones más rígidas o que los hombres con penes más grandes reciben más sexo oral”.

Los penes del porno no son representativos

Un pene grande es casi obligado en el porno. Por eso este género ha acabado distorsionando nuestra visión de lo que es “normal”, sobre todo en el caso de los hombres heterosexuales que raras veces van a ver una erección que no sea la suya en la vida real. Las grandes proporciones de los penes de los actores porno y su capacidad para conseguir y mantener las erecciones delante de todo un equipo de rodaje los convierten en un colectivo extraordinario.

… y pueden provocar dismorfia corporal

La mayoría de los hombres que buscan tratamiento para su problema de “micropene” (de tamaño inferior a 4 cm estando fláccido y de menos de 7,6 en erección), curiosamente, tienen un tamaño dentro de la media, según un estudio de 2005. El estudio, en el que participaron 92 hombres que buscaban una solución para alargar el pene, los investigadores descubrieron que ninguno de ellos realmente tenía un micropene. Cuando los investigadores examinaron más de 50 estudios realizados en un periodo de 60 años, hallaron que el 85 por ciento de las mujeres estaban satisfechas con el tamaño del pene de sus parejas, mientras que solo el 55 por ciento de los hombres estaba contento con el tamaño de su miembro.

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<![CDATA[No he llorado en diecinueve años]]>https://www.vice.com/es/article/d3q3zv/no-llorar-nunca-problema-salud-mentalMon, 15 Oct 2018 03:00:00 +0000Echando cuentas, calculo que estuve casi veinte años sin llorar.

Recuerdo llorar cuando era un niño, claro, por razones tanto físicas (como picaduras de abeja o juegos un tanto violentos con mis hermanos mayores) como emocionales (como caerme de la bici cuando estaba aprendiendo a montar). He escrito en otras ocasiones sobre la ansiedad que sentí en secundaria días antes de mi bar mitzvá, que me hizo romper a llorar al menos en dos ocasiones. (Podéis reíros de esto, yo lo hago).

Pero entonces, por alguna razón, cuando tenía unos trece años, paré. Y aunque puede que haya alguna excepción ocasional, de verdad que no recuerdo ningún momento en el que tuviera una buena llorera entre 1998 y el año pasado, cuando tenía 32 años y lloré por una ruptura.


MIRA:


Tres de mis abuelos murieron en ese periodo de tiempo y no lloré. Un amigo mío murió. Compañeros del instituto murieron. Tuve un verdadero ataque de pánico y varios episodios de depresión y de ansiedad. Vi películas tristes, leí libros tristes y escuché canciones tristes. Fui a bodas y a graduaciones. Tuve rupturas y rechazos sentimentales. Experimenté innumerables decepciones profesionales y desencantos políticos. Viví, como ciudadano, el 11-S, el huracán Katrina, la masacre de Newtown y otra infinita serie de tragedias sociales compartidas. Lo más cerca que estuve de llorar fue un nudo en la garganta, los ojos vidriosos, un leve temblor en los músculos de la cara o un quiebro en la voz. (Cuando eres uno de esos que no llora, te conviertes en un experto en las distintas etapas del casi-llanto). En ningún momento llegué a derrumbarme.

Entonces, hace más o menos un año tuve un episodio depresivo que dio un vuelco a mi vida. Aunque durante años fui un adicto al trabajo centrado de forma obsesiva en escribir sobre temas que no tuvieran que ver conmigo, de repente, me interesé por mí y por descubrir qué me había llevado a ser tan insensible.

Empecé a analizar mi pasado para encontrar pistas que me pudieran haber convertido en la persona que soy ahora y a examinar mi presente para encontrar formas de mejorar mi bienestar. ¿Y si me compro un colchón nuevo? ¿Me cojo unos días libres? ¿Dejo de beber? ¿Como menos comida basura?

En algún punto de este periodo de autorreflexión, me topé con mi falta de llanto y me puse nervioso. ¿Diecinueve años entre llorera y llorera?

¿Es eso sano? ¿Puedo —y debo— aprender a llorar de nuevo?

Llorar es una súplica de ayuda codificada propia de la evolución

Lo seres humanos llevan mucho tiempo hablando sobre llorar. El poeta romano Ovidio escribió: “Es un alivio llorar; las penas se desahogan y son arrastradas por las lágrimas”. El versículo más corto del Nuevo Testamento dice: “Jesús lloró”. Y, por supuesto, en el siglo XXI, canciones de Jay-Z, gifs de James Der Beek, memes de Michel Jordan y páginas de wikiHow están dedicadas al tema de llorar.

Sin embargo, los estudios científicos y médicos rigurosos sobre llorar son bastante recientes. Ad Vingerhoets, profesor de psicología de la Universidad de Tilburg, en los Países Bajos, es una de las autoridades mundiales en este tema. En una charla TED de 2015 dijo a la audiencia que “el estudio de las lágrimas está aún en pañales y aún es un tema muy poco ahondado”. Todos sus artículos reflejan una idea similar, como uno de 2011 que dice: “Las llantinas se encuentran entre los comportamientos humanos más dramáticos y únicos, y aun así apenas tenemos un conocimiento sistemático al respecto”.

Pero si echamos un vistazo a la bibliografía y a las charlas de los expertos, descubrimos un par de cosas concretas que pueden ayudarnos a aprender. Sabemos, por ejemplo, que llorar es una súplica de ayuda codificada propia de la evolución. “Llorar debió desarrollarse pronto como una petición de vida o muerte de unos cuidados básicos, no como la risa, que es un vínculo social menos crucial”, escribe Robert Provine en su libro Comportamientos curiosos: Bostezar, reír, tener hipo y más allá. “Llorar es una petición de cuidados y ayuda, y su principal incentivo va variando gradualmente de una herida física en la infancia a un trauma emocional en la vida adulta”.

Por lo tanto, tiene sentido que ver lágrimas tenga un “gran impacto en el cerebro” del observador, como me dijo Vingerhoets. En un estudio reciente en el que los sujetos miraban fotografías casi idénticas de personas con lágrimas visibles y eliminadas digitalmente, los investigadores descubrieron que “llorar despierta una necesidad de ayudar” y que “ver lágrimas genera sentimientos de conexión social”.

La creencia de que llorar es bueno para la salud está cogiendo fuerza. Primero, las lágrimas contienen una enzima que se cree que estimula nuestro sistema inmunitario. Pero aunque un artículo de 2011 analizó 140 años de artículos populares sobre llorar y descubrió que el 94 por ciento apoyaba la idea de que llorar era beneficioso, los investigadores actuales plantean un panorama menos claro. “Los datos empíricos son, como mínimo, inconsistentes, con varios estudios que demuestran que llorar no reporta ningún beneficio”, reza un artículo reciente.

Sin embargo, en lo que respecta a cómo se siente la gente después de llorar (que no es lo mismo que si llorar tiene, objetivamente, beneficios observables sobre la salud), parece que la respuesta de una persona a sus propias lágrimas depende mucho del contexto. Llorar delante de tu madre no es lo mismo que llorar delante de tu jefe.

He aprendido cosas sorprendentes sobre mi propia experiencia mientras investigaba sobre las lágrimas. Sabemos que las mujeres lloran más que los hombres y, por lo tanto, como un tío al que le cuesta llorar, no soy tanto una excepción como podría parecer. Además, como la frecuencia con la que llora un ser humano suele disminuir en la adolescencia y en los primeros años de la edad adulta, he descubierto que mis años de sequía ocular entran más o menos dentro de la franja media de cuándo se llora menos y luego vuelve a aumentar.

Me sentí menos marginado cuando di con una copia del influyente libro de 1982 Crying: The Mystery of Tears (Llorar: el misterio de las lágrimas), en el que su autor, el bioquímico William H. Frey, escribió: “He recibido varias cartas de hombres de entre veinte y cuarenta y tantos años que no han llorado desde la infancia y quieren recuperar su capacidad perdida de llorar”. En un fragmento del libro, el mismo Frey apunta a que él eligió estudiar el llanto porque a sus veintitantos se dio “cuenta de que no había llorado desde que tenía unos doce años” y se preguntó “si su falta total de lágrimas era sana y normal”.

Pero no todo lo que leí me resultó reconfortante. En 2017, Vingerhoets publicó junto a otros autores un artículo pionero, en el que estudiaron a casi 500 personas que decían haber perdido la capacidad de llorar y a 179 que lloraban “con normalidad”. Descubrieron que, aunque los que no lloraban no mostraban una sensación de bienestar inferior, su situación era… algo triste.

“En el total de la muestra, el grupo sin lágrimas se sentía menos conectado con los demás, menos empáticos y mostraban respuestas menos emocionales a casi todas las formas de arte y a la naturaleza”, se explica en el artículo. “Se mostraban menos conmovidos ante los sucesos de la vida humana, que son los que normalmente despiertan las emociones y el llanto”.

Yo no quiero vivir así.

Aunque mis padres nunca me recriminaron explícitamente expresar mis emociones, nunca tuve ningún modelo de adultos que lloran

Una mañana, hace poco, me desperté, miré el móvil y, unos segundos más tarde, me eché a llorar. Quiero guardarme algunos de los detalles de este momento, pero puedo decir que la noche anterior, un amigo mío más joven que yo había pasado por un problema profesional bastante intenso y público.

Esa mañana me desperté con un email suyo en el que me pedía ayuda y, cuando entré en Facebook, vi un largo hilo de comprensivas publicaciones de gente que le mostraba su apoyo. La combinación de compasión por mi amigo y la conexión personal con lo que acababa de pasar (mis veinte fueron una época de turbulencias personales y profesionales que aún estoy procesando) por lo visto desbloquearon algo muy profundo dentro de mí. Y ahí mismo, en la cama, antes de tomarme el primer café del día, rompí a llorar.

A diferencia de otras ocasiones, en vez de pisar el freno, me dejé llevar. Relajé el cuerpo, me metí mentalmente en el momento y evité cualquier tentación de juzgarme a mí mismo. Desde fuera no hubiera parecido algo terriblemente dramático: unos sollozos contenidos y unas pocas lágrimas; duró solo dos minutos, pero para mí, fue una liberación.

Estoy seguro de que gran parte de esto fue porque me había pasado los últimos meses llevando a cabo exhaustivos análisis de aficionado intentando averiguar las razones por las que llevaba tanto tiempo sin llorar. Y me di cuenta de cuántas razones había. A pequeña escala, vengo de una familia hiperintelectual que apenas llora.

Así que, aunque mis padres nunca me recriminaron explícitamente expresar mis emociones, no tuve ningún modelo de adultos que lloran. A esto hay que añadirle el hecho de que soy un hombre en Estados Unidos, y aunque las costumbres sobre llorar están cambiando —véanse los artículos de opinión del New York Times y del Washington Post—, aún queda mucho camino por recorrer para que el hombre puede liberarse emocionalmente. Estoy seguro de que yo absorbí algo de eso.

Quiero dejar de entrometerme cuando siento una ola de emoción, quiero desaprender todas las maneras y razones que he acumulado para no llorar

Después hay otras cosas sobre mí que han limitado mi capacidad para llorar. Por ejemplo, me guío más por el cerebro que por el corazón; verbalizo mis sentimientos en vez de convivir con ellos; soy una persona con ansiedad que vive en un estado permanente de hipervigilancia en el que no me relajo lo suficiente como para llorar; soy periodista, y por lo tanto, parte de una cultura profesional que pone en valor la compostura y el estoicismo; y, como muchos hombres, tras años de dolorosas experiencias profesionales y personales, he construido un muro entre mis emociones y yo que acabo de empezar a derrumbar.

Además de todo eso, cuanto más tiempo pasaba sin llorar, más miedo me daba esa extraña situación que, entre otras cosas, representaba la falta de control. Ambas cosas —lo desconocido y lo incontrolable— desencadenaban mi ansiedad, por lo que suponían dos razones más para no llorar.

Empecé a trabajar en este artículo porque estaba interesado en explorar si podía enseñarme a llorar. Pero en algún punto del proceso me di cuanta de que llorar no es lo que busco, simplemente quiero dejar de entrometerme cuando siento una ola de emoción. Quiero desaprender todas las maneras y razones que he acumulado para no llorar.

Mi objetivo cuando escribo esto no es presentarme como una especie de evangelista del llanto. Puede que algunos de los que estéis leyendo esto tengáis una relación sana con las lágrimas, mientras que otros tengáis problemas por llorar “demasiado”. (Como apunta Provine en Curious Behavior, llorar de una forma extraña es un poco mejor que reír de una forma extraña, que puede “dar miedo, parecer raro o diabólico”, lo que tiene peores consecuencias sociales). Yo lo único que sé es que, ahora mismo, abrazo el llanto.

Esto es más que nada sobre el significado y el simbolismo de llorar. En uno de sus artículos, Vingerhoets y su equipo escriben que llorar puede tener el valioso propósito de “recordar a la persona que la situación o el suceso por que el que está pasando es algo que importa de verdad”. Dicho de otra forma, llorar puede ser un mensaje de nuestro subconsciente sobre heridas y valores, y si lo ignoras o lo rechazas, pierdes esa conexión contigo mismo. Tras años escribiendo “Devolver al remitente” en las cartas que me mandaban mi mente y mi cuerpo, estoy preparado para empezar a abrirlas y a leerlas.

Si llorar delante de alguien que me importa conlleva conectar a un nivel más profundo con ellos, entonces claro que quiero llorar. Si llorar implica rechazar las estúpidas ideas sobre la masculinidad, entonces me apunto

Para mí llorar representa también un paso adelante en muchas de las formas en las que quiero crecer. Me cuesta ser vulnerable, pedir ayuda y desconectar de mi hipervigilancia con ansiedad, y llorar es la materialización de todas esas cosas. Llorar es también un estado físico de comunicación abierta con mis sentimientos. Consulté con una experta, Amy Blume-Marcovivi, editora del libro When Therapists Cry: Reflections on Therapists' Tears in Therapy (Cuando los terapeutas lloran: reflexiones acerca de las lágrimas de los terapeutas en terapia) si llorar es saludable y ella me respondió que depende de la situación.

“Si alguien, mediante la introspección, se da cuenta de que siente un rechazo por llorar como forma de evitar las emociones o de reprimirse, aprender a llorar y dejar que las lágrimas salgan como forma de tener un contacto más directo con su verdadera experiencia emocional sin importar lo que duela puede ser saludable para ellos”, apunta. Bingo.

Este último año me ha dado la oportunidad de analizar mi actitud frente al llanto y de cambiarla para acercarme a la persona que quiero ser. Si llorar delante de alguien que me importa conlleva conectar a un nivel más profundo con ellos, entonces claro que quiero llorar. Si llorar implica rechazar las estúpidas ideas sobre la masculinidad, entonces me apunto. Si llorar es un ejercicio de conciencia que requiere estar presente en el momento en vez de hablar, pensar o distraerme, entonces acepto el reto.

Hacia el final de mi conversación sobre el llanto con Michael Trimble, profesor de Neurología en el Instituto de Neurología de Londres y autor de Why Humans Like to Cry: Tragedy, Evolution, and the Brain (¿Por qué a los seres humanos les gusta llorar?: Tragedia, evolución y el cerebro), le pregunté por qué había invertido tanto tiempo y esfuerzo en investigar el llanto. Me dijo que le interesaba el hecho de que los chimpancés y los simios no lloran por razones emocionales mientras que los humanos sí lo hacen. “En algún punto de la evolución, las cosas cambiaron y llorar se volvió un código para una característica concreta del comportamiento que tenía que ver con conectar a los seres humanos entre ellos”, explica.

Por lo tanto, no llorar —ya sea en una boda, en la ópera o tras un trauma personal o una tragedia— es un acto de “reprimir esta parte tan, tan importante del comportamiento humano y, a mi parecer, un rasgo distintivo de ser un Homo sapiens, de ser humano”, me dice.

Así que puede que la razón más convincente por la que quiero llorar es algo más elemental, más primitivo. Me acuerdo de una idea del libro de Provine: “La exclusividad de las joyas de la corona de la humanidad —el lenguaje, la risa y el uso de herramientas— se ha visto cuestionada, pero el llanto emocional sigue siendo un rasgo único del ser humano”.

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